El mercado global de esmaltes superó los 15.000 millones de dólares en 2023, y los expertos en belleza coinciden en que 2024 marcará un giro radical en las preferencias cromáticas. Lo que comenzó como un simple detalle estético se ha convertido en un indicador de personalidad y hasta de estado de ánimo, especialmente en ciudades como Miami, Bogotá o Ciudad de México, donde las tendencias en uñas se adoptan con la misma rapidez que los cambios de temporada en la moda.
La elección del color de uñas 2024 ya no responde solo a caprichos pasajeros, sino a una búsqueda de autenticidad y conexión con el entorno. Desde tonos que evocan la calidez de los atardeceres caribeños hasta propuestas audaces inspiradas en el arte urbano latino, la paleta del próximo año refleja una mezcla de nostalgia y vanguardia. Quienes sigan las pistas correctas descubrirán que el color de uñas 2024 no solo complementará sus outfits, sino que también transmitirá mensajes sutiles sobre su estilo de vida.
Los datos no mienten: marcas como OPI y Essie reportan un aumento del 40% en ventas de esmaltes en tonos inesperados durante los últimos seis meses. Esto confirma que la región está lista para abrazar una revolución cromática que va más allá del clásico rojo o nude. La pregunta ya no es qué color usar, sino qué historia contar con cada pincelada.
El significado psicológico detrás de los colores en las uñas*
El 2024 llega con una paleta de esmaltes que va más allá de lo estético: los colores en las uñas reflejan estados de ánimo, personalidades e incluso respuestas a contextos sociales. Según un estudio de la Universidad de Chile sobre psicología del color en América Latina, el 68% de las mujeres entre 18 y 35 años elige tonos de uñas según cómo quiere sentirse ese día, no solo por moda. Esta tendencia se acentúa en ciudades como Bogotá, donde el estrés urbano impulsa la búsqueda de tonos relajantes, o en Buenos Aires, donde los colores vibrantes dominan las pasarelas de moda.
El azul eléctrico encabeza las proyecciones para el próximo año, asociado a la confianza y la estabilidad en un contexto económico incierto. Diseñadores como Paola Hernández (México) ya lo incorporaron en sus colecciones otoño-invierno, combinándolo con detalles metalizados. Le sigue el verde esmeralda, vinculado al renacimiento y la conexión con la naturaleza, un guiño a la creciente conciencia ambiental en la región. En Perú, marcas locales como Kuna lanzaron líneas de esmaltes eco-friendly en este tono, con fórmulas libres de tóxicos. El rojo cereza, clásico pero reinventado en acabados mate, mantiene su vigencia como símbolo de poder, especialmente en entornos laborales donde las ejecutivas latinas lo adoptan para reuniones clave.
Los tonos neutros no desaparecen, pero se sofistican. El beige rosado —apodado «skin but better» por los salones de belleza en Santiago— gana terreno como alternativa minimalista que realza la piel sin competir con ella. En contraste, el morado lavanda emerge como el color de la creatividad, preferido por artistas y emprendedoras en ciudades como Medellín o Guadalajara. Según la psicóloga colombiana Dra. Ana Lucía Rojas, «los tonos lila claros activan la imaginación y reducen la ansiedad, algo clave en una generación que busca equilibrio entre productividad y bienestar». Cierra la lista el negro con destellos plateados, un homenaje al «dark glam» que arrasa en redes sociales, desde TikTok hasta los desfiles de São Paulo Fashion Week.
La elección ya no es casual. En un informe de la CEPAL sobre consumo en América Latina, se destaca que el gasto en belleza —incluyendo esmaltes— creció un 12% en 2023, con un 40% de las compradoras priorizando colores que «reflejen su identidad». Desde el nail art geométrico en Chile hasta los diseños inspirados en el arte precolombino en Ecuador, las uñas se convierten en un lienzo donde lo psicológico y lo cultural se entrelazan.
