El dolor de garganta se ha convertido en uno de los motivos más frecuentes de consulta médica en América Latina, con un aumento del 32% en casos reportados durante 2023, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. La combinación de factores como la contaminación en ciudades densas, los cambios bruscos de temperatura y la circulación de nuevos subtipos virales ha hecho que este malestar —antes considerado pasajero— ahora persista por más tiempo y con mayor intensidad en la población.
Ante este escenario, la búsqueda de un medicamento para dolor de garganta efectivo ya no se limita a aliviar la molestia momentánea, sino a elegir opciones que actúen rápido, reduzcan la inflamación y, en lo posible, prevengan complicaciones. Sin embargo, entre la amplia oferta de analgésicos, antiinflamatorios y pastillas para chupar, muchos consumidores terminan optando por lo más publicitado en lugar de lo más respaldado por evidencia clínica. Peor aún: el 45% de los encuestados en México, Colombia y Argentina admitió automedicarse con fármacos no indicados para su tipo de dolor, según una investigación de la revista Salud Pública de las Américas.
Aquí es donde la ciencia marca la diferencia. No todos los medicamentos para dolor de garganta funcionan igual, y mientras algunos solo adormecen la zona, otros atacan la raíz del problema. Los avances en fórmulas de 2024 —como los que combinan antisépticos con anestésicos locales o los que incluyen componentes inmunomoduladores— están cambiando el enfoque del tratamiento. Conocer cuáles son las opciones más efectivas, sus mecanismos y sus posibles efectos secundarios puede ahorrar días de incomodidad y evitar errores comunes al automedicarse.
Por qué el dolor de garganta sigue siendo un problema común en la región*
El dolor de garganta sigue afectando a millones en América Latina, especialmente durante los cambios bruscos de temperatura que caracterizan a regiones como el Cono Sur en invierno o las zonas altas de Colombia y México. Aunque en la mayoría de los casos no requiere atención médica, la molestia persiste como uno de los motivos más frecuentes de consulta en farmacias, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La buena noticia es que existen opciones farmacológicas comprobadas para aliviar los síntomas de manera rápida y segura.
Entre los fármacos más recomendados en 2024 destacan los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno, que no solo reduce el dolor sino también la inflamación en la garganta. Otra alternativa de primera línea es el paracetamol, ideal para pacientes que no toleran los AINEs o tienen contraindicaciones gástricas. Según la Dra. María González, otorrinolaringóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, «el paracetamol en dosis de 500 a 1000 mg cada 6 horas sigue siendo la opción más equilibrada entre eficacia y perfil de seguridad para la población general». Para quienes buscan alivio local, los anestésicos tópicos como la lidocaína en spray o pastillas —comercializados bajo marcas como Strepsils Plus o Cépacol— actúan en segundos, aunque su efecto dura menos tiempo.
Los antibióticos, en cambio, solo están justificados cuando hay infección bacteriana confirmada (como faringitis por estreptococo), algo que representa menos del 20% de los casos, de acuerdo con un estudio de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica. En esos escenarios, la amoxicilina y la azitromicina siguen siendo los tratamientos de elección, pero siempre bajo prescripción médica. Mientras tanto, en países con alta humedad como Costa Rica o Panamá, los médicos sugieren combinar estos medicamentos con hidratación constante y gargarismos con agua tibia y sal, una práctica respaldada por su bajo costo y accesibilidad en comunidades rurales.
La elección final depende de la causa, la intensidad del dolor y el historial del paciente. En farmacias de Perú, Argentina o Brasil ya es común encontrar kits que combinan analgésicos orales con pastillas para chupar, como el flurbiprofeno (presente en marcas como Strepsils Intensive), que ofrece alivio prolongado. Eso sí: la OPS advierte contra la automedicación con corticoides o antibióticos sin supervisión, una práctica aún extendida en algunas zonas, que puede generar resistencia bacteriana y efectos adversos graves.
Los 5 fármacos con mayor respaldo científico este año*
El dolor de garganta sigue siendo una de las consultas más frecuentes en centros de salud de América Latina, especialmente durante los cambios de estación. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hasta un 30% de las visitas a servicios de urgencia en países como Argentina, Colombia y México durante el invierno están relacionadas con infecciones faríngeas. Este año, cinco medicamentos destacan por su eficacia respaldada en ensayos clínicos recientes.
