El informe Disrupting Harm —el análisis más completo sobre violencia digital contra menores en América Latina— arrojó una cifra escalofriante: uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes en la región ha sido víctima de acoso en línea con fines sexuales. El dato no solo expone la magnitud de un problema que trasciende fronteras, sino que obliga a preguntarse por qué, a pesar de su crecimiento exponencial, el grooming sigue siendo un fenómeno poco comprendido incluso por adultos responsables de proteger a los más jóvenes.

Detrás de pantallas, perfiles falsos y mensajes aparentemente inofensivos, el grooming —técnica mediante la cual un adulto establece una conexión emocional con un menor para abusar de él— opera con estrategias cada vez más sofisticadas. Plataformas como TikTok, Instagram o juegos en línea se han convertido en terrenos fértiles para estos depredadores, que aprovechan la curiosidad natural de los niños y la falsa sensación de anonimato que brinda internet. Sin embargo, identificar qué es grooming en sus etapas iniciales puede marcar la diferencia entre prevenir un abuso o enfrentarlo cuando ya es tarde.

Las señales no siempre son evidentes: un regalo inesperado, preguntas demasiado personales o incluso el interés repentino de un «amigo virtual» en los problemas familiares del menor suelen pasarse por alto. Reconocer estos patrones —y actuar a tiempo— depende de estar informados. Porque en un continente donde el 70% de los hogares con hijos tiene acceso a internet, según la CEPAL, la prevención ya no es opcional.

Qué es el grooming y cómo opera en el mundo digital*

El grooming es una forma de violencia digital que consiste en el acoso sexual de adultos hacia menores de edad mediante plataformas en línea. Los agresores suelen crear perfiles falsos en redes sociales, juegos multijugador o aplicaciones de mensajería para ganar la confianza de niños, niñas y adolescentes, con el objetivo de manipularlos, extorsionarlos o abusar de ellos. Según un informe de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y UNICEF, el 60% de los casos reportados en América Latina comienzan con un contacto aparentemente inocente, como solicitudes de amistad o halagos excesivos.

Detectar el grooming requiere atención a comportamientos sospechosos. Un patrón común es que el agresor busque aislar a la víctima, pidiéndole que mantenga conversaciones en secreto o que comparta imágenes íntimas bajo promesas de afecto o regalos. En países como Argentina y Colombia, se han documentado casos donde los acosadores simulan ser jóvenes para entablar relaciones con menores, usando tácticas como enviar dinero virtual en juegos o elogiar su apariencia física de manera insistente. La clave está en identificar cuando un desconocido muestra un interés desproporcionado en la vida privada del menor.

Cinco señales de alerta pueden ayudar a prevenir este delito: 1) que el menor oculte sus interacciones en línea o se muestre nervioso al recibir mensajes; 2) que un adulto desconocido le envíe regalos o dinero sin justificación; 3) cambios bruscos de humor después de usar dispositivos; 4) que el menor hable de un «amigo» mayor que le pide fotos o videos personales; y 5) la aparición de contenido sexualizado en sus conversaciones. En México y Chile, campañas como «Conectados con Cariño» (de la CEPAL) enfatizan que la prevención incluye supervisar el uso de redes sociales sin invadir la privacidad, usando herramientas de control parental y fomentando la comunicación abierta sobre riesgos digitales.

El perfil del acosador: patrones de comportamiento recurrentes*

El perfil del acosador: patrones de comportamiento recurrentes*

El grooming es una forma de acoso sexual digital en la que un adulto establece una conexión emocional con un menor de edad bajo falsas identidades, con el objetivo de obtener imágenes íntimas, extorsionarlo o abusar de él. Según datos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el 60% de los casos reportados en la región comienzan en redes sociales como Instagram, TikTok o juegos en línea como Free Fire y Roblox, plataformas con alta penetración entre niños y adolescentes en países como México, Colombia y Argentina.

Detectar este tipo de abuso no siempre es sencillo, ya que los acosadores suelen actuar con paciencia, ganando confianza durante semanas o meses. Un patrón recurrente es la suplantación de identidad: se hacen pasar por jóvenes cercanos en edad, compartiendo gustos por series, música o influencers populares. En Chile, por ejemplo, la Brigada del Cibercrimen de la PDI ha documentado casos donde los agresores usaban perfiles falsos con fotos robadas de adolescentes de la misma escuela o barrio de la víctima.

Cinco señales de alerta pueden ayudar a identificar riesgos tempranos. La primera es el aislamiento progresivo: el menor deja de compartir detalles sobre sus interacciones en línea o se muestra irritable si se le pregunta. También es sospechoso que reciba regalos o dinero de desconocidos (por ejemplo, saldos en juegos o tarjetas de streaming), una táctica común en Perú y Ecuador según informes de la CEPAL. Otras señales incluyen el uso de lenguaje sexualizado en sus conversaciones, la insistencia en mantener «secretos» o cambios bruscos de humor después de usar el celular. La clave está en observar comportamientos, no solo el tiempo frente a pantallas.

