El consumo de difenhidramina se disparó un 40% en farmacias de América Latina durante 2023, según datos de la Federación Panamericana de Asociaciones Farmacéuticas. Lo llamativo no es solo su popularidad, sino cómo se usa: desde aliviar picaduras de mosquito en climas tropicales hasta combatir el insomnio ocasional en ciudades con altos niveles de estrés. Este antihistamínico de primera generación, disponible sin receta en la mayoría de países, sigue siendo un recurso frecuente en botiquines hogareños, aunque no siempre se emplea de manera adecuada.

La difenhidramina para qué sirve va más allá de su fama como antialérgico. Médicos de hospitales como el Clínico de Bogotá y el General de México destacan su eficacia para tratar reacciones cutáneas leves, mareos por movimiento e incluso como coadyuvante en cuadros de tos seca. Pero su versatilidad tiene un reverso: la automedicación sin supervisión puede derivar en efectos secundarios graves, especialmente en adultos mayores o personas con condiciones crónicas. Entender exactamente difenhidramina para qué sirve—y cuándo evitarla—marca la diferencia entre un alivio rápido y riesgos innecesarios. Las guías actuales de la Organización Panamericana de la Salud insisten en actualizar su uso, especialmente en regiones donde el acceso a consultas médicas sigue siendo limitado.

Antihistamínico clásico: orígenes y evolución de la difenhidramina*

Desarrollada en la década de 1940, la difenhidramina se convirtió en uno de los primeros antihistamínicos de uso masivo, revolucionando el tratamiento de alergias estacionales y reacciones cutáneas. Originalmente sintetizada como parte de la búsqueda de compuestos para contrarrestar los efectos de la histamina, su eficacia en el alivio de síntomas como picazón, estornudos y urticaria la posicionó rápidamente como un fármaco esencial en botiquines domésticos. En países como Argentina y Colombia, donde las alergias al polen de gramíneas afectan a entre el 20% y 30% de la población según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), este medicamento sigue siendo recetado con frecuencia, especialmente en zonas rurales con acceso limitado a alternativas de nueva generación.

Los usos más comunes de la difenhidramina abarcan desde el tratamiento de rinitis alérgica hasta la prevención de reacciones a transfusiones sanguíneas, pasando por su aplicación en cuadros de insomnio ocasional debido a su efecto sedante. En Perú, por ejemplo, hospitales públicos la incluyen en protocolos para manejo de dermatitis atópica en niños, administrando dosis ajustadas según peso: 1 mg por cada kilogramo de peso, sin exceder los 50 mg al día en menores de 12 años. Sin embargo, su uso prolongado o en dosis elevadas puede generar efectos adversos como sequedad bucal, visión borrosa o retención urinaria, riesgos que llevaron a la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de Argentina a recomendar su consumo por periodos no mayores a siete días sin supervisión médica.

La disponibilidad de la difenhidramina en presentaciones de venta libre —comprimidos, jarabes e inyectables— facilita su acceso, pero también incrementa el riesgo de automedicación. Según la Dra. María González, farmacóloga de la Universidad de Chile, «su interacción con alcohol o depresores del sistema nervioso central puede potenciar efectos sedantes peligrosos, especialmente en adultos mayores, grupo etario que metaboliza el fármaco con mayor lentitud». En Brasil, el Sistema Único de Salud (SUS) registró un aumento del 15% en intoxicaciones por antihistamínicos de primera generación entre 2020 y 2022, atribuido en parte a su uso combinado con ansiolíticos sin prescripción. Para minimizar riesgos, especialistas sugieren optar por antihistamínicos no sedantes en casos de alergias crónicas y reservar la difenhidramina para situaciones agudas, siempre bajo guía profesional.

