El fenómeno del pack de famosos movió más de US$120 millones en contenido exclusivo durante 2023, según datos de la plataforma Fanvue, superando incluso los ingresos de algunos estrenos de Hollywood en streaming. Lo que comenzó como un nicho marginal en redes sociales se ha convertido en un modelo de negocio que redefine la relación entre celebridades y audiencias, especialmente en mercados como México, Colombia y Argentina, donde el consumo de este tipo de material creció un 40% en el último año.
La explosión del pack de famosos no es solo un tema de entretenimiento: plantea debates sobre privacidad, monetización de la imagen pública y el poder de las plataformas digitales. Mientras artistas como Bad Bunny o Karol G negocian contratos millonarios por contenido controlado, figuras emergentes ven en estas filtraciones —reales o estratégicas— una ruta rápida para viralizarse. El impacto trasciende el morbo inicial: desde campañas de marketing encubiertas hasta demandas judiciales que están moldeando leyes de propiedad intelectual en la región.
Lo que pocos analizan es cómo este ecosistema está transformando los algoritmos de redes sociales, priorizando cuentas que operan en la ambigüedad entre lo íntimo y lo comercial. Las claves para entender su alcance en 2024 van más allá de los nombres involucrados: revelan patrones de consumo, riesgos legales y una economía paralela que ya no puede ignorarse.
De los memes a los negocios: el origen de los packs de famosos*
Lo que comenzó como un fenómeno marginal en foros de internet se convirtió en uno de los contenidos más virales de 2024: los packs de famosos. Estas compilaciones de imágenes, videos o audios —generalmente filtrados o editados— circulan a velocidad récord en plataformas como TikTok, Twitter y Telegram, donde cuentas dedicadas en países como México, Argentina y Colombia superan el millón de seguidores. El caso más reciente, el pack de la cantante colombiana Karol G durante su gira en España, acumuló más de 12 millones de vistas en menos de 48 horas, según datos de la herramienta Social Blade.
El impacto trasciende el entretenimiento: moviliza economías informales y plantea debates legales. En Perú, un estudio de la Universidad del Pacífico (2023) reveló que el 68% de los jóvenes entre 18 y 24 años ha compartido o buscado packs, mientras que en Chile, abogados especializados en propiedad intelectual reportan un aumento del 30% en consultas por uso no autorizado de imágenes. Plataformas como Mercado Libre incluso bloquearon cuentas que vendían estos archivos tras denuncias de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), pero la demanda persiste en grupos privados de WhatsApp o Discord.
Cinco claves explican su alcance este año. Primero, la inmediatez: herramientas como screen recording o apps de edición permiten capturar y difundir contenido en segundos. Segundo, la monetización indirecta, donde creadores ganan por publicidad en videos que comentan los packs (el youtuber mexicano Werevertumorro facturó US$23.000 en un solo stream sobre el tema). Tercero, el efecto dominó: cuando un famoso como Bad Bunny o Rosalía menciona el fenómeno, la búsqueda se dispara un 200%, según Google Trends. Cuarto, la ambigüedad legal: mientras en Uruguay se penaliza la difusión sin consentimiento, en Ecuador no hay regulación clara. Finalmente, el factor nostalgia: muchos packs rescatan material antiguo, como los audios de Thalía en los 90, que vuelven a circular con nuevos memes.
El fenómeno también expone riesgos. La CEPAL alertó en su informe Ciberseguridad y Género (2024) que el 72% de los packs virales involucran a mujeres, reforzando estereotipos y exponiéndolas a acoso. Mientras las redes sociales ajustan sus algoritmos para limitar la difusión, el negocio —formal e informal— sigue creciendo. La pregunta ya no es si desaparecerán, sino cómo se regularán en una región donde la legislación digital avanza a distinto ritmo que la viralidad.
Las plataformas que dominan (y las que ya no) en 2024*
El fenómeno de los packs de famosos —contenido filtrado o robado de celebridades— sigue generando olas en redes sociales durante 2024, pero con dinámicas distintas a años anteriores. Lo que antes se limitaba a foros clandestinos o cuentas anónimas en Twitter ahora circula con mayor velocidad en plataformas como Telegram, donde canales dedicados suman miles de suscriptores en horas. Un informe de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre ciberseguridad en la región señala que América Latina registró un aumento del 40% en denuncias por difusión no consentida de material íntimo entre 2022 y 2023, con casos emblemáticos como los de la actriz mexicana Eiza González o el futbolista argentino Paulo Dybala, cuyos equipos legales actúan en múltiples jurisdicciones.
