El mercado del arte contemporáneo en América Latina y Estados Unidos movió más de $1.200 millones en 2023, según datos de Art Basel y UBS, pero solo el 15% de esas transacciones correspondió a obras de artistas emergentes. La cifra refleja un fenómeno claro: mientras el circuito tradicional apuesta por nombres consagrados, una nueva generación de creadores —y las exposiciones que los visibilizan— está reescribiendo las reglas desde galerías alternativas, museos regionales y hasta espacios públicos. No se trata de modas pasajeras, sino de propuestas que desafían formatos, cuestionan identidades y redefinen qué significa ser artista en el siglo XXI.
Quien siga la portada de artes habrá notado que, en los últimos meses, ciudades como Ciudad de México, Bogotá, Miami y Nueva York se han convertido en epicentros de muestras que trascienden lo decorativo para adentrarse en lo político, lo tecnológico y lo comunitario. Desde instalaciones que usan inteligencia artificial para explorar la memoria colectiva hasta performances que reviven tradiciones indígenas con técnicas digitales, estas exposiciones no solo decoran paredes: generan conversación. Y en una región donde el 40% de la población tiene menos de 30 años, según la CEPAL, el arte contemporáneo deja de ser un lujo para volverse un espejo. La portada de artes, entonces, ya no habla solo de cuadros caros, sino de urgencias compartidas. Estas cinco muestras son prueba de ello.
El auge del arte contemporáneo en las Américas y su influencia global*
El arte contemporáneo latinoamericano no solo consolida su presencia en la escena regional, sino que impone tendencias en los circuitos globales. Según el informe Panorama Cultural 2024 del BID, las bienales y ferias de la región atrajeron un 32% más de visitantes internacionales en el último año, con obras que dialogan desde lo local hacia lo universal. Cinco exposiciones actuales —en ciudades como Ciudad de México, Bogotá, São Paulo, Miami y Buenos Aires— ejemplifican esta transformación, donde artistas exploran memoria, tecnología y resistencia con lenguajes innovadores.
En el Museo Jumex de Ciudad de México, la muestra «Tecnologías del yo» reúne a 18 creadores que usan inteligencia artificial para cuestionar la identidad en la era digital. Destaca la instalación de la colombiana Diana Larrea, donde algoritmos generan retratos a partir de archivos históricos de migrantes centroamericanos. Mientras, en ArtBO (Bogotá), la exposición «Territorios en disputa» presenta obras de artistas indígenas como Abel Rodríguez (Amazonas) y Máxima Acuña (Perú), cuyos trabajos sobre extracción minera y derechos ancestrales ya forman parte de colecciones como el MoMA.
La conexión entre Latinoamérica y Estados Unidos se hace evidente en Miami, donde el Pérez Art Museum alberga «Cartografías del silencio», una revisión de 50 años de arte conceptual en la región. Aquí, piezas como los libros de artista de la brasileña Lygia Pape o las performances de la cubana Tania Bruguera —censurada en La Habana— demuestran cómo el arte latino se vuelve herramienta política. La curaduría, a cargo de la venezolana Gabriela Rangel, subraya que el 60% de las obras expuestas fueron adquiridas por museos europeos en los últimos dos años.
Completan este recorrido la Bienal de São Paulo, con su eje en ecologías queer, y el Malba en Buenos Aires, que dedica una retrospectiva a la pionera Liliana Porter. Ambas propuestas confirman que el arte contemporáneo de las Américas ya no se limita a representar realidades: las reconfigura.
Cinco muestras que desafían los límites entre tradición y vanguardia*
El arte contemporáneo en Latinoamérica y Estados Unidos vive un momento de efervescencia, donde las fronteras entre lo tradicional y lo experimental se desdibujan con propuestas audaces. Cinco exposiciones destacan este año por su capacidad para cuestionar narrativas establecidas mientras dialogan con identidades locales. En el Museo de Arte Moderno de Bogotá, «Raíces futuristas» reúne obras de 12 artistas indígenas que fusionan técnicas ancestrales —como el tejido wayuu o la cerámica precolombina— con inteligencia artificial para explorar la memoria colectiva. La muestra, curada en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha atraído a más de 40.000 visitantes en dos meses, según datos de la institución.
