El dolor de garganta es la segunda causa más frecuente de consultas médicas en temporada de frío, según datos de la Organización Panamericana de la Salud, con más de 15 millones de casos registrados anualmente en América Latina. Aunque muchos recurren a remedios caseros, las pastillas para la garganta siguen siendo la solución más rápida para aliviar la irritación, especialmente en entornos urbanos donde la contaminación y el aire acondicionado agravan las molestias.

Sin embargo, no todas las pastillas actúan igual. Mientras algunas contienen anestésicos locales para adormecer el dolor, otras incluyen antiinflamatorios o antisépticos para combatir infecciones bacterianas. La elección incorrecta puede retrasar la recuperación o incluso empeorar los síntomas. Médicos especialistas en otorrinolaringología advierten que el uso indiscriminado de pastillas para la garganta —sin considerar la causa subyacente— es un error común que afecta a 4 de cada 10 pacientes. ¿Cuáles son las opciones más efectivas según la evidencia clínica y en qué casos están realmente indicadas? La respuesta depende de si el origen es viral, bacteriano o simplemente irritación por factores ambientales.

Por qué las pastillas para la garganta son más que un alivio temporal*

El dolor de garganta afecta a millones de personas en América Latina cada año, especialmente durante los cambios de estación o en ciudades con altos niveles de contaminación como Santiago de Chile, Ciudad de México o Bogotá. Aunque muchos recurren a remedios caseros como miel con limón, las pastillas para la garganta ofrecen alivio rápido con ingredientes activos que van más allá del efecto placebo. Según un estudio de la Universidad de São Paulo, el 68% de los casos de faringitis en la región se tratan primero con medicamentos de venta libre, entre ellos, estos comprimidos.

Los médicos recomiendan cinco opciones según el origen del malestar. Para irritaciones leves por resfriado o aire acondicionado, las pastillas con pectina (como las marcas Strepsils o Cepacol) forman una capa protectora en la mucosa. Cuando hay inflamación marcada, los comprimidos con flurbiprofeno —disponibles en farmacias de Argentina a Perú— reducen el dolor en 15 minutos gracias a su acción antiinflamatoria. En casos de infección bacteriana confirmada, los otorrinolaringólogos prescriben pastillas con clorhexidina o benzocaína, aunque estas últimas no deben usarse más de tres días seguidos por riesgo de entumecimiento prolongado.

La Dra. Valeria Rojas, infectóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que no todas las pastillas sirven para lo mismo: «Un error común es usar comprimidos con anestésicos locales para la tos seca, cuando en realidad empeoran la irritación al inhibir el reflejo de la tos que protege las vías respiratorias». En países con alta humedad como Costa Rica o Panamá, donde las infecciones fúngicas en la garganta son más frecuentes, los especialistas sugieren pastillas con miconazol, aunque siempre bajo supervisión médica. Lo clave es leer las etiquetas: las que contienen mentol o eucalipto solo enmascaran el dolor, pero no tratan la causa.

El mal uso también tiene consecuencias. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reveló que el 30% de los latinoamericanos excede la dosis recomendada de pastillas para la garganta, lo que puede generar resistencia a antisépticos o reacciones alérgicas. La recomendación es clara: si el dolor persiste más de 48 horas, aparece fiebre o dificultad para tragar, es señal de consultar a un profesional. Mientras tanto, combinar las pastillas con hidratación constante y evitar bebidas muy frías o calientes ayuda a potenciar su efecto sin riesgos.

Los 5 principios activos más recomendados por otorrinolaringólogos*

Las pastillas para la garganta siguen siendo una de las soluciones más buscadas en farmacias de América Latina, especialmente durante los cambios bruscos de temperatura que afectan desde Ciudad de México hasta Buenos Aires. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las infecciones respiratorias agudas —que incluyen faringitis y amigdalitis— representan hasta el 30% de las consultas en centros de salud de la región durante el invierno. Pero no todas las pastillas actúan igual, ni son necesarias en todos los casos.

