El consumo de frutas sigue siendo insuficiente en la mayoría de los países de América Latina, donde apenas el 18% de la población cumple con la recomendación mínima de tres porciones diarias, según datos de la FAO. Aunque el plátano, la manzana y la naranja dominan las mesas, existe un grupo de frutas con i que aportan nutrientes únicos y suelen pasarse por alto en la dieta cotidiana.
Desde los mercados de Ciudad de México hasta las ferias de Bogotá, estas frutas —a menudo ignoradas por su disponibilidad estacional o falta de promoción— ofrecen beneficios que van desde la regulación del azúcar en sangre hasta el fortalecimiento del sistema inmunológico. Incluir una fruta con i en el menú semanal no solo diversifica los sabores, sino que puede marcar la diferencia en la ingesta de vitaminas esenciales como la C, el potasio o los antioxidantes. Lo más llamativo: muchas de ellas crecen en climas tropicales de la región, lo que las hace accesibles y económicas.
Frutas con "i": más que un simple juego de palabras en la alimentación*

Cuando se habla de frutas con «i», el kiwi suele ser el primero en venir a la mente. Pero más allá de este clásico, existen otras opciones menos mencionadas que aportan nutrientes esenciales a la dieta. En países como Chile y Perú, el consumo de frutas exóticas ha crecido un 12% en los últimos cinco años, según datos de la FAO, impulsado por una mayor conciencia sobre sus beneficios para la salud.
El litchi, originario de Asia pero cultivado en México y Brasil, destaca por su alto contenido de vitamina C —superior al de la naranja— y su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico. Otra fruta con «i» que gana terreno es la pitahaya (o fruta del dragón), popular en Colombia y Centroamérica, rica en antioxidantes y fibra, ideal para regular el tránsito intestinal. Mientras tanto, la guayaba, aunque no siempre se asocia con la letra, en variedades como la guayaba rosa aporta más licopeno que el tomate, un compuesto clave en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Para quienes buscan opciones menos convencionales, la imbu (o Spondias tuberosa), típica del nordeste brasileño, ofrece un sabor agridulce y propiedades antiinflamatorias. Según la nutricionista Ana Lucía Rojas, de la Universidad de Costa Rica, incluir estas frutas en batidos o ensaladas puede mejorar la absorción de hierro, especialmente si se combinan con fuentes de vitamina C. Un ejemplo práctico: en Nicaragua, es común mezclar pitahaya con limón para potenciar sus efectos.
La ciruela imli (o tamarindo indio), aunque menos conocida en la región, se usa en Perú y Ecuador para preparar bebidas refrescantes. Su pulpa contiene tartrato de potasio, útil para regular la presión arterial. La clave está en la variedad: alternar estas frutas no solo enriquece el paladar, sino que cubre un espectro más amplio de vitaminas y minerales.
De la icaco a la imbu: propiedades nutricionales que sorprenden*

Mientras el aguacate y la piña acaparan la atención en los mercados latinoamericanos, un grupo de frutas menos conocidas —pero igual de poderosas— empieza a ganar terreno. Entre ellas destacan cinco que comparten algo más que la letra i en sus nombres: propiedades nutricionales capaces de complementar dietas desde México hasta Argentina. La icaco (Chrysobalanus icaco), por ejemplo, crece en zonas costeras del Caribe y el norte de Brasil, donde se consume fresca o en mermeladas. Su alto contenido de antioxidantes, como las proantocianidinas, ayuda a combatir el estrés oxidativo, según un estudio de la Universidad de São Paulo.
En los Andes, la imbu o Spondias tuberosa —típica del nordeste brasileño— sobresale por su riqueza en vitamina C y fibra. Un informe de la CEPAL resalta que su consumo regular puede contribuir a reducir la anemia en poblaciones rurales, un problema persistente en países como Perú y Bolivia. Mientras tanto, la ingá, esa vaina dulce y algodonosa que abunda en la Amazonía, aporta calcio y hierro en niveles comparables a los de algunas legumbres. Comunidades indígenas en Colombia y Ecuador la usan para endulzar platos sin refinar azúcar.
Otras dos joyas son la ilama —pariente centroamericana del chirimoya— y la itabo o Eugenia lambertiana, una baya pequeña de la Mata Atlántica. La primera, cultivada en Guatemala y El Salvador, contiene compuestos antiinflamatorios que investiga el Instituto Nacional de Ciencias Médicas de México. La segunda, aún poco comercializada, tiene tres veces más vitamina A que la zanahoria, según análisis del BID. Incluirlas en batidos, ensaladas o postres no solo diversifica la alimentación, sino que conecta con tradiciones culinarias a menudo olvidadas.
Combinaciones inteligentes: cómo integrarlas en batidos y ensaladas*

