El mercado de almacenamiento portátil superó en 2023 los 200 millones de unidades vendidas solo en América Latina, según datos de IDC, y las proyecciones para 2024 apuntan a un crecimiento del 12%. El salto no es casualidad: entre el auge del teletrabajo, la explosión de contenido en 4K y la necesidad de respaldar archivos críticos —desde documentos legales hasta memorias familiares—, el disco duro externo se convirtió en un aliado silencioso pero indispensable. Sin embargo, elegir entre cientos de modelos con capacidades que van desde 500 GB hasta 20 TB, conexiones USB-C o Thunderbolt, y resistencias variables a golpes o agua, puede transformar una compra sencilla en un dolor de cabeza.
La región enfrenta desafíos particulares: mientras en ciudades como México DF o Bogotá la prioridad suele ser la velocidad de transferencia para editar videos profesionales, en zonas rurales de Centroamérica o el Caribe la durabilidad ante condiciones climáticas adversas pesa más. Un disco duro externo mal seleccionado no solo representa dinero perdido, sino riesgos concretos: desde la pérdida irrecuperable de años de fotos hasta la filtración de datos sensibles por fallas de seguridad. Las opciones abundan, pero las necesidades reales —y el presupuesto— marcan la diferencia entre una inversión útil y un trasto más en el cajón.
De los DVD al cloud: la evolución del almacenamiento portátil*

Elegir un disco duro externo en 2024 ya no se limita a comparar capacidades de almacenamiento. La demanda en países como México, Colombia y Argentina refleja cambios claros: según un informe de la CEPAL sobre acceso tecnológico en la región, el 62% de los usuarios prioriza ahora la velocidad de transferencia y la resistencia al usar estos dispositivos para respaldar archivos críticos, desde documentos legales hasta proyectos audiovisuales. Los modelos con conexión USB-C y compatibilidad con Thunderbolt 4 dominan el mercado, pero la diferencia está en los detalles.
Para profesionales que trabajan con archivos pesados —como editores de video en Santiago de Chile o arquitectos en Ciudad de México—, los discos SSD externos siguen siendo la opción más eficiente. Un ejemplo claro es el Samsung T9, que alcanza velocidades de hasta 2.000 MB/s, ideal para transferir metraje en 8K sin cuellos de botella. En cambio, quienes buscan almacenamiento masivo a bajo costo —estudiantes universitarios en Perú o pequeños emprendedores en Ecuador— aún encuentran en los HDD tradicionales (como los de la serie WD My Passport) una solución viable, aunque con velocidades inferiores (hasta 140 MB/s). La clave está en definir el uso: ¿prioriza rapidez o capacidad?
La durabilidad también marca la diferencia en una región donde el clima varía desde la humedad de Panamá hasta el frío de la Patagonia. Modelos como el LaCie Rugged —con certificación IP67 contra polvo y agua— son populares entre fotógrafos que viajan por la Amazonía o periodistas que cubren eventos en zonas rurales. Otro factor crítico es la seguridad: discos con cifrado por hardware, como los de la línea SanDisk Professional, evitan pérdidas de datos en caso de robo, un riesgo real en ciudades con altos índices como Bogotá o Caracas. Antes de comprar, vale revisar si el fabricante ofrece garantías extendidas en Latinoamérica, ya que no todos cubren fallas por voltajes inestables.
Un error común es ignorar la compatibilidad con dispositivos antiguos. Mientras que en Uruguay o Costa Rica la adopción de puertos USB-C es alta, en zonas con menos renovación tecnológica —como algunas áreas de Centroamérica— aún se usan computadoras con USB 2.0. En esos casos, discos como el Seagate Expansion, que incluyen adaptadores, evitan gastos adicionales. La recomendación final: comparar no solo precios, sino el costo por gigabyte y leer reseñas de usuarios en la región, donde plataformas como Mercado Libre o Linio suelen reflejar experiencias reales con envíos y soporte local.
Tamaño, velocidad y resistencia: las 3 batallas de los discos externos*

Elegir un disco duro externo en 2024 ya no se reduce a comparar precios por gigabyte. La demanda de almacenamiento portátil en Latinoamérica creció un 18% el año pasado, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), impulsada por el teletrabajo, la educación remota y el auge de creadores de contenido. Mientras un estudiante universitario en Bogotá puede priorizar un modelo compacto de 1TB para guardar apuntes y proyectos, un fotógrafo en Santiago de Chile necesitará al menos 4TB con resistencia a golpes para sesiones en exteriores. La clave está en definir el uso real antes de comparar especificaciones.
