La diarrea aguda afecta a más de 1.700 millones de personas al año en las Américas, según datos de la Organización Panamericana de la Salud, y aunque en la mayoría de los casos se resuelve sin complicaciones, elegir mal la pastilla para la diarrea puede prolongar el malestar o incluso agravarlo. El problema no es solo la incomodidad: en países con climas tropicales o donde el acceso a agua potable sigue siendo un desafío, un episodio mal manejado se convierte en riesgo de deshidratación, especialmente para niños y adultos mayores.

Farmacia tras farmacia ofrece estantes repletos de opciones —desde loperamida hasta probióticos—, pero pocos saben que no todas las pastillas para la diarrea funcionan igual según la causa. Mientras un viajero con mal de altura en los Andes podría necesitar un antiespasmódico, alguien con intoxicación alimentaria en Ciudad de México requeriría un enfoque distinto. Los expertos insisten: el error más común es automedicarse sin distinguir entre diarrea infecciosa, por estrés o crónica. La diferencia entre aliviar los síntomas en horas o sufrir días de molestias suele estar en esa decisión inicial.

Por qué la diarrea no siempre es un problema pasajero*

La diarrea aguda suele resolverse en dos o tres días con reposo e hidratación, pero cuando persiste o se acompaña de fiebre y deshidratación, los medicamentos pueden marcar la diferencia. En farmacias de Perú a Argentina, las opciones más recomendadas por gastroenterólogos incluyen loperamida, racecadotrilo, bismuto subsalicilato, probióticos específicos y, en casos bacterianos confirmados, antibióticos como la ciprofloxacina. Cada uno tiene un momento preciso de uso: lo que alivia un episodio viral podría empeorar una infección por E. coli.

La loperamida —comercializada como Imodium en casi toda la región— sigue siendo la primera línea para diarrea no infecciosa. Actúa reduciendo los movimientos intestinales, pero su uso está contraindicado si hay sangre en las heces o fiebre alta, advierte la Organización Panamericana de la Salud. En cambio, el racecadotrilo (vendido como Hidrasec en Colombia o México) bloquea la secreción excesiva de agua en el intestino sin afectar la motilidad, lo que lo hace seguro incluso para niños mayores de tres meses. Un estudio de la Universidad de Chile confirmó que reduce la duración de la diarrea aguda en un 30% comparado con placebo.

Cuando la causa es bacteriana —como en brotes de cólera o intoxicaciones por comida callejera mal manipulada—, los antibióticos son esenciales. La ciprofloxacina y el metronidazol (este último útil contra parásitos como Giardia) requieren receta médica y no deben tomarse a la ligera: su uso indiscriminado ha aumentado la resistencia bacteriana en países como Brasil y Ecuador, según alertas de la OPS. Para casos leves o como complemento, los probióticos con cepas como Lactobacillus rhamnosus GG (presentes en marcas como Floratil) ayudan a restaurar la flora intestinal, especialmente después de un ciclo de antibióticos.

El bismuto subsalicilato (conocido como Pepto-Bismol) actúa como antiinflamatorio y antibacteriano leve, ideal para diarrea del viajero o malestar estomacal por cambios de agua o comida. Sin embargo, no debe usarse en niños con varicela o gripe debido al riesgo de síndrome de Reye. La clave, insisten los expertos, es identificar el origen: si los síntomas superan las 48 horas o hay signos de deshidratación (sequedad bucal, mareos), la consulta médica debe ser inmediata. En zonas rurales de Centroamérica, donde el acceso a agua potable es limitado, la OPS recomienda combinar estos tratamientos con sales de rehidratación oral para evitar complicaciones.

Los 5 fármacos más recetados y cómo actúan en el cuerpo*

La diarrea afecta a millones de personas en América Latina cada año, con brotes estacionales que aumentan hasta un 30% durante la temporada de lluvias en países como Colombia, Perú y Centroamérica, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Aunque en la mayoría de los casos es autolimitada, cuando persiste más de 48 horas o se acompaña de fiebre y deshidratación, los médicos recomiendan intervenciones farmacológicas específicas. La elección del medicamento depende de la causa: infecciosa, por estrés, intolerancias alimentarias o efectos secundarios de otros fármacos.

