En los últimos cinco años, los casos reportados de gangrena de Fournier en hospitales de América Latina aumentaron un 40%, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. Lo alarmante no es solo el crecimiento, sino que siete de cada diez afectados llegan a urgencias con la infección ya en etapas avanzadas, cuando el riesgo de complicaciones graves —incluida la sepsis— se dispara. Esta enfermedad, aunque poco discutida en comparación con otras emergencias médicas, avanza con una velocidad que sorprende hasta a los profesionales: en cuestión de horas, puede destruir tejidos en la zona genital o perianal, poniendo en peligro la vida.
La gangrena de Fournier no distingue edad ni género, pero golpea con más fuerza a personas con diabetes no controlada, sistemas inmunitarios debilitados o antecedentes de alcoholismo —condiciones prevalentes en la región. El problema radica en que sus primeros síntomas (dolor intenso, hinchazón o enrojecimiento en la ingle) suelen confundirse con infecciones urinarias comunes o hemorroides, retrasando la búsqueda de ayuda. Reconocer las señales a tiempo y actuar con rapidez marca la diferencia entre una recuperación completa y consecuencias irreversibles. Aquí, los detalles que podrían salvar vidas.
De la infección común a la urgencia mortal: qué es la gangrena de Fournier*
La gangrena de Fournier es una infección bacteriana agresiva que ataca los tejidos blandos del área genital, perineal o perianal, avanzando con rapidez y destruyendo músculos, grasa y piel en cuestión de horas. Aunque poco frecuente, su tasa de mortalidad supera el 20% si no se trata a tiempo, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El cuadro suele iniciar con dolor intenso en la zona afectada, seguido de enrojecimiento, hinchazón y, en etapas avanzadas, ampollas o necrosis visible. Lo alarmante es que, en sus primeras fases, puede confundirse con una infección urinaria común o una hemorroide inflamada, retrasando la búsqueda de ayuda médica.
Las causas más comunes incluyen infecciones no controladas en el tracto urinario, traumatismos locales (como heridas posquirúrgicas o prácticas de depilación mal ejecutadas) y condiciones crónicas como diabetes o inmunosupresión. En países como Brasil y México, donde la prevalencia de diabetes tipo 2 supera el 10% de la población adulta —según la Federación Internacional de Diabetes—, los casos tienden a ser más graves debido a la alteración en la cicatrización y la respuesta inmune. También se ha documentado su aparición tras procedimientos médicos como cateterismos o cirugías prostáticas, especialmente en entornos con limitaciones de higiene postoperatoria.
El tratamiento exige hospitalización inmediata: administración intravenosa de antibióticos de amplio espectro (como carbapenémicos o vancomicina), desbridamiento quirúrgico urgente para eliminar el tejido muerto y, en casos críticos, terapia en unidades de cuidados intensivos. Según la Dra. Elena Rojas, infectóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, «el pronóstico mejora significativamente si el paciente llega en las primeras 24 horas, pero el retraso de incluso 12 horas puede marcar la diferencia entre la recuperación y complicaciones como sepsis o fallo multiorgánico». La prevención pasa por controlar enfermedades de base, mantener una higiene adecuada y acudir al médico ante síntomas persistentes en la zona genital.
Señales de alerta: síntomas que no deben ignorarse*
La gangrena de Fournier es una infección necrotizante que avanza con rapidez y destruye tejidos en la zona genital, perineal o perianal. Aunque poco frecuente, su mortalidad supera el 20% si no se trata a tiempo, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El cuadro suele iniciar con dolor intenso y enrojecimiento que progresa a hinchazón oscura, ampollas y, en horas, a necrosis visible. La diabetes mal controlada —un problema creciente en países como México y Argentina, donde afecta a más del 10% de la población— es el principal factor de riesgo, junto con obesidad, alcoholismo o inmunosupresión.
Los síntomas iniciales pueden confundirse con una infección urinaria o hemorroides, pero tres señales exigen atención inmediata: fiebre alta (superior a 39°C), crepitación bajo la piel (sensación de burbujas al tacto) y un dolor desproporcionado que no mejora con analgésicos comunes. En casos documentados en Brasil y Colombia, pacientes buscaron ayuda solo cuando apareció el característico ennegrecimiento de la piel, etapa en la que la cirugía de emergencia y antibióticos intravenosos son vitales. La demora de pocas horas puede significar la diferencia entre conservar los tejidos o requerir reconstrucciones quirúrgicas complejas.
