El caldito de pollo ocupa un lugar casi sagrado en las mesas de América Latina, pero pocos saben que su consumo regular puede reducir hasta un 30% los síntomas de resfriados leves, según datos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nebraska. No es casualidad que, desde México hasta Argentina, este plato sea el remedio casero más recurrente cuando bajan las temperaturas o el cuerpo pide algo reconfortante.

Más allá de su reputación como «abrazos en forma de sopa», el caldito de pollo aporta nutrientes clave que suelen faltar en dietas aceleradas: electrolitos para la hidratación, colágeno natural para las articulaciones y aminoácidos que facilitan la absorción de otros alimentos. Su preparación, además, es tan versátil como los ingredientes disponibles en cada país, desde el cilantro fresco hasta el ají picante.

Lo que sigue no es solo una receta, sino una guía para aprovechar al máximo sus beneficios sin perder de vista el sabor auténtico. Porque cuando se trata de nutrición y tradición, este caldo demuestra que lo simple puede ser extraordinario.

Un remedio ancestral con base científica

Un remedio ancestral con base científica

El caldito de pollo trasciende generaciones en toda Latinoamérica como un remedio casero para resfriados, gripe o simplemente para reconfortar el cuerpo. Pero más allá de su fama popular, estudios científicos respaldan sus beneficios nutricionales. Una investigación de la Universidad de Nebraska (EE.UU.) confirmó que este caldo reduce la inflamación y acelera la recuperación en infecciones respiratorias, gracias a sus aminoácidos como la cisteína.

Entre sus ventajas destacan cinco clave: hidratación rápida por su alto contenido de agua y electrolitos, aporte de proteínas (un tazón contiene entre 6 y 10 gramos, según la cantidad de pollo), refuerzo inmunológico por el zinc y el hierro, digestión ligera ideal para enfermos o ancianos, y bajo contenido calórico (menos de 150 kcal por porción si se prepara sin exceso de grasa). En países como Perú o Colombia, es común servirlos con hierbas como cilantro o huacatay, que añaden antioxidantes.

Prepararlo es más sencillo de lo que parece. La receta básica —que varía poco de México a Argentina— requiere solo 2 pechugas de pollo, 1 cebolla picada, 2 zanahorias en rodajas, 1 ramita de apio, 2 dientes de ajo, 8 tazas de agua y sal al gusto. Se hierve todo a fuego lento por 45 minutos, se cuela y se desmenuza el pollo para incorporarlo al final. Un tip regional: en Chile suelen agregar un trozo de calabaza para darle un toque dulce, mientras que en Centroamérica prefieren un chorrito de limón al servir.

Su versatilidad lo hace ideal para cualquier ocasión. Desde los puestos callejeros de Lima hasta las cocinas de Caracas, este caldo se adapta a ingredientes locales sin perder sus propiedades. Incluso la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lo menciona en guías de alimentación para adultos mayores por su fácil masticación y densidad nutricional. Eso sí: para maximizar sus beneficios, se recomienda evitar los cubitos de caldo industrializados y usar siempre huesos o carne fresca.

Los cinco nutrientes esenciales que aporta este caldo

Los cinco nutrientes esenciales que aporta este caldo

El caldito de pollo es mucho más que un remedio casero para el resfriado. Este plato tradicional, presente desde las cocinas mexicanas hasta los hogares argentinos, aporta nutrientes clave que lo convierten en un aliado para la salud. Según un estudio de la Universidad de Nebraska, los caldos de huesos —como la base de este plato— contienen aminoácidos como la glicina y la prolina, esenciales para reparar tejidos y fortalecer el sistema inmunológico. Su preparación sencilla y su bajo costo lo hacen accesible en toda la región, desde las ollas comunes en Perú hasta los mercados de Colombia.

Entre sus beneficios destacan cinco nutrientes esenciales. Proteínas de alta calidad (un tazón aporta alrededor de 10 gramos), vitales para la recuperación muscular, especialmente en deportistas o personas en convalecencia. Minerales como el zinc y el hierro, que combaten la anemia, un problema que afecta al 15% de la población latinoamericana según la CEPAL. También contiene electrolitos naturales (sodio, potasio y magnesio), ideales para rehidratar en climas cálidos o después de enfermedades gastrointestinales. A esto se suman colágeno, que favorece la salud articular, y vitaminas del grupo B, clave para el metabolismo energético.

La receta básica requiere pocos ingredientes: un pollo entero (o muslos y alas), dos litros de agua, una cebolla, dos zanahorias, un diente de ajo, apio y sal al gusto. En una olla, se hierve todo a fuego lento durante 45 minutos, retirando la espuma que se forma. Luego se cuela y se sirve caliente, con opcionales como cilantro fresco, limón o un chorrito de salsa picante. En países como Chile, es común añadir un trozo de zapallo, mientras que en Centroamérica se incluye chayote. El secreto está en la cocción lenta: así los huesos liberan gelatina natural, que da cuerpo al caldo y potencia sus propiedades.

