En 2023, los podcasts generaron más de 1.800 millones de dólares en ingresos globales, con América Latina como uno de los mercados de mayor crecimiento, según datos de Statista. La cifra no sorprende si se considera que plataformas como Spotify y YouTube registran un aumento del 40% anual en consumo de audio bajo demanda en la región. Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno que ya forma parte de la rutina de millones, desde el trayecto al trabajo hasta las sesiones de ejercicio?
Un podcast —esa producción de audio digital que se distribuye por internet— ha dejado de ser un formato de nicho para convertirse en una herramienta clave de entretenimiento, educación y hasta activismo. Sin embargo, aunque el 72% de los hispanohablantes reconoce haber escuchado al menos uno, pocos comprenden realmente qué es un podcast más allá de «un programa de radio grabado» o cómo se financia su creación. La confusión persiste incluso cuando marcas como The New York Times o BBC Mundo apuestan por ellos para llegar a audiencias que prefieren consumir contenido mientras realizan otras actividades.
Lo cierto es que su éxito en 2024 no responde solo a la comodidad, sino a una combinación de tecnología accesible, diversidad de temas y un modelo que prioriza la voz auténtica sobre los algoritmos. Desde análisis políticos hasta cursos de cocina, el formato demuestra que el audio, lejos de ser un medio obsoleto, está redefiniendo cómo se cuenta una historia.
De la radio a la revolución digital: el origen de los podcasts*
El podcast se ha convertido en uno de los formatos de consumo audiovisual con mayor crecimiento en América Latina. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el 42% de los usuarios de internet en la región escuchó al menos un podcast en 2023, una cifra que supera el promedio global. Pero, ¿qué es exactamente un podcast? Se trata de un archivo de audio digital, generalmente en formato de serie, que los usuarios pueden descargar o transmitir bajo demanda. A diferencia de la radio tradicional, permite escuchar contenido específico en el momento que el oyente elija, sin ataduras a horarios fijos.
Su funcionamiento es sencillo: creadores de contenido —desde periodistas hasta emprendedores— graban episodios sobre temas variados, que van desde análisis políticos hasta cursos de cocina. Plataformas como Spotify, Apple Podcasts o Google Podcasts actúan como distribuidores, organizando los programas por categorías y recomendando contenido basado en los intereses del usuario. En países como Argentina, el podcast «El hilo», que explica noticias de la región, supera los dos millones de descargas mensuales, mientras que en Colombia, «Radio Ambulante» combina crónicas sonoras con historias humanas que trascienden fronteras.
El éxito actual responde a tres factores clave. Primero, la accesibilidad: basta un smartphone y conexión a internet para acceder a miles de opciones. Segundo, la diversidad de temas, que abarca desde finanzas personales —como el podcast chileno «Dinero y Felicidad»— hasta ciencia, con programas como «Cienciaes», producido en México. Finalmente, la flexibilidad: los episodios pueden durar desde cinco minutos hasta varias horas, adaptándose al ritmo de vida de los oyentes. Esta combinación ha logrado que marcas, medios tradicionales e incluso gobiernos —como el de Uruguay, con su podcast sobre políticas públicas— adopten el formato para llegar a audiencias más jóvenes.
Tres elementos que definen un podcast (y lo diferencian de un audio común)*
Un podcast no es simplemente un audio grabado. Es un formato que combina narrativa, periodicidad y conexión con la audiencia de manera única. Mientras un archivo de voz común puede ser un mensaje espontáneo o una grabación aislada, los podcasts se estructuran como series con episodios regulares, temáticas definidas y un estilo que invita a la fidelización. Según datos de Statista (2023), el 42% de los latinoamericanos entre 18 y 34 años escucha al menos un podcast por semana, una cifra que supera el crecimiento global en consumo de audio bajo demanda.
La clave está en su diseño. A diferencia de un programa de radio tradicional —que depende de horarios fijos y una parrilla de programación—, los podcasts permiten escuchar contenido específico en el momento que el usuario elija. Plataformas como Spotify o Apple Podcasts alojan desde producciones independientes hasta series de medios como Radio Ambulante (con enfoque en historias latinoamericanas) o Mamá, soy feminista, que aborda debates sociales con perspectiva regional. La flexibilidad es su mayor ventaja: se pueden pausar, reanudar o acelerar, adaptándose al ritmo de vida de la audiencia.
Pero lo que realmente los distingue es la intimidad que generan. Un podcast exitoso no solo informa o entretiene, sino que crea comunidad. Ejemplo claro es Caso 63, la ficción sonora chilena que se convirtió en fenómeno continental al mezclar suspenso con elementos culturales reconocibles para públicos de México a Argentina. La voz del narrador, los efectos de sonido y hasta los silencios estratégicos están pensados para mantener la atención en un entorno donde compiten con redes sociales y streams de video. La CEPAL destacó en 2023 cómo este formato ha democratizado el acceso a contenidos educativos en zonas rurales, donde la conexión a internet es limitada pero los datos móviles permiten descargar episodios.
