El consumo de pastillas para la alergia se ha disparado un 40% en los últimos cinco años en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud, pero lo preocupante no es solo el aumento, sino cómo se eligen. Mientras el polen, el polvo y los ácaros siguen dominando las consultas médicas —especialmente en ciudades con alta contaminación como Ciudad de México, Bogotá o Santiago—, muchos recurren a antihistamínicos por cuenta propia, sin distinguir entre fórmulas que alivian síntomas leves o aquellas diseñadas para reacciones severas. La confusión es comprensible: entre estantes repletos de cajas con nombres similares y promesas de «alivio rápido», hasta el comprador más informado puede terminar con un producto que no resuelve su problema o, peor aún, que le genera somnolencia en pleno horario laboral.
La elección incorrecta de pastillas para la alergia no solo implica desperdiciar dinero, sino arriesgarse a efectos secundarios evitables. Por ejemplo, un antihistamínico de primera generación —como la difenhidramina— puede ser útil para una urticaria nocturna, pero resultar peligroso si se conduce o opera maquinaria. En cambio, opciones de segunda generación, como la loratadina o la cetirizina, ofrecen protección prolongada sin adormecer, ideales para quienes necesitan concentración. Con la temporada de alergias primaverales ya en marcha en el hemisferio norte y el invierno austral potenciando los resfriados que se confunden con rinitis, saber diferenciar entre estos fármacos marca la diferencia entre un día productivo y una batalla constante contra el picor, los estornudos o la congestión. La clave está en entender qué hay detrás de cada principio activo y cómo interactúa con el cuerpo.
Por qué los antihistamínicos son la primera línea de defensa contra las alergias*
Los antihistamínicos siguen siendo el tratamiento más accesible y eficaz para controlar los síntomas de alergias estacionales, ambientales o alimentarias en América Latina. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 30% de la población regional sufre algún tipo de reacción alérgica, desde rinitis hasta dermatitis, y estos medicamentos actúan bloqueando la histamina, la sustancia que desencadena picazón, estornudos o hinchazón. Su ventaja radica en la rapidez: alivian molestias en menos de una hora y están disponibles sin receta en la mayoría de los países.
Para elegir la opción más adecuada, conviene analizar tres factores: duración del efecto, posibles efectos secundarios y el tipo de alergia. Las pastillas de primera generación, como la difenhidramina, son económicas y comunes en farmacias de Perú a Argentina, pero suelen causar somnolencia. En cambio, los antihistamínicos de segunda generación —loratadina, cetirizina o fexofenadina— ofrecen alivio por 24 horas sin adormecer, ideales para quienes necesitan concentración en el trabajo o al manejar. En ciudades con alta contaminación, como Santiago de Chile o Ciudad de México, los especialistas recomiendan versiones no sedantes para evitar riesgos en actividades cotidianas.
Un error frecuente es automedicarse sin considerar interacciones. Por ejemplo, combinar antihistamínicos con alcohol o ansiolíticos potencia la somnolencia, advierte un informe del Instituto Nacional de Salud de Colombia. Otra precaución: en casos de asma o alergias graves, estos fármacos no sustituyen tratamientos como los corticoides inhalados. Para alergias a alimentos típicos de la región —como el maní en Brasil o los mariscos en países costeros—, lo más seguro es llevar siempre el medicamento indicado por un alergólogo y leer etiquetas para evitar ingredientes ocultos.
La disponibilidad varía según el país. En Uruguay o Costa Rica, marcas genéricas de cetirizina cuestan hasta un 40% menos que en cadenas de farmacias de Panamá o República Dominicana, según un estudio de la CEPAL sobre acceso a medicamentos. Para ahorrar sin sacrificar calidad, se puede optar por presentaciones en caja con más comprimidos o verificar si el sistema de salud local los cubre, como ocurre en Chile con el plan AUGE. Lo clave es no suspender el tratamiento al primer alivio: la OPS enfatiza que la constancia previene crisis en épocas de polen alto, como la primavera austral o la temporada de lluvias en el Caribe.