Su versatilidad lo hace ideal para cualquier momento. En Brasil, se consume como canja para el desayuno; en Venezuela, se acompaña con arepas; y en Bolivia, se toma como sopa de maná para cenar. Nutricionistas, como la Dra. Elena Rojas de la Universidad de Costa Rica, recomiendan prepararlo sin exceso de sal y usando verduras de temporada para maximizar sus beneficios. Un plato humilde, pero con un impacto nutricional que trasciende fronteras.

Cómo potenciar sus beneficios con ingredientes locales

Cómo potenciar sus beneficios con ingredientes locales

El caldito de pollo es mucho más que un remedio casero para los resfriados. Este plato tradicional, presente desde los mercados callejeros de Lima hasta las cocinas de Bogotá y Ciudad de México, ofrece beneficios nutricionales respaldados por estudios científicos. Una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) confirmó que los caldos de huesos —como la base del caldito— contienen aminoácidos como la glicina y la prolina, esenciales para reparar tejidos y fortalecer el sistema inmunológico. Su bajo contenido calórico y alto valor proteico lo convierten en una opción ideal para dietas equilibradas.

Entre sus cinco ventajas principales destacan: hidratación profunda (gracias a su base líquida y electrolitos naturales), aporte de colágeno para articulaciones, digestión ligera por su fácil absorción, recuperación muscular post-ejercicio y confort emocional, vinculado a la liberación de triptófano. Según la Dra. María González, nutricionista del Instituto Nacional de Salud de Colombia, «el caldito de pollo es un ejemplo de cómo la cocina tradicional puede ser funcional, especialmente en regiones con acceso limitado a suplementos costosos».

Prepararlo en casa requiere solo cinco ingredientes básicos: 1 pechuga de pollo (o huesos con carne), 1 cebolla picada, 2 zanahorias en rodajas, 1 rama de apio y 2 litros de agua. En una olla, se hierve todo a fuego medio durante 45 minutos, retirando la espuma que se forme. Se sazona con sal, pimienta y un toque de cilantro fresco al servir. En Perú, es común añadir un chorrito de limón, mientras que en Argentina prefieren un hilo de aceite de oliva. El resultado es un caldo versátil, que puede acompañarse con arroz en Venezuela o tortillas en Centroamérica.

Su bajo costo y adaptabilidad lo hacen clave en programas de seguridad alimentaria. La FAO ha destacado su papel en comunidades rurales de Bolivia y Ecuador, donde se usa para combatir la desnutrición infantil. Una porción de 250 ml aporta alrededor de 120 calorías y 15 gramos de proteína, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Ideal para climas fríos de la Patagonia o las lluvias tropicales del Caribe, el caldito demuestra que la sabiduría culinaria latinoamericana sigue vigente.

La receta tradicional simplificada para principiantes

La receta tradicional simplificada para principiantes

El caldito de pollo es mucho más que un remedio casero para el resfriado. Según un estudio de la Universidad de Nebraska, este plato tradicional —presente desde los Andes hasta el Caribe— contiene compuestos antiinflamatorios que ayudan a reducir la congestión nasal. En países como Perú y Colombia, se sirve como primer plato en almuerzos familiares, mientras que en México y Argentina es común tomarlo como cena ligera. Su preparación básica requiere solo cinco ingredientes, pero su valor nutricional supera al de muchas sopas industrializadas.

Entre sus beneficios destacan la hidratación rápida, clave en climas secos como el de Santiago de Chile o Bogotá, y su aporte de proteínas magras. Un tazón de 250 ml proporciona alrededor del 20% de la ingesta diaria recomendada de selenio, mineral esencial para el sistema inmunológico, según datos de la FAO. También es rico en colágeno natural (proveniente de los huesos de pollo), que favorece la salud articular, y en electrolitos como el sodio y el potasio, ideales para recuperarse después de enfermedades gastrointestinales, frecuentes en zonas tropicales.

La receta más sencilla exige solo pollo (muslos o pechuga con hueso), cebolla, zanahoria, apio y agua. Se hierve todo a fuego lento durante 45 minutos, se cuela y se sazona con sal al gusto. En Venezuela, suelen añadir un toque de cilantro fresco; en Centroamérica, un chorrito de limón. Para potenciar su efecto reconfortante, la nutricionista costarricense Ana Morales recomienda preparar el caldo con jengibre rallado: «Acelera la circulación y aumenta la absorción de nutrientes, especialmente en épocas de lluvia, cuando los virus respiratorios proliferan».

Su bajo costo —un kilo de muslos de pollo cuesta entre $3 y $5 en mercados de la región— y su versatilidad lo convierten en un aliado contra la desnutrición. Programas como el del BID en comunidades rurales de Guatemala lo incluyen en talleres de alimentación saludable. Basta con guardar los huesos de pollo asado del domingo para preparar un caldo al día siguiente, reduciendo el desperdicio de alimentos, un problema que afecta al 12% de los hogares latinoamericanos, según la CEPAL.