El triunfo actual también responde a su bajo costo de producción comparado con otros medios. Con un micrófono de calidad media, un software de edición básico y una idea clara, cualquier persona o colectivo puede lanzar un podcast. Esto ha permitido que temas niche —como la gastronomía afroperuana en De la olla al micrófono o el análisis de políticas públicas en El hilo— encuentren su audiencia sin depender de grandes presupuestos. La monetización, aunque aún en desarrollo en la región, avanza con patrocinios locales y plataformas que comparten ingresos por publicidad, según informes del BID sobre economías creativas.
Formatos que dominan: entrevistas, narrativas y el auge del true crime*
El podcast se consolidó como uno de los formatos de audio más consumidos en América Latina, con un crecimiento del 32% en oyentes entre 2022 y 2024, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Se trata de programas de audio digitales, generalmente en formato de episodios, que los usuarios pueden escuchar bajo demanda a través de plataformas como Spotify, Apple Podcasts o Google Podcasts. A diferencia de la radio tradicional, ofrecen flexibilidad: se descargan para escucharlos sin conexión, se pausan y retoman según la conveniencia del oyente.
Su éxito radica en tres pilares: accesibilidad, diversidad de contenidos y bajo costo de producción. Mientras un capítulo de Radio Ambulante —producción ganadora del Premio Gabriel García Márquez— explora historias humanas en toda la región, otros como Morbido (México) o Caso 63 (Chile) demostraron que el true crime en español puede competir con producciones globales. La clave está en la especialización: hay podcasts sobre economía explicada para no expertos, como Dinero sin Filtro (Colombia), o incluso sobre agricultura sostenible, como La Raíz del Asunto (Argentina), lo que atrae a audiencias nicho que la televisión o la prensa escrita no siempre cubren.
Tecnológicamente, su funcionamiento es sencillo. Los creadores graban el audio —ya sea en un estudio profesional o con equipos básicos—, lo editan con programas como Audacity o Adobe Audition, y luego lo suben a servicios de alojamiento como Anchor o SoundCloud. Estas plataformas generan un feed RSS que distribuye automáticamente cada episodio a los directorios de podcasts. Para el oyente, basta con suscribirse desde su aplicación favorita para recibir notificaciones de nuevos lanzamientos. La interacción también cambió: muchos programas incorporan segmentos con preguntas de la audiencia vía redes sociales o correos de voz, creando comunidades en torno a temas específicos.
El modelo de negocio varía. Algunos sobrevivieron gracias al crowdfunding, como Lado B (Brasil), que financió temporadas enteras con aportes de oyentes. Otros atrajeron patrocinios de marcas regionales —desde bancos hasta servicios de streaming— al demostrar métricas claras: en 2023, el 68% de los latinoamericanos entre 18 y 34 años escuchó al menos un podcast al mes, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La publicidad integrada, donde los conductores mencionan productos de manera orgánica durante el programa, sigue siendo la fórmula más efectiva para monetizar sin romper la experiencia del usuario.
Cómo crear un podcast desde cero sin gastar una fortuna*
Un podcast es un programa de audio digital que se distribuye por internet, disponible para escucharse en cualquier momento. A diferencia de la radio tradicional, no requiere sintonizar una frecuencia en vivo ni ajustarse a horarios fijos. Los usuarios descargan episodios o los reproducen en plataformas como Spotify, Apple Podcasts o Google Podcasts, donde pueden suscribirse para recibir actualizaciones automáticas. El formato abarca desde entrevistas y debates hasta narrativas de ficción, pasando por cursos educativos o análisis de actualidad.
Su popularidad en América Latina crece a ritmo acelerado. Según un informe de 2023 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el consumo de podcasts en la región aumentó un 42% en los últimos dos años, con países como México, Argentina y Colombia a la cabeza. Programas como «Radio Ambulante» (producción narrativa con historias de toda Latinoamérica) o «Café con Noticias» (análisis político desde Centroamérica) demuestran cómo el formato se adapta a diversidad de temas y audiencias. La flexibilidad para consumir contenido mientras se realiza otra actividad —viajar, cocinar o hacer ejercicio— explica parte de su éxito.
Técnicamente, un podcast funciona mediante un archivo RSS (sindicación realmente simple), que actúa como un canal de distribución. Cuando se publica un nuevo episodio, el archivo se actualiza y las plataformas lo reflejan casi al instante. No se necesitan estudios profesionales para crearlo: con un micrófono de calidad media, software de edición gratuito como Audacity y un servicio de alojamiento (Anchor, SoundCloud o Buzzsprout), cualquier persona o empresa puede lanzar su propio programa. La clave está en la constancia y en ofrecer contenido valioso, ya sea entretenimiento, información especializada o comunidades de interés.
El modelo de negocio varía. Algunos podcasts sobreviven con publicidad integrada, otros mediante donaciones de oyentes (plataformas como Patreon son comunes) y un grupo creciente monetiza a través de contenidos exclusivos para suscriptores. En 2024, marcas latinoamericanas como Mercado Libre o Rappi ya invierten en publicidad en podcasts, atraídas por audiencias segmentadas. Mientras, iniciativas independientes —como «Contratiempo» (Perú), que explora la música latinoamericana— prueban que el formato también sirve para preservar cultura y generar debates regionales sin depender de grandes presupuestos.