Mientras tanto, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), la retrospectiva de la brasileña Rosana Paulino confronta el legado colonial a través de instalaciones con materiales orgánicos y archivos médicos históricos. Su obra «Bastidores», que utiliza hilos de algodón teñidos con sangre, ha sido descrita por la crítica como «un golpe visual que obliga a repensar la violencia estructural». La exposición viajará a México en 2025, gracias a un acuerdo con la Red de Bienales de las Américas.
En Nueva York, el Bronx Museum alberga «Caribe Queer», la primera gran muestra dedicada a artistas LGBTQ+ del Caribe y su diáspora, con piezas que van desde el videoarte de la cubana Celia-González Álvarez hasta las esculturas en madera reciclada del puertorriqueño Daniel Lind-Ramos. La curaduría, apoyada por la Organización de Estados Americanos (OEA), subraya cómo estas obras desafían los estereotipos de género mientras celebran la resiliencia cultural. Para quienes prefieren el formato digital, el Museo de Arte de Lima (MALI) ofrece «Pixel y barro», una experiencia virtual que superpone pinturas virreinales con animaciones generadas por algoritmos, accesible hasta diciembre.
Cierra este recorrido el Centro Cultural Kirchner, donde «Tecnochamánica» propone un diálogo inesperado entre el chamanismo amazónico y la cultura cyberpunk. La instalación central, creada por el colectivo peruano Cholón Media, recrea un ritual de ayahuasca usando realidad aumentada y sonidos binaurales. Según la Dra. María González, especialista en arte digital de la Universidad de Chile, «estas exposiciones demuestran que la vanguardia latinoamericana ya no mira solo a Europa o EE.UU., sino que construye sus propios códigos desde la periferia».
De la pintura digital a las instalaciones inmersivas: técnicas que marcan tendencia*
El arte contemporáneo en Latinoamérica y Estados Unidos vive un momento de transformación radical, donde las fronteras entre lo digital y lo físico se desdibujan. Cinco exposiciones destacan este año por su enfoque innovador: en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, «Códigos Vivos» explora algoritmos generativos aplicados a esculturas cinéticas, mientras que el Museo Jumex en Ciudad de México presenta «Realidades Paralelas«, una inmersión en entornos virtuales creados por artistas como Rafael Lozano-Hemmer y Tania Candiani. Estas muestras no solo atraen a críticos, sino que registran un 40% más de asistencia juvenil que exposiciones tradicionales, según datos de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
En el sur del continente, el Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires alberga «Ecos Digitales«, una instalación sonora que combina inteligencia artificial con grabaciones de paisajes latinoamericanos en riesgo, desde el Amazonas hasta los glaciares patagónicos. La curaduría, a cargo de la colectiva Mujeres en el Arte Digital (MAD), subraya cómo el arte puede ser herramienta de denuncia ambiental. Mientras tanto, en Miami, la feria Art Basel dedica un pabellón a «Neo-Tropicalismos«, donde artistas como la brasileña Jaildo Marinho y el puertorriqueño Gabo Camnitzer reinterpretan la identidad regional con técnicas de realidad aumentada.
La tendencia también llega a espacios no convencionales. En Santiago de Chile, el Festival de Arte Digital (FAD) ocupa este año la antigua Estación Mapocho con «Cuerpos en Tránsito«, una exposición que fusiona danza, proyecciones 3D y sensores de movimiento para crear experiencias únicas en cada visita. Según la curadora Catalina Valenzuela, «el público ya no busca solo contemplar, sino interactuar y dejar huella en la obra«. Este giro hacia lo participativo refleja un cambio generacional: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que el 68% de los proyectos artísticos financiados en 2023 en la región incorporan elementos tecnológicos, el doble que en 2019.
Guía práctica para visitar estas exposiciones sin perderte lo esencial*
El arte contemporáneo en Latinoamérica y Estados Unidos vive un momento de efervescencia, con exposiciones que desafían los límites entre disciplina, tecnología y activismo. Desde la Bienal de São Paulo hasta las salas del MoMA en Nueva York, estas cinco muestras destacan no solo por su calidad estética, sino por cómo reflejan las tensiones sociales de la región. Según datos de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el 68% de las exposiciones en la región durante 2023 incorporaron temáticas vinculadas a derechos humanos o crisis climática, una tendencia que se consolida este año.