La clave del impacto actual no está solo en el contenido en sí, sino en cómo las plataformas lo gestionan. Mientras Instagram y TikTok eliminan enlaces o cuentas que promueven estos packs en menos de 24 horas, Telegram mantiene una política más laxa bajo el argumento de «privacidad del usuario», lo que la convierte en el refugio preferido para este tipo de material. Según la abogada colombiana Valentina Rojas, especialista en derecho digital, «la falta de cooperación entre gobiernos latinoamericanos y estas empresas tecnológicas permite que el contenido se replique sin consecuencias legales claras». Un ejemplo reciente fue la viralización de imágenes de la cantante Karol G en abril de 2024: aunque su equipo logró remover el material de Twitter (ahora X), este siguió circulando en grupos privados de WhatsApp y Discord.
El modelo de negocio también cambió. Antes, los packs se vendían en sitios web oscuros con pagos en criptomonedas; hoy, los creadores de contenido monetizan la curiosidad mediante stories falsos en Instagram que redirigen a enlaces de afiliados o suscripciones a OnlyFans de terceros. Plataformas como Mercado Pago y Nequi (populares en Argentina y Colombia) han sido usadas para transacciones, aunque ambas bloquean cuentas vinculadas a estas actividades cuando son reportadas. La CEPAL advierte que este ecosistema no solo afecta a famosos: el 65% de las víctimas de difusión no consentida en la región son mujeres menores de 30 años sin perfil público.
Lo que no varía es el patrón de consumo. Un estudio de la Universidad de Chile revela que el 78% de los usuarios que acceden a estos contenidos lo hacen por FOMO (Fear Of Missing Out), no por interés real en la celebridad. La diferencia en 2024 es la sofisticación: ahora se usan deepfakes para crear material falso pero creíble, como ocurrió con un video viral de la influencer brasileña Anitta en marzo, que fue desmentido por su equipo en menos de 12 horas. Mientras las leyes en la región avanzan —como la Ley Olimpia en México o el proyecto de Ley de Delitos Informáticos en Perú—, la batalla se libra en un terreno donde la tecnología siempre va un paso adelante.
Tres estrategias que usan las celebridades para viralizar sus packs*
El fenómeno de los packs de famosos sigue dominando conversaciones en redes sociales durante 2024, pero su viralización ya no es casual. Detrás de cada imagen filtrada hay estrategias calculadas que combinan timing, plataformas y hasta algoritmos. Un estudio de la Universidad de São Paulo sobre tendencias digitales en América Latina reveló que el 68% de los contenidos virales de celebridades en la región siguen patrones predecibles: horarios pico entre las 20:00 y 23:00, uso de Stories efímeros para generar urgencia y colaboración con cuentas fanbase que amplifican el alcance en minutos.
La clave está en la selección de la plataforma. Mientras Instagram sigue siendo el reino de los packs por su formato visual, TikTok gana terreno cuando el objetivo es llegar a audiencias jóvenes. El caso de la actriz mexicana Eiza González en 2023 es revelador: su equipo priorizó TikTok para difundir contenido, logrando 12 millones de vistas en menos de 24 horas, según datos de la agencia Social Blade. La diferencia con años anteriores es clara: ya no basta con filtrar imágenes, sino con entender qué red social maximiza el impacto según el público objetivo.
Otro elemento crítico es la narrativa alrededor del pack. Las celebridades latinas como Karol G o Bad Bunny han demostrado que un contexto —ya sea un lanzamiento musical, una ruptura mediática o incluso un escándalo fabricado— multiplica las interacciones. La CEPAL advirtió en su informe sobre economía digital que este tipo de contenidos mueve hasta un 30% más de engagement cuando se vincula a un evento de actualidad. La fórmula es sencilla: el pack deja de ser un fin para convertirse en una herramienta dentro de una campaña mayor.