El loperamida (conocido comercialmente como Imodium® o Loperacap®) sigue siendo el más recetado en la región para diarrea aguda no infecciosa. Actúa enlenteciendo el movimiento intestinal al unirse a los receptores opioides en la pared del intestino, reduciendo las contracciones y aumentando la absorción de líquidos. «Es efectivo en casos de diarrea del viajero o por cambios bruscos de dieta, pero está contraindicado si hay sangre en las heces o sospecha de infección bacteriana como E. coli o Salmonella«, advierte un informe del Instituto Nacional de Salud de Chile. La dosis habitual es de 2 mg después de la primera deposición líquida, seguidos de 1 mg tras cada episodio subsiguiente, sin exceder 8 mg al día.

Para diarreas infecciosas —comunes en zonas con limitado acceso a agua potable—, los médicos priorizan la rehidratación oral con sales de rehidratación (como Vida Suero Oral® o Pedialyte®) junto con probióticos de cepas específicas. El Saccharomyces boulardii (Floratil®) y el Lactobacillus rhamnosus GG (Culturelle®) restauran la flora intestinal alterada, especialmente útil en niños y adultos mayores. Un estudio de la Universidad de São Paulo demostró que su uso reduce la duración de la diarrea infecciosa en un 24%. En casos de infección bacteriana confirmada por coprocultivo, se recurre a antibióticos como ciprofloxacino o azitromicina, aunque su uso indiscriminado ha generado resistencia en países como México y Argentina.

La racecadotrilo (Hidrasec®) gana terreno en Latinoamérica por su mecanismo único: inhibe la enzima encefalinaasa, reduciendo la secreción de agua y electrolitos sin afectar la motilidad intestinal. Aprobado para mayores de 3 meses, es una alternativa segura en pediatría. Mientras, el subsalicilato de bismuto (Pepto-Bismol®) alivia síntomas leves gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antibacterianas, aunque su uso prolongado puede causar oscurecimiento temporal de la lengua o heces. En todos los casos, los expertos insisten: si la diarrea supera las 72 horas, aparece sangre o signos de deshidratación (sequedad bucal, mareos), la consulta médica es obligatoria.

Cuándo automedicarse y cuándo correr al médico*

La diarrea aguda afecta a millones de personas en América Latina cada año, especialmente en épocas de lluvias o brotes de enfermedades transmitidas por agua contaminada. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hasta un 30% de los casos en la región están vinculados a infecciones bacterianas o virales, como el rotavirus o Escherichia coli. Ante este escenario, conocer cuáles son los fármacos más efectivos —y cuándo usarlos— puede marcar la diferencia entre un malestar pasajero y una complicación grave.

Entre los medicamentos de venta libre más recomendados por especialistas destacan la loperamida (como Imodium®), que reduce la motilidad intestinal y alivia los síntomas en horas, ideal para casos leves en adultos sin fiebre ni sangre en las heces. Para diarreas con cólicos, el racecadotrilo (Hidrasec®) actúa sin afectar el tránsito intestinal, siendo seguro incluso para niños mayores de tres meses bajo supervisión. En contextos como Perú o Colombia, donde el cólera aún representa un riesgo en zonas rurales, los médicos insisten en que estos fármacos no sustituyen la rehidratación oral con sales de rehidratación (como Vida Suero Oral®), clave para evitar descompensaciones.

Sin embargo, hay situaciones que exigen atención médica inmediata. La Dra. Elena Rojas, infectóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte: «Si la diarrea persiste más de 48 horas en adultos o 24 en niños, viene acompañada de fiebre alta (más de 38.5°C), vómitos incoercibles o heces con moco y sangre, puede tratarse de una infección por Salmonella o parásitos como Giardia, comunes en la región». En países como México o Argentina, donde el consumo de alimentos callejeros es frecuente, estos cuadros suelen requerir análisis de heces y, en algunos casos, antibióticos específicos como ciprofloxacino o azitromicina, siempre bajo prescripción.

