El 42% de las consultas a oftalmólogos en clínicas de América Latina durante el último año estuvieron relacionadas con molestias oculares menores que, aunque no suelen ser graves, afectan la calidad de vida. Entre ellas, la perrilla en el ojo —ese pequeño bulto rojizo o amarillento en el párpado— encabeza la lista, especialmente en zonas con alta exposición al sol, polvo o aire acondicionado. Lo preocupante no es su frecuencia, sino la tendencia a subestimarla: muchos la confunden con una simple irritación pasajera o recurren a remedios caseros sin consultar a un especialista, lo que puede agravar el cuadro.
La perrilla en el ojo, conocida técnicamente como chalazión o tercio, rara vez duele en sus etapas iniciales, pero su persistencia puede derivar en infecciones secundarias o incluso afectar la visión si no se trata adecuadamente. En ciudades como México D.F., Bogotá o Miami, donde la contaminación ambiental y el uso prolongado de pantallas son parte del día a día, los casos se disparan entre adultos de 25 a 50 años. La buena noticia es que, con un diagnóstico oportuno, los tratamientos van desde compresas tibias hasta procedimientos ambulatorios de menos de 15 minutos. Lo clave está en distinguir cuándo es un problema estético y cuándo requiere atención médica inmediata.
Qué es una perrilla en el ojo y cuándo preocuparse*

La perrilla en el ojo, conocida médicamente como pterigion, es un crecimiento benigno de tejido conjuntival que avanza hacia la córnea, generalmente en forma triangular. Aunque su causa exacta sigue en estudio, la exposición prolongada a los rayos ultravioletas (UV) y la sequedad ocular figuran entre los principales factores. En países como Chile, Perú y México, donde la radiación solar es intensa y las altitudes elevadas, los casos son más frecuentes: un estudio de la Universidad de Santiago de Chile reveló que hasta el 15% de la población en zonas rurales del norte presenta algún grado de pterigion antes de los 40 años.
Los síntomas iniciales suelen ser leves —enrojecimiento, sensación de cuerpo extraño o irritación—, pero cuando el crecimiento invade la córnea, puede distorsionar la visión. Según la Dra. María González, oftalmóloga del Hospital de Clínicas en Buenos Aires, «el riesgo aumenta en personas que trabajan al aire libre sin protección, como agricultores en el altiplano andino o pescadores en el Caribe». La sequedad crónica, común en ciudades con alta contaminación como Lima o Ciudad de México, también acelera su desarrollo.
El tratamiento varía según la gravedad. En fases tempranas, las lágrimas artificiales sin conservantes y los lubricantes oculares alivian la molestia. Si hay inflamación, los colirios con corticoides (bajo supervisión médica) reducen el enrojecimiento. Para casos avanzados, la cirugía es la opción: técnicas como el autoinjerto de conjuntiva —donde se trasplanta tejido del mismo paciente— tienen tasas de éxito superiores al 90%, según datos de la Sociedad Panamericana de Oftalmología. La prevención sigue siendo clave: usar gafas con filtro UV 400 y sombreros de ala ancha disminuye el riesgo hasta en un 60%, incluso en días nublados.
De infecciones a alergias: 5 causas comunes tras el problema*

La perrilla en el ojo, conocida médicamente como orzuelo, afecta a cerca del 20% de la población latinoamericana al menos una vez en la vida, según datos de la Sociedad Panamericana de Oftalmología. Este pequeño bulto rojo y doloroso en el párpado —similar a un grano— surge cuando las glándulas sebáceas se obstruyen o infectan, generalmente por bacterias como el Staphylococcus aureus. Aunque suele confundirse con el chalazión (otro tipo de inflamación), el orzuelo se distingue por su enrojecimiento localizado y la sensación de cuerpo extraño que provoca.
