Cada año, más de 8 millones de mujeres en América Latina y Estados Unidos reciben un diagnóstico que muchas no esperaban: quistes en los ovarios. Lo alarmante no es solo la cifra —que sigue en aumento—, sino que cerca del 40% de los casos se detectan en etapas avanzadas, cuando los síntomas ya afectan la calidad de vida. Dolor pélvico persistente, ciclos menstruales impredecibles o incluso dificultades para concebir son señales que, con frecuencia, se normalizan o confunden con otras condiciones, retrasando la atención médica.
La realidad es que los quistes en los ovarios pueden aparecer en cualquier etapa reproductiva, desde la adolescencia hasta la menopausia, y aunque en muchos casos son benignos, ignorar sus síntomas lleva a complicaciones evitables. Ginecólogos de centros como el Hospital de Clínicas de Montevideo y la Clínica Mayo advierten que, mientras algunas mujeres nunca presentan molestias, otras requieren intervención urgente para prevenir rupturas o torsiones ováricas. Lo que pocas saben es que existen tratamientos efectivos —desde cambios hormonales hasta procedimientos mínimamente invasivos— que pueden marcar la diferencia entre una recuperación rápida y años de incomodidad. La clave está en reconocer las señales y actuar a tiempo.
Quistes ováricos: Qué son y cuándo preocuparse*

Los quistes ováricos afectan a entre el 8% y el 18% de las mujeres en edad reproductiva en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Aunque en la mayoría de los casos son asintomáticos y desaparecen sin tratamiento, su detección temprana evita complicaciones como la torsión ovárica o problemas de fertilidad. En países como Argentina y Colombia, los programas de salud pública incluyen ecografías ginecológicas anuales para mujeres mayores de 30 años, una medida que ha reducido un 20% los casos avanzados en la última década.
Los síntomas más frecuentes —dolor pélvico persistente, menstruaciones irregulares o sensación de pesadez abdominal— suelen confundirse con molestias digestivas o estrés. La Dra. Elena Rojas, ginecóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que «el dolor agudo acompañado de fiebre o vómitos requiere atención inmediata, ya que podría indicar una ruptura del quiste o una infección». En cambio, los quistes funcionales, vinculados al ciclo menstrual, rara vez necesitan intervención.
Las causas varían desde desequilibrios hormonales hasta endometriosis o síndrome de ovario poliquístico (SOP), este último con prevalencia creciente en la región. Para casos leves, los especialistas recomiendan tres enfoques: observación con ecografías cada 3 meses (si el quiste mide menos de 5 cm), anticonceptivos hormonales para regular el ciclo y reducir su formación, o laparoscopia cuando superan los 7 cm o generan síntomas graves. En Brasil, el Sistema Único de Salud (SUS) cubre estos tratamientos, mientras que en Perú y Ecuador organizaciones como Profamilia ofrecen consultas subsidiadas.
La prevención pasa por controles ginecológicos anuales y atención a cambios en el ciclo. Un estudio de la CEPAL en 2023 reveló que el 40% de las mujeres latinoamericanas posponen estas revisiones por falta de tiempo o recursos, lo que retarda diagnósticos. Mientras los quistes simples rara vez son peligrosos, los complejos —con tabiques o componentes sólidos— exigen biopsia para descartar tumores. La clave, subrayan los expertos, está en no normalizar el dolor pélvico intenso.
Señales que no debes ignorar: Síntomas más allá del dolor pélvico*

Los quistes ováricos afectan a entre el 8% y el 18% de las mujeres en edad reproductiva, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Aunque muchos son asintomáticos y desaparecen sin tratamiento, algunos requieren atención médica para evitar complicaciones como la torsión ovárica o la ruptura, que pueden derivar en emergencias quirúrgicas.
Los síntomas van más allá del dolor pélvico. La Dra. Valeria Rojas, ginecóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que señales como distensión abdominal persistente, micción frecuente sin infección urinaria, dolor durante las relaciones sexuales o ciclos menstruales irregulares —especialmente con sangrados abundantes— deben evaluarse. En casos avanzados, algunos quistes generan presión en el recto, causando estreñimiento crónico.
Las causas varían: desde desequilibrios hormonales (comunes en el síndrome de ovario poliquístico) hasta endometriosis o incluso infecciones pélvicas no tratadas. Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia reveló que en regiones con limitado acceso a anticonceptivos hormonales, como zonas rurales de Centroamérica, la incidencia de quistes funcionales aumenta hasta un 25% por ciclos anovulatorios recurrentes.
El tratamiento depende del tipo de quiste. Para los funcionales, los ginecólogos recomiendan observación con ecografías cada 3 meses y analgésicos comunes. Los quistes dermoides o endometriósicos suelen requerir laparoscopia, un procedimiento mínimamente invasivo con recuperación rápida. En casos de quistes recurrentes por desórdenes hormonales, píldoras anticonceptivas regulan el ciclo y reducen su formación. La OPS enfatiza que, en países con sistemas de salud fragmentados, como Perú o Bolivia, el diagnóstico temprano mediante campañas de ultrasonido móvil ha reducido complicaciones en un 40%.
De la genética a la alimentación: 5 causas que explican su aparición*