La prevención requiere acción conjunta. En Uruguay, el plan Uruguay Crece Contigo incluye talleres en escuelas sobre privacidad digital, mientras que en Costa Rica, el Poder Judicial ha capacitado a docentes para reconocer patrones de grooming en dibujos o mensajes de los estudiantes. Los expertos coinciden en que el diálogo sin juicios y el monitoreo discreto de las actividades en línea —sin invadir su intimidad— son las herramientas más efectivas para proteger a los menores.

Tácticas de manipulación más usadas en casos de grooming*

Tácticas de manipulación más usadas en casos de grooming*

El grooming es una forma de violencia digital en la que un adulto establece una relación de confianza con un menor de edad mediante engaños, con el fin de explotarlo sexualmente. Según datos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el 60% de los casos en América Latina comienzan en redes sociales como Instagram, TikTok o juegos en línea, donde los depredadores simulan intereses comunes para ganar cercanía. A diferencia del acoso tradicional, este delito aprovecha la asimetría de poder entre el agresor —que suele ocultar su identidad— y la víctima, manipulando emociones como la curiosidad o la necesidad de afecto.

Detectarlo a tiempo exige prestar atención a cambios bruscos de comportamiento. En Colombia, un estudio de la Universidad de los Andes reveló que el 43% de los adolescentes que sufrieron grooming mostraron señales como aislamiento repentino, uso excesivo del celular en horarios nocturnos o regalar objetos de valor a «amigos virtuales» desconocidos. Otra alerta común es el secreto: los menores evitan hablar de sus interacciones en línea por miedo o vergüenza, especialmente si el agresor los chantajea con material íntimo. En Argentina, la línea 102 de protección a la infancia recibió en 2023 un 30% más de llamadas relacionadas con este patrón.

Cinco señales clave pueden marcar la diferencia. La primera es el contacto con perfiles sospechosos: adultos que se hacen pasar por adolescentes, usan fotos robadas o insisten en llevar la conversación a plataformas privadas como WhatsApp. También debe preocupar cuando un menor recibe regalos costosos —como tarjetas de juego o dinero— sin justificación, o si muestra conocimiento sobre temas sexuales inapropiados para su edad. En Perú, la Defensoría del Pueblo advirtió sobre un aumento de casos donde los agresores piden a las víctimas grabarse en situaciones comprometedoras, usando luego ese material para extorsionarlas. La quinta señal, y quizá la más urgente, es el intento de encuentro presencial, incluso si el menor lo oculta bajo excusas como «salir con amigos».

La prevención requiere educación digital desde edades tempranas. Programas como Si Navigas, Naviga Seguro de Chile o las campañas de UNICEF en Centroamérica enseñan a identificar riesgos sin generar pánico. La clave está en fomentar la comunicación abierta: preguntar qué hacen en línea —no solo cuánto tiempo— y validar sus preocupaciones. En México, la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM) destaca que el 70% de los menores que denuncian a tiempo logran detener el abuso antes de que escalé a explotación sexual. El silencio, en cambio, es el mayor aliado del agresor.

5 señales de alerta que todo padre debe conocer*

5 señales de alerta que todo padre debe conocer*

El grooming es una forma de violencia digital en la que un adulto establece contacto con un niño, niña o adolescente mediante engaños para ganar su confianza, manipularlo y cometer abusos sexuales. Según datos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), uno de cada cinco menores en Latinoamérica ha sido víctima de algún tipo de acoso en línea, y el grooming representa una de las amenazas más graves por su capacidad para escalar hacia situaciones de explotación.

Los agresores suelen actuar en plataformas como redes sociales, juegos en línea o aplicaciones de mensajería, donde simulan intereses comunes con el menor. Un caso documentado en Argentina en 2023 reveló cómo un hombre de 42 años se hizo pasar por un entrenador de eSports para contactar a adolescentes en Colombia y Perú, ofreciéndoles «becas» falsas. La estrategia es progresiva: primero halagan al menor, luego lo aíslan de su entorno y, finalmente, lo chantajean con material íntimo obtenido bajo engaño.

Detectar el grooming a tiempo puede marcar la diferencia. Cinco señales de alerta incluyen: cambios bruscos de humor después de usar dispositivos, secretismo extremo sobre sus conversaciones en línea, regalos inexplicables (como tarjetas de juego o dinero digital), fotos o videos con poses sugerentes que el menor no recuerda haber tomado, y miedo a perder el acceso a internet, incluso cuando se le pide que reduzca su uso. La CEPAL advierte que, en el 60% de los casos reportados en la región, los padres identificaron estas señales tarde, cuando el abuso ya había ocurrido.

