El 42% de las consultas oftalmológicas de urgencia en hospitales de América Latina están relacionadas con hemorragias oculares, según datos de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Oftalmología. Sin embargo, la mayoría de los casos no recibe atención oportuna por confusión con afecciones menores, como la conjuntivitis o el cansancio visual. El derrame en el ojo—técnicamente llamado hemorragia subconjuntival cuando afecta la capa externa—puede aparecer sin dolor y resolverse solo, pero también ser señal de condiciones graves, como hipertensión no controlada o traumas que comprometen la visión.
La aparente simpleza del síntoma engaña: mientras algunos lo asocian con un esfuerzo físico intenso o un estornudo violento, otros ignoran que su repetición podría indicar problemas de coagulación o diabetes avanzada. En regiones con alta exposición solar, como el norte de México o el Cono Sur, el derrame en el ojo se vincula además a queratitis actínica por falta de protección UV. Reconocer cuándo la mancha roja exige un examen inmediato—y cuándo basta con observación—marca la diferencia entre una recuperación sin secuelas y complicaciones permanentes. Los signos de alarma suelen ser más claros de lo que se cree.
Qué significa realmente un derrame en el ojo*
El sangrado en el ojo, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival, aparece como una mancha roja brillante en la parte blanca del ojo. Aunque suele alarmar por su aspecto, en la mayoría de los casos no representa un riesgo grave para la visión. Se produce cuando se rompe un vaso sanguíneo pequeño bajo la conjuntiva, la membrana transparente que cubre el globo ocular. Factores como frotarse los ojos con fuerza, estornudos intensos o incluso un aumento repentino de la presión arterial —común en personas con hipertensión no controlada— pueden desencadenarlo.
Los síntomas son visibles: una zona roja bien delimitada que no duele ni afecta la agudeza visual. Sin embargo, si el enrojecimiento viene acompañado de dolor intenso, visión borrosa o secreción, podría indicar problemas más serios, como un glaucoma agudo o una infección. Según un estudio de la Universidad de São Paulo (2022), el 15% de los casos de hemorragias oculares en adultos mayores de 50 años en América Latina están asociados a diabetes o coagulopatías, enfermedades que requieren atención inmediata. En países con alta prevalencia de diabetes, como México o Argentina, este dato adquiere especial relevancia.
La mayoría de las hemorragias subconjuntivales se resuelven solas en una o dos semanas, sin necesidad de tratamiento. Pero hay señales que exigen consulta médica urgente: si el sangrado cubre más del 50% del ojo, si aparece después de un traumatismo (como un golpe durante un partido de fútbol o un accidente laboral), o si la persona toma anticoagulantes como warfarina. En estos casos, un oftalmólogo debe evaluar si hay daño interno. Mientras tanto, evitar frotarse los ojos y usar lágrimas artificiales puede aliviar las molestias leves.
Prevenir estas hemorragias pasa por controlar factores de riesgo como la presión arterial y el azúcar en sangre, además de usar protección ocular en actividades de riesgo. En regiones con alta exposición solar, como el norte de Chile o el Caribe, el uso de gafas con filtro UV también reduce la irritación que puede derivar en vasos sanguíneos débiles. La clave está en distinguir entre un evento benigno y una emergencia: cuando la mancha roja viene sola, suele ser inofensiva; cuando viene con otros síntomas, es una alerta.
5 causas comunes (y 2 que casi nadie conoce)*
El sangrado en el ojo, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival, suele aparecer como una mancha roja brillante en la parte blanca del ojo. Aunque en la mayoría de los casos no representa un riesgo grave, su aparición repentina puede generar alarma. Entre las causas más frecuentes destacan los esfuerzos físicos intensos —como levantar pesos excesivos o episodios de tos violenta—, cambios bruscos de presión (comunes en viajes aéreos o buceo en destinos como Cancún o Cartagena) y el uso prolongado de lentes de contacto mal ajustados. También es habitual en personas con hipertensión no controlada, un problema que afecta a cerca del 30% de los adultos en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Sin embargo, hay dos causas menos conocidas que pueden pasar desapercibidas. La primera es el consumo excesivo de anticoagulantes como la warfarina o la aspirina en dosis altas, medicamentos recetados comúnmente para enfermedades cardiovasculares. La segunda, más sorprendente, es el estreñimiento crónico: el esfuerzo repetido al evacuar aumenta la presión intraabdominal y puede romper pequeños vasos sanguíneos en los ojos. Un estudio de la Universidad de São Paulo señalaba que hasta un 15% de los casos en pacientes mayores de 60 años estaban relacionados con este factor.
