Un estudio reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que más del 50% de los hispanohablantes en América confunde consejos populares con recomendaciones médicas respaldadas por evidencia. Esta confusión puede tener consecuencias graves, desde la automedicación hasta la postergación de tratamientos esenciales. Muchas de las creencias más arraigadas sobre la salud —como que el azúcar «alimenta» el cáncer o que las vacunas causan autismo— carecen de sustento científico. Lo que es un mito a menudo se disfraza de sabiduría convencional, y distinguir entre ambos puede marcar la diferencia entre una vida saludable y riesgos innecesarios.
En la vida cotidiana, es común escuchar afirmaciones sobre nutrición, ejercicio o prevención de enfermedades que, aunque bien intencionadas, perpetúan ideas falsas. Lo que es un mito no solo distorsiona la percepción colectiva, sino que también puede obstaculizar el acceso a información precisa. Este análisis desmonta cinco de los mitos más extendidos, respaldados por datos de instituciones como la OMS y la OPS, para ayudar a tomar decisiones informadas. La salud no es un tema de opiniones, sino de hechos comprobables.
Qué es un mito y cómo afecta a la salud

5 mitos comunes sobre la salud que debes conocer
Un mito es una creencia o idea falsa que puede influir en las decisiones de las personas y afectar su salud de manera negativa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de las personas creen en al menos un mito relacionado con la salud.
Es común que las personas piensen que tomar mucho jugo de naranja puede prevenir la gripe, pero esto es un mito. El consumo excesivo de jugo de naranja puede incluso causar problemas de salud como la diarrea y la sensibilidad dental. Aunque el jugo de naranja es una buena fuente de vitamina C, es importante consumirla en moderación. Por ejemplo, en Brasil, donde el consumo de jugo de naranja es muy común, se estima que el 30% de las personas consumen más de la cantidad recomendada diariamente. Esto puede llevar a problemas de salud a largo plazo.
Otro mito común es que tomar antibióticos puede curar cualquier infección. Sin embargo, los antibióticos solo son efectivos contra las infecciones bacterianas, no contra las virales. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el uso excesivo de antibióticos en América Latina y el Caribe ha llevado a la resistencia a estos medicamentos, lo que puede ser peligroso para la salud pública. Es importante consultar a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
En resumen, es importante conocer los mitos comunes sobre la salud para tomar decisiones informadas y proteger nuestra salud. Algunos mitos pueden ser perjudiciales si se creen y se actúa según ellos.
3 factores clave que perpetúan estos mitos

Un mito es una creencia falsa o exagerada que se difunde como verdad, a menudo sin fundamento científico. En el ámbito de la salud, estos mitos pueden tener consecuencias graves, desde decisiones médicas erróneas hasta el rechazo a tratamientos efectivos. Por ejemplo, en varios países de Latinoamérica, persiste la idea de que las vacunas causan autismo, a pesar de que estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han desmentido esta afirmación.
Según la Dra. María González, especialista en salud pública de la Universidad de Chile, «la desinformación se propaga más rápido que la ciencia, especialmente en redes sociales». Esto explica por qué muchos mitos, como el de que el agua fría causa resfriados o que el azúcar alimenta el cáncer, siguen vigentes. Estos conceptos no solo carecen de evidencia, sino que pueden llevar a prácticas perjudiciales, como evitar ciertos alimentos sin necesidad.
Tres factores clave perpetúan estos mitos. Primero, la falta de acceso a información confiable, especialmente en zonas rurales de países como Perú o Guatemala. Segundo, la influencia de remedios tradicionales sin respaldo científico, comunes en culturas indígenas. Tercero, la viralización de contenidos sensacionalistas en plataformas digitales, que priorizan el impacto sobre la veracidad. Combatir estos mitos requiere educación, transparencia y colaboración entre gobiernos, instituciones y comunidades.
Cómo identificar información falsa sobre salud

Un mito es una creencia falsa o exagerada que se difunde como si fuera verdad, especialmente en temas de salud. Estos conceptos erróneos pueden surgir de consejos populares, redes sociales o incluso recomendaciones malinterpretadas de profesionales. Identificar mitos es clave para tomar decisiones informadas, ya que pueden llevar a prácticas peligrosas o a descuidar tratamientos efectivos.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 60% de los adultos en América Latina ha recibido información falsa sobre salud en el último año. Entre los mitos más comunes están que «tomar vitamina C previene resfriados», que «el azúcar alimenta el cáncer» o que «las vacunas causan autismo». Estos ejemplos demuestran cómo ideas sin fundamento científico pueden ganar popularidad rápidamente. Un caso relevante en la región fue la desconfianza hacia vacunas durante la pandemia, un problema que afectó a países como Brasil y México.
Para evitar caer en estas trampas, es útil contrastar la información con fuentes confiables, como ministerios de salud o instituciones como la OPS. También se recomienda desconfiar de afirmaciones que prometan soluciones mágicas o que carezcan de estudios científicos. La Dra. María González, especialista en salud pública, señala: «La desinformación en salud puede tener consecuencias graves, desde el uso de remedios ineficaces hasta el rechazo a tratamientos médicos comprobados».
Errores comunes al buscar consejos médicos