Mecanismo de acción y efectos en el cuerpo según estudios recientes*

La difenhidramina sigue siendo uno de los antihistamínicos más recetados en América Latina, no solo por su eficacia contra alergias estacionales, sino por aplicaciones menos conocidas respaldadas por estudios recientes. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de 2023 destacó que, en países como Argentina y Colombia, este fármaco representa cerca del 30% de las prescripciones para reacciones alérgicas leves en servicios de urgencia, superando a alternativas de segunda generación en contextos donde el acceso a medicamentos más nuevos es limitado. Su mecanismo de acción bloquea los receptores H1 de histamina en células inmunitarias, pero también cruza la barrera hematoencefálica, lo que explica su marcado efecto sedante —una propiedad que, aunque útil en casos de insomnio ocasional, requiere precaución en poblaciones vulnerables.

En la práctica clínica, los usos van más allá del alivio de picaduras de insectos o rinitis alérgica. Hospitales públicos en Perú y Chile, por ejemplo, lo incluyen en protocolos para controlar náuseas en pacientes sometidos a quimioterapia, gracias a sus propiedades anticolinérgicas. Sin embargo, la dosis varía significativamente según la edad: la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de Argentina recomienda no superar los 25 mg cada 6 horas en adultos, mientras que en niños menores de 6 años su uso está contraindicado sin supervisión pediátrica. La sobredosis, aunque poco frecuente, puede provocar taquicardia o convulsiones, riesgos que aumentan cuando se combina con alcohol o depresores del sistema nervioso central.

Las precauciones son clave, especialmente en adultos mayores, grupo en el que la difenhidramina figura en la lista de medicamentos potencialmente inapropiados de los criterios BEERS, adoptados por geriatras en México y Brasil. «En pacientes con glaucoma o hipertrofia prostática, incluso dosis bajas pueden desencadenar retención urinaria o aumento de la presión intraocular», advierte un estudio publicado en la Revista Médica de Chile en 2022. Para minimizar efectos adversos, los expertos sugieren optar por formulaciones tópicas en casos de dermatitis —comunes en climas húmedos como los de Centroamérica— y reservar las presentaciones orales para cuadros agudos, siempre bajo indicación profesional. La automedicación, incluso con ventajas de bajo costo y disponibilidad, sigue siendo un riesgo evitable.

Dosis recomendadas por edad y condición médica (niños, adultos, embarazo)*

La difenhidramina sigue siendo uno de los antihistamínicos más recetados en América Latina para aliviar síntomas de alergias estacionales, picaduras de insectos e incluso como coadyuvante en cuadros de insomnio ocasional. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su uso se ha mantenido estable en la última década, con un aumento del 12% en consultas pediátricas durante la temporada de polen en países como Argentina y Chile. Sin embargo, su eficacia varía significativamente según la edad y condición física del paciente, lo que exige ajustes precisos en la dosificación.

Para niños mayores de 6 años, la dosis habitual oscila entre 12.5 mg y 25 mg cada 6 a 8 horas, sin superar los 75 mg diarios. En el caso de los adultos, la recomendación general es de 25 mg a 50 mg por dosis, con un límite máximo de 300 mg al día. «En pacientes con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la difenhidramina debe administrarse con extrema cautela, ya que puede espesar las secreciones bronquiales y agravar los síntomas», advierte un informe conjunto de sociedades médicas de México y Colombia. Durante el embarazo, su uso solo se justifica en el segundo trimestre y bajo supervisión estricta, priorizando alternativas como la loratadina cuando sea posible.

En contextos como el de Brasil, donde las alergias a la picadura del mosquito Aedes aegypti son recurrentes, los protocolos de urgencia incluyen difenhidramina inyectable en dosis de 10 mg a 50 mg para adultos, dependiendo de la gravedad de la reacción. No obstante, su efecto sedante intenso la contraindica para conductores o personas que operen maquinaria. La interacción con alcohol o depresores del sistema nervioso central puede potenciar riesgos como mareos o hipotensión, un dato relevante en regiones con alto consumo de bebidas alcohólicas como el Cono Sur. Siempre se recomienda consultar con un profesional antes de combinarla con otros fármacos, especialmente en adultos mayores.

