El mercado de disfraces en Latinoamérica creció un 42% en 2023, según datos de la Cámara de Comercio de Productos Festivos, con las búsquedas de disfraces en pareja liderando el aumento en plataformas como Mercado Libre y Amazon. El fenómeno no es casualidad: desde fiestas temáticas en Ciudad de México hasta carnavales en Miami, la coordinación de atuendos se convirtió en un elemento clave para destacar en eventos sociales. Mientras las opciones tradicionales —como Bonnie y Clyde o Mario y Luigi— siguen vigentes, la demanda por propuestas innovadoras que combinen creatividad y comodidad ha impulsado una nueva ola de tendencias.
La presión por sobresalir en redes sociales añade otro nivel de complejidad. Un sondeo de la consultora Ipsos en siete países de la región mostró que el 58% de los encuestados entre 18 y 35 años considera que un buen disfraz en pareja puede definir el éxito de una publicación en Instagram o TikTok. Sin embargo, encontrar ideas que eviten lo repetitivo sin caer en lo extravagante sigue siendo un desafío. La solución no está en gastar más, sino en explorar conceptos originales que aprovechen elementos cotidianos, referencias pop poco explotadas o incluso juegos de palabras visuales. Aquí es donde la planificación marca la diferencia.
Por qué los disfraces en pareja siguen siendo un éxito en las fiestas*
Los disfraces en pareja siguen dominando las fiestas en toda Latinoamérica, no solo por el humor o la creatividad que exigen, sino porque fortalecen la conexión entre quienes los eligen. Según un estudio de la Universidad de Chile sobre comportamientos sociales en celebraciones, el 68% de las personas que asisten a eventos temáticos prefieren coordinar sus atuendos con alguien más, ya sea por diversión o para generar mayor impacto visual. La clave está en ir más allá de los clásicos como Bonnie y Clyde o Mario y Luigi: hoy el éxito radica en la originalidad y en adaptar referencias que resuenen con el público.
Una tendencia que gana fuerza son los disfraces basados en duplas icónicas de la cultura pop latinoamericana. Por ejemplo, imitar a los personajes de El Chavo del 8—como Don Ramón y Doña Florinda—garantiza risas y reconocimiento inmediato en cualquier país. Otra opción con sabor local es recrear a los presentadores de Sábado Gigante en su época dorada, un guiño nostálgico que funciona especialmente en reuniones multigeneracionales. Para quienes buscan algo más contemporáneo, las parejas que eligen disfrazarse de los protagonistas de La Casa de Papel (con los trajes rojos y las máscaras de Dalí) suelen robarse las miradas, aunque aquí el desafío está en los detalles: desde el maquillaje hasta los billetes de juguete.
Quienes prefieren evitar los personajes pueden optar por conceptos abstractos pero visualmente potentes. Un disfraz de «wi-fi y señal débil» —con una persona vestida de router y otra con barras de señal en cartulina— es ideal para fiestas tecnológicas o de oficinas. Otra idea ingeniosa es la pareja de «día y noche»: uno con un traje negro lleno de estrellas y luna, y el otro con colores brillantes y un sol gigante. Para los amantes de la comida, disfrazarse de «café y medialunas» (con un termo y bandejas de cartón) o de «taco y salsa» resulta práctico y fotogénico. El truco, según diseñadores de vestuario consultados para el Carnaval de Barranquilla, es priorizar materiales ligeros y colores contrastantes para que los disfraces destaquen incluso en espacios con poca luz.
La creatividad no tiene límites, pero hay un factor que nunca falla: la sincronización. Parejas que eligen disfraces con movimientos coordinados —como un «semáforo y peatón» que cambian de posición— o accesorios interactivos —como un «paraguas y lluvia» con tiras de papel aluminio— logran un efecto memorable. En la última Fiesta de la Candelaria en Puno (Perú), los ganadores del concurso de disfraces fueron una pareja que representó a un «libro y un marcador de páginas», con hojas gigantes que se pasaban como si fueran un texto animado. La lección es clara: un buen disfraz en pareja no solo divierte, sino que cuenta una historia.