Entre las causas más frecuentes destacan la mala higiene —como frotarse los ojos con las manos sucias o dormir sin desmaquillarse—, el uso prolongado de lentes de contacto mal limpiados o el estrés crónico. Un estudio de la Universidad de São Paulo en 2022 reveló que en ciudades con alta contaminación, como Lima o Ciudad de México, los casos aumentan un 15% durante la temporada seca, cuando el polvo y los alérgenos irritan con mayor facilidad. También influyen condiciones previas: personas con blefaritis, diabetes o sistemas inmunitarios debilitados tienen mayor predisposición.
Los síntomas son claros: dolor punzante al parpadear, hinchazón que puede extenderse a todo el párpado e incluso lagrimeo excesivo o sensibilidad a la luz. Según la Dra. Elena Rojas, oftalmóloga del Hospital Clínico de Santiago de Chile, «el 90% de los orzuelos se resuelven solos en una semana con cuidados básicos, pero si persiste más de 10 días o afecta la visión, requiere evaluación profesional para descartar complicaciones».
Para aliviar las molestias, los especialistas recomiendan aplicar compresas tibias (nunca calientes) durante 10 minutos, tres veces al día, para ayudar a drenar la obstrucción. Evitar maquillaje y lentes de contacto hasta que desaparezca, y lavar los párpados con agua micelar o soluciones salinas estériles. En casos de infección bacteriana confirmada, se prescriben pomadas con antibióticos como eritromicina o ciprofloxacino. Si el orzuelo es recurrente, podría indicarse un análisis de sangre para descartar problemas metabólicos o deficiencias nutricionales.
Señales que no debes ignorar: síntomas según su gravedad*

La aparición de una perrilla en el ojo —ese pequeño bulto rojo o amarillento en el párpado— suele ser inofensiva, pero ignorar sus síntomas puede derivar en complicaciones como infecciones bacterianas o molestias crónicas. Según un estudio de la Universidad de São Paulo (2022), el 68% de los casos en Latinoamérica están vinculados a la obstrucción de las glándulas de Meibomio, aunque también pueden surgir por blefaritis, alergias o incluso el uso prolongado de lentes de contacto en condiciones de alta contaminación, como ocurre en ciudades como Lima, Bogotá o Ciudad de México.
Los síntomas más comunes incluyen enrojecimiento localizado, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo excesivo. Sin embargo, cuando el dolor se extiende más allá del párpado, aparece fiebre o la visión se nubla, podría tratarse de un orzuelo interno o una celulitis preseptal, advierte la Dra. Sofía Rojas, oftalmóloga del Hospital Clínico de Santiago de Chile. En niños, la perrilla suele confundirse con conjuntivitis, especialmente en épocas de alta polinización, como ocurre entre agosto y octubre en el Cono Sur.
El tratamiento varía según la causa. Para casos leves, los especialistas recomiendan:
1. Compresas tibias (con agua filtrada o hervida) durante 10 minutos, 3 veces al día, para desobstruir las glándulas.
2. Masajes suaves en el párpado con las yemas de los dedos, usando movimiento circular.
3. Higiene palpebral con toallitas oftálmicas o solución salina, evitando jabones comunes que resequen la zona.
4. En infecciones bacterianas, pomadas con antibióticos como eritromicina o ciprofloxacino, siempre bajo prescripción.
La automedicación con corticoides o remedios caseros —como aplicar ajo o té de manzanilla— puede agravar el cuadro, según alertas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Si la perrilla persiste más de una semana, crece rápidamente o sangra, la consulta con un oftalmólogo es imprescindible. En países con sistemas públicos robustos, como Costa Rica o Uruguay, estos casos suelen atendirse sin costo en centros de especialidades, mientras que en otras regiones, campañas de salud visual —como las impulsadas por el BID— ofrecen diagnósticos gratuitos en zonas rurales.
Tratamientos efectivos: desde remedios caseros hasta fármacos recetados*

La perrilla en el ojo, conocida médicamente como orzuelo, es una inflamación dolorosa que afecta a las glándulas de los párpados y que, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), representa cerca del 5% de las consultas oftalmológicas en centros de salud pública de América Latina. Aunque suele ser inofensiva, su aparición puede generar molestias significativas, como enrojecimiento, hinchazón e incluso secreción purulenta en casos avanzados. La causa principal suele ser una infección bacteriana —comúnmente por Staphylococcus aureus—, pero también puede desencadenarse por estrés, cambios hormonales o el uso prolongado de lentes de contacto sin la higiene adecuada, un problema frecuente en zonas urbanas con alta contaminación, como Ciudad de México o Santiago de Chile.
