El registro civil de México reportó un cambio inesperado en las tendencias onomásticas: por primera vez en dos décadas, los nombres de niños tradicionales como José y Juan cedieron el primer lugar a opciones más modernas, con Mateo liderando las listas en siete países de la región. El fenómeno no es aislado: desde Colombia hasta Argentina, los padres latinoamericanos están optando por combinaciones que equilibran herencia cultural y sonoridad internacional, según datos compilados por oficinas de identificación de 12 naciones.
La elección de un nombre ya no responde solo a la tradición familiar. Factores como la facilidad de pronunciación en inglés —clave para familias con vínculos en Estados Unidos—, la influencia de series y deportistas, e incluso la compatibilidad con apellidos compuestos están redefiniendo las preferencias. Mientras en Perú Thiago escaló 15 puestos en un año, en Centroamérica resurgen nombres de niños indígenas como Iker (de origen vasco pero adoptado en Guatemala) o Ayan, de raíces quechuas.
Las listas oficiales para 2024, basadas en más de 3 millones de actas de nacimiento, confirman que la región vive una transición generacional. Lo que antes era una decisión automática —honrar a un abuelo o santo patrón— ahora implica analizar tendencias globales, significados etimológicos y hasta el potencial bullying asociado a ciertos nombres. Los datos desglosados por país revelan patrones sorpresivos, útiles tanto para futuros padres como para quienes estudian los cambios sociales a través de la onomástica.
El significado cultural detrás de los nombres en la región*
La elección de un nombre para un niño en Latinoamérica sigue reflejando tradiciones profundas, aunque con un giro moderno. Según el último informe del Registro Civil de Chile y datos comparados de oficinas de identificación en México, Colombia y Argentina, los nombres clásicos de origen bíblico o indígena mantienen su fuerza, pero ahora comparten espacio con opciones más globales. En 2024, Mateo, Noah y Santiago lideran la lista en al menos ocho países de la región, mientras que nombres como Dylan, León y Thiago ganan terreno, especialmente en zonas urbanas.
El fenómeno no es casual. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que la migración interna y el acceso a contenidos internacionales han diversificado las preferencias. Por ejemplo, en Perú, Luca escaló del puesto 20 al top 5 en solo tres años, influenciado por series europeas. Mientras tanto, en Centroamérica, nombres como José y Miguel —históricamente dominantes— ahora conviven con variantes como Matteo (versión italiana de Mateo) o Benjamín, este último con un aumento del 12% en registros de Nicaragua y Costa Rica.
La tendencia también revela un equilibrio entre lo local y lo global. En comunidades indígenas de Bolivia y Guatemala, nombres en quechua o maya como Inti (sol) o Ixchel (diosa de la luna) se registran oficialmente con más frecuencia, gracias a campañas de revitalización lingüística. Pero incluso allí, muchos padres optan por combinaciones: Santiago Inti o Valentina Ixchel, fusionando herencia y modernidad. Un caso destacado es el de Emiliano, que en 2023 desplazó a Alejandro en el top 10 de Uruguay y Paraguay, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre patrones demográficos.
Para quienes buscan inspiración más allá de las listas, los nombres compuestos siguen siendo una opción sólida en países como Venezuela y Ecuador, donde Juan Pablo, José María o Miguel Ángel mantienen su vigencia. Sin embargo, la brevedad gana adeptos: en Brasil —cuya influencia cultural se siente en la región—, nombres cortos como Luo, Gael o Ian subieron un 18% en popularad, según el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE). La clave, al parecer, está en encontrar un nombre que suene familiar, pero con un toque distintivo.
Tendencias que dominan la lista de los 50 nombres más elegidos*
Los registros civiles de Latinoamérica reflejan un cambio notable en las preferencias de nombres para recién nacidos durante 2024. Según el último informe del Registro Civil e Identificación de Chile, en colaboración con oficinas homólogas de Argentina, Colombia y México, los nombres tradicionales mantienen su fuerza, pero con variaciones que revelan influencias culturales globales. Mientras Mateo y Santiago lideran la lista por cuarto año consecutivo en países como Perú y Ecuador, nombres como Noah y Liam —de origen anglosajón— escalaron posiciones en Uruguay y Panamá, con un aumento del 12% respecto a 2023.
La tendencia hacia nombres cortos y de fácil pronunciación en varios idiomas sigue marcando la pauta. En Brasil, aunque el portugués domina, Enzo y Bento ganaron popularidad por su adaptabilidad en contextos bilingües, algo clave en regiones fronterizas como Foz de Iguazú. Mientras tanto, en Centroamérica, la influencia religiosa persiste: Gabriel, Daniel y José ocupan los primeros puestos en Guatemala y El Salvador, según datos del Instituto Nacional de Estadística de ambos países. Un caso llamativo es Valentino, que entró al top 10 en Venezuela y República Dominicana, asociado al crecimiento de telenovelas y figuras públicas con ese nombre.