Interacciones peligrosas: medicamentos y sustancias que deben evitarse*

La difenhidramina, un antihistamínico de primera generación, sigue siendo uno de los fármacos más recetados en América Latina para aliviar síntomas de alergias estacionales, reacciones cutáneas y cuadros de insomnio ocasional. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su uso se extendió un 12% en la región entre 2020 y 2023, en parte por su accesibilidad y bajo costo en países como Colombia, Perú y Argentina, donde se comercializa bajo marcas genéricas y nombres comerciales como Benadryl o Dormidina. Sin embargo, su eficacia va de la mano con riesgos significativos si no se respeta la dosis indicada o se combina con otras sustancias.

Los expertos coinciden en que su principal aplicación es el tratamiento de urticaria, picazón por insectos —común en zonas tropicales como Centroamérica— y rinitis alérgica. La Dra. Elena Rojas, farmacóloga de la Universidad de Chile, advierte que «aunque es efectiva para contrarrestar reacciones leves, su efecto sedante puede ser peligroso en adultos mayores o personas con glaucoma, ya que agrava la sequedad ocular y la retención urinaria». En Brasil, por ejemplo, las autoridades sanitarias recomiendan evitar su uso en menores de 6 años debido a reportes de sobredosis accidentales por confusion con jarabes pediátricos de otros fármacos.

La dosis estándar para adultos oscila entre 25 y 50 mg cada 6 u 8 horas, con un máximo de 300 mg al día. No obstante, su interacción con alcohol, ansiolíticos o antidepresivos —como los ISRS— puede potenciar efectos secundarios como mareos, taquicardia o incluso alucinaciones. Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reveló que el 18% de los casos de intoxicación por medicamentos en 2022 involucraron antihistamínicos combinados con bebidas alcohólicas durante festividades. Para minimizar riesgos, se sugiere consultar siempre con un profesional antes de mezclar difenhidramina con otros tratamientos, incluso con suplementos herbales como la valeriana.

Alternativas naturales y farmacéuticas cuando la difenhidramina no es opción*

La difenhidramina sigue siendo uno de los antihistamínicos más recetados en América Latina, pero su uso requiere precisión. Este fármaco, desarrollado en la década de 1940, actúa bloqueando los receptores H1 de histamina, lo que alivia síntomas como picazón, estornudos o ronchas causadas por alergias estacionales, reacciones a medicamentos o incluso picaduras de insectos comunes en zonas tropicales. En países como Colombia y Perú, donde la humedad favorece la proliferación de ácaros, su aplicación tópica en cremas (al 1-2%) ayuda a reducir la dermatitis por contacto. No obstante, su efectividad varía según la presentación: las tabletas de 25 a 50 mg suelen surtir efecto en 30 minutos, mientras que los jarabes pediátricos —con concentraciones de 12.5 mg/5 mL— están diseñados para niños mayores de 6 años bajo supervisión médica.

La dosis estándar para adultos oscila entre 25 y 50 mg cada 6 a 8 horas, con un límite diario de 300 mg, según guías de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Sin embargo, su uso prolongado o en exceso puede desencadenar efectos secundarios como somnolencia intensa, sequedad bucal o mareos, riesgos que aumentan en adultos mayores. «En pacientes con glaucoma o hipertrofia prostática, la difenhidramina está contraindicada porque su efecto anticolinérgico puede agravar estas condiciones», advierte un informe del Instituto Nacional de Salud de Chile. En Brasil, donde el consumo de antialérgicos sin receta es alto, las autoridades sanitarias recomiendan evitar combinarla con alcohol o sedantes, ya que potencia la depresión del sistema nervioso central.