Los quistes ováricos afectan entre el 8% y el 18% de las mujeres en edad reproductiva, según datos de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FLASOG). Aunque en la mayoría de los casos son asintomáticos y desaparecen sin tratamiento, su presencia puede generar complicaciones cuando superan los 5 cm de diámetro o se rompen. En países como Argentina y Colombia, donde los controles ginecológicos anuales aún no alcanzan el 60% de cobertura, el diagnóstico suele darse en etapas avanzadas, cuando ya hay dolor pélvico persistente o irregularidades menstruales.
Las causas varían desde desequilibrios hormonales —como el exceso de estrógeno asociado al síndrome de ovario poliquístico— hasta factores genéticos y estilo de vida. Un estudio de la Universidad de Chile reveló que mujeres con antecedentes familiares de quistes tienen tres veces más probabilidades de desarrollarlos. La alimentación también juega un papel clave: dietas altas en grasas saturadas y azúcares refinados, comunes en la región, pueden alterar la función ovárica. Incluso la endometriosis, que afecta a 1 de cada 10 mujeres en Latinoamérica según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), suele generar quistes endometriósicos en los ovarios.
El tratamiento depende del tipo, tamaño y síntomas. Para quistes funcionales (los más frecuentes), los ginecólogos recomiendan un enfoque conservador: observación con ecografías cada 3 meses y analgésicos como el ibuprofeno para manejar molestias. Cuando hay quistes complejos o persistentes, la píldora anticonceptiva —como las de drospirenona— ayuda a regular el ciclo y reducir su reaparición. En casos graves, como los quistes dermoides o los que superan los 10 cm, la cirugía laparoscópica es la opción. «En el 90% de las intervenciones se preserva el ovario, evitando afectar la fertilidad», explica un protocolo quirúrgico del Hospital das Clínicas de São Paulo.
La prevención pasa por controles regulares, especialmente en mujeres con ciclos irregulares o dolor pélvico recurrente. En países con sistemas de salud fragmentados, como Perú o Ecuador, organizaciones como Profamilia ofrecen campañas de detección temprana con ecografías a bajo costo. Pequeños cambios, como reducir el consumo de ultraprocesados y mantener un índice de masa corporal saludable, también disminuyen el riesgo. La clave está en no normalizar síntomas como la hinchazón abdominal o el sangrado fuera del período, señalan los especialistas.
Tratamientos avalados por ginecólogos: Desde medicamentos hasta cirugía*

Los quistes ováricos afectan a entre el 8% y el 18% de las mujeres en edad reproductiva, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Aunque en la mayoría de los casos son asintomáticos y desaparecen sin intervención, algunos requieren atención médica para evitar complicaciones como la torsión ovárica o la ruptura del quiste. En países como México y Colombia, donde el acceso a ecografías transvaginales ha aumentado en la última década, el diagnóstico temprano ha reducido los casos de emergencias ginecológicas relacionadas.
Los síntomas más comunes incluyen dolor pélvico persistente, sensación de pesadez en la parte baja del abdomen, ciclos menstruales irregulares y, en casos avanzados, dificultad para embarazarse. La Dra. Valeria Rojas, ginecóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que «el dolor agudo acompañado de fiebre o vómitos puede indicar una complicación grave, como la ruptura de un quiste hemorrágico, y requiere atención inmediata». Factores como el síndrome de ovario poliquístico (presente en el 6% al 10% de las mujeres latinoamericanas) o el uso prolongado de medicamentos para la fertilidad incrementan el riesgo de desarrollo.
El tratamiento depende del tipo de quiste, su tamaño y los síntomas. Para quistes funcionales —los más frecuentes—, los ginecólogos suelen recomendar un enfoque expectante con controles ecográficos cada 2 a 3 meses. Cuando hay dolor o quistes persistentes, los antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno) y los anticonceptivos hormonales (píldoras, parches o DIU) ayudan a regular el ciclo y prevenir nuevos quistes. En casos complejos, como los teratomas o quistes endometriósicos mayores a 5 cm, la laparoscopia —un procedimiento mínimamente invasivo— es la opción más efectiva. En hospitales públicos de Argentina y Perú, programas como el Plan Nacional de Salud Sexual cubren estos tratamientos para pacientes sin seguro privado.
La prevención pasa por controles ginecológicos anuales, especialmente para mujeres con antecedentes familiares de quistes o cáncer de ovario. Evitar el tabaquismo y mantener un índice de masa corporal saludable también reducen el riesgo, según estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En casos de quistes recurrentes, algunos especialistas sugieren evaluar cambios en la dieta, como reducir el consumo de lácteos enteros y azúcares refinados, aunque la evidencia científica sobre este punto aún es limitada.
Hábitos que ayudan (y perjudican) la prevención de quistes ováricos*