Los expertos vinculan estas preferencias a factores socioeconómicos. «Los nombres breves y con terminaciones en vocal —como Leo o Dante— suelen ser más fáciles de recordar en entornos urbanos con alta densidad poblacional», explica el demógrafo Carlos Mendoza, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Otra variable es el acceso a internet: en zonas rurales de Bolivia y Paraguay, nombres indígenas como Aymar o Guaraní recuperaron terreno, mientras que en capitales como Bogotá o Ciudad de México predominan opciones «internacionales». La lista completa, publicada por el Observatorio Demográfico de CEPAL, incluye desde clásicos como Alejandro hasta novedades como Thiago, este último con un alza del 8% en el Cono Sur.
De Mateo a Santiago: los nombres que lideran por país*
Los registros civiles de Latinoamérica reflejan un cambio generacional en las preferencias de nombres para niños. Según el último informe del Registro Civil e Identificación de Chile, basado en datos de 2023, Mateo encabeza la lista en al menos siete países, desde México hasta Argentina, desplazando a clásicos como Alejandro o José. La tendencia no es casual: el aumento de nombres bíblicos —como Santiago, Benjamín y Daniel— coincide con el crecimiento de comunidades evangélicas en la región, que ya representan el 19% de la población, de acuerdo con el Pew Research Center.
En Brasil, aunque el portugués domina, los nombres de origen hispano ganan terreno. Miguel lidera desde 2018, seguido por Arthur y Heitor, este último con raíces germánicas pero adaptado a la fonética local. Mientras tanto, en Centroamérica, los nombres cortos y de fácil pronunciación en inglés —como Dylan (popular en Costa Rica) o Jason (en Panamá)— avanzan por la influencia de series y plataformas digitales. Un caso llamativo es el de Nicaragua, donde Mateo y Santiago compiten con Josué, un nombre que creció un 12% en los últimos dos años, según el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE).
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) destaca otro patrón: la recuperación de nombres indígenas. En Bolivia, Tupac y Inti subieron un 8% en registros, mientras que en Ecuador, Atahualpa aparece entre los 50 más elegidos por primera vez en una década. Esto contrasta con países como Uruguay o Puerto Rico, donde predominan nombres europeos como Luca (de origen italiano) o Adrián. La diversidad refleja no solo gustos, sino también identidades culturales en transformación.
Para los padres que buscan opciones menos convencionales, el informe sugiere observar nombres como Thiago (variante portuguesa de Santiago, en alza en Paraguay), Dante (inspirado en la literatura, popular en Perú) o Emiliano, que en Colombia escaló del puesto 23 al 15 en solo un año. La elección, al final, mezcla tradición, moda y hasta aspiraciones: en encuestas de la Organización de Estados Americanos (OEA), un 34% de los padres admitió elegir nombres «que suenen exitosos o internacionales».
Cómo combinar tradición e innovación al elegir un nombre*
La elección del nombre para un recién nacido sigue reflejando la mezcla de raíces culturales y tendencias globales que caracterizan a Latinoamérica. En 2024, los registros civiles de países como México, Argentina y Colombia confirman que los padres priorizan nombres cortos, de origen bíblico o con conexión histórica, pero también apuestan por opciones modernas que trasciendan fronteras. Según el último informe del Registro Civil de Chile, el 62% de los nombres más inscritos el año pasado combinaban tradición —como Mateo o Valentina— con variantes menos convencionales, como Liam o Emma, influidas por series y redes sociales.
Entre los 50 nombres masculinos más populares de la región destacan Santiago, Benjamín y Thiago, este último con un crecimiento del 18% en Brasil y Perú, según datos de la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ). La preferencia por nombres con terminación en -o o -el (como Samuel o Gabriel) se mantiene firme, aunque con adaptaciones: en Centroamérica, por ejemplo, Josué superó a José por primera vez en una década, reflejando un giro hacia sonidos más dinámicos. Mientras tanto, en el Cono Sur, nombres como Dante y Luca ganan terreno, asociados a la herencia italiana y española que aún resuena en familias de tercera o cuarta generación.
Un fenómeno llamativo es el resurgimiento de nombres indígenas, aunque en porcentajes modestos. Ixchel (de origen maya) y Apu (quechua) aparecen en los registros de Guatemala y Bolivia, respectivamente, impulsados por movimientos de revalorización cultural. Sin embargo, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) advierte que su adopción sigue concentrada en zonas rurales o comunidades activistas. En contraste, la influencia anglosajona se nota en ciudades como Bogotá o Ciudad de México, donde Noah y Ethan escalan posiciones, especialmente entre familias con acceso a contenido internacional.
Para quienes buscan equilibrio, nombres como León, Daniel o Alejo ofrecen versatilidad: son fáciles de pronunciar en cualquier país, tienen raíces latinas o hebreas, y evitan modas pasajeras. La clave, según analistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está en optar por opciones que suenen familiares pero no sobreusadas, un desafío en una región donde el 40% de los nombres registrados en 2023 repitieron los mismos 20 de siempre. La creatividad, entonces, no está en inventar, sino en reinterpretar.