La búsqueda de consejos médicos puede ser un proceso complejo y emocional, especialmente si se busca información sobre temas poco entendidos. Sin embargo, existen varios mitos comunes sobre la salud que es importante conocer para tomar decisiones informadas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 30% y el 75% de la información que se encuentra en internet sobre salud es inexacta o falsa. Esto significa que muchas personas pueden estar tomando decisiones basadas en información errónea. Un ejemplo de esto es el mito de que tomar grandes cantidades de jugo de limón puede ayudar a combatir la gripe. Aunque el jugo de limón es rico en vitamina C, que es importante para el sistema inmunológico, no hay evidencia científica que respalde la idea de que tome grandes cantidades de jugo de limón para prevenir la gripe.
Otro mito común es que las vacunas pueden causar enfermedades en lugar de prevenirlas. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las vacunas son seguras y efectivas en la mayoría de los casos, y su beneficio supera con creces cualquier riesgo potencial. Un ejemplo de esto es el éxito de las campañas de vacunación contra la polio en América Latina, que han reducido significativamente el número de casos de esta enfermedad en la región.
Es importante recordar que la salud es un tema complejo y que la información disponible puede ser confusa. Por lo tanto, es fundamental consultar a profesionales de la salud antes de tomar decisiones importantes sobre su salud.
El futuro de la desinformación en la región

Un mito es una creencia falsa o distorsionada que se difunde como si fuera verdad. En el ámbito de la salud, estos conceptos erróneos pueden tener consecuencias graves, desde decisiones médicas incorrectas hasta la propagación de enfermedades. En América Latina, donde el acceso a información confiable es desigual, identificar y corregir estos mitos es crucial para proteger la salud pública.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 60% de los adultos en la región recibe información médica a través de redes sociales, lo que aumenta el riesgo de exposición a mitos. Entre los más comunes se encuentran que las vacunas causan autismo, que el agua fría cura la gripe o que solo los adultos mayores deben vacunarse contra la influenza. Estos errores persisten debido a la falta de educación científica y a la viralización de contenidos sin fundamento.
Un ejemplo relevante es el mito de que el azúcar «alimenta» el cáncer, una idea que ha ganado fuerza en países como Colombia y Argentina. Aunque las células cancerosas metabolizan más glucosa, no hay evidencia de que reducir su consumo cure o prevenga la enfermedad. La Dra. María González, oncóloga de la Universidad de Chile, explica que «una dieta equilibrada es clave, pero atribuir propiedades mágicas a un solo alimento es peligroso».
Lo que dicen los expertos sobre estos mitos

Un mito es una creencia falsa o exagerada que se difunde como si fuera verdad. En el ámbito de la salud, estos conceptos erróneos pueden llevar a decisiones peligrosas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 40% de los adultos en América Latina ha seguido algún consejo médico basado en mitos, lo que afecta su bienestar. Identificar estas ideas equivocadas es clave para tomar decisiones informadas.
Un ejemplo común es la idea de que «el azúcar causa diabetes». Aunque el exceso de azúcar aumenta el riesgo, la diabetes tipo 2 está vinculada a factores genéticos y el estilo de vida. La Dra. María González, endocrinóloga de la Universidad de Chile, explica: «El consumo excesivo de azúcar es perjudicial, pero no es la única causa de la diabetes. Es fundamental mantener una dieta equilibrada y hacer ejercicio». Esta aclaración ayuda a evitar culpas injustificadas.
Otro mito frecuente es que «tomar antibióticos cura cualquier infección». En países como México y Colombia, el uso indebido de estos medicamentos ha generado resistencia bacteriana. La OPS advierte que solo deben usarse bajo prescripción médica. También se cree que «el sol fortalece los huesos», pero la exposición excesiva sin protección aumenta el riesgo de cáncer de piel. La clave está en el equilibrio y la información verificada.
Desenmascarar los mitos sobre la salud no solo protege tu bienestar, sino que también evita decisiones basadas en falsedades. La información verificada es tu mejor aliada: antes de creer en un «remedio milagroso» o un «riesgo exagerado», consulta fuentes confiables como la OMS o profesionales médicos. En una región donde la desinformación puede costar vidas, tomar el control de lo que consumes y compartes es un acto de responsabilidad colectiva. América Latina merece salud basada en hechos, no en fantasías.