En Bogotá, el Museo de Arte Moderno (MAMBO) alberga «Territorios en disputa«, una colectiva que reúne obras de artistas indígenas y afrodescendientes de Colombia, México y Guatemala. La curaduría, a cargo de la investigadora peruanomexicana Lucía Sanromán, confronta la idea de patrimonio con instalaciones que usan materiales como el barro de Oaxaca o las semillas de maíz criollo, simbolizando la resistencia cultural frente a la explotación industrial. Mientras, en Ciudad de México, el Museo Jumex presenta «Ecos de lo invisible«, donde la artista brasileña Jaider Esbell —fallecido en 2021— dialoga con obras de León Ferrari mediante proyecciones que exploran la memoria indígena y los traumas coloniales.
Cruzando el Caribe, San Juan de Puerto Rico acoge «Archipiélago: cartografías del deseo» en el Museo de Arte Contemporáneo, una exposición que mapea las migraciones forzadas en el Gran Caribe a través de videos, performances y esculturas con residuos plásticos recolectados en playas de República Dominicana y Haití. Aquí, el arte se vuelve herramienta política: la pieza central, un mapa bordado por colectivos de mujeres haitianas, fue creado con hilos teñidos con añil, el mismo pigmento que históricamente se cultivaba en plantaciones esclavistas. La muestra, que permanecerá hasta septiembre, incluye talleres comunitarios para reflexionar sobre cómo el arte puede reparar heridas históricas.
En el norte del continente, dos propuestas en Nueva York y Miami cierran este recorrido. El MoMA PS1 dedica su espacio a «Ficciones funcionales«, donde artistas como la argentina Amalia Pica o el colectivo Teresita Fernández (Cuba-EE.UU.) desdibujan los límites entre objeto útil y obra de arte con instalaciones que invitan al público a interactuar: desde bancos que emiten sonidos de protestas históricas hasta lámparas que proyectan poemas de Sor Juana Inés de la Cruz. Mientras, el Institute of Contemporary Art (ICA) Miami exhibe «El cuerpo como frontera«, con performances en vivo que cuestionan las políticas migratorias, incluyendo una pieza de la salvadoreña Beatriz Cortés donde robots —construidos con materiales reciclados— «cruzan» una frontera simbólica trazada en la galería.
Para visitar estas exposiciones sin perderse lo esencial, lo ideal es priorizar las obras con mediación guiada (muchos museos ofrecen recorridos gratuitos en español) y revisar los horarios de performances, que suelen ser únicos. En casos como el MAMBO o el ICA Miami, reservar entrada con antelación evita colas, mientras que en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico conviene llegar temprano para participar en los talleres comunitarios. Todas las muestras cuentan con catálogos digitales accesibles, algunos incluso con audioguías en lenguas originarias, como el náhuatl o el quechua, que enriquecen la experiencia más allá de lo visual.
Artistas latinoamericanos que están reescribiendo las reglas del mercado internacional*
El arte contemporáneo latinoamericano vive un momento de efervescencia sin precedentes. Desde la Bienal de São Paulo hasta las galerías de Miami, cinco exposiciones están marcando un antes y después en cómo se consume y valora el arte de la región. No son simples muestras: son declaraciones políticas, exploraciones tecnológicas y relecturas históricas que desafían los cánones tradicionales.
En el Museo de Arte Moderno de Bogotá, la exposición «Cartografías del silencio» reúne a 18 artistas de ocho países que usan el sonido —o su ausencia— como herramienta de resistencia. Obras como la instalación de sonidos amazónicos de la brasileña Yara Castanheira o los mapas auditivos del chileno Enrique Ramírez cuestionan cómo el colonialismo transformó los paisajes sonoros del continente. La muestra, curada con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), incluye un archivo digital con grabaciones de comunidades indígenas, accesible mediante códigos QR.
Mientras tanto, en El Museo del Barrio (Nueva York), la retrospectiva de la cubana Tania Bruguera —titulada «Habla la memoria»</strong— desmonta los límites entre arte y activismo. La pieza central, «El peso de la historia», invita a los visitantes a cargar sobre sus espaldas sacos con tierra de lugares marcados por conflictos en América Latina. Según datos de la Organización de Estados Americanos (OEA), el 63% de las obras de arte político latinoamericano exhibidas en EE.UU. en 2023 provienen de artistas mujeres, un salto frente al 38% registrado en 2018.
