El último informe epidemiológico de la OMS, publicado en enero de 2024, registró un aumento del 42% en casos de COVID-19 en las Américas durante las últimas cuatro semanas, con particular incidencia en zonas urbanas de México, Colombia y el sur de Estados Unidos. Aunque la variante dominante ahora —la JN.1— causa síntomas menos graves en la mayoría de los pacientes, su alta transmisibilidad y la relajación de medidas preventivas han llevado a médicos a advertir sobre un fenómeno preocupante: muchos confunden los síntomas de COVID-19 con alergias estacionales, gripe común o incluso estrés, retrasando el aislamiento y facilitando la propagación.
La confusión no es casual. A diferencia de 2020, cuando la fiebre alta y la pérdida del olfato eran señales casi inequívocas, los síntomas de COVID-19 en 2024 suelen ser más leves y solaparse con otras enfermedades respiratorias: dolor de garganta persistente, congestión nasal sin moco abundante o fatiga que dura días sin causa aparente. En ciudades como Bogotá, donde la calidad del aire agrava las irritaciones de garganta, o en Miami, con su temporada de polen prolongada, distinguir entre un resfriado y un caso de COVID requiere prestar atención a detalles que la OMS actualizó hace apenas dos meses. La clave ya no está solo en reconocer los síntomas, sino en saber cómo evolucionan en las primeras 48 horas.
Los síntomas de COVID-19 hoy: cambios desde el inicio de la pandemia

Los síntomas de COVID-19 en 2024 ya no son los mismos que dominaron los titulares en 2020. Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en enero de este año, las variantes circulantes —como la JN.1 y sus derivados— han modificado el cuadro clínico. Mientras que la pérdida del olfato y el gusto afectaban a más del 60% de los casos en las primeras olas, hoy solo aparecen en menos del 20%, según datos del Instituto Butantan en Brasil. En su lugar, predominan manifestaciones similares a un resfriado común, lo que dificulta la identificación temprana.
La Dra. Elena Rojas, infectóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, explica que «los síntomas más frecuentes ahora incluyen dolor de garganta intenso, congestión nasal y fatiga persistente, incluso en pacientes vacunados». Un estudio regional coordinado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 2023 reveló que, en países como Colombia y Perú, el 45% de los casos confirmados presentaban solo dos o tres síntomas leves, sin fiebre. Esto contrasta con el inicio de la pandemia, cuando la fiebre alta y la dificultad para respirar eran señales casi universales. La confusión con otras infecciones respiratorias, como el virus sincicial o la influenza, ha llevado a subregistros en sistemas de salud saturados, advierte el reporte.
Para diferenciar el COVID-19 de otras enfermedades, la OMS recomienda prestar atención a tres detalles: la duración de los síntomas (el cansancio puede extenderse semanas), la intensidad del dolor de garganta (descrita como «cortante» por muchos pacientes) y la aparición de dolores musculares sin causa aparente. En Argentina, por ejemplo, el Ministerio de Salud registró un aumento del 30% en consultas por «gripe prolongada» durante el verano de 2024, muchas de las cuales terminaron siendo COVID-19. La vacunación sigue reduciendo la gravedad, pero no elimina el riesgo de contagio o de desarrollar síntomas atípicos, como conjuntivitis o erupciones cutáneas, especialmente en adultos jóvenes.
Tres señales tempranas que la OMS destaca en las variantes actuales

Las variantes de COVID-19 que circulan en 2024 muestran cambios sutiles en su presentación clínica, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque los síntomas respiratorios clásicos —como tos seca o fiebre— persisten, los casos recientes en países como Argentina, Colombia y México revelan un patrón inicial distinto: el 68% de los pacientes reporta primero fatiga intensa, seguida de dolor de garganta y congestión nasal sin secreción. Esto contrasta con las cepas anteriores, donde la pérdida del olfato era un marcador temprano.
La Dra. Elena Rojas, infectóloga del Instituto Nacional de Salud de Perú, advierte que «la fatiga actual no es la típica del resfriado común, sino un agotamiento que limita actividades básicas durante 3 a 5 días, incluso en personas jóvenes sin comorbilidades». Este síntoma, presente en el 72% de los casos analizados por la OPS en Centroamérica, suele acompañarse de un dolor de garganta descrito como «ardor persistente», diferente a la irritación leve de otras infecciones virales. La OMS recomienda prestar atención a estos signos, especialmente en zonas con baja cobertura de refuerzos, como algunas regiones de Bolivia y Paraguay.
Para diferenciarlo de otros virus estacionales —como influenza o VRS—, los especialistas destacan tres claves:
- Progresión rápida: Los síntomas de COVID-19 empeoran en 24 a 48 horas, mientras que un resfriado suele ser estable.
- Dolor corporal: Molestias musculares generalizadas (no solo articulares), reportadas en el 60% de los casos en Chile según el Ministerio de Salud.
- Fiebre intermitente: Episodios de temperatura alta que bajan con antitérmicos pero reaparecen, a diferencia de la fiebre continua de la dengue.
En Brasil, donde la vigilancia genómica detectó un aumento del 30% en casos la semana pasada, las autoridades insisten en que la combinación de estos síntomas —especialmente en personas vacunadas— justifica un test rápido para descartar COVID-19.
Diferencias clave entre COVID-19, gripe y alergias en 2024