Incluir frutas menos comunes en la dieta puede ser una estrategia sencilla para mejorar la nutrición sin recurrir a suplementos. Entre las opciones que destacan por su perfil nutricional —y que a menudo pasan desapercibidas en los mercados latinoamericanos—, cinco frutas que comienzan con «i» ofrecen beneficios clave. La icaco (o ciruela de playa), típica en las costas de México, Centroamérica y el Caribe, aporta fibra y antioxidantes que favorecen la salud digestiva. Mientras tanto, la imbu, originaria del nordeste brasileño, es rica en vitamina C y se usa tradicionalmente para preparar refrescos y mermeladas.
Otras dos frutas con propiedades notables son la ilama y la injerto de mango. La primera, cultivada en países como Colombia y Perú, contiene compuestos antiinflamatorios y se consume fresca o en postres. La segunda, aunque técnicamente es una variante de mango, destaca por su mayor concentración de betacarotenos, según estudios de la Universidad Nacional Agraria La Molina (Perú). Ambas son alternativas accesibles en ferias locales, especialmente en temporadas de cosecha entre diciembre y marzo.
Completan la lista los higos frescos, cuya versión latinoamericana —más pequeña y dulce que la europea— es común en Chile y Argentina. Según datos de la FAO, 100 gramos de esta fruta aportan el 20% de la ingesta diaria recomendada de fibra, además de minerales como potasio y calcio. Para incorporarlas a la dieta, una opción práctica es añadir icaco o imbu a batidos con yogur natural, mientras que los higos combinan bien en ensaladas con queso fresco y nueces, un plato típico en las regiones andinas.
Dónde encontrarlas en Latinoamérica sin caer en imitaciones caras*

El imbayúba, la icaco y la ilama no suelen aparecer en los carritos del supermercado, pero son tres de las cinco frutas con «i» que nutricionistas recomiendan incorporar a la dieta por sus propiedades únicas. Mientras el kiwi y la guayaba —también en este grupo— ya ganaron espacio en las mesas latinoamericanas, otras permanecen relegadas a mercados locales o ferias artesanales, a pesar de su alto valor nutricional. Un estudio de la FAO de 2022 reveló que el 60% de las frutas nativas de la región están subutilizadas, incluso cuando su consumo podría ayudar a combatir carencias de vitamina C y fibra en poblaciones rurales y urbanas.
En el norte de Brasil y la Amazonía colombiana, el imbayúba (también llamado «fruta de mono») destaca por su pulpa cremosa y su alto contenido de potasio, ideal para regular la presión arterial. En cambio, la icaco, típica de las costas caribeñas desde México hasta Venezuela, aporta más calcio que muchos lácteos y se usa en mermeladas o frescos para aprovechar sus antioxidantes. La clave está en buscarlas en temporada: la icaco madura entre mayo y agosto, mientras que el imbayúba se cosecha de diciembre a marzo. Mercados como el Ver-o-Peso en Belém (Brasil) o la Plaza de Mercado de Bazurto en Cartagena suelen ofrecerlas frescas, aunque en ciudades como Lima o Santiago es más fácil encontrarlas deshidratadas o en pulpa congelada.
Para quienes prefieren opciones más accesibles, el kiwi —cultivado masivamente en Chile y Argentina— y la guayaba —abundante en Centroamérica y el norte de Sudamérica— siguen siendo las estrellas. Según la Dra. María González, especialista en nutrición de la Universidad de Costa Rica, «una guayaba mediana cubre el 200% de la vitamina C diaria recomendada, y su combinación con kiwi potencia la absorción de hierro, algo crucial en países con altas tasas de anemia como Bolivia o Honduras». La ilama, por su parte, una fruta mexicana de cáscara verde y sabor entre ácido y dulce, gana terreno en la gastronomía por su versatilidad: se usa en ensaladas, licuados o incluso en platos salados, como el ceviche de ilama que sirven en Oaxaca.
El desafío sigue siendo distinguir las frutas auténticas de imitaciones caras o productos procesados con aditivos. En Perú, por ejemplo, la guayaba en almíbar suele venderse como «natural» cuando contiene jarabes de glucosa; en México, la pulpa de ilama congelada a veces se mezcla con conservantes. La recomendación es simple: priorizar compras en ferias certificadas —como las apoyadas por el BID en su programa de agricultura familiar— o buscar sellos de origen en supermercados. Otra señal de calidad es el precio: un kilo de icaco fresco no debería superar los USD 3 en temporada, mientras que el kiwi orgánico chileno ronda los USD 4,50, según datos de la CEPAL sobre precios regionales.
El papel de estas frutas en dietas veganas y planes de alimentación sostenible*

