Los hongos en los pies afectan a más del 20% de la población en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud, pero lo alarmante no es solo su prevalencia, sino la rapidez con que se propagan en climas cálidos y húmedos. Desde las playas de Cancún hasta las piscinas públicas de Santiago, estos microorganismos encuentran en el sudor, el calzado cerrado y los espacios compartidos el caldo de cultivo perfecto. Muchos subestiman las primeras señales —picazón, enrojecimiento o descamación—, confundiendo los hongos en los pies con simple resequedad o irritación, hasta que la infección avanza y requiere tratamientos más agresivos.

Lo cierto es que combatir este problema no depende solo de cremas o medicamentos: pequeños cambios en la rutina, como secar bien los pies después de la ducha o evitar caminar descalzo en vestuarios, marcan la diferencia. Sin embargo, cuando la infección ya está instalada, elegir el tratamiento adecuado puede ahorrar semanas de molestias. Desde remedios caseros avalados por dermatólogos hasta fármacos de venta libre, las opciones son más amplias de lo que parece. El desafío está en actuar a tiempo y con información precisa.

Por qué aparecen los hongos en los pies y cómo reconocarlos*

Por qué aparecen los hongos en los pies y cómo reconocarlos*

Los hongos en los pies, conocidos médicamente como pie de atleta o tiña podal, afectan a cerca del 15% de la población latinoamericana, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La humedad, el calor y el uso de calzado cerrado en climas tropicales —como los de Centroamérica, el Caribe o la región amazónica— crean el ambiente ideal para su proliferación. El problema no solo genera molestias como picazón o descamación, sino que puede complicarse con infecciones bacterianas si no se trata a tiempo.

Reconocerlos es el primer paso: suelen aparecer entre los dedos (especialmente el cuarto y quinto) o en la planta del pie, con síntomas como enrojecimiento, grietas en la piel o ampollas que supuran. En casos avanzados, como los registrados en clínicas de Lima o Bogotá, los pacientes refieren dolor al caminar. La Dra. María González, dermatóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que «el autodiagnóstico puede confundir estos hongos con eccemas o psoriasis, por lo que es clave observar si las lesiones empeoran con la humedad o el sudor».

Para tratarlos, los antifúngicos tópicos son la primera línea. Crema de clotrimazol, terbinafina en spray o ketoconazol en polvo —disponibles en farmacias de la región sin necesidad de receta— suelen resolver el 80% de los casos en cuatro semanas, aplicados dos veces al día. En infecciones recurrentes, como las reportadas en zonas costeras de Chile o México, los médicos recetan antifúngicos orales como itraconazol. Remedios caseros, aunque populares, tienen eficacia limitada: el vinagre de manzana o el aceite de árbol de té pueden aliviar síntomas leves, pero no eliminan el hongo por completo.

La prevención es más sencilla que el tratamiento. Usar sandalias en duchas públicas (gimnasios, albercas o vestuarios), secar bien los pies —especialmente entre los dedos— y alternar zapatos para que se ventilen reducen el riesgo. En países con alta humedad, como Costa Rica o Panamá, los especialistas recomiendan calcetines de algodón o materiales transpirables y evitar el calzado de plástico. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires reveló que quienes siguen estas medidas disminuyen hasta en un 60% las probabilidades de reinfección.

Los 5 tratamientos más respaldados por dermatólogos*

Los 5 tratamientos más respaldados por dermatólogos*

Los hongos en los pies, conocidos médicamente como pie de atleta o tiña podal, afectan a cerca del 15% de la población latinoamericana, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La humedad, el calor y el uso de calzado cerrado en climas tropicales —como los de Centroamérica, el Caribe o el norte de Sudamérica— crean el ambiente ideal para su proliferación. Aunque no suele ser grave, la infección puede extenderse a las uñas o provocar grietas dolorosas si no se trata a tiempo.

Entre los tratamientos más respaldados por dermatólogos destacan los antifúngicos tópicos, como el clotrimazol, el miconazol o la terbinafina en crema, disponibles sin receta en la mayoría de farmacias de la región. Para casos persistentes, los especialistas recetan pastillas antifúngicas, aunque requieren supervisión médica por posibles efectos secundarios. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 70% de los pacientes que combinaron cremas con medidas de higiene eliminaron la infección en menos de cuatro semanas. La clave está en la constancia: aplicar el tratamiento durante al menos dos semanas después de que desaparezcan los síntomas para evitar recaídas.

La prevención es igual de crucial, especialmente en espacios públicos. En gimnasios de ciudades como Bogotá, Lima o Ciudad de México, donde el uso de duchas comunitarias es común, los dermatólogos recomiendan usar sandalias de plástico y secar bien los pies, prestando atención a los espacios entre los dedos. Otro hábito efectivo es alternar el calzado para permitir que se ventile —un consejo útil en países con alta humedad, como Costa Rica o Panamá— y lavar los calcetines con agua caliente. Quienes frecuentan piscinas o playas deben enjuagar sus pies con agua dulce inmediatamente después, ya que la sal y el cloro resecan la piel, facilitando la entrada de hongos.

