Los perforaciones en la oreja dejaron de ser un simple accesorio estético para convertirse en un fenómeno cultural que mueve más de $12 mil millones anuales solo en América Latina y Estados Unidos, según datos de la Asociación Internacional de Perforadores Profesionales. Lo que antes se limitaba a un par de aretes en el lóbulo, ahora incluye desde helix y tragus hasta snug y daith, tendencias que dominan las búsquedas en redes sociales y consultas a dermatólogos.
Pero detrás de la moda hay riesgos que muchos subestiman. Mientras en ciudades como Miami o Ciudad de México proliferan estudios de piercing con estándares cuestionables, los casos de infecciones por Pseudomonas aeruginosa—una bacteria resistente a antibióticos—han aumentado un 30% en los últimos dos años, de acuerdo con reportes de la OPS. La elección del material, la técnica de perforación e incluso la ubicación en el pabellón auricular determinan no solo el resultado visual, sino complicaciones que pueden extenderse por meses.
Esta guía recopila desde los tipos de perforaciones en la oreja más demandados en 2024 hasta los protocolos de cuidado avalados por especialistas, sin omitir las señales de alarma que exigen atención médica inmediata. Porque lo que parece un procedimiento sencillo, en realidad implica decisiones que van desde lo estético hasta lo sanitario.
De los rituales ancestrales a la moda actual: historia de los piercings en las orejas*
Desde los rituales de las culturas precolombinas hasta las pasarelas de moda en Bogotá o Ciudad de México, los piercings en la oreja han trascendido épocas y fronteras. En 2024, el 68% de los jóvenes latinoamericanos entre 18 y 25 años lleva al menos una perforación, según un estudio de la Universidad de Chile sobre tendencias corporales. Pero más allá del estilo, elegir el tipo adecuado y mantenerlo exige precaución: las infecciones por malas prácticas representan el 12% de las consultas en dermatología en la región, advierte la Organización Panamericana de la Salud.
Los diseños varían según la zona de la oreja. El lóbulo sigue siendo el más popular por su bajo riesgo y rápida cicatrización (6 a 8 semanas). En cambio, perforaciones como el hélix (borde superior), el tragus (cartílago frente al conducto auditivo) o el daith (pliegue interno) requieren entre 6 y 12 meses de cuidado. En países como Argentina y Perú, crece la demanda de constellations —múltiples piercings que simulan constelaciones—, aunque su costo puede triplicar el de una perforación tradicional. La joyería también marca la diferencia: el acero quirúrgico o el titanio (hipoalergénicos) son esenciales para evitar rechazo, especialmente en climas húmedos como los del Caribe.
El proceso debe realizarse en estudios certificados, con agujas estériles y desechables. Según la Dra. María González, dermatóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, «el error más común es retirar el arete antes de tiempo o usar alcohol para limpiar, lo que reseca la piel y retrasan la cicatrización». La limpieza con solución salina dos veces al día y evitar tocar la zona con las manos son claves. En casos de enrojecimiento persistente o secreción, se recomienda acudir a un especialista: en 2023, la CEPAL reportó un aumento del 20% en complicaciones por automedicación con antibióticos en perforaciones infectadas.
Los riesgos no son solo físicos. En Colombia y México, algunos empleadores aún ven con recelo los piercings visibles en entornos formales, pese a que cortes como la CIDH han respaldado su uso como expresión cultural. Mientras tanto, el mercado sigue en expansión: ferias como la Body Art Expo en Santiago o la Ink & Piercing Show en Lima reúnen anualmente a miles de entusiastas. La clave, como en toda moda con raíces ancestrales, está en equilibrar tradición, salud y estilo.