El tratamiento exige hospitalización en unidades de cuidados intensivos. Se inicia con antibióticos de amplio espectro (como carbapenems o vancomicina) y desbridamiento quirúrgico agresivo para eliminar el tejido muerto. Según la Dra. Ana López, infectóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, «el 30% de los casos requiere más de una intervención para controlar la infección». En países con sistemas de salud fragmentados, como Perú o Honduras, el acceso oportuno a estos procedimientos sigue siendo un desafío. La prevención pasa por manejar enfermedades crónicas, evitar el tabaquismo y buscar atención ante cualquier cambio inusual en la zona genital, especialmente en hombres mayores de 50 años, el grupo más afectado.
Cinco causas principales detrás de esta emergencia médica*
La gangrena de Fournier es una infección necrotizante que avanza con rapidez y destruye tejidos en la zona genital, perineal o perianal. Aunque poco frecuente, su mortalidad supera el 20% si no se trata a tiempo, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El cuadro comienza con dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón que, en cuestión de horas, evoluciona a ampollas, úlceras y tejido negro o violáceo. La progresión fulminante exige atención médica inmediata, pues la demora aumenta el riesgo de sepsis y fallo multiorgánico.
Entre las causas principales destacan las infecciones urinarias o anales no controladas, como abscesos perianales —comunes en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal—, o complicaciones de procedimientos médicos. En Brasil, un estudio de la Universidad de São Paulo vinculó el 30% de los casos a diabetes mal manejada, mientras que en México y Colombia se ha observado su relación con traumatismos locales o higiene deficiente en zonas rurales. La inmunosupresión, ya sea por VIH, quimioterapia o uso crónico de corticoides, también eleva la vulnerabilidad. La bacteria Escherichia coli suele ser la responsable, aunque en un tercio de los casos intervienen múltiples microorganismos.
El tratamiento es quirúrgico y urgente: se retira el tejido muerto (desbridamiento) y se administran antibióticos de amplio espectro como carbapenémicos o vancomicina. Según la Dra. María González, infectóloga del Hospital das Clínicas de Porto Alegre, «la cirugía debe realizarse en las primeras 12 horas para reducir la mortalidad a menos del 10%». En casos avanzados, puede requerirse colostomía o reconstrucción de la zona afectada. La recuperación incluye control estricto de enfermedades subyacentes —como diabetes— y seguimiento por equipos multidisciplinarios.
La prevención pasa por manejar factores de riesgo: tratamiento oportuno de infecciones, control glucémico en diabéticos y educación sanitaria en comunidades con acceso limitado a servicios médicos. En Perú, campañas del Ministerio de Salud en la selva han reducido un 15% los casos graves al promover consultas tempranas. La clave está en reconocer los síntomas iniciales —dolor desproporcionado y fiebre— y acudir a emergencias sin demora.
Diagnóstico rápido: exámenes clave para actuar a tiempo*
La gangrena de Fournier es una infección bacteriana aguda y potencialmente mortal que afecta los tejidos blandos del perineo, la zona genital y el ano. Aunque poco frecuente, su evolución rápida exige atención médica inmediata: estudios en hospitales de Brasil y México indican que hasta un 20% de los casos no tratados terminan en sepsis o muerte, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La enfermedad suele comenzar con dolor intenso en la zona genital, acompañado de enrojecimiento, hinchazón y, en horas, progresa a necrosis del tejido.
Las causas más comunes incluyen infecciones urinarias no controladas, abscesos perianales o traumatismos locales, como los reportados en pacientes diabéticos con mala circulación en clínicas de Perú y Colombia. Factores de riesgo clave son la diabetes mellitus, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y condiciones que debilitan el sistema inmunológico. En un caso documentado en Argentina, un hombre de 54 años desarrolló la gangrena tras una herida menor en el escroto que se infectó por Escherichia coli y bacterias anaerobias.
El tratamiento es una emergencia quirúrgica: se requiere desbridamiento inmediato del tejido muerto, combinado con antibióticos de amplio espectro como carbapenems o clindamicina. Según la Dra. Elena Rojas, cirujana del Hospital das Clínicas de São Paulo, «la demora de más de 12 horas en intervenir reduce las probabilidades de supervivencia a menos del 50%». En países con sistemas de salud fragmentados, como Bolivia o Honduras, el acceso oportuno a estos procedimientos sigue siendo un desafío crítico.
La prevención pasa por controlar enfermedades crónicas, mantener una higiene adecuada en la zona genital y buscar atención ante los primeros síntomas: dolor que empeora rápidamente, fiebre alta o cambios en el color de la piel. Campañas en Chile y Costa Rica han enfatizado la educación en poblaciones de riesgo, especialmente adultos mayores con diabetes, para reducir la incidencia de esta complicación devastadora.