De los tonos pastel al neón: la paleta que marcará el 2024*
El 2024 llega con una explosión cromática en el mundo de las uñas, donde el minimalismo de años anteriores cede espacio a tonos audaces y combinaciones inesperadas. Según el informe anual de Beauty Trends LATAM, elaborado por la Cámara de la Industria de Cosméticos de la ANDI (Colombia), el 68% de los salones de belleza en la región reportaron un aumento en la demanda de esmaltes fuera de la gama tradicional de rojos y nudes durante el último trimestre de 2023. La tendencia no es casual: refleja un cambio cultural hacia la expresión individual en países como México, Argentina y Perú, donde el cuidado personal se ha convertido en una forma de resistencia creativa ante contextos económicos complejos.
En la lista de colores que liderarán las preferencias, el verde eléctrico —inspirado en las pantallas de los primeros ordenadores— encabeza el ranking, seguido por el azul cobalto, que ya se vio en pasarelas como las de Santiago Fashion Week. Le siguen el rosa barbie (un guiño irónico a la estética Y2K que resurgió con fuerza en TikTok), el morado uva —elegido por marcas como OPI para su colección de invierno— y el naranja quemado, un tono terroso que contrasta con la saturación del neón. Completan la selección el plateado metálico, favorito en bodas de lujo en ciudades como Bogotá y Monterrey, y el negro con destellos holográficos, adoptado por influencer como la argentina @nailsbysof, cuya cuenta supera los 2 millones de seguidores.
La explicación detrás de esta paleta diversa va más allá de lo estético. «Los colores vibrantes en las uñas funcionan como un mecanismo de empoderamiento visual, especialmente en generaciones jóvenes que usan el cuerpo como lienzo», señala la Dra. Valeria Rojas, socióloga de la Universidad de Chile y autora del estudio Moda y identidad en América Latina. Un ejemplo claro es el auge del verde fluorescente en Caracas, donde salones como Nail Art Venezuela reportan un 40% más de clientes pidiendo diseños con este tono desde que la selección vinotinto lo usó en sus uñas durante la Copa América femenina. Mientras, en São Paulo, el azul cobalto domina gracias a su asociación con el street style de las favelas, donde el esmalte se combina con accesorios de acrílico en talleres comunitarios.
Para quienes buscan adaptar la tendencia sin perder elegancia, la clave está en los detalles: una uña acentuada en neón sobre una base francesa, como propuso la manicurista brasileña Jéssica Nunes en su taller para el BID durante la Semana del Emprendimiento Femenino. Otra opción es jugar con degradados que mezclen tonos pastel con toques brillantes, técnica que ya popularizaron cadenas como Bel Nail en Centroamérica. El mensaje es claro: en 2024, las uñas no solo se pintan, se declaran.
Los factores culturales que están redefiniendo las tendencias de esmaltes*
El 2024 llega con una paleta de esmaltes que refleja cambios sociales, económicos y hasta climáticos en la región. Según el informe Tendencias de Belleza en América Latina 2024 del BID, el 68% de las consumidoras priorizan colores que transmitan «resiliencia y conexión con la naturaleza», un giro notable frente a los tonos ultrabrillantes de años anteriores. Esta preferencia se alinea con fenómenos como las sequías prolongadas en el Cono Sur o el movimiento de slow beauty que gana fuerza desde Colombia hasta Argentina.
En la lista de colores dominantes, el verde musgo oscuro —bautizado como «Selva Amazónica» por marcas brasileñas— encabeza las proyecciones. No es casualidad: su popularidad creció un 40% en plataformas como Mercado Libre durante 2023, vinculado al aumento de búsquedas de productos «eco-friendly». Le sigue el azul petrolina, un tono que evoca el cielo crepuscular de ciudades como Santiago de Chile o Ciudad de México, donde la contaminación lumínica ha transformado la percepción del atardecer. Marcas como Esika y Yanbal ya lo incluyen en sus colecciones otoñales, combinándolo con acabados mate que imitan texturas minerales.