La prevención requiere diálogo sin juicios y supervisión activa —no invasiva— de las interacciones digitales. En países como Chile y México, campañas escolares han reducido los casos al enseñar a los menores a identificar perfiles sospechosos (como adultos sin amigos en común o que evitan videollamadas). La clave está en normalizar la conversación: si un niño siente que puede contar que «alguien le hizo sentir incómodo» sin ser regañado, las probabilidades de evitar el daño aumentan exponencialmente.

Qué hacer si sospechas que un menor está siendo víctima*

Qué hacer si sospechas que un menor está siendo víctima*

El grooming es una forma de violencia digital que afecta a niños, niñas y adolescentes en toda América Latina. Consiste en acciones deliberadas de un adulto para ganar la confianza de un menor con fines sexuales, mediante plataformas como redes sociales, juegos en línea o aplicaciones de mensajería. Según un informe de la OEA y UNICEF, el 17% de los casos de abuso sexual infantil en la región comenzaron con contacto en entornos digitales, una cifra que creció durante la pandemia.

Detectarlo a tiempo es clave. Los agresores suelen fingir identidades cercanas a la edad de la víctima, usando perfiles falsos con intereses similares a los del menor. En países como Argentina y Colombia, se han registrado casos donde los adultos se hicieron pasar por influencers o jugadores profesionales para acercarse a adolescentes. El proceso puede durar semanas o meses, durante los cuales el agresor manipula emocionalmente al menor, aislándolo de su entorno.

Cinco señales de alerta ayudan a identificar posibles situaciones de grooming:
1. El menor oculta conversaciones o se pone nervioso al recibir mensajes.
2. Recibe regalos o dinero de desconocidos (como créditos para juegos o tarjetas virtuales).
3. Cambia bruscamente de humor después de usar el celular o la computadora.
4. Menciona un «amigo» adulto que le pide fotos o videos íntimos.
5. Usa lenguaje sexual inapropiado para su edad, repetido de conversaciones en línea.
En Chile, por ejemplo, el 60% de las denuncias por este delito en 2023 incluyeron al menos tres de estas señales, según la Policía de Investigaciones.

Ante la sospecha, lo primero es mantener la calma y evitar confrontar al menor con preguntas invasivas. La recomendación de especialistas como la Dra. Ana López, psicóloga infantil de la Universidad de Costa Rica, es documentar las pruebas (capturas de pantalla, registros de conversaciones) y acudir a las fiscalías especializadas en delitos cibernéticos. En la mayoría de los países latinoamericanos, el grooming es un delito tipificado, con penas que van desde los 3 hasta los 10 años de prisión, dependiendo de la legislación local.

Legislación y desafíos: cómo protege América Latina a sus niños*

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El grooming es un delito que avanza silenciosamente en América Latina, aprovechando la expansión del acceso a internet entre niños y adolescentes. Se trata de una forma de acoso sexual en línea donde un adulto establece una relación de confianza con un menor —a través de redes sociales, juegos en línea o plataformas de mensajería— con el fin de explotarlo sexualmente. Según un informe de la OEA de 2023, el 40% de los casos reportados en la región comienzan con perfiles falsos que simulan ser pares de la víctima, utilizando intereses comunes como música, deportes o streamers populares.

Detectarlo a tiempo puede marcar la diferencia. En Argentina, por ejemplo, la organización Grooming Argentina documentó que el 65% de las víctimas no identifican el riesgo hasta que el agresor solicita imágenes íntimas o encuentros presenciales. Las tácticas suelen incluir halagos excesivos, regalos virtuales (como skins en videojuegos) o amenazas veladas si el menor intenta cortar el contacto. Plataformas como TikTok y Discord, ampliamente usadas en países como México y Colombia, son los espacios donde más casos se inician, según alertas de la Policía Cibernética de ambas naciones.

Cinco señales de alerta pueden ayudar a padres y educadores a actuar:
1. El menor oculta su pantalla o se aísla al usar el celular.
2. Recibe mensajes o llamadas de desconocidos a horas inusuales.
3. Muestra cambios bruscos de humor después de conectarse.
4. Habla de un «amigo» adulto que le «entiende mejor que su familia».
5. Aparecen regalos o dinero sin explicación (comunes en casos documentados en Perú y Chile).
La CEPAL advierte que, en el 30% de los casos, los agresores son conocidos del entorno cercano, lo que dificulta la prevención.

El grooming no es un riesgo abstracto: es una estrategia calculada que explota la confianza de niños y adolescentes para someterlos a abuso. Reconocer sus señales —desde regalos inapropiados hasta conversaciones que esconden chantaje emocional— marca la diferencia entre la vulnerabilidad y la protección. La acción más efectiva empieza en casa: hablar sin tabúes sobre los peligros digitales, supervisar redes sociales sin invadir privacidad y denunciar perfiles sospechosos en plataformas como TeProtejo o las líneas de ayuda locales. Con un aumento del 30% en casos reportados en Latinoamérica durante 2023, la prevención ya no es opcional, sino un compromiso que define el futuro de la infancia en la región.