Los quistes ováricos afectan a entre el 8% y el 18% de las mujeres en edad reproductiva en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Aunque en la mayoría de los casos son asintomáticos y desaparecen sin tratamiento, su detección temprana evita complicaciones como la torsión ovárica o la ruptura, que pueden derivar en emergencias médicas. En países como Argentina y Colombia, donde los controles ginecológicos anuales aún no alcanzan el 60% de cobertura en zonas rurales, el diagnóstico suele retrasarse hasta que los síntomas —dolor pélvico intenso, irregularidades menstruales o presión abdominal— se vuelven evidentes.
Las causas varían desde desequilibrios hormonales hasta condiciones como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), que en México representa el 10% de los casos de infertilidad femenina, de acuerdo con estudios de la Universidad Nacional Autónoma (UNAM). Factores como la obesidad, el tabaquismo o el uso prolongado de fármacos para la fertilidad también incrementan el riesgo. La Dra. Elena Rojas, ginecóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que «las dietas altas en grasas saturadas y el sedentarismo, comunes en ciudades como Santiago o Lima, alteran el metabolismo hormonal y favorecen la formación de quistes funcionales».
El tratamiento depende del tipo, tamaño y síntomas. Para quistes simples menores a 5 cm, los especialistas recomiendan observación con ecografías cada 3 a 6 meses y analgésicos comunes como el ibuprofeno para manejar el dolor. Cuando persisten o crecen, los anticonceptivos hormonales (píldoras, parches o DIU) regulan el ciclo y reducen su aparición en un 70%, según protocolos de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FLASOG). En casos graves —quistes complejos, hemorrágicos o sospecha de cáncer—, la cirugía laparoscópica es la opción más efectiva, con recuperaciones que no superan los 7 días en centros como el Instituto Nacional de Cancerología de Bogotá o el Hospital de Clínicas de Montevideo.
La prevención pasa por hábitos concretos: mantener un índice de masa corporal menor a 25, limitar el consumo de ultraprocesados y realizar actividad física al menos 150 minutos por semana, como recomienda la OPS. En Brasil, programas públicos como el «SUS Mulher» han reducido un 20% los casos graves gracias a campañas de detección temprana en unidades básicas de salud. La clave, insisten los expertos, es no normalizar el dolor pélvico intenso ni atribuirlo al estrés, especialmente en mujeres mayores de 40 años, donde el riesgo de tumores malignos aumenta.
Avances médicos: Hacia un diagnóstico más temprano y menos invasivo*

Los quistes ováricos afectan a entre el 8 y 18% de las mujeres en edad reproductiva en América Latina, según datos de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FLASOG). Aunque en la mayoría de los casos son asintomáticos y desaparecen sin tratamiento, su detección temprana evita complicaciones como la torsión ovárica o la ruptura, que pueden derivar en emergencias médicas. En países como Argentina y Colombia, donde los programas de salud pública incluyen ecografías ginecológicas anuales para mujeres mayores de 35 años, se ha reducido en un 30% el diagnóstico tardío de quistes complejos.
Los síntomas más frecuentes —dolor pélvico sordo, sensación de pesadez en el bajo vientre o menstruaciones irregulares— suelen confundirse con molestias digestivas o estrés. La Dra. Valeria Rojas, ginecóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que «el dolor agudo y repentino, acompañado de náuseas o fiebre, es una señal de alerta que requiere atención inmediata». En mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP), común en la región, los quistes son recurrentes y pueden asociarse a dificultades para concebir. Un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reveló que en Brasil y México, el 40% de los casos de infertilidad femenina están vinculados a quistes ováricos no tratados.
El abordaje terapéutico depende del tipo de quiste, su tamaño y los síntomas. Para quistes funcionales (los más comunes), los ginecólogos recomiendan un enfoque conservador: observación con ecografías cada 3 meses, analgésicos comunes como el ibuprofeno para el dolor y anticonceptivos hormonales para regular el ciclo y prevenir nuevos quistes. Cuando el quiste supera los 5 cm o persiste por más de tres ciclos menstruales, la laparoscopia —un procedimiento mínimamente invasivo— es la opción preferida en hospitales públicos y privados de la región. En casos extremos, como quistes dermoides o endometriomas, se evalúa la cirugía robótica, disponible en centros especializados de Perú, Costa Rica y Uruguay. La clave, subrayan los expertos, está en no normalizar el dolor pélvico y priorizar consultas ginecológicas anuales, incluso en ausencia de síntomas.
Los quistes ováricos suelen ser benignos y asintomáticos, pero ignorar dolor pélvico persistente, ciclos irregulares o hinchazón abdominal puede derivar en complicaciones como torsión ovárica o infertilidad. La clave está en la detección temprana: ecografías transvaginales anuales —especialmente para mujeres con antecedentes familiares o síndrome de ovario poliquístico— marcan la diferencia entre un manejo sencillo y tratamientos invasivos. Ante síntomas recurrentes, la prioridad es consultar a un ginecólogo para evaluar opciones concretas: desde anticonceptivos hormonales hasta laparoscopia, pasando por cambios dietéticos que reduzcan la inflamación. Con el aumento de casos en mujeres jóvenes en la región, convertir estos hábitos en rutina no es solo prevención, es un acto de autonomía sobre la salud reproductiva.