Para quienes buscan cruces entre tecnología y tradición, el Centro Cultural Kirchner (Buenos Aires) alberga «Código sur», la primera gran exposición de arte generativo de la región. Aquí, algoritmos creados por el colectivo peruano Chakruna reinterpretan patrones de textiles precolombinos, mientras que la mexicana Marcela Armas presenta esculturas robóticas inspiradas en mitos nahuas. La muestra, que incluye talleres de programación para jóvenes, demuestra cómo el arte latinoamericano está redefiniendo su lugar en la era digital sin perder raíz.
Hacia dónde va el arte cuando la tecnología y la identidad se entrelazan*
El diálogo entre tecnología e identidad está transformando el arte contemporáneo en la región, y cinco exposiciones en Latinoamérica y Estados Unidos lo demuestran con fuerza. Desde la inteligencia artificial aplicada a narrativas indígenas hasta instalaciones que cuestionan la memoria colectiva, estas muestras reflejan cómo los artistas reinterpretan realidades sociales a través de herramientas digitales. Según datos de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el 62% de las bienales latinoamericanas en 2023 incorporaron elementos tecnológicos, un salto del 28% respecto a 2019.
En Bogotá, el Museo de Arte Moderno (MAMBO) alberga «Códigos Vivos», una exposición donde artistas como Carolina Caycedo (Colombia) y Tabita Rezaire (Guyana Francesa) usan algoritmos para explorar la conexión entre saberes ancestrales y sistemas digitales. La pieza central, un mapa interactivo de ríos amazónicos generado con datos satelitales y relatos orales, invita a repensar la relación entre territorio y soberanía tecnológica. Mientras tanto, en la Bienal de São Paulo, la instalación «Memorias Ram» de Jaider Esbell (Brasil) combina realidad aumentada con pinturas que reviven mitos macuxi, desafiando la idea de que lo «tradicional» y lo «digital» son opuestos.
En Nueva York, el Museo del Barrio presenta «Futuros Suspendidos», una colectiva que examina cómo la diáspora caribeña y latinoamericana reconfigura su identidad en la era digital. Destaca el trabajo de Joiri Minaya (República Dominicana), quien usa filtros de redes sociales para distorsionar imágenes de cuerpos feminizados, criticando los estándares de belleza impuestos por plataformas globales. La curadora Elena Sorokina señala que estas obras «exponen cómo la tecnología no es neutral: reproduce —o resiste— jerarquías históricas».
Para quienes buscan experiencias inmersivas, el Centro Cultural Kirchner en Buenos Aires ofrece «El Eco de lo Invisible», donde sensores de movimiento y sonidos binaurales recrean paisajes de la Puna argentina. El proyecto, desarrollado con comunidades collas, recibió apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por su enfoque en «tecnologías inclusivas». Mientras tanto, en Ciudad de México, la galería Labor exhibe «Glitch Ontológico» de María José Arjona, una performance donde el error digital se convierte en metáfora de la migración forzada, usando datos de la CEPAL sobre desplazamiento climático en Centroamérica.
Estas exposiciones no solo exhiben arte, sino que plantean preguntas urgentes: ¿Puede la tecnología decolonizar la mirada? ¿Cómo se preserva la memoria en formatos efímeros? Con entradas que oscilan entre los $5 y $20 USD (muchas con descuentos para estudiantes), son una oportunidad para ver cómo el arte latinoamericano lidera conversaciones globales desde lo local.
El arte contemporáneo en Latinoamérica y Estados Unidos no solo rompe moldes, sino que exige ser vivido: estas cinco exposiciones demuestran cómo la creatividad regional dialoga con urgencias globales, desde la memoria histórica hasta la inteligencia artificial. Cada muestra —ya sea en el MALBA, el MoMA o el Museo Jumex— ofrece una experiencia que desafía al espectador a repensar su rol en la cultura visual actual. Para quienes buscan sumergirse, la recomendación es clara: prioricen las fechas de cierre, reserven entradas con antelación y lleven tiempo para interactuar con las obras más allá de la foto rápida. Con una escena artística que crece en audacia y diversidad, 2024 se perfila como el año para dejar de ser espectadores pasivos y convertirse en cómplices de esta revolución creativa.