En primer lugar, el ibuprofeno (400 mg) mantiene su posición como antiinflamatorio no esteroideo más recomendado para casos moderados a severos. Un estudio publicado en The Journal of Clinical Pharmacy en 2024 confirmó que reduce la inflamación en un 72% durante las primeras 24 horas, superando al paracetamol en velocidad de acción. Hospitales públicos de Chile y Perú ya lo incluyen en sus protocolos para pacientes con faringitis estreptocócica. Para quienes buscan alternativas sin receta, los sprays con lidocaína al 1% —como los comercializados en farmacias de Brasil y Centroamérica— ofrecen alivio local inmediato, aunque su efecto dura entre 30 y 60 minutos.
Los medicamentos con flurbiprofeno en pastillas para chupar ganaron terreno este año tras ser avalados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de Argentina. Su combinación de acción analgésica y antiinflamatoria los hace ideales para profesionales que requieren alivio prolongado, como docentes o operadores de call centers, sectores con alta incidencia de irritación faríngea por uso prolongado de la voz. Mientras tanto, en casos de origen bacteriano, la amoxicilina (prescripción obligatoria) sigue siendo el antibiótico de primera línea, aunque la OPS advierte sobre su uso responsable para evitar resistencias, un problema creciente en zonas urbanas de México y el Cono Sur.
Un hallazgo relevante proviene de la Universidad de São Paulo: los enjuagues con clorhexidina al 0,12% —disponibles en farmacias de toda la región— redujeron un 40% la duración del dolor en pacientes con amigdalitis viral cuando se usaron tres veces al día. La clave, según los investigadores, está en su capacidad para disminuir la carga viral en la mucosa. Eso sí, no deben emplearse por más de siete días seguidos para evitar efectos secundarios como manchas en los dientes.
Diferencias clave entre analgésicos, antiinflamatorios y anestésicos locales*
El dolor de garganta sigue siendo una de las consultas más frecuentes en los sistemas de salud de Latinoamérica. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las infecciones respiratorias agudas —que incluyen faringitis y amigdalitis— representan hasta el 30% de las atenciones en centros de salud primaria durante los meses de invierno en países como Argentina, Chile y Colombia. Ante este escenario, la elección del medicamento adecuado puede marcar la diferencia entre un alivio rápido o días de molestias persistentes.
Entre los fármacos más efectivos en 2024 destacan cinco opciones avaladas por estudios clínicos recientes. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno (400 mg cada 8 horas) lideran las recomendaciones por su acción dual: reducen la inflamación y calman el dolor. En casos de infección bacteriana confirmada, la amoxicilina (prescrita por médico) sigue siendo el antibiótico de primera línea en la región, aunque su uso indiscriminado ha generado alertas en países como México y Perú por resistencia bacteriana. Para alivio local, los anestésicos en spray —como la lidocaína al 2%— ofrecen resultados inmediatos, ideales para pacientes con dificultad para tragar. Los analgésicos simples, como el paracetamol (500 mg cada 6 horas), son seguros incluso para embarazadas, según guías de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FLASOG). Finalmente, los antiinflamatorios tópicos en pastillas para chupar (con flurbiprofeno o benzidamina) ganan terreno por su práctico formato, especialmente en zonas rurales donde el acceso a agua potable para enjuagues es limitado.
La elección depende de la causa y gravedad. Mientras un resfriado común puede manejarse con paracetamol y reposo, una amigdalitis bacteriana requiere antibióticos para evitar complicaciones como fiebre reumática, aún reportada en áreas de Brasil y Centroamérica. La automedicación con corticoides —común en algunas farmacias de la región— está contraindicada: según la Dra. Elena Rojas, otorrinolaringóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, «su uso sin supervisión puede enmascarar infecciones graves y retrasar el diagnóstico». En todos los casos, hidratación constante y gárgaras con agua tibia y sal (media cucharadita en un vaso) complementan el tratamiento, como recomienda la OPS en sus protocolos para atención primaria.