En casos avanzados, con uñas gruesas y amarillentas, algunos centros médicos en Argentina y Chile han incorporado tratamientos con láser, aunque su costo —entre 200 y 500 dólares por sesión— los hace menos accesibles. Una alternativa económica, avalada por la Sociedad Brasileña de Dermatología, es remojar los pies en una mezcla de agua con vinagre blanco (una parte de vinagre por dos de agua) durante 15 minutos al día, ya que el ácido acético ayuda a restaurar el pH de la piel. Eso sí: este método no reemplaza a los antifúngicos en infecciones graves, pero puede ser un complemento útil.

Remedios caseros que sí funcionan (y cuáles evitar)*

Remedios caseros que sí funcionan (y cuáles evitar)*

Los hongos en los pies, conocidos médicamente como pie de atleta o tiña podal, afectan a cerca del 15% de la población latinoamericana, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La humedad, el calor y el uso de calzado cerrado en climas tropicales —como los de Centroamérica, el Caribe o la región amazónica— crean el ambiente ideal para su proliferación. Aunque no suelen ser graves, pueden generar picazón intensa, grietas en la piel e incluso infecciones secundarias si no se tratan a tiempo.

Para combatirlos de forma efectiva, cinco remedios caseros han demostrado eficacia en estudios clínicos. El vinagre de manzana, diluido en agua tibia (una parte de vinagre por dos de agua), ayuda a acidificar la piel y eliminar el hongo si se aplica con un algodón dos veces al día durante dos semanas. El aceite de árbol de té, con propiedades antifúngicas comprobadas, puede aplicarse puro (dos gotas) sobre las zonas afectadas después del baño. Otros aliados son el bicarbonato de sodio (en pasta con agua para exfoliar), el ajo machacado (por su alicina, un potente antimicótico) y el yogur natural sin azúcar, cuyo ácido láctico inhibe el crecimiento fúngico. Eso sí: si los síntomas persisten más de tres semanas, lo recomendable es consultar a un dermatólogo para evitar complicaciones.

La prevención es clave, especialmente en espacios públicos como piscinas, gimnasios o duchas comunitarias, comunes en países como Colombia o Perú. Usar sandalias de plástico en estas áreas, secar bien los pies (incluso entre los dedos) y alternar el calzado para que se airee reducen el riesgo. Según la Dra. María González, especialista en dermatología de la Universidad de Chile, «el 80% de las reinfecciones ocurren por no tratar el calzado: rociarlo con alcohol al 70% o exponerlo al sol directo elimina esporas residuales». También conviene evitar calcetines de materiales sintéticos —como los poliéster comunes en ropa deportiva económica— y optar por algodón o fibras transpirables.

Hay que tener cuidado con remedios populares inefectivos o peligrosos. Aplicar limón puro puede irritar la piel ya dañada, y la orina —un mito extendido en zonas rurales— no tiene base científica. Tampoco funcionan las cremas humectantes comunes: al contrario, pueden empeorar la humedad. En casos graves, con ampollas o supuración, los antifúngicos tópicos (como clotrimazol o terbinafina) son la única solución validada. La OPS advierte que automedicarse con esteroides —práctica frecuente en algunas farmacias de América Latina— enmascara los síntomas pero agrava la infección.

Pasos diarios para prevenir infecciones fúngicas*

Pasos diarios para prevenir infecciones fúngicas*

Los hongos en los pies, conocidos médicamente como pie de atleta o tiña podal, afectan a cerca del 15% de la población latinoamericana, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La humedad, el calor y el uso de calzado cerrado en climas tropicales —como los de Centroamérica, el Caribe o la región amazónica— crean el ambiente ideal para su proliferación. En ciudades como Bogotá, Lima o Ciudad de México, donde el transporte público masivo obliga a largas jornadas con zapatos cerrados, los casos aumentan especialmente en épocas de lluvia.

Para combatirlos, los tratamientos tópicos suelen ser la primera línea. Crema de clotrimazol, terbinafina en spray o ketoconazol en gel —disponibles en farmacias de la región sin necesidad de receta— eliminan el hongo en dos a cuatro semanas si se aplican con constancia. En infecciones persistentes, los médicos recetan antifúngicos orales como itraconazol, aunque requieren supervisión por posibles efectos secundarios. Un estudio de la Universidad de São Paulo advirtió que el 30% de los pacientes abandona el tratamiento al notar mejoría, lo que favorece las recaídas.

La prevención es igual de crucial. Secar bien los pies después de ducharse, usar sandalias en baños públicos (como los de playas brasileñas o piscinas comunitarias en Chile) y alternar calzado para que se ventile reducen el riesgo. El algodón o los calcetines de materiales técnicos —comunes entre corredores en maratones como el de Buenos Aires— absorben mejor el sudor que los sintéticos. En zonas rurales de países como Perú o Bolivia, donde el acceso a medicamentos es limitado, remedios caseros como baños de agua con vinagre (una parte de vinagre por dos de agua) pueden aliviar síntomas leves, aunque no sustituyen a los antifúngicos en casos avanzados.