Diferencias clave entre antihistamínicos de primera y segunda generación*
La elección entre antihistamínicos de primera y segunda generación puede marcar la diferencia entre un alivio rápido con somnolencia o un control prolongado sin efectos secundarios molestos. Mientras los fármacos de primera generación —como la difenhidramina o la clorfeniramina— actúan en minutos y son accesibles en farmacias de Perú a Argentina, su principal desventaja es la sedación intensa, que limita su uso en horarios laborales. Por el contrario, los de segunda generación (loratadina, cetirizina o fexofenadina) ofrecen hasta 24 horas de protección con mínimo riesgo de sueño, según estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Un caso típico en ciudades como Bogotá o Santiago de Chile muestra la preferencia por la segunda generación: pacientes con rinitis alérgica estacional optan por cetirizina durante la temporada de polen (agosto-noviembre), ya que no interfiere con la concentración en el trabajo. Sin embargo, en zonas rurales de Centroamérica, donde el acceso a medicamentos es más limitado, los de primera generación siguen siendo comunes por su bajo costo y disponibilidad en puestos de salud. La Dra. María González, alergóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que «el uso prolongado de antihistamínicos sedantes puede afectar el rendimiento cognitivo, especialmente en niños y adultos mayores».
Otra diferencia clave radica en la selectividad: los fármacos modernos bloquean solo los receptores H1 de histamina, evitando interacciones con otros sistemas nerviosos. Esto reduce efectos como boca seca o visión borrosa, frecuentes con la hidroxizina. Para alergias cutáneas —como las provocadas por el Aedes aegypti en el Caribe—, la OPS recomienda combinar antihistamínicos de segunda generación con corticoides tópicos. Eso sí, en casos de anafilaxia, la primera generación (como la prometazina) aún se usa en hospitales por su acción intravenosa rápida.
La decisión final depende del contexto: quienes buscan alivio nocturno (picaduras de vinchuca en el Cono Sur) pueden preferir la sedación leve de la primera generación. Pero para el 78% de los latinoamericanos con alergias respiratorias, según datos de la CEPAL, la segunda generación es la opción más equilibrada. Siempre bajo supervisión médica, claro: la automedicación con antihistamínicos —incluso los de venta libre— puede enmascarar síntomas de enfermedades más graves, como el asma.
Cómo elegir la pastilla ideal según tu tipo de alergia y estilo de vida*
Elegir el antihistamínico adecuado puede marcar la diferencia entre controlar los síntomas o sufrir estornudos, picazón y congestión durante meses. En América Latina, donde las alergias al polen, ácaros y hongos afectan a más del 30% de la población según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la selección depende de tres factores clave: el tipo de alergia, la intensidad de los síntomas y el ritmo de vida de cada persona.
Para alergias estacionales —como las provocadas por el polen de ceibo en Argentina o el laurel en Colombia—, los antihistamínicos de segunda generación como loratadina o cetirizina son los más recomendados. Actúan durante 24 horas, no generan somnolencia y están disponibles sin receta en la mayoría de los países. En cambio, quienes padecen alergias perennes (a ácaros, mascotas o moho) pueden requerir fórmulas más potentes, como fexofenadina, especialmente en ciudades con alta humedad como Montevideo o Ciudad de México, donde los hongos en paredes y alfombras empeoran los síntomas.
El estilo de vida define la presentación ideal. Quienes trabajan en turnos nocturnos o manejan maquinaria pesada deben evitar antihistamínicos de primera generación como difenhidramina, que causan somnolencia en un 60% de los casos, según un estudio de la Universidad de São Paulo. Para ellos, opciones como desloratadina —de acción prolongada y sin efecto sedante— resultan más seguras. En contraste, las pastillas masticables o los jarabes son prácticos para niños o adultos mayores que tienen dificultad para tragar comprimidos, un formato común en farmacias de Perú y Chile.