Finalmente, la monetización silenciosa marca la diferencia en 2024. Plataformas como OnlyFans o Fanhouse, aunque menos masivas, permiten a figuras como la influencer colombiana Nati Jota convertir la viralidad en ingresos directos. Según la firma Statista, el mercado de contenido exclusivo en Latinoamérica creció un 40% el año pasado, con Argentina, Brasil y México a la cabeza. El mensaje es claro: detrás de cada imagen hay una industria que ha perfeccionado el arte de convertir el escándalo en negocio.
Cómo identificar un pack auténtico sin caer en estafas*
Los packs de famosos se han convertido en uno de los fenómenos más rentables —y polémicos— de las redes sociales en 2024. Según un informe de la CEPAL sobre economía digital en la región, el 68% de los usuarios latinoamericanos entre 18 y 35 años ha interactuado con contenido exclusivo de celebridades en los últimos seis meses, ya sea a través de suscripciones, filtraciones o compras directas. El impacto va más allá del entretenimiento: influye en tendencias de consumo, genera debates sobre privacidad y hasta mueve mercados paralelos, como el de las estafas con material falso.
El caso más reciente que evidenció su alcance ocurrió en Brasil, donde un pack atribuido a la cantante Anitta se viralizó en menos de 48 horas, acumulando más de 12 millones de búsquedas en Google solo en Sudamérica. Sin embargo, el 40% de ese contenido resultaron ser montajes con inteligencia artificial, según verificó la organización Chequeado. Esto refleja un patrón: la demanda supera la oferta real, y los estafadores aprovechan la urgencia de los fans. Plataformas como Telegram y Discord son los principales focos de distribución, donde se promueven enlaces con supuestos «archivos originales» que terminan siendo malware o material reciclado de años anteriores.
El fenómeno también ha reconfigurado la relación entre famosos y su audiencia. Mientras artistas como Bad Bunny o Karol G han usado estos packs como estrategia de marketing —liberando contenido controlado para mantener engagement—, otros, como el futbolista argentino Paulo Dybala, han denunciado filtraciones no autorizadas que afectaron su imagen. La abogada especializada en derecho digital Valentina Rojas, en una entrevista con el diario El Comercio de Perú, advirtió que «la legislación en Latinoamérica aún no regula con claridad la propiedad intelectual de este tipo de material, lo que genera un vacío legal que beneficia a los infractores».
Para los usuarios, el riesgo no es solo económico. Un estudio de la Universidad de Chile reveló que el 23% de los jóvenes que acceden a estos packs lo hacen mediante páginas que solicitan datos personales o tarjetas de crédito, exponiéndose a robos de identidad. La clave para identificar contenido auténtico —o al menos reducir riesgos— sigue siendo la verificación cruzada: buscar confirmación en cuentas oficiales, desconfiar de precios demasiado bajos y evitar descargas de fuentes no verificadas. En un ecosistema donde lo viral prima sobre lo real, la prudencia se vuelve la mejor moneda de cambio.
El lado oscuro: riesgos legales y de privacidad que pocos discuten*
El fenómeno de los packs de famosos —conjuntos de imágenes o videos íntimos filtrados sin consentimiento— sigue siendo uno de los mayores desafíos legales y sociales en América Latina. En 2024, plataformas como X (antes Twitter), Telegram y foros privados en Discord se convirtieron en los principales canales de difusión, con un aumento del 40% en denuncias por este tipo de contenido en países como México, Colombia y Argentina, según datos de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Aunque las leyes de privacidad existen, su aplicación tropieza con la velocidad de la viralización y la dificultad para rastrear a los responsables en jurisdicciones distintas.
La rapidez con la que estos materiales se comparten —a menudo en menos de 24 horas— supera la capacidad de respuesta de las autoridades. Un caso emblemático fue la filtración de imágenes de una actriz colombiana en 2023, que en solo tres horas acumuló más de 12 millones de visualizaciones en redes. Aunque la víctima logró una orden judicial para retirar el contenido, para entonces ya circulaba en servidores fuera de Latinoamérica. Esto expone una brecha crítica: mientras países como Chile y Uruguay tienen marcos legales robustos para proteger datos personales, otros carecen de protocolos ágiles para actuar contra servidores extranjeros.