Más allá de las alergias, este fármaco tiene usos menos conocidos pero igual de relevantes. En México, algunos médicos lo prescriben como coadyuvante en el tratamiento del insomnio ocasional, gracias a su efecto sedante. También figura en protocolos de emergencia para reacciones anafilácticas leves, aunque siempre acompañado de adrenalina en casos graves. Eso sí: su administración en embarazadas debe evaluarse con cautela. Un estudio de la Universidad de São Paulo señala que, aunque no hay evidencia concluyente de teratogenicidad, se prefiere optar por antihistamínicos de segunda generación —como la loratadina— durante el primer trimestre. Para quienes buscan alternativas naturales, la OPS sugiere probar infusiones de ortiga o quercetina, aunque su eficacia no iguala a la de los fármacos en casos agudos.

Nuevas investigaciones: ¿hacia una versión más segura y efectiva?*

La difenhidramina, un antihistamínico de primera generación, sigue siendo uno de los fármacos más recetados en América Latina para aliviar síntomas alérgicos, aunque su uso requiere precauciones que muchos desconocen. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 12% de las consultas por reacciones alérgicas en la región incluyen este medicamento, ya sea en su forma oral, tópica o inyectable. Su eficacia para tratar picaduras de insectos —como las del mosquito Aedes aegypti, vector del dengue en países como Brasil y Colombia—, urticaria o rinitis alérgica lo convierte en un recurso común en botiquines domésticos. Sin embargo, su perfil sedante y posibles interacciones lo hacen menos adecuado para ciertos grupos poblacionales.

Los expertos coinciden en que la dosis debe ajustarse estrictamente según la edad y el peso. Para adultos, la recomendación general oscila entre 25 y 50 mg cada 6 a 8 horas, sin superar los 300 mg diarios. En niños, la cálculo se basa en 5 mg por cada kilogramo de peso al día, divididos en 3 o 4 tomas. «En casos de sobredosis, incluso en dosis bajas, puede provocar taquicardia, sequedad bucal extrema o confusión, especialmente en adultos mayores», advierte un informe del Instituto Nacional de Salud de Perú. Por ello, se desaconseja su uso en personas con glaucoma, problemas prostáticos o asma, así como combinarlo con alcohol o depresores del sistema nervioso central.

En el contexto latinoamericano, donde el acceso a servicios de salud varía entre zonas urbanas y rurales, la difenhidramina también se emplea como alternativa de bajo costo para tratar síntomas de resfriado común o insomnio ocasional. No obstante, organizaciones como la Federación Latinoamericana de Sociedades de Alergia (FLASMA) insisten en que no debe usarse como somnífero prolongado, ya que genera tolerancia y puede enmascarar problemas de sueño subyacentes. En países como Argentina y Chile, su venta sin receta está restringida en algunas farmacias para evitar el automedicación, mientras que en México y Centroamérica sigue siendo de acceso más libre, lo que aumenta el riesgo de mal uso.

Para minimizar efectos adversos, los especialistas sugieren optar por antihistamínicos de segunda generación —como loratadina o cetirizina— cuando el objetivo es tratar alergias sin sedación. La difenhidramina, en cambio, sigue siendo útil en emergencias, como reacciones anafilácticas leves o como coadyuvante en tratamientos contra el mareo durante viajes. Siempre bajo supervisión médica.

<p-La difenhidramina sigue siendo un antihistamínico de primera línea para aliviar alergias, picaduras y síntomas de resfriado en la región, pero su efectividad depende de un uso responsable: dosis precisas, horarios adecuados y atención a las interacciones con otros medicamentos. Su potencial sedante la convierte en una opción útil para el insomnio ocasional, aunque nunca debe normalizarse su consumo prolongado sin supervisión médica. Antes de recurrir a ella, especialmente en niños o adultos mayores, lo más seguro es consultar con un profesional —en países como México y Argentina, las intoxicaciones por automedicación con antihistamínicos aumentaron un 20% en el último año. Con el crecimiento del mercado de genéricos en Latinoamérica, elegir marcas certificadas y leer prospectos se vuelve tan crucial como reconocer que, en salud, lo "accesible" no siempre es sinónimo de "inocuo".