La velocidad de transferencia marca la diferencia cuando el tiempo apremia. Los discos con conexión USB 3.2 Gen 2×2 o Thunderbolt 3 alcanzan hasta 2.000 MB/s, ideales para editar video 4K o respaldar bases de datos empresariales. En cambio, para copias de seguridad ocasionales —como las que realiza un pequeño comercio en Lima cada semana—, un USB 3.0 (600 MB/s) sigue siendo suficiente y más económico. Aquí el detalle está en revisar la compatibilidad con el equipo: muchos dispositivos en la región aún operan con puertos USB-A, lo que obliga a llevar adaptadores adicionales.
La resistencia es el factor que más varía según el entorno. Modelos como los de la serie WD My Passport Ultra soportan caídas de hasta 2 metros, mientras que opciones como los SanDisk Extreme Pro incluyen protección IP55 contra polvo y chorros de agua, esencial para ingenieros que trabajan en obras en Ciudad de México o en la Amazonía peruana. Un error común es confundir «resistencia» con «inmunidad total»: incluso los discos más robustos requieren manejo cuidadoso. La recomendación de fabricantes como Seagate es sencilla: evitar exponerlos a temperaturas extremas (como dejarlos dentro de un auto en Asunción a mediodía) y desconectarlos correctamente para prevenir corrupción de datos.
El costo por terabyte sigue siendo un termómetro útil, pero con matices. En mercados como Argentina o Venezuela, donde la inflación distorsiona los precios, conviene comparar en dólares y priorizar marcas con garantía regional. Por ejemplo, un disco de 2TB puede oscilar entre $60 y $120 dependiendo de si incluye cifrado por hardware —función crítica para abogados que manejan documentos confidenciales en Panamá o Costa Rica—. La tendencia en 2024 apunta a que los modelos con SSD externo (más rápidos y ligeros) igualen en precio a los HDD tradicionales hacia finales de año, según proyecciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
SSD vs. HDD: cuándo elegir cada tecnología sin equivocarse*

Elegir un disco duro externo en 2024 ya no se reduce a comparar precios o capacidades. Con el auge del teletrabajo en ciudades como Bogotá, Santiago o Ciudad de México —donde el 38% de los profesionales maneja archivos grandes según datos de la CEPAL—, la decisión depende más del uso real que del espacio disponible. Un diseñador gráfico en Lima que edita videos en 4K no necesita lo mismo que un estudiante universitario en Buenos Aires que guarda apuntes y fotos.
Los discos duros tradicionales (HDD) siguen siendo la opción económica para almacenar grandes volúmenes sin urgencia. Un modelo de 2TB cuesta menos de US$70 en mercados como Mercado Libre, ideal para respaldar colecciones de música, películas o documentos que no se acceden diariamente. Sin embargo, su velocidad de transferencia (entre 80 y 160 MB/s) los hace poco prácticos para editar archivos directamente desde el disco. Aquí es donde entran los SSD externos: aunque un modelo de 1TB puede superar los US$100, ofrecen velocidades de hasta 1050 MB/s, esenciales para profesionales que trabajan con software como AutoCAD o Premiere Pro en laptops con limitaciones de almacenamiento interno.
La resistencia también marca la diferencia. Según pruebas del Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina, un SSD externo soporta mejor caídas desde hasta 1.5 metros, mientras que un HDD tradicional puede dañarse con golpes leves. Esto los hace más confiables para viajeros frecuentes o equipos de campo, como los periodistas que cubren eventos en zonas remotas de Centroamérica. Otra ventaja: los SSD no tienen partes móviles, lo que reduce el riesgo de fallos mecánicos en climas húmedos, comunes en ciudades como Panamá o Caracas.
Para quienes priorizan la seguridad, algunos modelos incluyen cifrado por hardware. Empresas en Chile y Colombia, donde la Ley de Protección de Datos exige manejo riguroso de información sensible, optan por discos como el Samsung T7 Shield o el WD My Passport SSD, que ofrecen contraseñas y encriptación AES-256. En cambio, usuarios domésticos pueden ahorrar con un HDD básico y complementarlo con servicios en la nube, como los 15GB gratuitos de Google Drive que usan millones en la región.