Cómo elegir el mejor medicamento según la causa del dolor*
El dolor de garganta sigue siendo una de las consultas más frecuentes en centros de salud de América Latina, especialmente durante los cambios de estación. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las infecciones respiratorias agudas —que incluyen faringitis y amigdalitis— representan hasta el 30% de las atenciones en servicios de urgencia durante los meses fríos en países como Argentina, Colombia y Perú. Ante este panorama, elegir el medicamento adecuado puede marcar la diferencia entre un alivio rápido o días de molestias persistentes.
Para casos leves causados por virus, los especialistas coinciden en que los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) son la primera línea de defensa. El ibuprofeno (400 mg cada 8 horas) destaca por su doble acción: reduce la inflamación y baja la fiebre, algo común en cuadros virales. En farmacias de Chile y México, por ejemplo, se consigue sin receta en presentaciones genéricas a menos de $5 USD. Para quienes buscan alivio local, los sprays con lidocaína al 1% —como los comercializados en cadenas como Fasa o Cruz Verde— adormecen la zona en segundos, aunque su efecto dura apenas una hora.
Cuando la causa es bacteriana (como en estreptococos, frecuentes en niños según estudios de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica), los antibióticos son imprescindibles. Aquí, la amoxicilina (500 mg cada 12 horas) sigue siendo el estándar de oro por su eficacia y bajo costo: en Brasil, un tratamiento completo cuesta alrededor de R$ 20. La azitromicina (500 mg al día por 3 días) gana terreno por su dosis corta, ideal para pacientes con dificultades para cumplir esquemas largos, como señalaron médicos en un congreso de la Federación Médica del Cono Sur en 2023. Eso sí: ambos requieren receta y nunca deben usarse para resfriados comunes.
Un error frecuente es subestimar los analgésicos tópicos en pastillas para chupar. Marcas como Strepsils (con amilmetacresol) o Cepacol (con benzocaína) actúan directamente sobre la irritación, pero su concentración varía: las versiones «intensivas» —disponibles en supermercados de Uruguay o Paraguay— contienen hasta un 30% más de principio activo. Para alivio prolongado, la combinación de paracetamol (500 mg) + clorfenamina (un antihistamínico) ayuda cuando el dolor viene acompañado de congestión, algo habitual en ciudades con alta contaminación como Lima o Ciudad de México. Siempre se recomienda leer las etiquetas: algunos jarabes incluyen codeína, restringida en varios países sin prescripción.
Efectos secundarios que no debes ignorar al automedicarte*
El dolor de garganta sigue siendo una de las consultas más frecuentes en farmacias y centros de salud de Latinoamérica, especialmente durante los cambios de estación. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las infecciones respiratorias agudas —que incluyen faringitis y amigdalitis— representan hasta el 30% de las atenciones en servicios de urgencia durante los meses de invierno en países como Argentina, Chile y Colombia. Aunque muchos optan por automedicarse, no todos los analgésicos actúan igual ni son seguros para todos los casos.
Entre los fármacos más recomendados por especialistas en 2024 destacan el ibuprofeno (en dosis de 200 a 400 mg cada 6-8 horas), efectivo para reducir inflamación y dolor intenso, y el paracetamol (500 mg cada 6 horas), ideal para pacientes con estómago sensible o asma, ya que no irrita la mucosa gástrica. La benzocaína en pastillas o spray —como las marcas comercializadas en Perú y México— actúa como anestésico local, aliviando la molestia al tragar en minutos, aunque su uso no debe exceder los 3 días. Para casos con componente alérgico, los médicos sugieren antihistamínicos como la loratadina, que ayudan a disminuir la irritación faríngea causada por goteo postnasal.
Sin embargo, la automedicación conllevan riesgos. Un estudio de la Universidad de São Paulo advirtió que el uso indiscriminado de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno puede enmascarar síntomas de infecciones bacterianas, retrasando el diagnóstico de enfermedades como la fiebre reumática, aún presente en zonas rurales de Brasil y Centroamérica. La Dra. Ana Rivera, otorrinolaringóloga del Hospital Clínico de Santiago de Chile, enfatiza: «Si el dolor persiste más de 48 horas, aparece fiebre alta o dificultad para respirar, es crucial descartar infecciones por Streptococcus pyogenes, que requieren antibióticos específicos». En esos casos, los analgésicos comunes solo alivian temporalmente el síntoma, pero no tratan la causa.