Tipos de perforaciones en 2024: desde el lóbulo hasta el snug y el orbital*
Los piercings en la oreja siguen siendo la modificación corporal más popular en América Latina, con un crecimiento del 12% en consultas estéticas durante 2023, según datos de la Sociedad Latinoamericana de Dermatología. Aunque el clásico lóbulo sigue dominando, técnicas como el snug (en el pliegue del cartílago) o el orbital (con anillo circular) ganan terreno entre jóvenes de 18 a 30 años en ciudades como Bogotá, Ciudad de México y Santiago. La clave está en elegir un estudio certificado: en Perú, por ejemplo, el Ministerio de Salud exige que los locales cuenten con autoclave para esterilizar equipos, un estándar que aún no se aplica uniformemente en la región.
El cartílago exige precauciones distintas a las del lóbulo. Mientras un piercing tradicional cicatriza en 6 a 8 semanas, zonas como el helix o el tragus pueden tardar hasta 6 meses, advierte la Dra. Valeria Rojas, cirujana plástica miembro de la Federación Ibero-Latinoamericana de Cirugía Plástica. El error más frecuente —y que lleva al 30% de las infecciones reportadas en clínicas de Buenos Aires y Lima— es retirar el arete antes de tiempo o usar alcohol puro para limpiar, lo que reseca la piel. La solución: lavados con suero fisiológico dos veces al día y evitar tocar la zona con manos sucias, especialmente en épocas de alta humedad como el verano amazónico o el invierno chileno.
Los riesgos van más allá de la infección. En Brasil, un estudio de la Universidad de São Paulo vinculó el uso de metales no hipoalergénicos (como el níquel) con casos de dermatitis de contacto en el 15% de los usuarios. Por eso, en países como Colombia o Uruguay, los estudios serios ofrecen solo titanio grado 23 o acero quirúrgico 316L. Otro peligro menos conocido es la quelación, donde el cuerpo «encapsula» el piercing como cuerpo extraño; ocurre en 1 de cada 200 casos, según el Hospital Clínico de la Universidad de Chile. La recomendación es clara: si el área enrojece, duele al tacto o supura líquido amarillo después de tres días, hay que acudir a un dermatólogo —no a redes sociales en busca de remedios caseros.
Materiales, grosores y diseños: cómo elegir el piercing ideal según tu anatomía*
Elegir un piercing en la oreja ya no se limita a un simple arete en el lóbulo. En 2024, el 62% de los jóvenes entre 18 y 30 años en ciudades como Bogotá, Ciudad de México y Santiago de Chile optan por perforaciones en el hélix, el trago o el conch, según un estudio de la Universidad de Chile sobre tendencias de moda corporal. Sin embargo, no todos los diseños son aptos para cada anatomía. El grosor del cartílago, la ubicación de venas visibles o incluso la forma de la oreja pueden determinar qué tipo de piercing resultará más seguro y estético.
Los especialistas dividen las perforaciones en tres categorías según la zona: lóbulo (la parte blanda inferior), cartílago (hélix, anti-hélix, trago) y perforaciones internas (como el daith o el rook). Mientras el lóbulo cicatriza en 6 a 8 semanas, el cartílago puede tardar entre 6 meses y un año, advierte la Asociación Latinoamericana de Piercers Profesionales (ALPP). En países con climas húmedos como Costa Rica o Panamá, el riesgo de infecciones aumenta un 20% si no se siguen los cuidados básicos: limpieza con solución salina estéril dos veces al día y evitar tocar la zona con manos sucias.
El material también marca la diferencia. El acero quirúrgico (316L) y el titanio grado 23 son los más recomendados por dermatólogos, ya que minimizan reacciones alérgicas. En cambio, la plata o el acero de baja calidad —comunes en puestos callejeros de mercados como La Merced en México o Paloquemao en Colombia— pueden provocar irritación o migración del piercing. Un error frecuente es cambiar la joyería antes de que la perforación cicatrice: en Lima, el 30% de las consultas por complicaciones en clínicas de dermatología están relacionadas con este hábito, según datos de la Sociedad Peruana de Dermatología.