Los errores que ahogan a un podcast en sus primeros episodios*
Un podcast es un formato de audio digital que permite a creadores y marcas compartir contenido con una audiencia global. A diferencia de la radio tradicional, los episodios se distribuyen bajo demanda a través de plataformas como Spotify, Apple Podcasts o Google Podcasts, donde los oyentes deciden cuándo y cómo escucharlos. Su popularidad en América Latina creció un 42% entre 2022 y 2024, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), impulsada por el aumento del acceso a internet móvil y la búsqueda de contenidos especializados.
La flexibilidad es su mayor ventaja. Mientras un programa de radio en Colombia o Argentina debe ajustarse a horarios fijos, un podcast sobre economía —como «Dinero y algo más» de Chile— puede publicarse semanalmente con episodios de 20 minutos o dos horas, según el tema. Los creadores usan micrófonos profesionales o incluso grabaciones desde un teléfono, editadas con herramientas como Audacity. La clave está en la constancia: el 78% de los podcasts que superan los 50 episodios logran monetización, ya sea por patrocinios o donaciones de oyentes, de acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El éxito no depende solo de la tecnología, sino de entender a la audiencia. En México, podcasts como «Mitos y leyendas» combinan narrativa oral con efectos de sonido para atrapar a los oyentes, mientras que en Perú, «Utero.pe» aborda temas de salud reproductiva con lenguaje claro y entrevistas a expertos. La interacción también marca la diferencia: muchos incluyen segmentos con preguntas de los oyentes o redes sociales, algo que la radio tradicional rara vez ofrece. Eso sí, el error más común —y que ahoga a los proyectos incipientes— es ignorar la calidad del audio o saturar los episodios con publicidad desde el principio.
Hacia dónde va el consumo de podcasts en la región según los datos*
Los podcasts dejaron de ser un nicho para convertirse en un fenómeno masivo en América Latina. Se trata de archivos de audio digitales, generalmente en formato de episodios, que los usuarios pueden descargar o escuchar en streaming desde plataformas como Spotify, Apple Podcasts o Google Podcasts. A diferencia de la radio tradicional, permiten consumir contenido bajo demanda, en cualquier momento y sobre temas que van desde el periodismo investigativo hasta el humor, pasando por cursos de idiomas o análisis económicos.
El éxito en la región no es casual. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicados en 2023, el consumo de podcasts en Latinoamérica creció un 45% en los últimos dos años, con países como México, Argentina y Colombia a la cabeza. Plataformas como Spotify reportan que el 60% de los oyentes en la región son menores de 35 años, atraídos por la flexibilidad del formato: se escuchan mientras se viaja en transporte público, se hace ejercicio o incluso durante las pausas laborales. Un ejemplo claro es el podcast peruano «La Encerrona», que mezcla crónicas periodísticas con sonidos ambientales, o el argentino «Postales Sonoras», que explora historias cotidianas con un enfoque narrativo.
La clave de su expansión radica en tres factores: accesibilidad, diversidad de contenidos y bajo costo de producción. Cualquier persona con un micrófono y una idea puede crear un podcast, algo que han aprovechado desde emprendedores hasta medios tradicionales. Emisoras como Radio Ambulante (con sede en Estados Unidos pero enfoque latinoamericano) o El Hilo (una colaboración entre Colombia, México y Puerto Rico) demuestran cómo el formato trasciende fronteras. Incluso instituciones educativas, como la Universidad de Chile o la FLACSO, lo utilizan para difundir investigaciones en formato accesible.
El modelo de negocio también evoluciona. Mientras algunos creadores monetizan a través de publicidad o plataformas como Patreon, otros reciben apoyo de organizaciones. La CEPAL destacó en 2024 que los podcasts se han convertido en una herramienta clave para llegar a poblaciones con limitado acceso a internet de alta velocidad, ya que los archivos de audio consumen menos datos que los videos. Esto explica su crecimiento en zonas rurales de Brasil o Centroamérica, donde proyectos como «Voces Indígenas» —una iniciativa guatemalteca— usan el formato para preservar lenguas originarias.
El podcast no es solo un formato de entretenimiento, sino una herramienta poderosa para aprender, conectar y hasta construir comunidades en una región donde el tiempo y el acceso a contenido de calidad suelen ser limitados. Su éxito en 2024 confirma que la audiencia latinoamericana valora la flexibilidad, la autenticidad y la profundidad que ofrece el audio bajo demanda, sin pantallas ni algoritmos que dicten qué consumir. Para quienes quieran sumarse —ya sea como oyentes o creadores—, el consejo es claro: empiecen con temas que dominen, usen plataformas gratuitas como Anchor o Spotify para distribuir, y prioricen la constancia sobre la perfección técnica. Con más de 200 millones de hispanohablantes conectados, el próximo gran podcast de la región podría estar a un micrófono de distancia.