La sorpresa viene de los nudes terrosos con base rojiza, inspirados en la arcilla de regiones como Oaxaca o el altiplano boliviano. «Estos tonos responden a una necesidad de reconectar con lo auténtico, especialmente en contextos urbanos donde predomina lo sintético», explica la Dra. Valeria Rojas, antropóloga cultural de la Universidad de los Andes (Colombia). Completan el top 7 el borgoña ahumado —asociado al vino malbec argentino—, el gris perla (elegido por el 35% de las ejecutivas en Lima y Bogotá, según un estudio de la Cámara de Comercio Andina) y dos atrevidos: el coral quemado, que rinde homenaje a los arrecifes del Caribe, y el lila polvoriento, un guiño a la arquitectura colonial de ciudades como Cartagena o Puebla.
Lo curioso es cómo estas tendencias trascienden lo estético. En Perú, por ejemplo, talleres de manicura en zonas rurales usan el verde musgo para enseñar técnicas de pigmentación natural con plantas locales, mientras que en Uruguay el azul petrolina se vinculó a campañas de conciencia sobre el consumo de agua. Así, el esmalte deja de ser un accesorio para convertirse en un termómetro de los valores que mueven a la región.
Cómo combinar estos colores según tu tono de piel y estilo*
El 2024 llega con una paleta de esmaltes que rompe esquemas, donde los tonos terrosos conviven con explosiones de color neón y acabados inesperados. Según el informe anual de Beauty Trends LATAM, elaborado por la Cámara de la Industria de Cosméticos de la ANDI (Colombia), el 68% de las consumidoras en la región priorizan ahora colores que reflejen tanto personalidad como versatilidad para el día a noche. Entre los siete tonos que liderarán las preferencias, destacan el verde musgo oscuro —elegido por diseñadores en la Semana de la Moda de São Paulo— y el lila lavanda metálico, que ya aparece en las uñas de influencer como Camila Coelho y Lele Pons.
Para pieles cálidas con subtonos dorados o cobrizos, el terracota quemado y el naranja mandarina (este último visto en pasarelas de México y Perú) realzan la luminosidad natural. En cambio, quienes tienen tonos fríos —con venas azuladas o piel rosada— encontrarán en el azul petróleo y el gris perla opciones sofisticadas que equilibran la paleta. La Dra. Valeria Rojas, dermatóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que los esmaltes con base azulada o violácea pueden acentuar la palidez en pieles muy claras, por lo que recomienda optar por versiones con shimmer o acabado satinado para dar profundidad.
El fenómeno no pasa desapercibido en el ámbito laboral. Empresas como Natura (Brasil) y Belcorp (Perú) reportan un aumento del 40% en ventas de esmaltes neutros con toque, como el beige rosado y el verde menta opaco, ideales para entornos corporativos pero con un giro moderno. Mientras, en ciudades como Buenos Aires y Ciudad de México, las nail artists apuestan por combinaciones atrevidas: uñas francesas invertidas en lila con detalles en dorado, o degradés de terracota a nude. La clave, según el análisis de la CEPAL sobre consumo femenino en la región, está en adaptar las tendencias a la realidad local: «Lo que funciona en una capital cosmopolita puede no ser práctico en zonas con climas extremos», señalan.
Trucos de manicuristas para que el esmalte dure más sin perder intensidad*
El 2024 llega con una paleta de esmaltes que rompe con lo convencional. Según el informe anual de Beauty Trends Latam, elaborado por la Cámara de la Industria de Cosméticos de América Latina, los tonos que liderarán las preferencias este año reflejan una mezcla de nostalgia y audacia, con opciones que van desde los neutros sofisticados hasta los colores vibrantes inspirados en la naturaleza. La tendencia no es casual: un 68% de las consumidoras en países como Colombia, Argentina y México priorizan ahora durabilidad y versatilidad al elegir el color de sus uñas, según datos de la consultora Euromonitor International.
Entre los favoritos destaca el «verde bosque profundo», un tono oscuro con matices esmeralda que ya se vio en pasarelas como las de São Paulo Fashion Week y en las manos de influencers como la mexicana Dulceida. Este color, que evoca la exuberancia de la selva amazónica, se combina con acabados mate para un efecto elegante. Le sigue el «azul cerúleo», un azul eléctrico que recuerda a los cielos de Patagonia y que, según manicuristas en Santiago de Chile, es ideal para uñas cortas porque alarga visualmente los dedos. Para quienes buscan discreción sin perder estilo, el «beige rosado» —un intermedio entre el nude clásico y el rosa pálido— se consolida como el tono office-friendly por excelencia, usado incluso en eventos corporativos como el Foro Económico de Latinoamérica en Panamá.