Cómo calcular la capacidad real que necesitas (y no pagar de más)*

Elegir un disco duro externo en 2024 ya no se reduce solo a comparar precios o marcas. Con el aumento del teletrabajo en países como Colombia, donde el 32% de las empresas adoptaron modalidades híbridas según la CEPAL, y el crecimiento del contenido digital en plataformas como Mercado Libre —que registró un incremento del 40% en ventas de almacenamiento en 2023—, la decisión requiere analizar el uso real. Un diseñador gráfico en Buenos Aires que maneja archivos RAW de 50 MB por foto no necesita el mismo dispositivo que un estudiante en Lima que guarda documentos en PDF y presentaciones.
El error más común es comprar capacidad de más. Un informe del BID sobre consumo tecnológico en la región revelaba que el 60% de los usuarios latinos adquieren discos con 1 TB o más, pero solo el 20% llega a ocupar la mitad. Para evitarlo, basta calcular: si un usuario en Santiago almacena 200 canciones (1 GB), 5.000 fotos en resolución media (15 GB) y 100 videos cortos de 720p (20 GB), un disco de 64 GB le sobraría. Quienes trabajan con edición de video en 4K —como los creadores de contenido en Ciudad de México o Bogotá— sí justifican invertir en 2 TB o más, pero con unidades SSD externas, cuya velocidad evita cuellos de botella al transferir archivos pesados.
La durabilidad también marca la diferencia. Mientras los discos HDD tradicionales resisten mejor los golpes leves (ideales para llevar en mochilas entre cafés y coworkings), los SSD aguantan hasta 1.500 ciclos de escritura antes de degradarse, según pruebas de la Universidad de Chile. Esto los hace más confiables para profesionales que actualizan archivos constantemente, como arquitectos en Montevideo que modifican planos en AutoCAD o músicos en San José que graban pistas sobrepuestas. Eso sí: los SSD siguen siendo un 30% más caros que los HDD de igual capacidad, por lo que la elección depende de priorizar velocidad o presupuesto.
Un detalle que pocos verifican es la compatibilidad con sistemas operativos antiguos, aún presentes en oficinas públicas de países como Paraguay o Ecuador. Algunos discos vienen formateados en exFAT —que funciona en Windows, macOS y Linux—, pero otros usan NTFS, incompatible con macOS sin software adicional. Lo mismo ocurre con los puertos: aunque el USB-C domina en laptops nuevas, en Perú aún el 45% de los equipos usa USB-A, según datos de la Cámara de Comercio de Lima. Revisar estas especificaciones evita sorpresas al conectar el dispositivo por primera vez.
Marcas con mejor soporte en Latinoamérica según usuarios reales*

Elegir un disco duro externo en 2024 ya no se limita a comparar capacidad y precio. Según un informe de la CEPAL sobre acceso a tecnología en la región, el 62% de los usuarios latinoamericanos priorizan ahora la durabilidad y el soporte postventa, especialmente en países con alta humedad como Colombia o Costa Rica, donde los dispositivos sufren mayor desgaste. Marcas como WD My Passport y Seagate Backup Plus lideran las valoraciones en plataformas como Mercado Libre y Linio, pero con diferencias clave según el uso.
Para profesionales que manejan archivos pesados —desde editores de video en Ciudad de México hasta arquitectos en Santiago—, los modelos con conectividad USB-C 3.2 y resistencia a caídas (como el SanDisk Extreme Pro) son la opción más mencionada en foros técnicos. En cambio, estudiantes universitarios en Perú o Ecuador prefieren alternativas económicas como el Toshiba Canvio Basics, que ofrece hasta 5TB por menos de $100 USD en promociones locales. La diferencia no está solo en el hardware: el soporte telefónico en español y los centros de servicio en la región marcan la experiencia real.
Un caso práctico lo muestra el Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina (INTI), que en 2023 probó 15 modelos bajo condiciones extremas. Los discos con cifrado por hardware (como los de la serie WD Black) resistieron mejor los cortes de energía frecuentes en zonas rurales, mientras que los de plástico —aunque ligeros— fallaron en un 30% más durante transporte en mototaxis o buses intermunicipales. La recomendación es clara: si el dispositivo viaja seguido, priorizar carcasas de aluminio y garantías que cubran daños por golpes.