Para casos asociados a estrés o cambios de dieta —comunes en viajeros o durante fiestas patronales—, el bismuto subsalicilato (como Pepto-Bismol®) puede ser útil por su acción antiinflamatoria y antibacteriana leve. No obstante, está contraindicado en personas con alergia a la aspirina o problemas renales. La OPS recomienda que, ante la duda, se priorice la consulta con un profesional, especialmente en grupos vulnerables: adultos mayores, embarazadas o pacientes con enfermedades crónicas como diabetes, donde la deshidratación puede agravarse rápidamente.

Combinaciones peligrosas: qué no mezclar con antidiarreicos*

La diarrea aguda sigue siendo un problema de salud pública en América Latina, donde afecta a millones de personas cada año. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2022 se registraron más de 120 millones de episodios en la región, con mayor incidencia en zonas rurales de Perú, Bolivia y Honduras. Aunque en la mayoría de los casos se resuelve sin tratamiento, los antidiarreicos pueden ser útiles cuando los síntomas persisten más de 24 horas o interfieren con las actividades diarias.

Entre los fármacos más recomendados por especialistas destacan cinco opciones. La loperamida —comercializada como Imodium o Loperacap— actúa reduciendo el movimiento intestinal y es efectiva para casos de diarrea no infecciosa. Para cuadros con cólicos, el racecadotrilo (Hidrasec) regula la secreción de agua sin afectar la motilidad, lo que lo hace seguro incluso para niños mayores de tres meses. Cuando la causa es bacteriana, como en brotes de E. coli reportados en Chile y Argentina durante 2023, los médicos recetan antibióticos específicos (ciprofloxacino o azitromicina), pero solo con confirmación de laboratorio. Para reponer electrolitos, las sales de rehidratación oral (SRO) son esenciales, especialmente en países con climas cálidos como Colombia o México, donde la deshidratación avanza rápido. Finalmente, los probióticos (como Saccharomyces boulardii) ayudan a restaurar la flora intestinal tras usar antibióticos o en diarreas por rotavirus, comunes en guarderías de Uruguay y Costa Rica.

La elección del medicamento depende de la causa y la gravedad. «En diarreas por intoxicación alimentaria —como los casos vinculados a ceviche mal refrigerado en Perú—, lo prioritario es la hidratación y evitar antidiarreicos las primeras 12 horas para no retrasar la eliminación de toxinas», explica el Dr. Carlos Mendoza, gastroenterólogo del Hospital das Clínicas de São Paulo. En cambio, para diarrea del viajero —frecuente en turistas que visitan zonas endémicas de Paraguay o Nicaragua—, la loperamida combinada con probióticos suele ser la primera línea. La OPS advierte que automedicarse con antidiarreicos en casos de fiebre alta, sangre en heces o síntomas prolongados más de 48 horas puede enmascarar infecciones graves como disentería o colitis.

Alternativas naturales avaladas por la ciencia*

La diarrea aguda afecta a más de 2.000 millones de personas al año en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y en América Latina su incidencia aumenta durante la temporada de lluvias, cuando el agua contaminada y los alimentos en mal estado proliferan. Aunque en la mayoría de los casos remite en dos o tres días sin tratamiento, conocer cuáles son los medicamentos más efectivos —y cuándo usarlos— puede evitar complicaciones como la deshidratación, especialmente en niños y adultos mayores.

Entre las opciones avaladas por la ciencia destacan cinco fármacos de venta libre. La loperamida (como Imodium®) actúa reduciendo los movimientos intestinales y es útil en diarreas leves o moderadas, pero está contraindicada si hay sangre en las heces o fiebre alta, advierte la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Para casos con cólicos, el subsalicilato de bismuto (Pepto-Bismol®) alivia la inflamación y combate bacterias como E. coli, común en brotes por agua no potable. En Perú y Colombia, donde las infecciones por parásitos son frecuentes, los médicos recetan metronidazol o nitazoxanida solo si hay confirmación de giardiasis o amebiasis mediante análisis de heces. Por último, los probióticos (como Lactobacillus rhamnosus) acortan la duración en un 25%, según un estudio de la Universidad de Chile, pero su efecto es gradual.