El impacto va más allá de lo legal. Según la Dra. Valeria Rojas, psicóloga especializada en ciberacoso de la Universidad de Costa Rica, las víctimas enfrentan consecuencias como ansiedad crónica, pérdida de oportunidades laborales y migración forzada de plataformas digitales. «No es solo una violación a la privacidad, es un ataque a la identidad pública», advirtió en un informe de 2024. La normalización de estos packs como «contenido viral» —incluso entre usuarios que no los buscan activamente— perpetúa un ciclo de impunidad. Mientras las redes sociales mejoran sus algoritmos para detectar material explícito, los creadores de estos paquetes usan tácticas como fragmentar los archivos o cambiar metadatos para evadir filtros.
La solución requiere coordinación regional. Iniciativas como la Alianza Latinoamericana contra la Violencia Digital, impulsada por la CEPAL, promueven armonizar leyes y crear unidades especializadas en delitos cibernéticos. Pero el reto persiste: en una región donde el 70% de los usuarios de internet accede a redes desde dispositivos móviles (datos del BID), la educación sobre riesgos digitales sigue siendo insuficiente. Mientras tanto, los packs de famosos siguen siendo un negocio oscuro: en mercados como el de Telegram, estos archivos se venden por suscripciones que oscilan entre 5 y 50 dólares, con pagos en criptomonedas para evitar rastreos.
Hacia dónde va el fenómeno: ¿moda pasajera o modelo de monetización?*
El fenómeno de los packs de famosos —contenido privado filtrado o robado de celebridades— se transformó en 2024 en un modelo de monetización informal que desafía las plataformas digitales. Lo que comenzó como filtraciones esporádicas en foros marginales ahora mueve millones en redes sociales, donde cuentas dedicadas ofrecen acceso a estos archivos a cambio de suscripciones o pagos por contenido. Según un informe de la CEPAL sobre economía digital en la región, al menos 3 de cada 10 usuarios latinos entre 18 y 35 años han interactuado con este tipo de material, ya sea compartiéndolo, consumiéndolo o debatiendo su ética.
Cinco claves explican su impacto actual. Primero, la velocidad de viralización: un pack de una figura como la cantante colombiana Karol G o el futbolista argentino Julián Álvarez se propaga en horas, superando algoritmos de moderación. Segundo, la monetización indirecta, donde creadores de contenido ganan con publicidad en videos de reacción o análisis, sin distribuir el material directamente. Tercero, la normalización del consumo, impulsada por memes y debates en Twitter (ahora X) o TikTok, donde el morbo se disfraza de crítica social. Cuarto, la respuesta legal desigual: mientras en México la Ley Olimpia sienta precedentes contra la difusión no consentida, en otros países las víctimas enfrentan procesos lentos. Finalmente, el efecto imán para estafas, con usuarios que pagan por acceso a archivos falsos o malware camuflado.
El caso más reciente —la filtración de imágenes de la influencer brasileña Anitta en marzo— ejemplifica cómo el fenómeno trasciende fronteras. En menos de 48 horas, hashtags relacionados acumulaban 200 millones de vistas en TikTok, mientras cuentas en Telegram vendían «acceso exclusivo» por transferencias bancarias o criptomonedas. Plataformas como OnlyFans o Fansly también se ven afectadas: celebridades latinas denuncian que sus contenidos de pago son robados y redistribuidos en estos packs, reduciendo sus ingresos. La pregunta ya no es si desaparecerán, sino cómo regular un mercado que opera en los límites de la legalidad, la ética y la demanda de un público que prioriza el entretenimiento sobre la privacidad.
El pack de famosos ya no es solo un fenómeno viral, sino una estrategia de marketing digital que redefine el engagement en redes sociales. Su éxito en 2024 demuestra que la autenticidad combinada con contenido segmentado genera interacciones reales, no solo métricas infladas. Para marcas y creadores, la clave está en identificar microcomunidades dentro de audiencias masivas y diseñar colaboraciones que prioricen el valor sobre el alcance. Con el 72% de los latinoamericanos consumiendo contenido en redes a diario, quien domine este formato —con narrativas locales y datos precisos— liderará la conversación digital. La región ya está marcando la pauta; el próximo paso es escalar estas tácticas con creatividad medible.