Un error frecuente es automedicarse con el mismo fármaco por años sin evaluar su eficacia. La Dra. María González, alergóloga del Hospital das Clínicas de Brasil, advierte: «Algunos pacientes desarrollan tolerancia a ciertos antihistamínicos tras usarlos por más de dos temporadas consecutivas. Si los síntomas persisten, es clave rotar el principio activo o combinarlo con un spray nasal, bajo supervisión médica». En países como Costa Rica o Uruguay, donde el acceso a especialistas puede demorar meses, telemedicina y farmacias con programas de seguimiento —como los impulsados por la Cruz Roja en alianza con laboratorios— ayudan a ajustar el tratamiento sin esperar consultas presenciales.
Efectos secundarios ocultos: qué debes vigilar al tomar antialérgicos*
Los antihistamínicos son el tratamiento más común para las alergias estacionales en América Latina, donde el 30% de la población sufre de rinitis alérgica según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Sin embargo, no todos los fármacos actúan igual ni generan los mismos efectos secundarios. Mientras los de primera generación —como la difenhidramina— pueden causar somnolencia intensa y sequedad bucal, los de segunda generación, como la loratadina o la cetirizina, ofrecen alivio prolongado con menos reacciones adversas.
La elección depende de la intensidad de los síntomas y el estilo de vida. Por ejemplo, en ciudades con alta contaminación como Santiago de Chile o Ciudad de México, donde las alergias respiratorias se agravan, los especialistas recomiendan antihistamínicos no sedantes para evitar riesgos al manejar o operar maquinaria. En cambio, en zonas rurales de Centroamérica, donde el acceso a médicos es limitado, aún se recetan fármacos más antiguos por su bajo costo, a pesar de sus efectos secundarios.
Un estudio de la Universidad de São Paulo advierte que el uso prolongado de algunos antihistamínicos puede aumentar la presión intraocular, un riesgo para pacientes con glaucoma. También se ha observado que combinarlos con alcohol —común en celebraciones como el Carnaval de Río o las Fiestas Patrias en Perú— potencia la somnolencia. Para evitar complicaciones, la OPS sugiere consultar siempre con un alergólogo antes de automedicarse, especialmente si se toman otros medicamentos.
Entre las opciones más efectivas destacan la fexofenadina (para alergias moderadas), la desloratadina (acción rápida) y la ebastina (menos interacciones con alimentos). En países como Argentina y Colombia, donde la venta sin receta es frecuente, farmacéuticos capacitados pueden orientar sobre dosis y posibles reacciones, aunque la evaluación médica sigue siendo la opción más segura.
Combinaciones peligrosas: medicamentos y alimentos que no debes mezclar*
Los antihistamínicos son el tratamiento de primera línea para aliviar estornudos, picazón y congestión causados por alergias estacionales o a ácaros, polen y mascotas. Sin embargo, no todas las pastillas actúan igual ni son adecuadas para cada persona. En países como Argentina, México y Colombia, donde las alergias respiratorias afectan entre el 20% y 30% de la población según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), elegir el fármaco correcto puede marcar la diferencia entre un alivio rápido o efectos secundarios molestos.
La primera división clave está entre antihistamínicos de primera generación (como difenhidramina o clorfeniramina) y de segunda generación (loratadina, cetirizina o fexofenadina). Los primeros, aunque económicos y accesibles en farmacias de toda la región, suelen provocar somnolencia intensa —un riesgo para quienes manejan o operan maquinaria—. La cetirizina, en cambio, ofrece alivio prolongado sin sedación en la mayoría de los casos, lo que la convierte en opción preferida para profesionales con jornadas laborales extensas. Según la Dra. María González, alergóloga del Hospital General de Lima, «en climas tropicales como los de Centroamérica, donde las alergias son persistentes, los antihistamínicos de segunda generación son más eficaces para mantener la productividad sin afectar el sueño nocturno».
