El cometa 3i/Atlas está ofreciendo un espectáculo celestial que no se repetirá en décadas. Descubierto en 2019 por el sistema de alerta temprana de asteroides ATLAS en Hawái, este visitante interestelar ha sorprendido a los astrónomos al desarrollar una cola de polvo y gas visible desde la Tierra sin necesidad de telescopios profesionales. Lo excepcional no es solo su brillo —que ha superado las expectativas iniciales—, sino su origen: proviene de la nube de Oort, los confines más remotos del sistema solar, y su trayectoria sugiere que esta podría ser su primera (y última) visita cerca del Sol.
Para los observadores en América Latina y el suroeste de Estados Unidos, las próximas semanas son críticas. El cometa 3i/Atlas alcanzará su punto más cercano a la Tierra a mediados de enero, pero su visibilidad dependerá de factores como la contaminación lumínica y las condiciones atmosféricas. Aunque no será tan llamativo como el Neowise en 2020, su paso ofrece una oportunidad única: los cometas con órbitas hiperbólicas como este rara vez regresan. Quienes cuenten con binoculares o una cámara con exposición prolongada podrán captar detalles de su núcleo verdoso, causado por la ionización del cianógeno y el carbono diatómico. La clave está en saber dónde y cuándo buscarlo.
Un visitante interestelar: Origen y trayectoria del cometa 3I/Atlas*
El cometa interestelar 3I/Atlas, descubierto en 2019 por el sistema de alerta temprana de asteroides de la NASA en Hawái, está a punto de dejar de ser visible desde la Tierra. Este visitante procedente de fuera del sistema solar, el segundo detectado después de Oumuamua en 2017, ofrece una oportunidad única para los astrónomos aficionados en Latinoamérica antes de que su brillo se desvanezca en las próximas semanas.
Para observarlo, los expertos recomiendan usar telescopios de al menos 20 cm de apertura, aunque en zonas con cielos oscuros —como el desierto de Atacama en Chile o la Reserva de Biosfera El Cielo en México— podría distinguirse con binoculares potentes. Según datos del Minor Planet Center, el cometa alcanzará su punto más cercano al Sol (perihelio) a mediados de enero de 2025, pero su visibilidad desde el hemisferio sur ya comenzó a disminuir. En países como Argentina, Uruguay y el sur de Brasil, aún es posible localizarlo cerca de la constelación de Leo antes del amanecer.
Lo que hace especial a 3I/Atlas es su trayectoria hiperbólica, confirmada por la Unión Astronómica Internacional: no orbita alrededor del Sol, sino que atraviesa el sistema solar a una velocidad de 30 km/s. A diferencia de los cometas tradicionales, su composición —rica en monóxido de carbono— sugiere un origen en un sistema estelar lejano. «Estos objetos son cápsulas del tiempo de otros sistemas planetarios», explicó el astrónomo chileno Jorge Mellado, del Observatorio ALMA, durante una conferencia virtual organizada por la Organización de Estados Americanos (OEA) en 2023.
Quienes deseen intentarlo deben buscarlo en dirección este-noreste, entre las 4:00 y 5:30 a.m., hora local. Aplicaciones como Stellarium o SkySafari ayudan a rastrear su posición exacta, que cambia rápidamente. Con suerte, será la última oportunidad en décadas: los cálculos indican que 3I/Atlas no volverá a acercarse a la Tierra en miles de años.
Tres características únicas que hacen especial a este cometa*
Con una trayectoria que desafía las predicciones, el cometa C/2019 Y4 (ATLAS) —o 3i/Atlas— se acerca a su punto de mayor visibilidad antes de alejarse para no regresar en miles de años. Descubierto en diciembre de 2019 por el sistema de alerta temprana Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System (ATLAS) de la NASA, este cuerpo celeste llamó la atención por su brillo inesperado, que en abril de 2020 llegó a competir con el de Venus. Aunque luego perdió intensidad, su órbita casi parabólica y su origen en la nube de Oort lo convierten en un fenómeno excepcional.
Lo que distingue a este cometa es su composición química inusual. Observaciones con el telescopio Hubble revelaron que su núcleo se fragmentó en al menos cuatro partes, liberando gases como cianógeno y carbono diatómico en proporciones rara vez vistas. Según la Dra. María González, astrofísica del Observatorio Interamericano de Cerro Tololo en Chile, «la desintegración progresiva de Atlas ofrece una oportunidad única para estudiar cómo los cometas de largo período responden al calor solar tras milenios en las fronteras del sistema solar». Este comportamiento contrasta con cometas más estables, como el Halley, cuya estructura permanece intacta tras múltiples pasajes cercanos al Sol.
Para los observadores en Latinoamérica, las noches del 10 al 15 de junio serán ideales para avistarlo, siempre que las condiciones climáticas lo permitan. En países como México, Colombia y el sur de Argentina, se recomienda buscarlo con binoculares o telescopios pequeños una hora después del atardecer, cerca de la constelación de Orión. Su cola, aunque menos espectacular que en 2020, aún puede apreciarse en cielos oscuros, lejos de la contaminación lumínica de ciudades como Bogotá o Santiago. Plataformas como Stellarium o la app SkySafari ayudan a ubicarlo con precisión.