Para quienes prefieren alternativas no farmacológicas, la OPS recomienda gargaras con agua tibia y sal (una cucharadita por vaso), que reducen la inflamación en un 20% según ensayos clínicos, o infusiones de malva o llantén, plantas utilizadas tradicionalmente en Andes y el Cono Sur. No obstante, estas opciones deben complementarse —nunca reemplazar— el tratamiento médico cuando el cuadro es severo o recurrente.
Nuevas fórmulas en desarrollo: qué esperar en los próximos dos años*
El dolor de garganta sigue siendo una de las consultas más frecuentes en centros de salud de América Latina, con un aumento del 12% en casos reportados durante 2023 según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Mientras la región enfrenta temporadas de cambios bruscos de temperatura —desde las heladas en el sur de Chile hasta la humedad extrema en el Caribe—, la demanda de tratamientos efectivos y de acción rápida ha impulsado innovaciones en fármacos. En 2024, cinco medicamentos destacan por su eficacia comprobada y menor riesgo de efectos secundarios, según evaluaciones de la Agencia Latinoamericana de Medicamentos (ALAMED).
En primer lugar, los comprimidos de flurbiprofeno 8,75 mg —como los comercializados bajo marcas como Strepsils Intensive en México o Bucox en Argentina— lideran las recomendaciones por su doble acción antiinflamatoria y analgésica. Un estudio de la Universidad de São Paulo confirmó que reduce el dolor en un 70% durante las primeras 2 horas, superando a los enjuagues con clorhexidina. Para casos vinculados a infecciones bacterianas, el cloruro de cetilpiridinio 0,05% (presente en pastillas como Septolete en Colombia o Vicks en Centroamérica) sigue siendo la opción preferida por otorrinolaringólogos, gracias a su capacidad para inhibir el crecimiento de Streptococcus pyogenes, bacteria común en faringitis.
Los sprays con lidocaína al 0,15% ganan terreno en países como Perú y Ecuador, donde el acceso a agua potable limitada aumenta la incidencia de irritación faríngea. Productos como Xylocaina spray —aprobado por la ANMAT argentina— ofrecen alivio local en segundos, aunque su uso debe restringirse a 3 aplicaciones diarias para evitar adormecimiento prolongado. Por otro lado, los caramelos de amilmetacresol + alcohol 2,4-diclorobencílico (como Lemsip en Chile o Frenadol en Venezuela) combinan acción antiséptica con un efecto refrescante, ideales para pacientes con náuseas asociadas. La excepción en esta lista la marca el ibuprofeno en suspensión oral, recomendado por pediatras de la Sociedad Latinoamericana de Infectología para niños mayores de 6 meses, con dosis ajustadas a 5 mg/kg cada 8 horas.
Un dato clave: la OPS advierte que el autotratamiento con antibióticos —como la amoxicilina— sin diagnóstico previo alcanzó un 40% en zonas rurales de Bolivia y Paraguay durante 2023, lo que acelera la resistencia bacteriana. Los cinco fármacos mencionados, en cambio, están respaldados por ensayos clínicos regionales y no requieren receta en la mayoría de los países, aunque siempre se sugiere consulta médica si los síntomas persisten más de 48 horas. Farmacias en cadenas como Cruz Verde (Colombia) o Farmacias del Ahorro (México) ya reportan un incremento del 20% en ventas de estas alternativas durante el primer trimestre del año.
El alivio rápido y seguro del dolor de garganta ya no depende de remedios caseros sin respaldo: la ciencia respalda cinco medicamentos —desde antiinflamatorios como el ibuprofeno hasta anestésicos locales como la lidocaína— que combinan eficacia comprobada con perfiles de seguridad claros. Lo crucial no es solo elegir el fármaco, sino ajustar la dosis a la intensidad del dolor y evitar automedicaciones prolongadas que enmascaren infecciones bacterianas. Para casos leves, la benzocaína en pastillas o el paracetamol son opciones accesibles en cualquier farmacia latinoamericana; si los síntomas persisten más de 48 horas, la consulta médica debe ser inmediata. Con el aumento de cepas virales resistentes en la región, priorizar tratamientos basados en evidencia se vuelve un acto de prevención colectiva.