Los riesgos no son menores. Una perforación mal realizada puede derivar en queloides (cicatrices elevadas), especialmente en personas con piel más oscura, o incluso en parálisis facial temporal si se afecta un nervio, como ocurrió en un caso documentado en Buenos Aires en 2023. Por eso, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda acudir a estudios certificados, donde utilicen agujas estériles de un solo uso y cuenten con autoclave para esterilizar instrumentos. El precio varía: desde $15.000 COP en un local básico hasta $120.000 CLP en un estudio especializado, pero la seguridad no debería negociarse.
Cuidados esenciales en las primeras 6 semanas (y qué evitar a toda costa)*
Los piercings en la oreja siguen siendo una de las modificaciones corporales más populares en Latinoamérica, con un aumento del 18% en consultas dermatológicas relacionadas en los últimos dos años, según datos de la Sociedad Latinoamericana de Dermatología. Aunque el procedimiento parece sencillo, la elección del tipo de perforación y los cuidados posteriores marcan la diferencia entre una cicatrización exitosa y complicaciones como infecciones o queloides.
En 2024, los estilos más demandados en la región incluyen el helix (cartílago superior), el lobe (lóbulo) y el industrial (dos perforaciones conectadas por una barra), este último con mayor riesgo de rechazo en climas húmedos como los de Centroamérica y el Caribe. Los materiales también son clave: el titanio grado 23 y el acero quirúrgico 316L —certificados por normas internacionales— reducen las reacciones alérgicas, frecuentes en pieles sensibles. En ciudades como Bogotá o Santiago, donde la contaminación ambiental es alta, los expertos recomiendan evitar el oro de baja calidad, que puede oxidarse y oscurecer la herida.
El protocolo de cuidado en las primeras seis semanas no admite improvisaciones. Lavar con solución salina estéril dos veces al día, girar suavemente el arete para evitar que se adhiera al tejido y evitar piscinas, saunas o maquillaje en la zona son pasos no negociables. Según la Dra. María González, especialista en dermatología de la Universidad de Buenos Aires, «el 60% de las infecciones leves en piercings se deben a tocar la perforación con manos sucias o cambiar el arete antes de tiempo». En países como México o Perú, donde el uso de plata es tradicional, se advierte contra los aretes artesanales sin esterilización adecuada, vinculados a casos de tétanos en zonas rurales.
Los riesgos van más allá de la infección. Perforaciones mal realizadas —especialmente con pistolas en centros comerciales— pueden dañar nervios o generar asimetrías. En 2023, la Organización Panamericana de la Salud reportó un aumento de queloides en adolescentes de Ecuador y República Dominicana, asociado a la falta de seguimiento profesional. La regla es clara: acuda a estudios con licencias sanitarias vigentes, exija agujas desechables y descarte procedimientos si el local no muestra certificados de bioseguridad.
Complicaciones reales: infecciones, queloides y rechazo del cuerpo*
Los piercings en la oreja siguen siendo una de las modificaciones corporales más populares en América Latina, pero su práctica no está exenta de riesgos. Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de 2023, el 18% de las complicaciones por piercings en la región corresponden a infecciones bacterianas, especialmente en establecimientos sin regulación sanitaria. En países como Colombia y Argentina, donde el procedimiento se realiza incluso en centros comerciales, el uso de pistolas perforadoras —prohibidas en la Unión Europea por su imposibilidad de esterilizar completamente— sigue siendo común, lo que incrementa el riesgo de contagio de estafilococos o pseudomonas.
El rechazo del cuerpo y la formación de queloides son otros dos problemas frecuentes, aunque menos discutidos. Mientras el primero ocurre cuando el sistema inmunológico identifica el arete como un cuerpo extraño y genera tejido cicatricial para expulsarlo, los queloides —crecimientos exagerados de cicatriz— afectan entre un 5% y 15% de la población latinoamericana, con mayor incidencia en personas de ascendencia afrodescendiente. La Dra. Valeria Rojas, dermatóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que «la predisposición genética y la falta de cuidados post-perforación, como girar el arete con manos sucias o retirar el accesorios antes de los dos meses, agravan ambas condiciones».