Los otorrinolaringólogos recomiendan cinco principios activos según el origen del dolor. Para irritaciones leves por sequedad o exposición a contaminación —común en ciudades como Santiago de Chile o Lima—, los compuestos con amilmetacresol y alcohol 2,4-diclorobencílico (como Strepsils) alivian rápidamente gracias a su acción antiséptica local. Cuando el malestar proviene de una infección bacteriana confirmada, las pastillas con benzocaína (anestésico local) o flurbiprofeno (antiinflamatorio no esteroideo) son más efectivas, aunque este último requiere supervisión médica en pacientes con úlceras gástricas, advierte un informe de la Sociedad Latinoamericana de Otorrinolaringología.

En casos de afonía o tos seca persistente —frecuente en profesores, locutores o vendedores ambulantes—, los especialistas sugieren pastillas con miel y propóleo (como Propolmel) o clorhexidina, que reducen la inflamación de las cuerdas vocales sin efectos secundarios graves. «El error más común es automedicarse con antibióticos en pastillas cuando el 80% de las faringitis son virales», explicó la Dra. Ana Rivera, otorrinolaringóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, durante un congreso regional el año pasado. La excepción son las pastillas con lidocaína, reservadas para dolor intenso postoperatorio o aftas bucales severas, y que solo deben usarse bajo prescripción.

La clave está en identificar el síntoma dominante: si el ardor mejora al tragar, suele ser viral; si empeora, podría ser bacteriano. En países con alta humedad como Colombia o Ecuador, los médicos insisten en combinar las pastillas con hidratación constante y evitar el aire acondicionado directo. Para quienes prefieren opciones naturales, un estudio de la Universidad de Buenos Aires confirmó que chupar cubitos de hielo con infusión de manzanilla tres veces al día reduce la inflamación en un 40% durante las primeras 24 horas, aunque no reemplaza el tratamiento en infecciones avanzadas.

Dolor, irritación o infección: cómo elegir la pastilla correcta según el síntoma*

Elegir la pastilla adecuada para el dolor de garganta puede marcar la diferencia entre aliviar las molestias en horas o prolongar la incomodidad por días. En farmacias de ciudades como Bogotá, Santiago o Ciudad de México, los anaqueles suelen estar repletos de opciones, pero no todas sirven para lo mismo. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las infecciones respiratorias —que incluyen faringitis y amigdalitis— representan hasta el 30% de las consultas médicas en temporada de frío en América Latina, lo que explica la alta demanda de estos medicamentos.

Para casos de irritación leve por sequedad, exposición al aire acondicionado o cambios bruscos de temperatura, los especialistas recomiendan pastillas con miel y propóleo, como las marcas Propolmel o Apivita, populares en Argentina y Chile. Estos componentes forman una capa protectora en la mucosa y reducen la inflamación sin efectos secundarios relevantes. «Son ideales para profesores, locutores o personas que usan mucho la voz», explica un informe de la Sociedad Latinoamericana de Otorrinolaringología. Si el dolor viene acompañado de tos seca, las pastillas con mentol y eucalipto (como Halls o Vicks) ayudan a calmar la irritación, aunque su efecto dura menos de dos horas.

Cuando el dolor es intenso, con dificultad para tragar o fiebre baja, el problema suele ser una infección viral o bacteriana. Aquí, las pastillas con anestésicos locales (lidocaína o benzocaína) y antisépticos (clorhexidina o cetilpiridinio) son más efectivas. En Brasil y Perú, marcas como Cepacol o Strepsils (con amilmetacresol) son de las más recetadas, pero los médicos advierten: si los síntomas persisten más de 48 horas, es clave descartar faringitis estreptocócica con un cultivo. Para alergias estacionales —comunes en zonas como Montevideo o Quito—, las pastillas con antihistamínicos (como Clarityne Melt) reducen la picazón y la hinchazón sin causar somnolencia.

Un error frecuente es automedicarse con antibióticos en pastillas, como las que contienen bacitracina, sin diagnóstico previo. La OPS alerta que el uso indiscriminado de estos fármacos en países como Colombia o México ha aumentado la resistencia bacteriana en un 15% en la última década. Lo mismo ocurre con las pastillas que combinan antiinflamatorios (como ibuprofeno) y anestésicos: aunque alivian rápido, pueden enmascarar infecciones graves. La recomendación es clara: si el dolor de garganta viene con ganglios inflamados, manchas blancas en las amígdalas o fiebre alta, lo mejor es acudir a un centro de salud antes de probar cualquier tratamiento.