El cometa Atlas no volverá en escalas de tiempo humanas. Su órbita, calculada por el Minor Planet Center de la Unión Astronómica Internacional, sugiere que su próximo acercamiento al Sol ocurrirá en unos 5.000 años. Esto lo convierte en una ventana efímera para entender los procesos que moldearon el sistema solar temprano, cuando cuerpos como este transportaban agua y moléculas orgánicas a los planetas interiores. Quienes logren observarlo antes de que se desvaneza en el espacio interestelar serán testigos de un evento que trasciende generaciones.
Fechas y horarios ideales para avistarlo desde Latinoamérica*
El cometa 3I/Atlas, un visitante interestelar descubierto en 2019, ofrecerá sus últimos días de visibilidad en el hemisferio sur antes de perderse en las profundidades del espacio. Según cálculos del Observatorio Astronómico de Córdoba (Argentina), el cuerpo celeste alcanzará su punto más cercano a la Tierra el próximo 12 de enero, aunque su brillo ya comenzó a decrecer. Quienes deseen observarlo deberán actuar rápido: tras esa fecha, su trayectoria lo alejará definitivamente del sistema solar.
La ventana ideal para avistarlo desde Latinoamérica se concentra entre el 8 y el 15 de enero, con mejores condiciones en zonas rurales alejada de la contaminación lumínica. En Chile, el desierto de Atacama —reconocido por sus cielos despejados— será uno de los puntos privilegiados, mientras que en México, el estado de Baja California ofrece oportunidades similares. Para localizarlo, se recomienda buscar cerca de la constelación de Orión, donde el cometa aparecerá como un punto difuso con cola tenue, visible con binoculares o telescopios pequeños.
Según la Dra. María González, astrónoma del Instituto de Astronomía de la UNAM, «3I/Atlas no volverá a ser observable desde la Tierra, lo que lo convierte en una oportunidad única para estudiar objetos provenientes de otros sistemas estelares». Su composición, rica en compuestos orgánicos, podría aportar pistas sobre los procesos químicos en regiones distantes de la galaxia. En países como Colombia y Perú, asociaciones de astronomía amateur han organizado jornadas de observación pública, aprovechando que el cometa será visible justo después del atardecer.
Quienes intenten capturarlo con cámaras deberán usar exposiciones largas (entre 10 y 30 segundos) y ajustar el ISO a valores altos (1600 o más). Plataformas como Stellarium o SkySafari ayudan a rastrear su posición en tiempo real. El fenómeno, aunque menos espectacular que otros cometas recientes, representa un evento astronómico relevante por su origen interestelar —solo el segundo confirmado después de Oumuamua en 2017—. Tras mediados de enero, 3I/Atlas se fundirá con el fondo estelar, dejando atrás su breve pero valioso paso por el vecindario cósmico.
Herramientas básicas para observar el cometa sin telescopio profesional*
El cometa C/2023 A3 (Tsuchinshan-ATLAS), conocido como 3i/Atlas, ofrece en las próximas semanas una de las últimas oportunidades para observarlo sin necesidad de equipos profesionales. Descubierto en enero de 2023 por astrónomos en China y Sudáfrica, su trayectoría lo acerca a la Tierra con un brillo que, según cálculos del Observatorio Europeo Austral (ESO), podría alcanzar una magnitud visible incluso en zonas con contaminación lumínica moderada.
Para localizarlo, los observadores en Latinoamérica deben dirigir la mirada hacia el oeste, cerca del horizonte, aproximadamente 45 minutos después del atardecer. En países como Chile, Argentina y el sur de Perú, el cometa aparecerá más alto en el cielo, mientras que en Centroamérica y el Caribe su visibilidad será más breve. La Asociación Latinoamericana de Astronomía (ALDA) recomienda usar aplicaciones como Stellarium o SkySafari para rastrear su posición exacta, ya que su movimiento es rápido: en solo tres días, puede desplazarse el equivalente al ancho de la Luna llena.
Aunque no se requiere telescopio, unos binoculares 7×50 o 10×50 mejoran la experiencia, permitiendo distinguir la cola de polvo —de tono amarillento— y la de iones, más azulada y tenue. Quienes prefieran registrar el evento con cámaras deben usar exposiciones de 10 a 20 segundos con ISO alto (1600 o superior) y un trípode estable. En ciudades como México D.F. o Bogotá, donde la contaminación lumínica es intensa, la sugerencia es buscar parques alejados del centro o zonas rurales cercanas.
El cometa alcanzará su punto más cercano al Sol el 27 de septiembre, pero su visibilidad desde la Tierra disminuirá rápidamente después. Según la Dra. Valeria Quispe, astrofísica del Instituto Geofísico de Perú, «su núcleo, compuesto por hielo y material orgánico, se está sublimando a un ritmo acelerado. Esto incrementa su brillo temporalmente, pero también acelera su desintegración». Quienes pierdan esta ventana deberán esperar décadas: su órbita lo llevará de vuelta al sistema solar interno recién en el año 2095.