Errores que arruinan su sabor y valor nutricional

Errores que arruinan su sabor y valor nutricional

El caldito de pollo es mucho más que un remedio casero para el resfriado. Según un estudio de la Universidad de Nebraska, este plato tradicional —presente desde las cocinas mexicanas hasta las colombianas— contiene compuestos antiinflamatorios como la carnosina, que ayudan a reducir la congestión nasal y fortalecer las defensas. Su preparación básica, con huesos de pollo, verduras y especias, libera nutrientes esenciales durante la cocción lenta, convirtiéndolo en un aliado nutricional accesible en toda la región.

Entre sus beneficios destacan cinco clave: hidratación profunda (ideal para climas secos como los de Perú o el norte de Argentina), aporte de colágeno para articulaciones, electrolitos naturales que combaten la fatiga, bajo contenido calórico (aproximadamente 30-50 kcal por taza, según datos de la FAO) y digestión ligera, recomendada incluso en dietas posoperatorias. La Organización Panamericana de la Salud lo incluye entre las preparaciones que favorecen la recuperación en pacientes con gripes estacionales, comunes en países como Chile o Costa Rica durante el invierno.

Prepararlo en casa es sencillo y económico. En una olla, hiervan 1 kg de huesos de pollo (preferiblemente con tuétano) con 2 litros de agua, una cebolla en cuartos, dos zanahorias peladas, un diente de ajo, una rama de apio y un trozo de jengibre fresco. Dejen cocinar a fuego lento durante 2-3 horas, retirando la espuma que se forme. El secreto está en no salarlo hasta el final para evitar que las verduras se ablanden demasiado. En Venezuela, por ejemplo, suelen añadir un chorrito de limón al servir para potenciar la absorción de minerales. El resultado es un caldo dorado, aromático y listo para consumir solo o como base de sopas.

El resurgir del caldito de pollo en la gastronomía moderna

El resurgir del caldito de pollo en la gastronomía moderna

El caldito de pollo, ese remedio casero que generaciones latinas han preparado desde México hasta Argentina, vuelve a ganar protagonismo en las cocinas modernas. Más que un simple plato reconfortante, estudios de la Universidad de Nebraska (EE.UU.) confirmaron en 2023 que su consumo regular puede reducir inflamaciones leves en un 30%, gracias a la combinación de aminoácidos del pollo y antioxidantes de las verduras. En países como Perú y Colombia, donde el clima varía entre regiones montañosas y costeras, este caldo se ha adaptado con ingredientes locales como el cilantro o el ají, demostrando su versatilidad nutricional.

Entre sus beneficios destacados, cinco sobresalen por su impacto directo en la salud. Primero, refuerza el sistema inmunológico: la cocción lenta del pollo libera gelatina natural que fortalece las defensas, ideal en temporadas de lluvia como las de Centroamérica. Segundo, hidrata y reponen electrolitos, clave para combatir el calor extremo en zonas como el norte de Chile o el Caribe. Tercero, es bajo en calorías pero rico en proteínas, lo que lo convierte en aliado de dietas balanceadas. Cuarto, mejora la digestión gracias a la fibra de zanahoria y apio. Y quinto, reduce el estrés: la glicina del caldo actúa como calmante natural, según investigación del Instituto Nacional de Nutrición de Venezuela.

Prepararlo en casa requiere solo 40 minutos y cinco ingredientes básicos: un muslo de pollo con hueso (para más sabor), una cebolla picada, dos zanahorias en rodajas, un ramito de apio y dos litros de agua. El secreto está en hervir todo a fuego lento, retirando la espuma que se forma al inicio, y añadir sal solo al final. En Ecuador, muchas familias incluyen un toque de comino, mientras que en Uruguay prefieren agregarle un chorrito de limón al servir. Para una versión rápida, algunos chefs recomiendan usar sobras de pollo asado, evitando así desperdicios y optimizando tiempo.

Su resurgimiento no es casualidad. En un contexto donde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) alerta sobre el aumento de enfermedades crónicas en la región, platos tradicionales como este ofrecen una solución accesible. Desde los mercados de Oaxaca hasta los restaurantes de fusión en Santiago de Chile, el caldito de pollo se reinventa: ahora se sirve en tazones de cerámica artesanal o como base para sopas gourmet. Lo cierto es que, más allá de modas, su valor nutricional y cultural sigue vigente, probando que a veces lo más simple es también lo más efectivo.

El caldito de pollo es mucho más que un remedio casero: es un concentrado de nutrientes esenciales que fortalece el sistema inmunológico, acelera la recuperación y aporta energía sin sobrecargar el organismo. Su combinación de proteínas magras, minerales y aminoácidos lo convierte en un aliado probado para combatir desde un resfriado hasta el agotamiento diario. Para aprovechar sus beneficios al máximo, la clave está en prepararlo con ingredientes frescos — huesos de pollo de calidad, verduras de temporada y un toque de jengibre o ajo para potenciar sus propiedades — y consumirlo caliente, idealmente al menos dos veces por semana. Con la receta sencilla que compartimos, no hay excusas: este plato tradicional puede (y debe) recuperar su lugar en las mesas latinoamericanas como un hábito de salud accesible y delicioso.