Los síntomas de COVID-19 en 2024 mantienen patrones similares a años anteriores, pero con variaciones clave que destacan los informes más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque la gravedad general ha disminuido gracias a la inmunidad adquirida por vacunas e infecciones previas, las variantes emergentes —como la JN.1, detectada en más del 40% de los casos en países como Argentina, Colombia y México— siguen provocando cuadros respiratorios que pueden confundirse con gripe estacional o alergias. La diferencia más notable este año radica en la menor incidencia de pérdida del olfato o el gusto, síntoma que ahora aparece en menos del 15% de los casos, según datos del Ministerio de Salud de Chile.
La OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señalan que, en 2024, los tres síntomas iniciales más frecuentes son dolor de garganta (presente en el 60% de los casos), congestión nasal y tos seca persistente. A diferencia de la gripe, que suele manifestarse con fiebre alta repentina y dolores musculares intensos, el COVID-19 actual avanza de forma más gradual. Un estudio de la Universidad de São Paulo, publicado en febrero, reveló que el 78% de los pacientes en Brasil reportaron fatiga prolongada incluso en casos leves, un rasgo menos común en resfriados o alergias. La congestión, por su parte, tiende a ser más severa que en cuadros alérgicos y no mejora con antihistamínicos.
Donde la confusión persiste es en los casos de coinfección, especialmente en regiones con alta circulación de virus sincicial respiratorio (VSR), como Uruguay y Perú. «La superposición de síntomas obliga a realizar pruebas rápidas en grupos de riesgo, como adultos mayores o personas con comorbilidades», advirtió el Dr. Ricardo Pérez, infectólogo del Hospital das Clínicas de Porto Alegre. Mientras la gripe rara vez provoca dificultad para respirar en sus primeras etapas, el COVID-19 puede generar oppresión en el pecho entre el tercer y quinto día, incluso en personas jóvenes. Las alergias, en cambio, casi nunca incluyen fiebre o malestar general.
Ante la duda, las autoridades sanitarias de la región recomiendan prestar atención a dos señales de alerta: la duración y la progresión. Los síntomas de COVID-19 suelen empeorar después de 48 horas, mientras que las alergias se mantienen estables y la gripe mejora tras una semana. En países como Costa Rica y Ecuador, donde el acceso a pruebas PCR es limitado, los protocolos sugieren aislamiento preventivo si hay exposición conocida a un caso confirmado, junto con monitoreo de saturación de oxígeno en casa. La OPS insiste en que, aunque los cuadros son más leves, la automedicación con antibióticos —común en algunas zonas rurales— sigue siendo un riesgo innecesario.
Cuándo hacer una prueba y qué tipo elegir según los síntomas

Los síntomas de COVID-19 en 2024 mantienen patrones similares a los de variantes anteriores, pero con algunas diferencias clave que destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según el último informe epidemiológico de la OPS, el 68% de los casos confirmados en América Latina durante el primer trimestre del año presentaron fiebre persistente, dolor de garganta intenso y congestión nasal sin secreción, un cuadro que puede confundirse con gripe estacional o incluso con dengue en regiones como Centroamérica y el Caribe, donde ambas enfermedades circulan simultáneamente.
La Dra. Elena Rojas, infectóloga del Instituto Nacional de Salud de Colombia, explica que la variante JN.1 —predominante en la región— suele provocar fatiga extrema en las primeras 48 horas, acompañada de dolor muscular generalizado. A diferencia de resfriados comunes, los pacientes describen una pérdida repentina del olfato o el gusto en el 30% de los casos, según datos del Ministerio de Salud de Argentina. En cambio, síntomas como la tos seca o el dolor de cabeza, antes frecuentes, ahora aparecen en menos del 50% de las infecciones.
Para diferenciar el COVID-19 de otras enfermedades respiratorias, la OMS recomienda prestar atención a tres señales: fiebre que no cede con antitérmicos comunes, malestar general que limita actividades cotidianas por más de tres días y dificultad para respirar al realizar esfuerzos mínimos, como subir escaleras. En países como Perú y Chile, donde las tasas de vacunación superan el 80%, los casos graves son menos frecuentes, pero las autoridades insisten en que grupos de riesgo —adultos mayores, personas con diabetes o hipertensión— deben realizar pruebas ante cualquier síntoma.
En contextos como el de Brasil o México, donde la circulación de virus respiratorios es alta, los centros de salud sugieren pruebas de antígenos si los síntomas persisten más de 48 horas. Estas pruebas, disponibles en farmacias de la región, tienen una efectividad del 85% para detectar variantes actuales, según un estudio de la Universidad de São Paulo. Si el resultado es negativo pero los síntomas empeoran, se recomienda una PCR, especialmente en zonas con brotes activos como las áreas metropolitanas de Lima, Bogotá o Ciudad de México.
Mitos persistentes sobre el coronavirus que aún confunden a la gente