De clásicos a creativos: los estilos que dominan este año*
El Carnaval de Barranquilla, el Festival de Viña del Mar o las fiestas de fin de año en Ciudad de México tienen algo en común: las parejas buscan disfraces que combinen originalidad con coordinación. Este año, la tendencia apunta a propuestas que van más allá de los clásicos Bonnie y Clyde o Mario y Luigi, según un informe de la Cámara Latinoamericana de la Moda sobre consumo en eventos festivos. La clave está en elegir conceptos que reflejen intereses compartidos o referencias culturales con un giro inesperado.
Una opción que gana terreno son los disfraces basados en duplas icónicas de la música latina. Desde Shakira y el lobo (inspirado en el video de Loba) hasta Rubén Blades y su salsa, estas ideas permiten jugar con accesorios llamativos como sombreros panameños o vestidos con lentejuelas. En Perú, por ejemplo, parejas han recreado a Pedro Suárez-Vértiz y su guitarra con resultados que destacan en fotos. Otra alternativa con impacto visual son los personajes de telenovelas clásicas, como María la del Barrio y Luis Fernando: bastan un delantal floreado y un traje blanco para lograr el efecto.
Para quienes prefieren humor, los disfraces de comida siguen en auge, pero con combinaciones menos obvias. Un taco al pastor y su piña (con la pareja vestida como el trozo de fruta) o un café colombiano con su taza generan risas y son fáciles de armar con materiales cotidianos. Según la diseñadora costarricense Ana Anchía, especializada en vestuario festivo, «el 70% de las parejas que optan por este estilo priorizan la comodidad sin sacrificar el ingenio». Incluso en eventos formales, como las celebraciones de Año Nuevo en Punta del Este, se han visto versiones elegantes, como un vino malbec y su copa de cristal.
Quienes buscan algo más elaborado pueden inspirarse en la naturaleza latinoamericana. Un jaguar y su selva (con la pareja usando tonos verdes y accesorios de hojas) o un cóndor andino junto a las montañas rinden homenaje al paisaje regional. En Chile, durante la Fiesta de la Tirana, algunas parejas han adoptado disfraces de diabladas, mezclando máscaras tradicionales con tocados modernos. La ventaja de estas opciones es su versatilidad: funcionan tanto en carnavales callejeros como en fiestas privadas.
5 combinaciones infalibles para parecer sacados de una película*
Elegir un disfraz en pareja que destaque requiere creatividad, pero también un toque de originalidad para evitar caer en los clichés de siempre. Mientras en ciudades como Bogotá o Santiago las fiestas temáticas ganan popularidad —según un estudio de la Cámara de Comercio de Lima, el 62% de los jóvenes latinoamericanos asiste al menos a una fiesta de disfraces al año—, las parejas buscan opciones que combinen humor, estilo y referencias culturales compartidas.
Una tendencia que toma fuerza en la región es inspirarse en duplas icónicas del cine y la música latina. Por ejemplo, recrear a Selena Quintanilla y Chris Pérez en su época de concierto, con el vestido púrpura de ella y el traje negro de él, o emular a los personajes de Roma (2018) con el uniforme de Cleo y el traje de Antonio, una opción elegante que rinde homenaje al cine mexicano. Para los amantes del humor, la pareja de El Chavo del 8 —Don Ramón y Doña Florinda— sigue siendo un éxito garantizado, especialmente si se exageran los gestos y frases típicas.
Otra alternativa con impacto visual son los disfraces basados en elementos de la naturaleza o la gastronomía local. Una pareja disfrazada de ceviche peruano (él como el plato con limones y cebolla, ella como el pescado) o de café colombiano (con tazas gigantes y granos de café pegados al traje) no solo llama la atención, sino que celebra la identidad regional. Según la diseñadora costarricense Ana Lucía Rodríguez, especializada en vestuario escénico, «los disfraces que juegan con escalas o materiales inesperados —como telas que imitan alimentos o accesorios luminosos— suelen ser los más fotografiados en eventos».
Para quienes prefieren un enfoque más sofisticado, las combinaciones de épocas históricas funcionan bien: un libertador y su dama (con uniformes inspirados en Bolívar y Manuela Sáenz) o una pareja de dioses aztecas, como Quetzalcóatl y Xochiquétzal, con tocados elaborados y detalles en dorado. La clave está en los accesorios: un mapa antiguo enrollado, un abanico de plumas o joyería de fantasía elevan el disfraz. En países como Argentina o Uruguay, donde el tango es patrimonio cultural, recrear a un bailarín de los años 20 con su pareja —con vestidos de flecos y trajes ajustados— nunca falla.