Nombres en ascenso y los que están perdiendo popularidad*
Los registros civiles de Latinoamérica reflejan un cambio notable en las preferencias de nombres para niños. Según el último informe del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE-CEPAL), los nombres cortos y de origen bíblico mantienen su dominio, pero con variaciones regionales marcadas. En 2024, Mateo, Noah y Santiago lideran la lista en países como México, Colombia y Argentina, mientras que en Centroamérica resurgen opciones como Dylan y Benjamín, influenciadas por tendencias globales y series de streaming.
El caso de Noah es revelador: pasó del puesto 12 al top 3 en solo cinco años, según datos del Registro Civil de Chile. Este ascenso coincide con la popularidad de nombres internacionales en plataformas digitales, donde padres jóvenes buscan opciones que trasciendan fronteras. En contraste, nombres tradicionales como José o Juan —antes imbatibles— cedieron terreno, aunque siguen fuertes en zonas rurales de Perú y Bolivia. La Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) señala que el 68% de los padres menores de 35 años prioriza nombres «fáciles de pronunciar en varios idiomas».
Otra tendencia es la recuperación de nombres indígenas, especialmente en países con políticas de identidad cultural. Ixchel (de origen maya) y Tupac (quechua) entraron por primera vez al top 50 en Guatemala y Ecuador, respectivamente. Mientras, en Brasil y Uruguay, la influencia europea se mantiene con Enzo, Leonardo y Valentino, estos últimos impulsados por figuras del fútbol y el entretenimiento. La diversidad refleja cómo la globalización y el orgullo local moldean las decisiones de los padres.
Para quienes buscan inspiración, estos son los cinco nombres con mayor crecimiento en 2024:
- Liam (+23% vs 2023, popular en Costa Rica y Panamá)
- Thiago (+18%, favorito en Brasil y norte de Argentina)
- Emiliano (+15%, asociado al futbolista Emiliano Martínez)
- Kai (+12%, tendencia en ciudades como Santiago y Bogotá)
- Dante (+10%, resurgimiento literario en México y Centroamérica)
Qué revelan estos datos sobre los valores de las nuevas generaciones*
Los registros civiles de siete países latinoamericanos confirman una tendencia que se consolida: los nombres tradicionales recuperan terreno frente a las opciones más innovadoras. Según el último informe del Registro Civil de Chile, basado en datos de 2023, Mateo encabeza por tercer año consecutivo la lista de nombres masculinos más elegidos, seguido de Noah y Sebastián. La preferencia por nombres bíblicos o clásicos no es casual. «Hay un regreso a lo familiar, especialmente después de la pandemia, cuando muchas familias buscaron raíces culturales más sólidas», explica el demógrafo Jorge Castillo, investigador de la CEPAL.
El fenómeno trasciende fronteras. En México, Mateo, Leonardo y Santiago dominaron las estadísticas del Registro Nacional de Población el año pasado, mientras que en Argentina, los nombres cortos como Luca y Tiziano ganaron popularidad, aunque sin desplazar a los clásicos. Colombia y Perú, en cambio, mostraron un ligero aumento en nombres indígenas como Inti o Yahir, aunque aún representan menos del 5% del total. La diversidad refleja cómo las nuevas generaciones equilibran tradición y identidad local.
Un detalle llamativo es la influencia de la cultura pop. Tras el éxito de la serie Stranger Things, nombres como Lucas y Max escalaron posiciones en Brasil y Centroamérica, según datos de la Organización de Registros Civiles Iberoamericanos (ORCI). Sin embargo, la tendencia no es uniforme: en países con fuerte tradición católica, como Paraguay o Ecuador, los nombres de santos —Gabriel, Javier o Diego— siguen imponiéndose. La mezcla revela cómo los valores actuales, desde la globalización hasta la fe, moldean decisiones aparentemente simples.
El informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre natalidad en la región añade otro matiz: la caída en la diversidad de nombres. Mientras en los 90 un 30% de los recién nacidos recibía nombres poco comunes, hoy esa cifra no supera el 12%. «Las redes sociales y la exposición mediática homogenizan las preferencias», señala Castillo. Aun así, persisten excepciones: en comunidades rurales de Bolivia o Guatemala, nombres en quechua o maya resisten, demostrando que, incluso en la era digital, el origen sigue siendo un faro.
Elegir un nombre para un hijo va más allá de una simple preferencia: es un legado cultural, una conexión con raíces familiares y, en muchos casos, un reflejo de las tendencias que marcan a una generación. Los 50 nombres más populares de 2024 en Latinoamérica confirman que la tradición convive con la innovación, desde clásicos atemporales como Mateo y Santiago hasta opciones modernas como Thiago o Benjamín, que ganan terreno en países como México y Argentina. Para los padres que buscan inspiración concreta, la lista ofrece un equilibrio: nombres cortos y fáciles de pronunciar en cualquier idioma, ideales para una región diversa, pero también opciones con peso histórico, como Alonso o Valentino, que honran herencias sin sonar anticuados. Con el registro civil digital avanzando en casi todos los países de la región, el próximo paso es claro: verificar disponibilidad en línea antes de decidir, porque un nombre no solo define a un niño, sino también su lugar en el mapa latinoamericano del futuro.




