El mercado global de pastillas para bajar de peso superó los 8.000 millones de dólares en 2023, con un crecimiento del 12% solo en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. El aumento refleja una realidad preocupante: mientras la obesidad afecta al 28% de los adultos en la región, la búsqueda de soluciones rápidas —a menudo sin supervisión médica— se dispara en farmacias, redes sociales y hasta en mercados informales.
Entre promesas de resultados «milagrosos» y advertencias de efectos secundarios graves, navegar el universo de las pastillas para bajar de peso exige información clara. Desde los fármacos aprobados por la FDA como el semaglútido —que ganó popularidad tras su uso en celebridades— hasta los suplementos sin regulación que inundan plataformas digitales, las opciones son tan variadas como los riesgos. Lo que pocos mencionan es que, incluso en los casos con respaldo científico, la eficacia depende de factores que van más allá de la pastilla: genética, hábitos alimenticios y acceso a seguimiento profesional.
La pregunta no es solo qué funciona, sino a qué costo. Mientras países como México y Colombia reportan un aumento en intoxicaciones por medicamentos no recetados, especialistas insisten en que la solución rara vez está en un frasco. Hay alternativas con evidencia sólida, pero requieren un cambio de enfoque.
Qué son las pastillas para bajar de peso y cómo funcionan*

Las pastillas para bajar de peso han ganado popularidad en América Latina, donde el 28,3% de la población adulta vive con obesidad, según datos de la FAO y la OPS de 2023. Estos fármacos actúan mediante mecanismos distintos: algunos suprimen el apetito (como la fentermina, aprobada en varios países de la región), otros reducen la absorción de grasas (orlistat) o alteran el metabolismo. Sin embargo, su eficacia varía según el caso. Un estudio de la Universidad de Chile reveló que, combinadas con dieta y ejercicio, pueden lograr una pérdida del 5 al 10% del peso corporal en seis meses, pero los resultados rara vez se mantienen sin cambios en el estilo de vida.
El riesgo asociado a estos medicamentos preocupa a las autoridades sanitarias. En 2022, Colombia retiró del mercado tres marcas de sibutramina por efectos secundarios graves, como hipertensión pulmonar. La ANMAT de Argentina y la COFEPRIS de México emiten alertas periódicas sobre productos no regulados que circulan en farmacias y redes sociales, muchos con componentes no declarados. Según la Dra. María González, endocrinóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires, «el uso indiscriminado de estos fármacos puede enmascarar problemas de tiroides o diabetes, comunes en la región, y agravarlos con el tiempo».
Para quienes buscan alternativas seguras, los programas de manejo de peso con enfoque multidisciplinario —como los impulsados por el Ministerio de Salud de Costa Rica o el Instituto Nacional de Nutrición de Venezuela— muestran resultados sostenibles. Estos incluyen seguimiento nutricional, actividad física adaptada y, en casos específicos, cirugía bariátrica. Otra opción son los suplementos naturales con respaldo científico, como la fibra de glucomanano, aunque su efecto es moderado (1 a 2 kg menos en tres meses). La clave, insisten los expertos, está en evitar soluciones rápidas y priorizar hábitos que la misma OPS promueve desde su Estrategia contra la Obesidad 2020-2025.
Eficacia real: estudios científicos y resultados comprobados en 2024*
Los fármacos para perder peso ganaron popularidad en Latinoamérica durante 2023, con un aumento del 40% en ventas en países como México, Colombia y Argentina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Sin embargo, su eficacia real sigue siendo objeto de debate. Estudios publicados en The New England Journal of Medicine en 2024 confirman que medicamentos como la semaglutida (comercializada como Wegovy) pueden reducir hasta un 15% del peso corporal en un año, pero solo cuando se combinan con cambios en la dieta y ejercicio. En ensayos realizados en Brasil y Chile, el 30% de los participantes recuperó el peso al suspender el tratamiento, lo que subraya su limitación como solución a largo plazo.
Los riesgos no son menores. La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (Anvisa) reportó en enero de 2024 un incremento en casos de pancreatitis y problemas renales vinculados al uso indiscriminado de estas pastillas, especialmente en pacientes que las adquirieron sin prescripción. Según la Dra. María González, endocrinóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires, «el problema no es el fármaco en sí, sino la automedicación y la falta de seguimiento médico. Muchos pacientes ignoran que estos medicamentos están diseñados para obesidad severa, no para perder cinco kilos antes del verano». En Perú y Ecuador, las autoridades sanitarias han decomisado en lo que va del año más de 12.000 unidades de pastillas para bajar de peso falsificadas, algunas con componentes como sibutramina, prohibida por sus efectos cardiovasculares.
Frente a este escenario, las alternativas no farmacológicas cobran relevancia. Programas como «Chile Elige Vivir Sano», impulsado por el gobierno chileno, demostraron que intervenciones basadas en educación nutricional y actividad física redujeron un 8% la obesidad en comunidades participantes en solo dos años. En Costa Rica, clínicas públicas ofrecen terapias de modificación conductual con resultados similares a los de los fármacos, pero sin efectos secundarios. La CEPAL destaca que, mientras una caja de pastillas para bajar de peso puede costar entre USD 200 y 500 al mes, los programas comunitarios de salud tienen un costo por paciente hasta 70% menor. La clave, según los expertos, no está en buscar atajos, sino en políticas que faciliten el acceso a alimentos saludables y espacios para el ejercicio.
5 riesgos graves asociados a los fármacos para adelgazar*