La Dra. María González, dermatóloga del Hospital das Clínicas en Río de Janeiro, insiste en un detalle menudo ignorado: «El hongo no desaparece solo. Si no se trata, puede extenderse a las uñas, volviéndose más resistente y costoso de erradicar». En países con sistemas de salud fragmentados, como Venezuela o Nicaragua, la detección temprana evita gastos mayores. Revisar los pies semanalmente —especialmente entre los dedos, donde suelen aparecer grietas y enrojecimiento— permite actuar a tiempo.

Qué productos buscar en farmacias y cómo usarlos bien*

Qué productos buscar en farmacias y cómo usarlos bien*

Los hongos en los pies, conocidos médicamente como pie de atleta o tiña podal, afectan a cerca del 15% de la población latinoamericana, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La humedad, el calor y el uso de calzado cerrado —común en ciudades como Bogotá, Ciudad de México o Santiago— crean el ambiente ideal para su proliferación. Aunque no suele ser grave, la comezón, el enrojecimiento y la descamación pueden volverse molestos si no se tratan a tiempo.

Para combatirlos, los antifúngicos tópicos son la primera línea de defensa. Las cremas con clotrimazol (como Canesten) o terbinafina (Lamisil) se aplican una o dos veces al día sobre la zona seca y limpia, extendiendo el tratamiento una semana después de que desaparezcan los síntomas para evitar recaídas. En casos persistentes, los médicos pueden recetar pastillas como fluconazol o itrasconazol, especialmente útiles cuando el hongo se extiende a las uñas. Según la Dra. María González, dermatóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, «la clave está en la constancia: muchos pacientes abandonan el tratamiento al ver mejoría, pero el hongo sigue presente».

La prevención es igual de crucial. En gimnasios, piscinas públicas o vestuarios —espacios de alto riesgo en países como Argentina o Brasil—, usar sandalias de plástico reduce el contacto con superficies contaminadas. Secar bien los pies, especialmente entre los dedos, y alternar zapatos para que se ventilen son hábitos simples pero efectivos. Para quienes sudan en exceso, los polvos antifúngicos (como Zeasorb) o los calcetines de algodón o materiales transpirables ayudan a mantener la piel seca. En zonas tropicales, donde la humedad supera el 80% gran parte del año, estos cuidados marcan la diferencia entre una infección pasajera y un problema recurrente.

Avances médicos que podrían cambiar el tratamiento en la región*

Avances médicos que podrían cambiar el tratamiento en la región*

Los hongos en los pies, conocidos médicamente como pie de atleta o tiña podal, afectan a cerca del 15% de la población latinoamericana, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La humedad, el calor y el uso de calzado cerrado en climas tropicales —como los de Centroamérica, el Caribe o el norte de Sudamérica— crean el ambiente ideal para su proliferación. Aunque no suele ser grave, la infección puede extenderse a las uñas o causar grietas dolorosas si no se trata a tiempo.

Entre los tratamientos más efectivos destacan los antifúngicos tópicos, como el clotrimazol o el terbinafina en crema, disponibles sin receta en la mayoría de farmacias de la región. Para casos persistentes, los médicos recetan pastillas como el itraconazol, especialmente cuando el hongo afecta las uñas. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 70% de los pacientes mejoró en cuatro semanas combinando estos fármacos con hábitos de higiene estrictos. En ciudades con alta humedad, como Bogotá o Ciudad de México, los especialistas recomiendan secar bien los pies —incluso con secador de pelo en temperatura fría— y usar talco antifúngico antes de ponerse los calcetines.

La prevención es clave en entornos de riesgo. En gimnasios de Santiago de Chile o piscinas públicas de Buenos Aires, donde el contagio es frecuente, se sugiere usar sandalias de plástico y lavar los pies con agua y jabón neutro después de cada visita. Evitar compartir toallas, cortauñas o zapatos también reduce las probabilidades de infección. Según la Dra. María González, dermatóloga del Hospital das Clínicas en Brasil, «el hongo sobrevive meses en superficies húmedas, por lo que desinfectar el calzado con sprays de alcohol al 70% una vez por semana puede marcar la diferencia».

En zonas rurales de Perú o Colombia, donde el acceso a medicamentos es limitado, remedios caseros como el vinagre de manzana diluido en agua (1:2) ayudan a reducir la picazón, aunque no eliminan el hongo por completo. La OPS advierte que automedicarse con antibióticos —un error común en la región— empeora el cuadro, ya que estos no actúan contra infecciones fúngicas. La solución más sencilla, y a menudo ignorada, sigue siendo mantener los pies secos y ventilados.

Los hongos en los pies no son solo un problema estético, sino una condición que puede escalar a infecciones más graves si no se trata a tiempo. La clave está en actuar rápido con soluciones comprobadas: desde antifúngicos tópicos como el clotrimazol hasta remedios naturales como el aceite de árbol de té, combinados con hábitos de higiene impecables. Quienes sufren de pie de atleta o candidiasis deben lavar y secar bien sus pies diariamente, usar calzado transpirable y evitar caminar descalzos en zonas húmedas. Con el aumento de casos en climas tropicales de la región, adoptar estas medidas no es opcional: es la única forma de cortar el ciclo de reinfección y proteger la salud de la piel a largo plazo.