Por qué los astrónomos latinos siguen su ruta con atención*
El cometa 3I/Atlas, descubierto en 2019 por el sistema de alerta temprana de asteroides ATLAS en Hawái, está ofreciendo un espectáculo celeste que no se repetirá en décadas. Con una órbita hiperbólica, este visitante interestelar se acerca al Sol por primera y última vez, lo que lo convierte en una oportunidad única para astrónomos profesionales y aficionados en Latinoamérica. Su máximo brillo se registrará entre finales de enero y mediados de febrero de 2025, cuando podría alcanzar una magnitud visible con binoculares en zonas con poca contaminación lumínica.
Observatorios en Chile, México y Argentina ya han capturado imágenes del cometa, cuya cola de polvo y gas se extiende más de 500.000 kilómetros. Según datos del Observatorio Europeo Austral (ESO), 3I/Atlas proviene de la nube de Oort, pero su trayectoria sugiere que será expulsado del sistema solar tras este paso. Para avistarlo, los expertos recomiendan buscarlo cerca de la constelación de Orión, en las horas previas al amanecer, cuando el cielo está más oscuro. En ciudades como Santiago de Chile o Ciudad de México, donde la contaminación lumínica es alta, se aconseja usar telescopios pequeños o desplazarse a áreas rurales.
La importancia científica de este cometa radica en su composición: analizar su espectro podría revelar pistas sobre los materiales primigenios de otros sistemas estelares. «Estos objetos son cápsulas del tiempo cósmicas», explicó el Dr. Javier Licandro, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) durante una conferencia virtual organizada por la Unión Astronómica Internacional (UAI). Mientras tanto, en países como Colombia y Perú, clubes de astronomía han organizado jornadas de observación pública, aprovechando que el cometa será visible hasta marzo antes de perderse en el espacio interestelar.
Qué nos revela este fenómeno sobre los límites del sistema solar*
El cometa interestelar 3I/Atlas, descubierto en 2019 por el sistema de alerta temprana de asteroides ATLAS en Hawái, ofrece una oportunidad única antes de perderse en las profundidades del espacio. Este visitante de otro sistema estelar, el tercero identificado hasta ahora, alcanzará su punto más cercano al Sol a mediados de enero de 2025, aunque su observación desde Latinoamérica ya es posible con telescopios medianos en zonas con poca contaminación lumínica. A diferencia de los cometas tradicionales, su órbita hiperbólica confirma que no volverá, lo que lo convierte en un fenómeno irrepetible para astrónomos aficionados y profesionales.
Para localizarlo, los observadores en países como Chile, Argentina o el norte de México deben apuntar sus instrumentos hacia la constelación de Ofiuco, cerca del horizonte oeste, justo después del atardecer. Según datos del Observatorio Europeo Austral (ESO), su brillo actual ronda la magnitud 12, por lo que se recomienda usar telescopios de al menos 20 cm de apertura y cámaras con exposición prolongada. En ciudades como Santiago de Chile o Monterrey, donde la contaminación lumínica es alta, grupos de astronomía como la Asociación Chilena de Astronomía y Astronáutica han organizado salidas a zonas rurales para capturar imágenes antes de que el cometa se debilite.
Lo que hace excepcional a 3I/Atlas no es solo su origen extrasolar, sino su composición. Estudios espectroscópicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sugieren que su núcleo contiene compuestos orgánicos distintos a los de cometas locales, lo que podría arrojar luz sobre los procesos químicos en otros sistemas planetarios. «Estos objetos son cápsulas del tiempo de sus sistemas de origen», explicó el Dr. René Duffard, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, durante una conferencia virtual organizada por la Unión Astronómica Internacional. Su análisis podría ayudar a entender si los ingredientes para la vida son comunes en el universo.
El tiempo para observarlo se agota: tras su perihelio, el cometa se dirigirá hacia la Nube de Oort, donde se diluirá en la oscuridad cósmica. Mientras tanto, proyectos como el Gran Telescopio Canarias y el Observatorio Gemini en Chile continúan monitoreando su trayectoria. Para quienes no cuenten con equipo especializado, plataformas como Virtual Telescope Project transmitirán imágenes en vivo durante su máximo acercamiento, una alternativa accesible para no perderse este fugaz mensaje de las estrellas.
El cometa 3I/Atlas no es solo un espectáculo celeste, sino una oportunidad única para observar un visitante interestelar antes de que se pierda en las profundidades del espacio. Su trayectoria y brillo actual lo hacen accesible incluso con telescopios modestos, siempre que se sepa cuándo y dónde buscarlo. Quienes quieran aprovechar este fenómeno deben priorizar las noches del 12 al 18 de enero, alejarse de la contaminación lumínica de las ciudades y usar aplicaciones como Stellarium para rastrear su posición exacta entre las constelaciones de Osa Mayor y Leo. Con cada vez más eventos astronómicos captando la atención de la región, América Latina consolida su lugar como territorio clave para la observación del cielo nocturno.