Otro factor crítico es la compatibilidad. En países donde aún se usan equipos antiguos —como las oficinas gubernamentales en Paraguay o escuelas públicas en Bolivia—, los discos con formato NTFS (legible en Windows) y adaptadores USB-A incluidos evitan dolores de cabeza. Las marcas que incluyen software de respaldo automático (ejemplo: Seagate Toolkit) también suman puntos, especialmente para pymes que no cuentan con TI dedicada. La regla de oro: revisar las especificaciones técnicas antes de dejarse llevar por ofertas relámpago.
Hacia discos sin cables: lo que se viene en almacenamiento externo*
El mercado de discos duros externos en 2024 refleja una demanda creciente en Latinoamérica, impulsada por el teletrabajo, la educación virtual y el auge de creadores de contenido. Según datos de la CEPAL, el 42% de los hogares en la región ahora requiere almacenamiento adicional para respaldar archivos, desde documentos legales hasta proyectos audiovisuales. La oferta actual varía entre modelos económicos de 1TB —ideales para estudiantes o profesionales que manejan textos y presentaciones— y unidades de alto rendimiento de 5TB o más, diseñadas para editores de video o fotógrafos que trabajan con archivos pesados, como los que se generan en producciones para plataformas como Netflix o Star+.
La velocidad de transferencia marca una diferencia clave. Mientras los discos HDD tradicionales (con conexiones USB 3.0) siguen siendo populares por su relación costo-beneficio, los modelos SSD externos ganan terreno en países como Colombia, Chile y México, donde la fibra óptica ya supera el 70% de penetración en zonas urbanas. Un SSD como el Samsung T7 Shield, con velocidades de hasta 1.050 MB/s, reduce a minutos el respaldo de 100GB de datos, algo crítico para pymes que manejan inventarios digitales o para equipos remotos que colaboran en tiempo real. Eso sí: su precio por gigabyte sigue siendo hasta tres veces mayor que el de un HDD convencional.
La durabilidad y el diseño también entran en juego, especialmente en regiones con climas extremos. Marcas como Western Digital y Seagate ahora incluyen protección contra polvo y caídas en modelos como el My Passport Ultra o el One Touch SSD, certificados para resistir alturas de hasta 2 metros. Para usuarios en ciudades costeras —desde Cartagena hasta Valparaíso—, la resistencia a la corrosión por humedad es un plus. Otro factor a considerar es la compatibilidad: algunos discos vienen preformateados para Windows (NTFS), lo que puede requerir ajustes manuales en equipos con macOS o Linux, sistemas cada vez más usados en startups tecnológicas de la región.
Antes de decidir, conviene evaluar el uso real. Un arquitecto en Lima que trabaja con planos en AutoCAD necesitará al menos 2TB y priorizará velocidad, mientras que un estudiante universitario en Buenos Aires podría conformarse con 500GB si su enfoque es guardar apuntes y tesis. La recomendación de especialistas como el ingeniero en sistemas Carlos Mendoza, de la Universidad de los Andes (Bogotá), es clara: «Si el disco es para respaldo ocasional, un HDD de 1TB con cifrado por hardware cumple. Si es para edición profesional o gaming, invierta en un SSD con Thunderbolt 3 o USB 4.0». La clave está en evitar pagar por capacidad o funciones que no se utilizarán.
Un disco duro externo ya no es solo un accesorio, sino una inversión en protección de datos y flexibilidad digital. La clave está en equilibrar capacidad, velocidad y resistencia según el uso real: desde el profesional que necesita transferencias ultrarrápidas con SSD NVMe hasta el estudiante que prioriza almacenamiento masivo a bajo costo con HDD de 5TB. Para la mayoría de usuarios en Latinoamérica —donde el 62% de los hogares aún depende de conexiones intermitentes—, un modelo híbrido como el WD My Passport con respaldo en la nube local ofrece la combinación más inteligente. Con la explosión del teletrabajo y el contenido 4K en la región, elegir bien hoy evita pérdidas irreparables mañana.