Incluir frutas poco comunes puede transformar una dieta vegana o un plan de alimentación sostenible, especialmente cuando se trata de opciones con alto valor nutricional. Entre las alternativas que destacan por su perfil único, cinco frutas que comienzan con «i» merecen atención: imbu (o jabuticaba), icaco, ilama, injerto de guayaba (conocido en algunos países como guayaba injertada) e higo de India (aunque su nombre no inicia con «i», en varios países se le llama india o higuera de las Indias). Estas frutas, cultivadas desde México hasta el Cono Sur, aportan nutrientes clave que suelen faltar en dietas basadas en plantas.
El imbu, originario de Brasil pero consumido en Paraguay y el norte de Argentina, es rico en antocianinas, compuestos con propiedades antiinflamatorias que, según un estudio de la Universidad de São Paulo (2022), podrían reducir el riesgo de enfermedades crónicas en un 15% cuando se consumen regularmente. Por su parte, el icaco —abundante en costas caribeñas como las de Colombia y Venezuela— ofrece un alto contenido de fibra (hasta 6 gramos por 100 gramos) y vitamina C, ideal para mejorar la digestión y fortalecer el sistema inmunológico. Mientras tanto, la ilama, típica de Centroamérica, aporta calcio y fósforo en niveles comparables a los lácteos, lo que la convierte en un sustituto natural para veganos.
Un caso práctico es el uso del higo de India en comunidades rurales de Perú y Ecuador, donde se emplea tanto en fresco como deshidratado para enriquecer harinas y barras energéticas. Según datos de la FAO, su cultivo requiere un 40% menos de agua que el de los cítricos tradicionales, lo que la posiciona como una opción sostenible ante la escasez hídrica que afecta a la región. Para incorporarlas en la dieta diaria, basta con añadir el imbu en smoothies, el icaco en ensaladas tropicales o la ilama en postres sin azúcar. La clave está en su versatilidad: desde mermeladas hasta aderezos salados, estas frutas demuestran que lo exótico puede ser también accesible.
Tendencias que podrían convertir estas frutas en los nuevos superalimentos de la región*

El interés por frutas poco convencionales crece en América Latina, impulsado por su potencial nutricional y adaptabilidad a climas diversos. Entre ellas, cinco con nombres que empiezan por «i» destacan por propiedades que podrían redefinir hábitos alimenticios: imbu, icaco, ilama, inga y ipecacuanha. Aunque algunas son más conocidas en zonas rurales, su estudio científico gana terreno.
El imbu (o umbu), típico del nordeste brasileño, contiene hasta cuatro veces más vitamina C que una naranja, según datos de la Universidad Federal de Pernambuco. Su pulpa ácida se usa en jugos y mermeladas, pero también en proyectos de seguridad alimentaria en el semiárido. Mientras, el icaco —abundante en costeras desde México hasta Colombia— aporta fibra soluble y antioxidantes que ayudan a regular el azúcar en sangre, un beneficio clave en una región donde la diabetes afecta al 9.4% de la población adulta, según la OPS.
Otras dos frutas llaman la atención por su versatilidad. La ilama, cultivada desde Centroamérica hasta los Andes, combina el sabor del mango con la textura cremosa del aguacate; su alto contenido de betacarotenos la hace ideal para combatir deficiencias nutricionales en niños. Por su parte, la inga —cuyas vainas se consumen en Perú y Ecuador— es rica en triptófano, un aminoácido esencial que favorece la producción de serotonina. Un estudio del BID destacó su potencial para mejorar dietas en comunidades amazónicas.
La menos conocida, la ipecacuanha, se usa tradicionalmente en infusiones por sus propiedades expectorantes, aunque su consumo debe ser moderado. Su cultivo en Bolivia y Paraguay refleja cómo frutas «olvidadas» pueden integrarse a cadenas de valor sostenibles. La CEPAL señala que promover estos alimentos locales no solo diversifica la agricultura, sino que reduce la dependencia de importaciones.
Incorporar frutas con «i» como la icaco, imbu o inga no es solo una curiosidad culinaria, sino una estrategia inteligente para diversificar nutrientes esenciales. Estas cinco opciones destacan por su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico, regular la digestión y aportar antioxidantes que combaten el estrés oxidativo, todo con sabores que van desde lo exótico hasta lo familiar. El consejo práctico es sencillo: empieza por incluir dos porciones semanales de estas frutas en batidos, ensaladas o como snack, aprovechando su temporada en mercados locales. Con el creciente interés por la alimentación funcional en Latinoamérica, rediscover estas joyas botánicas podría ser el primer paso hacia una dieta más rica, sostenible y conectada con la biodiversidad regional.