Para minimizar riesgos, la Asociación Latinoamericana de Salud Pública (ALASP) recomienda optar por estudios profesionales que utilicen agujas estériles desechables y materiales hipoalergénicos como el titanio o el acero quirúrgico. En ciudades como Ciudad de México o Lima, donde la oferta de locales es amplia, se sugiere verificar que cuenten con certificaciones de la secretaría de salud local. Tras la perforación, evitar piscinas, el uso de audífonos intraaurales y productos con alcohol en las primeras semanas reduce las probabilidades de infección. La limpieza con solución salina dos veces al día sigue siendo el método más efectivo, según consensos médicos regionales.
Tendencias emergentes: piercings magnéticos, biodegradables y tecnología 3D en América Latina*
El mercado de los piercings en la oreja ha evolucionado más allá del clásico arete en el lóbulo. En 2024, el 38% de las perforaciones registradas en clínicas especializadas de ciudades como Bogotá, Ciudad de México y Buenos Aires corresponden a zonas como el helix, el tragus o el daith, según datos de la Asociación Latinoamericana de Modificación Corporal (ALAMC). La tendencia refleja una búsqueda de personalización, aunque con riesgos que van desde infecciones hasta rechazo del material si no se siguen protocolos adecuados.
Los materiales marcan la diferencia en durabilidad y seguridad. El acero quirúrgico 316L y el titanio grado 23 siguen siendo los más recomendados por dermatólogos, pero en los últimos dos años han ganado terreno opciones como los piercings de bioplástico (ideales para pieles sensibles) y los imanes decorativos (usados en eventos como el Carnaval de Barranquilla o la Feria de Cali, donde el cambio rápido de accesorios es clave). En Perú y Chile, algunas joyerías ya ofrecen piezas fabricadas con tecnología 3D en aleaciones hipoalergénicas, reduciendo el costo hasta un 40% frente a las importadas.
El cuidado post-perforación sigue siendo el punto crítico. Según la Dra. Valeria Rojas, cirujana plástica del Hospital Clínico de la Universidad de Costa Rica, «el 60% de las complicaciones en piercings se deben a limpieza incorrecta o manipulación prematura». La recomendación básica incluye lavar con solución salina estéril dos veces al día, evitar alcohol o peróxido (que resecan la piel) y no retirar el arete inicial antes de las 6 a 12 semanas, dependiendo de la zona. En casos de enrojecimiento persistente o secreción, los centros de salud públicos en países como Uruguay y Ecuador atienden estas consultas sin costo bajo programas de dermatología preventiva.
El riesgo no es solo físico: en 2023, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios de México (Cofepris) retiró del mercado 12 marcas de piercings por contener níquel en concentraciones superiores a lo permitido, un alérgeno común. Para evitar sorpresas, la ALAMC sugiere adquirir los accesorios en establecimientos certificados —como los afiliados a la Red Latinoamericana de Estudio de Tatuajes y Piercings (RELATPI)— y exigir el certificado de composición del material. Incluso en ferias artesanales, como las de Oaxaca o Cusco, algunos puestos ya exhiben estos documentos para ganar confianza.
Elegir un piercing en la oreja va más allá de la estética: es una decisión que exige conocer los materiales, la ubicación ideal según la anatomía y los protocolos de higiene para evitar infecciones. Los errores más comunes —como usar aretes de baja calidad o tocar la zona con manos sucias— se previenen con rutinas sencillas pero estrictas durante las primeras seis semanas. Antes de perforarse, lo inteligente es acudir a estudios profesionales con certificaciones visibles y descartar alergias al níquel o al titanio mediante una prueba cutánea. Con el auge de los micro piercings y las perforaciones en el hélix en ciudades como México DF y Bogotá, la tendencia en 2024 apunta a diseños minimalistas que exigen aún más precisión en el cuidado diario.