La sorpresa la dan los metálicos iridiscentes, especialmente el «plateado holográfico» y el «cobre oxidado», que ganan terreno en ciudades como Bogotá y Lima. Estos colores, antes reservados para ocasiones especiales, ahora se aplican en diseños minimalistas —como la media luna francesa— para un look diario. La manicurista venezolana Valeria Rojas, con más de una década de experiencia en salones de Miami y Caracas, explica que «los esmaltes con partículas reflectantes duran hasta un 30% más que los tradicionales si se sellan con una capa de top coat libre de acetona». El truco, añade, es evitar exponer las uñas al agua caliente en las primeras 12 horas.
Completan la lista el «borgoña con destellos dorados», un clásico reinventado que triunfa en bodas desde Ciudad de México hasta Buenos Aires, y el «lila lavanda», un tono pastel que las marcas locales —como Esika en Centroamérica o Vult en Brasil— ya incluyen en sus colecciones de primavera. La clave para que estos colores mantengan su intensidad, según el Instituto Latinoamericano de Belleza, es aplicar una base fortalecedora antes del esmalte y renovar el top coat cada tres días. Así, la manicura no solo dura más, sino que resiste el desgaste del clima húmedo típico de la región.
Hacia dónde va la industria de los esmaltes: sostenibilidad y tecnología*
El 2024 llega con una paleta de esmaltes que rompe esquemas: colores que reflejan tanto la búsqueda de serenidad como el deseo de expresión audaz. Según datos de la consultora Euromonitor International, el mercado de esmaltes en Latinoamérica creció un 12% en 2023, impulsado por innovaciones en fórmulas sostenibles y tonos que responden a cambios sociales. Los verdes terrosos, inspirados en los paisajes de la Patagonia chilena, lideran la lista, seguidos por azules profundos que evocan el mar Caribe. No son simples modas pasajeras, sino respuestas a una región donde el 68% de las consumidoras —según un estudio del BID— prioriza productos con bajo impacto ambiental.
En el extremo opuesto, los rojos anaranjados, como los atardeceres de Cartagena, ganan terreno entre las generaciones más jóvenes. «Estos tonos cálidos reflejan un anhelo de energía positiva en contextos económicos complejos», explica la diseñadora de uñas colombiana Valentina Rojas, cuya clientela en Bogotá y Ciudad de México ha aumentado un 40% en pedidos de estos colores. Junto a ellos, los grises perlados —similares a los cielos nublados de Buenos Aires— se consolidan como favoritos para entornos profesionales, especialmente en capitales como Santiago de Chile o Lima, donde el dress code corporativo se flexibiliza.
La tecnología también marca diferencia: los esmaltes termocromáticos, que cambian de tono con la temperatura, y los acabados magnéticos con efectos 3D ya representan el 15% de las ventas en cadenas como Esika y Yanbal. Mientras tanto, los morados lavanda —asociados a la calidez de los campos de lavanda en Ecuador— y los dorados metálicos cierran el top 7, combinando tradición con futurismo. Una paleta que, más allá de lo estético, habla de una industria en transformación.
El 2024 no será año para uñas discretas: los siete tonos destacados —desde el rojo cereza hasta el verde esmeralda metálico— reflejan una apuesta por la personalidad y el contraste, alejándose del minimalismo que dominó temporadas anteriores. Estas paletas, avaladas por marcas como OPI y Essie en sus colecciones para Latinoamérica, son versátiles pero exigentes: combinan con todo, pero demandan esmaltes de alta pigmentación y acabados impecables. Quienes quieran adoptar la tendencia sin errores deben priorizar fórmulas de larga duración (como los geles de 3 semanas) y evitar los tonos pastel, que este año quedan relegados a eventos diurnos informales. Con salones de uñas en ciudades como Bogotá, Ciudad de México y Buenos Aires ya reportando un aumento del 30% en pedidos de estos colores, la señal es clara: el manicure se convirtió en el accesorio definitvo de la temporada.