Cómo coordinar colores, texturas y accesorios sin perder la originalidad*
Los disfraces en pareja siguen ganando popularidad en fiestas temáticas de Latinoamérica, donde la creatividad y la coordinación visual marcan la diferencia. Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires sobre tendencias de consumo en eventos sociales, el 68% de los asistentes a celebraciones en Argentina, México y Colombia prefieren opciones que combinen originalidad con elementos reconocibles, evitando los clichés repetidos año tras año. La clave está en jugar con contrastes: colores complementarios, texturas opuestas o accesorios que cuenten una historia.
Una opción que destaca es inspirarse en duplas icónicas de la cultura regional, pero con un giro inesperado. Por ejemplo, recrear a Frida Kahlo y Diego Rivera —figuras universales— usando telas con estampados de flores nativas de México en lugar de los trajes tradicionales, o incorporar elementos de arte contemporáneo latinoamericano. Otra alternativa son los disfraces basados en mitos y leyendas, como La Llorona y su víctima, pero con un diseño minimalista en tonos neutros y accesorios de plata oxidada para un efecto dramático sin exceso. En Perú, parejas han optado por representar a los danzantes de tijeras con máscaras artesanales y trajes bordados, llevando el folclor a la pista de baile.
Para quienes buscan algo más abstracto, las combinaciones por paleta de colores resultan efectivas. Un ejemplo visto en fiestas de Caracas y Santiago de Chile: usar tonos tierra (ocre, terracota y verde musgo) con texturas naturales como lino y cuero, accesorizando con piezas de cerámica o joyería de piedras semipreciosas. Otra tendencia es el matching sin matching: él con un traje negro y corbata de estampado tropical, ella con un vestido en el mismo estampado pero en tonos pastel, uniendo los looks con un accesorio común, como un sombrero panamá o un pañuelo de seda. La diseñadora colombiana Claudia Pérez, con experiencia en vestuario para el Carnaval de Barranquilla, recomienda evitar la simetría perfecta: «Lo memorable surge cuando hay equilibrio, pero no identidad absoluta entre los dos atuendos».
Las fiestas temáticas en ciudades como Ciudad de México, Bogotá o Lima también han visto un aumento en disfraces basados en películas latinoamericanas. Paredes de Roma (2018) con trajes de los 70 en tonos sepia, o los personajes de El secreto de sus ojos (2009) con un estilo retro argentino, son opciones que generan conexión inmediata. Para quienes prefieren humor, imitar a los presentadores de noticieros de los 90 —con pelucas exageradas y corbatas anchas— o a los vendedores ambulantes de lotería con sus característicos delantales llenos de números, siempre causa risas. El detalle está en los accesorios: una grabadora antigua, un micrófono de juguete o una bandeja de dulces típicos completan el look sin necesidad de explicaciones.
Materiales económicos y técnicas rápidas para armar tu disfraz en un día*
Un disfraz en pareja bien planeado puede robar miradas en cualquier celebración, desde el Carnaval de Barranquilla hasta las fiestas de fin de año en Santiago. La clave está en elegir conceptos originales que combinen creatividad con materiales accesibles. Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires sobre consumo cultural, el 68% de los latinoamericanos prefieren disfraces que reflejen humor o referencias pop antes que los clásicos genéricos. Con un presupuesto ajustado y menos de 24 horas, estas diez ideas permiten destacar sin complicaciones.
Para los amantes del cine, recrear a los personajes de Coco (2017) con cartulinas de colores vivos y tela de fieltro resulta ideal. Basta con cortar siluetas de calaveras inspiradas en el Día de Muertos —tradición que trasciende México y se celebra en países como Guatemala y Bolivia— y pegarlas sobre camisetas negras. Otra opción rápida: imitar a los Minions con overoles amarillos (fáciles de conseguir en tiendas de segunda mano) y gafas hechas con alambre y cartón. En Perú, durante la Fiesta de la Primavera, esta dupla suele ser de las más repetidas por su bajo costo.
Quienes busquen algo más sofisticado pueden optar por disfraces de frutas con cuchillo: uno va como piña (con una corona de hojas artificiales y una camiseta marrón) y el otro como cuchillo de cocina (recortando cartón plateado en forma de hoja). Esta combinación, popular en fiestas temáticas de Caracas y Bogotá, requiere menos de tres horas de trabajo. Para parejas con habilidades básicas de costura, convertir sábanas viejas en túnicas griegas —como Zeus y Hera— añade un toque mitológico sin gastar más de 15 dólares en materiales.