Otro factor crítico es la interacción con alimentos y medicamentos. Mientras la fexofenadina pierde eficacia si se toma con jugo de toronja —común en desayunos de países como Costa Rica o República Dominicana—, la ebastina puede verse afectada por antibióticos como la eritromicina, recetados frecuentemente para infecciones respiratorias. Quienes padecen asma o presión alta deben evitar la combinaciones con descongestionantes como la pseudoefedrina, presente en fórmulas para resfriados, ya que eleva la tensión arterial. En estos casos, alternativas como la bilastina, de acción rápida y sin efectos cardíacos, resultan más seguras.
Para alergias severas o crónicas, los especialistas recomiendan evaluar opciones como los antihistamínicos tópicos (sprays nasales con azelastina) o combinarlos con corticoides intranasales, especialmente en ciudades con alta contaminación como Santiago de Chile o Ciudad de México. La automedicación prolongada, sin embargo, puede enmascarar problemas subyacentes. La OPS advierte que en el 40% de los casos de rinitis alérgica no controlada en la región, los pacientes recurren a dosis excesivas sin supervisión, agravando síntomas como la sinusitis. La clave está en identificar el desencadenante —mediante pruebas de alergia— y ajustar el tratamiento con un médico, incluso cuando los fármacos sean de venta libre.
Nuevas fórmulas en desarrollo: el futuro del tratamiento de alergias en la región*
Los antihistamínicos siguen siendo la primera línea de defensa contra las alergias estacionales en América Latina, donde el 30% de la población sufre algún tipo de reacción alérgica, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Sin embargo, no todas las pastillas actúan igual. Mientras la loratadina y la cetirizina lideran las recomendaciones por su efecto prolongado y bajo riesgo de somnolencia, opciones más recientes como la fexofenadina ganan terreno en países con alta contaminación, como México y Perú, donde los alérgenos urbanos exigen fórmulas de mayor potencia.
La elección depende de tres factores clave: duración del alivio, efectos secundarios y compatibilidad con el estilo de vida. Por ejemplo, conductores en Santiago de Chile o Bogotá prefieren antihistamínicos de segunda generación (desloratadina, levocetirizina) que no afectan la concentración, mientras que en zonas rurales de Argentina o Brasil, donde el acceso a medicamentos es menos frecuente, se priorizan opciones de venta libre como la clorfenamina, pese a su mayor sedación. Un estudio de la Universidad de São Paulo advierte que el 40% de los pacientes en la región automedica antihistamínicos sin supervisión, lo que puede enmascarar síntomas de asma o derivar en resistencia al tratamiento.
Para alergias persistentes, los especialistas —como la Dra. Valeria Rojas, inmunóloga del Hospital das Clínicas en Brasil— recomiendan combinar antihistamínicos con sprays nasales de corticoides en casos de rinitis severa, común en ciudades con alta polución. En cambio, para reacciones leves a alimentos o picaduras, bastan dosis puntuales de ebastina o rupatadina, disponibles en farmacias de Colombia a Chile. La clave está en identificar el desencadenante: mientras el polen domina en el Cono Sur, los ácaros son el principal alérgeno en el Caribe y Centroamérica, lo que exige ajustes en la prescripción.
Elegir el antihistamínico adecuado marca la diferencia entre aliviar síntomas o sufrir efectos secundarios innecesarios. Los fármacos de segunda generación como loratadina o cetirizina ofrecen eficacia sin somnolencia, ideales para el ritmo diario, mientras que opciones como difenhidramina siguen siendo útiles en casos agudos bajo supervisión. Antes de automedicarse, lo inteligente es consultar a un alergólogo — especialmente en una región como Latinoamérica, donde el polen, ácaros y contaminación urbana disparan las alergias estacionales. Con el mercado farmacéutico en expansión y genéricos de calidad accesibles, tomar una decisión informada hoy puede significar menos crisis mañana.