Los síntomas suelen limitarse a la apariencia roja —sin dolor, visión borrosa ni secreciones—, y el sangrado suele reabsorberse solo en una o dos semanas. Pero hay señales que exigen atención médica inmediata: si la mancha roja se expande rápidamente, viene acompañada de dolor intenso o pérdida de visión, o aparece tras un golpe en la cabeza (como en accidentes de tránsito, frecuentes en ciudades como Lima o Bogotá). En esos casos, podría tratarse de un desprendimiento de retina o una hemorragia interna más seria.
Para prevenirlo, los oftalmólogos recomiendan controlar la presión arterial, evitar frotarse los ojos con fuerza y usar protección en actividades de riesgo, como trabajos en construcción o deportes de contacto. Si el sangrado persiste más de tres semanas o se repite con frecuencia, lo ideal es consultar a un especialista para descartar trastornos de coagulación o enfermedades sistémicas. La automedicación con gotas oculares —común en farmacias de países como Argentina o Colombia— puede empeorar el cuadro si no hay un diagnóstico claro.
Señales de alerta: cuándo es solo estético y cuándo es peligroso*
Un sangrado en el ojo, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival, suele aparecer como una mancha roja brillante en la parte blanca del ojo. Aunque en la mayoría de los casos no representa un riesgo grave —puede surgir por un estornudo fuerte, frotarse los ojos con fuerza o incluso por cambios bruscos de presión al bucear—, hay situaciones en las que exige atención inmediata.
La diferencia entre un derrame inofensivo y uno peligroso radica en los síntomas acompañantes. Si la hemorragia viene con dolor intenso, visión borrosa, sensibilidad extrema a la luz o sangrado recurrente, podría indicar problemas como glaucoma agudo, traumatismos graves o trastornos de coagulación. Según un estudio de la Universidad de São Paulo (2022), el 15% de los casos de hemorragias oculares en adultos mayores de 60 años estaban vinculados a hipertensión no controlada, un problema extendido en países como México, Argentina y Colombia.
En contextos laborales de alto riesgo —como la construcción en Perú o la minería en Chile—, los derrames oculares por traumatismos son más frecuentes. Un golpe directo, la exposición a químicos o incluso el uso incorrecto de lentes de protección pueden provocar hemorragias internas más severas. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda en estos casos lavar el ojo con suero fisiológico sin frotar y acudir a urgencias si el sangrado no cede en horas o empeora.
La prevención pasa por controles básicos: usar gafas de sol con filtro UV en ciudades con alta radiación, como La Paz o Bogotá, y revisar la presión arterial con regularidad. Pero el mensaje clave es claro: si el enrojecimiento se extiende más allá de la conjuntiva, afecta la pupila o viene con mareos, el tiempo de acción cuenta. En esos casos, un oftalmólogo debe evaluar descarta daño en la córnea o la retina antes de que sea tarde.
Tratamientos efectivos según el tipo de hemorragia ocular*
El sangrado en el ojo, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival, aparece como una mancha roja brillante en la parte blanca del globo ocular. Aunque su aspecto puede alarmar, en la mayoría de los casos no representa un riesgo grave para la visión. Suele ocurrir por la ruptura de pequeños vasos sanguíneos debido a esfuerzos físicos intensos, como toser fuerte, estornudar con violencia o levantar objetos pesados. También puede asociarse a traumatismos leves, como frotarse los ojos con excesiva fuerza o el uso incorrecto de lentes de contacto, un hábito extendido en ciudades como Santiago de Chile o Bogotá, donde la contaminación ambiental aumenta la sequedad ocular.
Sin embargo, no todos los sangrados son inofensivos. Cuando la hemorragia se localiza en la cámara anterior del ojo (hifema) o afecta la retina, los síntomas cambian: visión borrosa, dolor intenso, sensibilidad extrema a la luz o pérdida parcial del campo visual. Estos casos requieren atención inmediata, especialmente si el sangrado sigue a un golpe fuerte en la cabeza o el rostro, común en accidentes de tráfico o caídas. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los traumatismos oculares representan el 5% de las consultas en servicios de urgencia en países como México y Argentina, con un pico en temporadas de festividades con pirotecnia.
La Dra. Valeria Rojas, oftalmóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Costa Rica, advierte que personas con diabetes, hipertensión no controlada o trastornos de coagulación tienen mayor riesgo de sufrir hemorragias oculares graves. «Un paciente con presión arterial elevada puede presentar sangrados recurrentes en la retina sin notar síntomas hasta que el daño es avanzado», explica. En estos grupos, incluso un derrame pequeño debe evaluarse con un fondo de ojo, especialmente si persiste más de dos semanas o se acompaña de mareos y fatiga.