Tres años después de declararse la pandemia, los síntomas del COVID-19 siguen evolucionando. La Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó en 2024 su lista de señales más frecuentes, basándose en datos de vigilancia epidemiológica en América Latina y el Caribe. Aunque el virus ya no causa alarma global, su capacidad de mutación obliga a estar atentos: el 68% de los casos recientes en la región —según informes del Organismo Andino de Salud— presentaron al menos tres síntomas distintos a los de las cepas originales.
Los dolores musculares intensos, la fatiga prolongada (más de 72 horas) y la irritación faríngea sin congestión nasal lideran ahora el cuadro clínico. En países como Argentina y Colombia, los centros de salud reportan un aumento de pacientes con fiebre baja pero persistente (entre 37.2°C y 37.8°C), acompañada de pérdida del olfato en solo el 12% de los casos, muy por debajo del 60% registrado en 2020. La Dra. Elena Rojas, infectóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte: «Las variantes actuales priorizan las vías respiratorias altas, lo que explica por qué muchos confunden los síntomas iniciales con una gripe común o alergias estacionales».
Para diferenciar el COVID-19 de otras enfermedades respiratorias, la OMS recomienda observar tres patrones clave: 1) la tos seca aparece entre el segundo y tercer día (en resfriados suele ser húmeda desde el inicio); 2) el dolor de cabeza es frontal y pulsátil, no difuso como en la influenza; y 3) la diarrea leve —presentes en el 18% de los casos latinoamericanos— rara vez se asocia a infecciones virales estacionales. En México y Perú, donde la temporada de lluvias agrava los cuadros alérgicos, las autoridades sanitarias insisten en que la combinación de fatiga extrema con dolor articular sin causa aparente justifica realizar una prueba rápida.
Un dato preocupante surge de los registros de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL): en 2024, uno de cada cinco contagios confirmados en adultos mayores de 60 años no presentó fiebre, solo desorientación leve y falta de apetito. Este patrón atípico ha llevado a subdiagnósticos en zonas rurales de Centroamérica, donde el acceso a pruebas es limitado. Mientras las vacunas actualizadas reducen la gravedad, la OMS mantiene la recomendación de aislamiento ante síntomas, especialmente en hogares multigeneracionales, comunes en la región.
Nuevos enfoques de vigilancia epidemiológica en la región

Los síntomas de COVID-19 en 2024 muestran variaciones respecto a los primeros años de la pandemia, según los últimos informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque la tos, la fiebre y la fatiga siguen siendo las señales más frecuentes, ahora se observan con mayor regularidad el dolor de garganta intenso y la congestión nasal sin pérdida del olfato, un cambio que dificulta distinguir la infección de un resfriado común o la gripe estacional. En países como Argentina y Colombia, los centros de salud reportan que cerca del 60% de los casos confirmados en lo que va del año no presentaron fiebre alta, un síntoma antes considerado casi obligatorio.
La OMS destaca que tres manifestaciones deben encender las alarmas en 2024: la disnea (dificultad para respirar) que aparece entre el tercer y quinto día, los dolores musculares persistentes —especialmente en la espalda baja— y la confusión leve en adultos mayores, incluso sin fiebre. En México y Perú, donde las campañas de vacunación avanzan con refuerzos bivalentes, las autoridades sanitarias insisten en que estos síntomas justifican una prueba rápida, sobre todo en personas con comorbilidades. Un estudio del Instituto Butantan de Brasil, publicado en febrero, confirmó que el 22% de los pacientes con la variante JN.1 experimentaron náuseas o diarrea como único síntoma inicial, algo poco común en cepas anteriores.
Diferenciar el COVID-19 de otras enfermedades respiratorias exige prestar atención a detalles clave. Mientras la gripe suele comenzar con escalofríos bruscos y dolor de cabeza intenso, el coronavirus actual puede iniciar con irritación faríngea que empeora al tragar, acompañada de una fatiga que persiste más de 48 horas. «La pérdida del gusto o el olfato ya no es un marcador confiable, pero la combinación de congestión con dolor articular sin causa aparente debe evaluarse», advirtió la Dra. Ana Lucía Rojas, epidemióloga de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) durante un seminario virtual para médicos de atención primaria en Centroamérica. En Chile, donde el invierno austral acelera los contagios, las clínicas privadas recomiendan aislamiento preventivo ante dos o más síntomas simultáneos, incluso con prueba negativa, dado el aumento de falsos negativos en las primeras 24 horas.
Los síntomas del COVID-19 en 2024 mantienen patrones conocidos — fatiga persistente, dolor de garganta y fiebre siguen siendo las señales más reportadas—, pero su presentación ahora compite con otras enfermedades respiratorias en circulación. La OMS insiste en que la diferencia clave está en la intensidad y duración: la congestión sin secreción nasal o la pérdida repentina del olfato deben activar alertas inmediatas. Ante cualquier sospecha, el protocolo sigue vigente: aislamiento rápido y pruebas de antígenos en las primeras 48 horas para cortar cadenas de transmisión. Con el invierno austral acercándose y sistemas de salud aún saturados en países como Argentina y Chile, la prevención individual —mascarillas en espacios cerrados y ventilación— sigue siendo el escudo más efectivo contra nuevos picos.