Mitos y errores que arruinan el efecto de las pastillas para la garganta*

Las pastillas para la garganta son uno de los remedios más buscados en farmacias de América Latina cuando llega el invierno o durante los cambios bruscos de temperatura típicos de ciudades como Bogotá, Santiago o Ciudad de México. Sin embargo, no todas funcionan igual ni sirven para cualquier tipo de molestia. Según un estudio de la Universidad de Chile sobre automedicación, el 62% de los latinos elige estos productos sin conocer su composición o el momento adecuado para usarlos, lo que puede reducir su eficacia.

Los otorrinolaringólogos recomiendan cinco opciones basadas en el origen del dolor. Para irritación por sequedad o exposición a contaminación —común en urbes como Lima o Monterrey—, las pastillas con miel y propóleo (como las marcas Propol-Mel o Naturalez) resultan efectivas por sus propiedades humectantes. Cuando el malestar proviene de infecciones virales leves, los comprimidos con clorhexidina o benzocaína (como Strepsils o Cépacol) alivian temporalmente, aunque no acortan la duración del resfriado. En casos de afonía por uso excesivo de la voz —frecuente en profesores o vendedores ambulantes—, los especialistas sugieren pastillas con isla moos (como Vocalzone), usadas incluso por coros sinfónicos en Argentina y Colombia.

El error más grave es confundir estos productos con antibióticos. «Las pastillas para la garganta no tratan infecciones bacterianas como la faringitis estreptocócica, que requiere penicilina», advierte el Dr. Javier Rojas, infectólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Costa Rica. Otro equívoco extendido es masticarlas en lugar de dejarlas disolver: esto reduce su contacto con la mucosa faríngea y, por tanto, su efecto. En países con alta humedad como Venezuela o Ecuador, donde los hongos en la garganta son más recurrentes, los otorrinolaringólogos prescriben pastillas con miconazol (como Daktarin), pero siempre bajo supervisión médica para evitar resistencias.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) recuerda que su uso prolongado —más de tres días— sin mejora justifica una consulta. En niños menores de 6 años, están contraindicadas por riesgo de asfixia, mientras que en adultos con diabetes deben preferirse las versiones sin azúcar. En farmacias de Perú y Bolivia, por ejemplo, ya se venden opciones con stevia para este grupo. La clave está en leer el prospecto: algunas contienen antiinflamatorios (como flurbiprofeno) que interactúan con medicamentos para presión arterial, comunes en la población mayor de 50 años en la región.

Alternativas naturales respaldadas por estudios: ¿cuándo funcionan y cuándo no?*

El dolor de garganta es uno de los motivos más frecuentes de consulta médica en América Latina, especialmente durante los cambios de estación o en ciudades con alta contaminación como Santiago de Chile, Bogotá o Ciudad de México. Aunque en la mayoría de los casos no requiere antibióticos, las pastillas para chupar pueden aliviar las molestias cuando se eligen correctamente. Según un estudio de la Universidad de São Paulo publicado en 2022, el 68% de los casos de faringitis en la región son virales, por lo que los tratamientos tópicos resultan más útiles que los medicamentos sistémicos en estas situaciones.

Los otorrinolaringólogos recomiendan cinco tipos de pastillas según el origen del dolor. Para la irritación leve por resfriados o exposición a aire acondicionado —común en oficinas de Buenos Aires o Lima—, las pastillas con miel y propóleo (como las marcas Propolis o Apivita) reducen la inflamación gracias a sus propiedades antibacterianas naturales. Cuando hay infección bacteriana confirmada, las que contienen clorhexidina o benzocaína (como Strepsils o Cepacol) actúan como antisépticos locales, aunque su uso no debe superar los tres días seguidos. La Dra. María González, especialista en infecciones respiratorias del Hospital das Clínicas de Brasil, advierte: «Estas pastillas no reemplazan los antibióticos si hay fiebre persistente o placas en las amígdalas, pero sí complementan el tratamiento en casos moderados».