El consumo de pastillas para bajar de peso se disparó un 40% en América Latina entre 2020 y 2023, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Fármacos como la sibutramina —prohibida en Brasil y México por sus efectos cardiovasculares— o el orlistat —de venta libre en varios países— siguen siendo buscados a pesar de las advertencias. La promesa de resultados rápidos oculta riesgos que van desde daños hepáticos hasta dependencia psicológica, especialmente en regiones donde el 60% de la población tiene exceso de peso, como reporta la CEPAL.
En Colombia, las autoridades sanitarias retiraron del mercado 12 marcas de pastillas para adelgazar en 2023 tras detectar componentes no declarados como anfetaminas. Estos casos reflejan un patrón regional: la falta de regulación estricta en algunos países facilita la venta de productos sin supervisión. La Dra. Elena Rojas, endocrinóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que incluso los fármacos aprobados pueden causar «hipoglucemia severa o desequilibrios electrolíticos si se combinan con dietas extremas». El riesgo aumenta cuando se adquieren por internet, donde un estudio de la Universidad de Chile encontró que el 30% de los medicamentos ofrecidos eran falsificados.
Frente a los peligros, las alternativas seguras ganan terreno. Programas como «Chile Saludable» o la estrategia «Plato del Bien Comer» en México promueven cambios graduales: reducir azúcares añadidos, priorizar fibra y proteger las horas de sueño. En Argentina, clínicas especializadas reportan que pacientes que combinan actividad física moderada con acompañamiento nutricional logran perder entre un 5% y 10% de su peso en seis meses, sin efectos secundarios. La clave, según los expertos, está en evitar soluciones mágicas y enfocarse en hábitos sostenibles, incluso en contextos con acceso limitado a alimentos frescos.
Alternativas seguras avaladas por nutricionistas latinoamericanos*

Las pastillas para bajar de peso siguen siendo uno de los productos más publicitados en farmacias y redes sociales de la región, pero su eficacia real y los riesgos asociados generan debate entre especialistas. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de 2023 reveló que el 62% de los adultos en América Latina tiene sobrepeso u obesidad, lo que ha disparado la demanda de soluciones rápidas. Sin embargo, muchos de estos fármacos —como la sibutramina o el orlistat— requieren supervisión médica estricta, ya que pueden causar hipertensión, insomnio o deficiencias nutricionales si se usan sin control.
En países como México y Colombia, donde la venta de medicamentos sin receta es más laxa, las autoridades sanitarias han emitido alertas por el aumento de casos de intoxicación por pastillas para adelgazar. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) de México retiró del mercado 12 marcas en 2024 por contener ingredientes no declarados, como anfetaminas. Mientras tanto, en Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos (ANMAT) exige que estos productos lleven una advertencia visible: «Su uso sin prescripción puede ser peligroso».
Ante este escenario, nutricionistas latinoamericanos recomiendan alternativas basadas en evidencia científica. La Dra. Elena Rojas, presidenta de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición, destaca tres estrategias con resultados comprobados: dietas personalizadas (como el plato saludable de Harvard, adaptado a alimentos locales), ejercicio progresivo (caminar 8.000 pasos diarios reduce un 15% la grasa abdominal en 6 meses) y terapias conductuales para modificar hábitos. Programas públicos, como «Chile Crece Contigo» o «Estrategia Nacional contra la Obesidad» en Perú, han demostrado que cambios sostenibles —no pastillas— logran reducciones de peso del 5 al 10% en un año, sin efectos secundarios.
Guía práctica para elegir suplementos sin poner en riesgo la salud*