Ante un sangrado ocular, las medidas iniciales incluyen evitar frotar el ojo, aplicar compresas frías sin presión y suspender el uso de aspirina o anticoagulantes —siempre bajo supervisión médica—. Si la mancha roja no disminuye en una semana, crece de tamaño o aparece junto a otros síntomas como náuseas o confusión, el traslado a un centro de salud debe ser prioritario. En zonas rurales de Perú o Honduras, donde el acceso a oftalmólogos es limitado, programas como Visión para Todos de la OEA capacitan a personal de salud primaria para identificar signos de alarma y derivar casos a tiempo.
Qué hacer —y qué evitar— en las primeras 24 horas*
Un sangrado en el ojo, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival, suele aparecer como una mancha roja brillante en la parte blanca del ojo. Aunque su aspecto puede alarmar, en la mayoría de los casos no representa un riesgo grave para la visión. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), este tipo de hemorragias afecta a personas de todas las edades, con mayor incidencia en adultos mayores de 50 años o en quienes padecen hipertensión no controlada.
Las causas más comunes incluyen esfuerzos físicos intensos —como levantar pesos o toser con fuerza—, traumatismos leves (incluso frotarse los ojos con excesiva presión) o cambios bruscos en la presión arterial. En países como México y Colombia, donde el clima seco y la exposición al polvo son frecuentes, la irritación ocular también puede desencadenar microhemorragias. La Dra. María González, oftalmóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que, aunque el sangrado suele reabsorberse en una o dos semanas, «si la mancha roja se extiende más allá del área visible del ojo o viene acompañada de dolor intenso, visión borrosa o secreción, se debe acudir a urgencias de inmediato».
Durante las primeras 24 horas, se recomienda evitar frotar el ojo afectado, no usar lentes de contacto y suspender medicamentos anticoagulantes solo si un médico lo autoriza. Aplicar compresas frías —sin presión— puede reducir la inflamación, pero nunca se deben usar gotas oftálmicas sin prescripción. En casos donde el sangrado persiste más de tres días o aparece después de un golpe fuerte (como en accidentes de tráfico frecuentes en Perú o Argentina), la evaluación con un especialista es obligatoria para descartar lesiones internas.
La prevención pasa por controlar factores de riesgo como la hipertensión, usar protección ocular en ambientes polvorientos o al practicar deportes, y mantener una hidratación adecuada. Aunque no siempre es posible evitarlo, reconocer los síntomas de alarma marca la diferencia entre una molestia pasajera y una emergencia médica.
Avances médicos que podrían cambiar el manejo de estos casos*
Un sangrado en el ojo, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival, puede alarmar por su apariencia repentina: una mancha roja brillante en la parte blanca del ojo. Aunque en la mayoría de los casos no representa un riesgo grave, su causa varía desde esfuerzos físicos intensos —como toser fuertemente o levantar pesos— hasta condiciones más serias, como traumatismos o trastornos de coagulación. En países como Argentina y Colombia, donde el boxeo y los deportes de contacto son populares, estos casos suelen aumentar en temporadas de competencias locales, según registros de urgencias oftalmológicas.
Los síntomas más comunes incluyen enrojecimiento visible sin dolor, aunque en situaciones menos frecuentes —como cuando el sangrado ocurre dentro de la cámara anterior del ojo (hifema)— puede haber sensibilidad a la luz o visión borrosa. La Dra. María González, oftalmóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que «si el enrojecimiento se acompaña de dolor intenso, pérdida de visión o náuseas, podría indicar glaucoma agudo o desprendimiento de retina, condiciones que requieren atención inmediata». Estos signos no deben ignorarse, especialmente en personas con diabetes o hipertensión, enfermedades prevalentes en la región según datos de la OPS.
La mayoría de las hemorragias subconjuntivales se resuelven solas en una o dos semanas, sin necesidad de tratamiento. Sin embargo, hay situaciones que exigen consulta urgente:
- Sangrado recurrente sin causa aparente.
- Traumatismo previo en el ojo (golpes, objetos punzantes).
- Uso de anticoagulantes como warfarina o aspirina en dosis altas.
- Síntomas neurológicos asociados, como mareos o debilidad facial.
En ciudades con alta contaminación del aire, como México D.F. o Lima, la irritación crónica puede confundirse con sangrados leves, pero un examen profesional descarta complicaciones. La prevención incluye proteger los ojos con lentes en actividades de riesgo y controlar enfermedades sistémicas.
Un sangrado ocular no siempre es emergencia, pero ignorar señales como dolor intenso, pérdida repentina de visión o sangre que cubre el iris puede costar la salud visual. La diferencia entre una hemorragia subconjuntival benigna y un desprendimiento de retina depende de la rapidez con que se actúe: ante síntomas graves, el oftalmólogo debe evaluar en menos de 24 horas. En regiones con alta exposición solar como el norte de Chile o el altiplano andino, proteger los ojos con lentes UV y controlar la presión arterial reduce riesgos evitables. La prevención es simple, pero la detección temprana salva la vista.




