Confesión de un adicto a los memes
Hola, soy Laura, tengo 38 años y soy adicta a los memes. No, no es broma. Empecé con esto en 2005, cuando un amigo llamado Carlos me mostró un sitio web con imágenes de bebés llorando con texto gracioso. Y así comenzó mi descendimiento al infierno de los memes.
Pero, ¿saben qué? No me arrepiento. Los memes son la nueva forma de comunicación. Es crudo, es directo, es honesto. Es como si hubiéramos vuelto a la época de las cavernas, pero con internet.
El día que entendí el poder de los memes
Fue el 15 de marzo de 2018. Estaba en un café en Barcelona, hablando con mi amiga Marta sobre política. Ella estaba frustrada porque nadie entendía su punto. Le dije: «Marta, a veces las palabras no son suficientes. Necesitas un meme.» Le mostré uno de un perro con un cartel que decía «Cuando explicas tu tesis y nadie te entiende». Y así nació nuestra nueva forma de comunicarnos.
Los memes son la democracia del humor. Cualquiera puede crear uno, cualquiera puede compartirlo. No importa si eres un genio o un idiota, si tienes conexión a internet, puedes participar. Es el nivel más bajo de la cultura, pero también el más inclusivo.
La ciencia detrás de los memes
No, no me invento esto. Hace unos meses, leí un estudio (sí, hay estudios sobre esto) que decía que el 73% de los millennials usan memes para expresar emociones. ¡Setenta y tres por ciento! Eso es casi tres cuartos de la población. Y no son solo los jóvenes. La semana pasada, mi madre de 65 años me envió un meme de un gato con un texto que decía «Cuando tu hijo no te contesta el teléfono».
Los memes son como los chistes de antes, pero en formato digital. La diferencia es que antes tenías que contar el chiste. Ahora, solo compartes una imagen y todos lo entienden. Es la comunicación más eficiente que hemos tenido en décadas.
El lado oscuro de los memes
Pero no todo es color de rosa. Los memes también pueden ser peligrosos. Recuerdo una conversación con un colega llamado Dave (no es su nombre real, pero así lo llamaremos) sobre cómo los memes pueden difundir odio. «Es solo un meme», me dijo. «No es para tanto.» Pero sí es para tanto. Un meme puede llegar a más personas que un artículo de opinión. Y si ese meme promueve el odio, entonces tenemos un problema.
La semana pasada, vi un meme sobre una persona con discapacidad. El texto decía «Cuando intentas trabajar pero tu jefe no te deja». Era cruel, era injusto, era inaceptable. Y lo peor es que tenía más de 100,000 compartidos. Eso me enfureció. No podemos permitir que los memes se conviertan en una herramienta de odio.
Cómo crear memes que no sean una mierda
Si vas a crear memes, hazlo bien. No compartas cualquier cosa que veas. Piensa en el mensaje que estás transmitiendo. Y si no tienes nada bueno que decir, mejor cállate.
Y si necesitas helpful resources online guide para crear memes, hay muchos sitios web que pueden ayudarte. Pero recuerda, la creatividad es clave. No copies y pegues. Haz algo original.
Recuerdo cuando creé mi primer meme. Fue en 2010, y era una foto de un perro con un texto que decía «Cuando tu equipo de fútbol gana». Lo compartí con mis amigos y se volvió viral en mi círculo. Fue una sensación increíble. Pero también me di cuenta de que los memes son como los niños: si no los educas bien, pueden salir mal.
La cultura de los memes
Los memes han creado una cultura propia. Hay memes para todo: política, deportes, cine, música. Incluso hay memes sobre otros memes. Es un mundo dentro de otro mundo.
Recuerdo una vez que fui a una conferencia en Austin sobre cultura digital. Un ponente llamado Marcus habló sobre cómo los memes están cambiando la forma en que nos comunicamos. «Los memes son el nuevo lenguaje», dijo. «Son la forma más rápida de transmitir un mensaje.» Y tenía razón. Los memes son el nuevo lenguaje universal.
Pero, ¿saben qué? A veces me canso de los memes. A veces quiero una conversación real, sin imágenes, sin textos graciosos. Solo palabras. Pero luego veo un meme que me hace reír y todo vuelve a la normalidad.
El futuro de los memes
No sé qué nos depara el futuro. Tal vez los memes desaparezcan. Tal vez se conviertan en algo más grande. Lo único que sé es que, por ahora, son una parte importante de nuestra cultura.
Y si hay algo que he aprendido en estos años, es que los memes son como la vida: a veces son hermosos, a veces son feos, pero siempre son interesantes.
Así que sigan creando, sigan compartiendo, sigan riendo. Pero recuerden: con gran poder viene gran responsabilidad. Usen los memes para el bien, no para el mal.
Sobre el autor: Laura Méndez es una periodista y editora con más de 20 años de experiencia en medios digitales. Es adicta a los memes, el café y las series de televisión. Vive en Barcelona con su gato, su perro y su colección de vinilos.
Si alguna vez te has sentido abrumado por la rutina diaria, te invitamos a leer reflexiones de un editor cansado, un artículo que ofrece una mirada honesta y reconfortante sobre la vida más allá del trabajo.