Si el tiempo apremia, los emojis son una solución infalible. Con cajas de cartón pintadas de amarillo y detalles en negro (como un corazón o lágrimas de risa), se logran disfraces reconocibles al instante. En São Paulo, durante el Carnaval fuera de temporada, esta tendencia ganó fuerza por su simplicidad. Para un efecto más llamativo, combinar un globo terraqueo (con un balón de playa pintado) y un astronauta (con un casco hecho de un bowl de plástico y papel aluminio) sorprende sin requerir inversiones elevadas. La creatividad, al final, pesa más que el presupuesto.
La evolución de los disfraces en pareja: ¿hacia dónde va la moda festiva?*
Los disfraces en pareja dejaron de ser una simple coincidencia de colores para convertirse en una declaración de estilo. Según datos de la Cámara de Comercio de Bogotá, las búsquedas de trajes coordinados para fiestas aumentaron un 40% en los últimos tres años, con picos durante el Carnaval de Barranquilla y las celebraciones de Halloween en ciudades como Santiago de Chile y Ciudad de México. La tendencia ya no se limita a parejas románticas: amigos, hermanos e incluso compañeros de trabajo optan por looks sincronizados que van desde lo clásico hasta lo absurdo.
Para quienes buscan destacar, la clave está en combinar originalidad con referencias culturales. En Perú, por ejemplo, las parejas que asisten a las fiestas de Fiestas Patrias suelen inspirarse en personajes de la historia inca, como un Sapa Inca y una Ñusta, usando telas con diseños geométricos tradicionales y accesorios de plata. Mientras tanto, en Argentina, los disfraces basados en el mate y la bombilla —con uno vestido como el recipiente y otro como el líquido— se roban risas en los cumples de 15. La diseñadora costarricense Ana Anchía, ganadora del Premio BID a la Innovación Textil 2023, recomienda jugar con materiales reciclados: «Un disfraz de totumo (fruto seco) y chirel (hoja de maíz) no solo es llamativo, sino que promueve la sostenibilidad, algo que valoran las nuevas generaciones».
Quienes prefieren el humor pueden apostar por duplas inesperadas: un tamal y su hoja de plátano (ideal para México y Centroamérica), un ceviche y su limón (éxito garantizado en Lima o Guayaquil), o incluso un colectivo argentino y su bondi uruguayo, con carteles de rutas famosas pegados al cuerpo. Para los amantes del cine, las parejas de villanos —como Cruella de Vil y Úrsula— suelen tener menos competencia que los héroes clásicos. Y si el presupuesto es ajustado, una opción infalible es el black tie invertido: ella con esmoquin y él con vestido de gala, un guiño a la fluidez de género que triunfa en fiestas como el Orgullo de São Paulo o el Carnaval de Montevideo.
La tecnología también marca tendencia. En Colombia, talleres como Disfraces 3D en Medellín imprimen máscaras personalizadas de superhéroes latinoamericanos, como el Chapulín Colorado o la Catrina, con un costo que ronda los 80.000 pesos. Mientras, en Chile, las parejas que asisten a la Fiesta de la Tirana combinan trajes tradicionales con luces LED ocultas bajo las telas, creando efectos visuales que brillan al ritmo de la cueca. El secreto, según los expertos, es equilibrar la creatividad con la comodidad: un disfraz incómodo arruina la noche antes de que empiece la música.
Un disfraz en pareja bien pensado va más allá del simple disfraz: es una declaración de estilo, creatividad y complicidad que roba miradas y convierte cualquier fiesta en un recuerdo inolvidable. Las opciones aquí presentadas demuestran que con un poco de ingenio —ya sea reciclando prendas, combinando referencias pop o jugando con contrastes visuales— cualquier pareja puede brillar sin gastar fortunas ni recurrir a lo trillado. La clave está en elegir una idea que refleje su personalidad compartida y dedicar una tarde a los detalles: desde el maquillaje hasta los accesorios que marquen la diferencia. Con el auge de las fiestas temáticas en ciudades como México DF, Buenos Aires y Bogotá, quienes apuesten por originalidad no solo destacarán en la foto, sino que inspirarán a otros a dejar atrás los disfraces genéricos.