El mercado de pastillas para bajar de peso en Latinoamérica creció un 22% entre 2021 y 2023, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), impulsado por el aumento de la obesidad y la publicidad agresiva en redes sociales. Sin embargo, no todos los suplementos cumplen con los estándares de seguridad. En Colombia, la Invima retiró del mercado 15 marcas en 2023 por contener sibutramina —un fármaco prohibido por sus efectos cardiovasculares—, mientras que en México, la Cofepris alertó sobre productos adulterados con anfetaminas. La promesa de resultados rápidos oculta riesgos que van desde taquicardias hasta daño hepático.
La eficacia de estos productos varía drásticamente. Un estudio de la Universidad de Chile analizó 30 pastillas populares en la región y encontró que solo el 30% tenía evidencia científica sólida. Las que contienen glucomanano o extracto de té verde pueden ayudar a reducir el apetito, pero su efecto es moderado: entre 1 y 3 kilos menos en tres meses, siempre acompañadas de dieta y ejercicio. En cambio, fármacos como el orlistat —aprobado en varios países— bloquean la absorción de grasas, pero requieren supervisión médica por sus efectos secundarios (dolor abdominal, heces grasosas). La endocrinóloga argentina Dra. Laura Fernández advierte: «Ninguna pastilla reemplaza los cambios de hábitos; su uso indiscriminado puede enmascarar problemas como hipotiroidismo o resistencia a la insulina, comunes en la región».
Para quienes buscan alternativas seguras, la OPS recomienda priorizar estrategias con respaldo científico. En Perú, el programa «Vida Sana» del Ministerio de Salud promovió la combinación de actividad física con alimentos locales (quinoa, camote) y logró reducciones de peso sostenibles en el 65% de los participantes. Otra opción son los suplementos con certificación de la FDA o la EMA, como los probióticos Lactobacillus gasseri, que en estudios mostraron reducir la grasa visceral. Eso sí: incluso las alternativas naturales exigen precaución. En Brasil, Anvisa prohibió en 2024 tres marcas de «pastillas verdes» por contener altos niveles de cafeína no declarados, que provocaron crisis de ansiedad en consumidores.
Antes de comprar cualquier producto, es clave verificar su registro sanitario en las páginas oficiales de cada país (Invima, Cofepris, Anvisa, ISP Chile). Desconfiar de etiquetas con promesas como «pierda 10 kg en una semana» o que no incluyan contraindicaciones. En casos de obesidad o enfermedades metabólicas, la consulta con un nutricionista es imprescindible: en Uruguay, el 40% de los pacientes que acudieron a clínicas por complicaciones habían automedicado pastillas compradas en mercados informales o por internet, según un informe del BID de 2023.
Nuevas regulaciones y tendencias en el mercado de la pérdida de peso*

El mercado de pastillas para bajar de peso en Latinoamérica creció un 22% en 2023, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), impulsado por la búsqueda de soluciones rápidas en una región donde el 60% de la población tiene sobrepeso u obesidad. Sin embargo, la eficacia de estos fármacos varía drásticamente. Mientras medicamentos como la semaglutida (aprobada en México, Colombia y Argentina bajo receta) muestran una reducción del 15% del peso corporal en estudios clínicos, otros suplementos vendidos sin regulación —como los termogénicos con sinefrina— pueden causar taquicardia o daño hepático, advierte la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
El riesgo no es teórico. En 2022, las autoridades sanitarias de Chile retiraron del mercado tres marcas de pastillas por contener sibutramina, un principio activo prohibido desde 2010 por sus efectos cardiovasculares. En Brasil, la Agência Nacional de Vigilância Sanitária (ANVISA) emitió alertas sobre productos importados de Asia que promocionaban resultados «milagrosos» en redes sociales, pero incluían ingredientes no declarados. La Dra. Valeria Rojas, endocrinóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, señala que «el 70% de los pacientes que llegan con complicaciones por estos fármacos los compraron en farmacias en línea o mediante vendedores informales en WhatsApp».
Frente a los riesgos, las alternativas con respaldo científico ganan terreno. Programas como «Chile Saludable» o «Estrategia Nacional contra la Obesidad» en Perú priorizan cambios graduales: reducción de azúcares añadidos, actividad física adaptada y apoyo psicológico. Incluso en el ámbito farmacéutico, opciones como la metformina (usada originalmente para diabetes) muestran beneficios moderados en pérdida de peso cuando se combina con dieta, según un estudio de la Universidad de los Andes en Bogotá. La clave, subrayan los expertos, no está en la pastilla, sino en un enfoque integral que incluya seguimiento médico —especialmente en una región donde el acceso a nutricionistas aún es limitado en zonas rurales.
Las pastillas para bajar de peso siguen siendo una opción tentadora, pero su eficacia real rara vez justifica los riesgos: desde efectos secundarios graves hasta el temido rebote al suspenderlas. La evidencia es contundente — sin cambios en la alimentación y el movimiento, ningún fármaco garantiza resultados duraderos. Quienes buscan soluciones reales deben priorizar estrategias avaladas: combinar proteínas magras, fibra y grasas saludables en cada comida, sumar 7.000 a 10.000 pasos diarios y consultar a un nutricionista para ajustar calorías sin carencias. Con el aumento del 30% en cirugías bariátricas en la región el año pasado, queda claro que América Latina exige políticas públicas que promuevan hábitos — no atajos — para frenar la epidemia de obesidad.