En ambientes con humo de leña —típicos en zonas rurales de Guatemala o Bolivia— o en pacientes con reflujo gastroesofágico, las pastillas con lidocaína al 2% (disponibles en farmacias como Dorixina) calman el ardor inmediato, pero no tratan la causa subyacente. Para quienes prefieren opciones sin azúcar, las marcas Ricola o Halls ofrecen versiones con edulcorantes, ideales para diabéticos. Eso sí: ninguna pastilla debe usarse en niños menores de 6 años por riesgo de asfixia, según las guías de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La clave está en identificar el origen del dolor: si persiste más de 48 horas o viene acompañado de ganglios inflamados, la consulta médica sigue siendo imprescindible.

Nuevas fórmulas en desarrollo: qué podemos esperar en los próximos años*

El dolor de garganta sigue siendo una de las consultas más frecuentes en farmacias y centros de salud de América Latina, especialmente durante los cambios de estación. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las infecciones respiratorias agudas —que incluyen faringitis y amigdalitis— representan hasta el 30% de las atenciones en servicios de urgencia durante los meses más fríos en países como Argentina, Chile y Colombia. Ante este panorama, las pastillas para la garganta se han convertido en un aliado rápido, pero su uso adecuado marca la diferencia entre alivio temporal y complicaciones evitables.

Los médicos coinciden en que no todas las pastillas sirven para los mismos casos. Las de clorhexidina o benzocaína, como las marcas Strepsils o Cepacol, actúan como anestésicos locales y son útiles para el dolor intenso causado por inflamación o irritación, común en gripes o resfriados. En cambio, las que contienen flurbiprofeno (como las pastillas Strepfem) requieren receta en varios países de la región por su componente antiinflamatorio no esteroideo, ideal para casos de amigdalitis bacteriana confirmada. «En Perú y Ecuador, observamos un uso excesivo de pastillas con antibióticos como la gramicidina sin supervisión, lo que contribuye a la resistencia bacteriana», advirtió el Dr. Carlos Mendoza, infectólogo del Hospital Regional de Lambayeque, durante un seminario de la OPS en 2023.

Para quienes buscan opciones sin receta, las pastillas de miel y limón (como las de la marca Ricola) o las de propolis ofrecen alivio en gargantas irritadas por alergias o exposición a contaminantes, un problema recurrente en ciudades como Ciudad de México, Santiago de Chile o Bogotá. Eso sí: su efecto es paliativo. Si los síntomas persisten más de 48 horas —o aparecen fiebre alta y dificultad para tragar—, los especialistas insisten en descartar infecciones bacterianas que necesiten tratamiento con antibióticos orales. En Brasil, un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 60% de los pacientes que automedicaron pastillas para la garganta retrasaron consultas clave, agravando cuadros de faringitis estreptocócica.

La clave está en leer las etiquetas: algunas pastillas no son aptas para niños menores de 6 años (riesgo de asfixia) o para personas con hipertensión (por su contenido en mentol). En países como Uruguay y Costa Rica, donde el acceso a agua potable es alto, los otorrinolaringólogos recomiendan combinar las pastillas con hidratación constante y gargaras de agua tibia con sal. Una fórmula sencilla, pero que reduce la necesidad de fármacos en un 40%, según guías clínicas de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica.

Las pastillas para la garganta no son todas iguales: su efectividad depende del origen del dolor, ya sea irritación, infección bacteriana o inflamación por alergias. Mientras los medicamentos con lidocaína o flurbiprofeno alivian el dolor rápido en casos leves, los que contienen antibióticos como la gramicidina requieren prescripción y solo deben usarse ante infecciones confirmadas. Ante los primeros síntomas, lo más inteligente es optar por opciones sin receta con ingredientes como amilmetacresol o diclonina, y consultar al médico si el malestar persiste más de 48 horas. Con el aumento de casos de faringitis en ciudades como Bogotá y Santiago por cambios bruscos de temperatura, elegir bien el tratamiento puede marcar la diferencia entre un alivio inmediato y complicaciones evitables.