Tratamiento de urgencia: cirugía, antibióticos y cuidados intensivos*
La gangrena de Fournier es una infección necrotizante que avanza con rapidez y destruye tejidos en la zona genital, perineal o perianal. Aunque poco frecuente, su mortalidad supera el 20% si no se trata en las primeras 24 horas, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El cuadro suele iniciar con dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón que progresa a ampollas, úlceras y un característico olor fétido por la necrosis. En casos reportados en hospitales de São Paulo y Ciudad de México, pacientes llegaron con fiebre alta y signos de shock séptico en menos de 48 horas.
Las causas más comunes incluyen infecciones urinarias o cutáneas no controladas, traumatismos locales —como heridas posquirúrgicas o prácticas de depilación mal ejecutadas— y enfermedades crónicas. La diabetes mal manejada aparece en el 60% de los casos, seguida por alcoholismo y VIH, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Chile. Menos frecuentes, pero documentados en la región, son los casos vinculados a procedimientos médicos como cateterismos o cirugías prostáticas. La bacteria Escherichia coli suele ser la principal responsable, aunque en un tercio de los pacientes se identifican infecciones polimicrobianas.
El tratamiento exige hospitalización inmediata en unidades de cuidados intensivos. La cirugía de desbridamiento —para eliminar el tejido muerto— es el primer paso, seguida de antibióticos de amplio espectro como carbapenems o vancomicina. Según la Dra. Ana López, infectóloga del Hospital das Clínicas de Río de Janeiro, «la demora en el diagnóstico es el mayor riesgo: en nuestra serie de casos, los pacientes que recibieron atención antes de las 12 horas tuvieron una supervivencia del 85%». La terapia incluye también soporte hemodinámico y, en algunos casos, oxigenación hiperbárica para frenar la progresión. La recuperación puede requerir reconstrucciones quirúrgicas posteriores, especialmente en infecciones extensas.
Prevención y pronóstico: cómo reducir riesgos en la región*
La gangrena de Fournier es una infección necrotizante que avanza con rapidez y afecta los tejidos blandos del perineo, los genitales y la zona perianal. Aunque poco frecuente, su mortalidad supera el 20% si no se trata a tiempo, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La enfermedad suele iniciarse con dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón en la zona genital, seguido de fiebre alta, malestar general y, en etapas avanzadas, la aparición de ampollas o tejido negro, señal de necrosis. En países como Brasil y México, donde los casos se han documentado en hospitales públicos, el retraso en el diagnóstico agrava el pronóstico.
Las causas más comunes incluyen infecciones urinarias o cutáneas no controladas, traumatismos en la zona genital o complicaciones posquirúrgicas, como las derivadas de circuncisiones o procedimientos prostáticos. Factores de riesgo como la diabetes mal controlada, el consumo excesivo de alcohol o el uso de drogas inyectables —un problema creciente en ciudades como Bogotá y Santiago— aumentan la vulnerabilidad. Según la Dra. María González, infectóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, «el 60% de los pacientes con gangrena de Fournier presenta al menos dos comorbilidades, siendo la diabetes la más recurrente». La bacteria Escherichia coli es el patógeno más identificado, aunque suelen participar múltiples microorganismos.
El tratamiento exige hospitalización inmediata, administración intravenosa de antibióticos de amplio espectro (como carbapenémicos o vancomicina) y desbridamiento quirúrgico agresivo para eliminar el tejido muerto. En casos graves, puede requerirse reconstrucción con injertos de piel o colostomías temporales. La detección temprana es clave: en Uruguay, un programa de capacitación para médicos de atención primaria redujo en un 30% los casos avanzados entre 2020 y 2023, según el Ministerio de Salud Pública. La prevención pasa por controlar enfermedades crónicas, mantener higiene adecuada en heridas genitales y buscar atención ante los primeros síntomas, especialmente en poblaciones con acceso limitado a servicios médicos.
La gangrena de Fournier es una urgencia médica que no perdona demoras: su rápida progresión puede convertir un dolor genital en una amenaza mortal en cuestión de horas. Reconocer los síntomas iniciales —hinchazón repentina, enrojecimiento intenso y dolor desproporcionado— marca la diferencia entre la recuperación y complicaciones irreversibles, especialmente en pacientes con diabetes o sistemas inmunitarios comprometidos. Ante la menor sospecha, el protocolo es claro: acudir de inmediato a un servicio de emergencias; los antibióticos intravenosos y la cirugía temprana reducen la mortalidad hasta en un 50%. Con el aumento de casos vinculados a resistencias bacterianas en hospitales de la región, la prevención a través de controles médicos regulares y el manejo estricto de enfermedades crónicas se vuelve más crítica que nunca.