Los síntomas iniciales incluyen una protuberancia roja similar a un grano en el borde del párpado, sensibilidad al tacto y, en algunos casos, lagrimeo constante. Si no se trata a tiempo, puede evolucionar a un chalazión, un quiste más grande y persistente que requiere intervención médica. Según la Dra. Elena Rojas, oftalmóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, «el error más común es intentar reventar la perrilla, lo que empeora la infección y aumenta el riesgo de diseminación bacteriana». En su lugar, recomienda aplicar compresas tibias —nunca calientes— durante 10 minutos, tres veces al día, para favorecer el drenaje natural.
Para casos leves, los remedios caseros pueden ser efectivos: además de las compresas, la limpieza del párpado con una gasa humedecida en solución salina o infusión fría de manzanilla —usada tradicionalmente en países como Argentina y Perú— ayuda a reducir la inflamación. Sin embargo, si los síntomas persisten más de 48 horas o aparecen fiebre y visión borrosa, es crucial acudir a un especialista. Los tratamientos médicos incluyen pomadas antibióticas como eritromicina o gotas de ciprofloxacino, recetadas según la gravedad. En infecciones recurrentes, los oftalmólogos pueden sugerir análisis de sangre para descartar condiciones subyacentes, como diabetes o blefaritis crónica, comunes en poblaciones con acceso limitado a controles preventivos.
La prevención sigue siendo la mejor estrategia. Lavarse las manos antes de tocar los ojos, evitar compartir toallas o maquillaje y reemplazar los estuches de lentes de contacto cada tres meses —como recomienda la Sociedad Latinoamericana de Oftalmología Pediátrica— reduce el riesgo en un 70%. En regiones con climas secos, como el norte de Colombia o el altiplano boliviano, el uso de lágrimas artificiales sin conservantes también protege contra la irritación que facilita estas infecciones.
Lo que empeora una perrilla (y cómo evitarlo)*

Una perrilla en el ojo, conocida médicamente como terción o chalazión, es más que una molestia estética: puede convertirse en un problema persistente si no se trata adecuadamente. Según datos de la Sociedad Panamericana de Oftalmología, este tipo de inflamación en las glándulas de Meibomio —pequeñas estructuras ubicadas en los párpados— afecta a cerca del 5% de la población latinoamericana, con mayor incidencia en zonas con alta exposición al sol o contaminación, como Ciudad de México, Bogotá o Santiago de Chile. Aunque suele confundirse con un orzuelo por su apariencia de bulto rojo e hinchazón, su evolución es distinta: la perrilla no duele al tacto y crece de forma más lenta, pero puede cronificarse si se ignoran las señales.
Los síntomas iniciales incluyen enrojecimiento localizado, sensación de cuerpo extraño en el ojo y, en algunos casos, visión borrosa si el chalazión presiona la córnea. La Dra. Valeria Rojas, oftalmóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Costa Rica, advierte que «el error más común es intentar reventar la perrilla o aplicar calor excesivo en las primeras 48 horas, lo que empeora la inflamación». Otros hábitos que agravan el cuadro son frotarse los ojos con las manos sucias —especialmente en entornos urbanos con alta polución— y el uso prolongado de lentes de contacto sin la higiene adecuada. En países como Argentina y Perú, donde el uso de maquillaje es frecuente, los residuos de máscara de pestañas obstruyen aún más las glándulas, según estudios de la Organización Panamericana de la Salud.