La elección depende de la causa y la gravedad. «En diarreas por intoxicación alimentaria —como los brotes de Salmonella en pollo mal cocido—, lo prioritario es la hidratación con suero oral y evitar antidiarréicos las primeras 24 horas, ya que retrasan la eliminación de toxinas», explica el Dr. Carlos Mendoza, gastroenterólogo del Hospital das Clínicas de São Paulo. Solo si los síntomas persisten más de 48 horas o aparecen señales de alarma (sed intensa, mareos, heces negras) se debe acudir a urgencias. En países con sistemas de salud saturados, como Venezuela o Haití, la OPS recomienda centros de hidratación oral comunitarios para prevenir muertes por deshidratación.

Un error común es automedicarse con antibióticos como la ciprofloxacina, que solo son necesarios en diarreas bacterianas graves (confirmadas con cultivo) o en viajeros con «diarrea del turista» por E. coli enterotoxigénica, según guías de la Sociedad Interamericana de Gastroenterología. En cambio, en episodios virales —como los causados por rotavirus, frecuentes en niños menores de 5 años—, lo único comprobado es el zinc (10-20 mg al día), que reduce la duración en un 20%, de acuerdo con ensayos clínicos realizados en Brasil y México. La clave, insisten los expertos, es identificar el origen antes de elegir el tratamiento.

Nuevas investigaciones que podrían cambiar el tratamiento en la región*

La diarrea sigue siendo un problema de salud pública en América Latina, donde afecta a millones de personas cada año. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2023 se registraron más de 110 millones de casos en la región, con brotes significativos en zonas rurales de Perú, Brasil y Centroamérica. Aunque en la mayoría de los casos es autolimitada, elegir el medicamento adecuado puede evitar complicaciones, especialmente en niños y adultos mayores.

Los expertos coinciden en que no todos los antidiarreicos funcionan igual. La loperamida (como Imodium®) es la opción más recomendada para adultos con diarrea aguda no infecciosa, ya que reduce la motilidad intestinal en horas. Sin embargo, la Dra. Elena Rojas, gastroenteróloga del Hospital de Clínicas en Buenos Aires, advierte: «Nunca debe usarse si hay sangre en las heces o fiebre alta, pues podría empeorar una infección bacteriana como E. coli o Salmonella«. En esos casos, el tratamiento de primera línea son las sales de rehidratación oral (como Vida Suero Oral®), esenciales para prevenir la deshidratación, un riesgo grave en países con climas cálidos como México o Colombia.

Para diarreas leves o por estrés, el racecadotrilo (Hidrasec®) gana terreno en la región por su mecanismo distinto: actúa sobre las secreciones intestinales sin afectar el movimiento del colon, lo que reduce el riesgo de estreñimiento posterior. En cambio, el bismuto subsalicilato (como Pepto-Bismol®) es útil en diarrea del viajero, común en turistas que visitan destinos como Cancún o Cartagena, pero está contraindicado en niños por el riesgo de síndrome de Reye. Cuando la causa es una infección confirmada por parásitos —frecuente en áreas con saneamiento limitado—, el metronidazol o el secnidazol (como Flagentyl®) son las alternativas, pero siempre bajo prescripción.

Un error frecuente en la región es automedicarse con antibióticos como la ciprofloxacina, que la OPS desaconseja para diarreas comunes por su contribución a la resistencia bacteriana. En su lugar, en casos de diarrea persistente (más de 48 horas), lo prioritario es consultar a un médico. Programas como el de la CEPAL para mejorar el acceso a agua potable en comunidades rurales han demostrado que, en muchos casos, la prevención —con higiene y vacunación contra el rotavirus— sigue siendo la mejor «medicina».

Elegir el medicamento correcto para la diarrea puede marcar la diferencia entre aliviar los síntomas en horas o prolongar el malestar innecesariamente. Los expertos coinciden: desde el subsalicilato de bismuto para casos leves con náuseas hasta la loperamida en episodios agudos sin fiebre, cada opción tiene un momento preciso de uso — ignorar las contraindicaciones, como el uso de antibióticos sin supervisión, puede empeorar el cuadro. Antes de automedicarse, lo más seguro es priorizar la hidratación con suero oral y consultar a un profesional si la diarrea persiste más de 48 horas o aparece sangre en las heces. Con el aumento de casos por rotavirus y bacterias resistentes en la región, tomar estas decisiones informadas ya no es solo cueston de comodidad, sino de salud pública.