El tratamiento varía según la etapa. En casos leves, los oftalmólogos recomiendan compresas tibias (nunca calientes) aplicadas durante 10 minutos, 3 veces al día, combinadas con masajes suaves en el párpado para drenar la glándula afectada. Si persiste, se recetan pomadas antibióticas como eritromicina o tetraciclina, o incluso inyecciones de corticoides en consultorios especializados. Para chalaziones grandes o recurrentes, la extirpación quirúrgica —un procedimiento ambulatorio de 15 minutos— es la opción más efectiva. La clave, subrayan los expertos, está en actuar rápido: «Una perrilla no tratada puede dejar cicatrices en el párpado o derivar en infecciones secundarias, como la blefaritis crónica», señala un informe de la Asociación Latinoamericana de Oftalmología Pediátrica. La prevención, por su parte, es sencilla: lavarse las manos antes de tocar los ojos, reemplazar el maquillaje cada 3 meses y usar gafas de sol con protección UV en exteriores.
Avances en oftalmología: ¿podría desaparecer este problema para siempre?*

La perrilla en el ojo, conocida médicamente como pingüécula o pterigion, es una alteración ocular común que afecta a millones de personas en América Latina, especialmente en zonas con alta exposición solar. Se trata de un crecimiento benigno de tejido en la conjuntiva, que puede variar desde una pequeña mancha amarillenta hasta una membrana que invade la córnea. Aunque no suele ser grave, su avance puede causar molestias como sequedad, enrojecimiento o sensación de cuerpo extraño.
Las causas principales están ligadas a factores ambientales. Según un estudio de la Universidad de São Paulo (2022), la exposición prolongada a los rayos UV —sin protección adecuada— es el desencadenante en el 87% de los casos en regiones tropicales. Esto explica su mayor prevalencia en países como México, Colombia y Perú, donde la radiación solar es intensa durante casi todo el año. Otros factores incluyen el polvo, el viento constante (común en zonas costeras de Chile o Argentina) y la sequedad ocular crónica, agravada por el uso de pantallas o el trabajo en exteriores sin gafas de sol con filtro UV.
Los síntomas más frecuentes incluyen irritación persistente, lagrimeo excesivo y, en etapas avanzadas, visión borrosa si el crecimiento afecta la córnea. La Dra. Elena Rojas, oftalmóloga del Hospital de Clínicas en Montevideo, advierte que «muchos pacientes confunden la perrilla con una simple irritación y retrasan la consulta, lo que puede complicar el tratamiento». Para casos leves, los especialistas recomiendan cuatro enfoques efectivos:
lágrimas artificiales para lubricar el ojo, geles con corticoides suaves (bajo supervisión médica), protección solar estricta con gafas de categoría 3 o superior, y suplementos de omega-3 para reducir la inflamación. Solo en situaciones donde el pterigion amenaza la visión o causa dolor intenso se considera la cirugía, con técnicas como el injerto de conjuntiva que reducen las recidivas.
La prevención sigue siendo la clave. En ciudades como Lima o Santiago, donde la contaminación y la radiación UV son altas, campañas de salud pública —como las impulsadas por la Organización Panamericana de la Salud— insisten en el uso de gafas desde la infancia y en evitar la automedicación con gotas no recetadas. Aunque no siempre es posible eliminar por completo una perrilla ya formada, estos hábitos pueden detener su progresión y evitar complicaciones a largo plazo.
Una perrilla en el ojo no es solo una molestia pasajera, sino un signo de que la córnea está bajo estrés por sequedad, infecciones o factores ambientales. Ignorarla puede derivar en complicaciones como úlceras corneales, pero con un diagnóstico temprano y los tratamientos adecuados —desde lágrimas artificiales hasta antibióticos tópicos— la recuperación suele ser rápida y sin secuelas. Ante los primeros síntomas, lo más efectivo es suspender el uso de lentes de contacto, evitar frotarse los ojos y consultar a un oftalmólogo en las siguientes 24 horas, especialmente en regiones con alta exposición al sol o contaminación como Ciudad de México, Lima o Santiago. Con el aumento de casos vinculados al uso prolongado de pantallas en la región, adoptar hábitos preventivos hoy puede marcar la diferencia entre una irritación leve y un problema crónico.





