La varicela en niños sigue siendo una de las consultas pediátricas más frecuentes en América Latina, a pesar de la disponibilidad de vacunas. Solo en 2023, los Centros para el Control de Enfermedades reportaron un aumento del 22% en casos en países con cobertura vacunal irregular, un dato que preocupa a especialistas ante la temporada de frío que favorece su propagación. Aunque muchos la consideran una enfermedad leve, sus complicaciones —desde infecciones bacterianas hasta hospitalizaciones— obligan a estar alerta, especialmente en menores de 5 años, el grupo más vulnerable.

Reconocer los síntomas tempranos de la varicela en niños marca la diferencia entre un manejo en casa y una visita urgente al médico. El picor intenso, la fiebre persistente o las ampollas que se extienden más allá del torso son señales que no deben ignorarse, pero que a menudo generan confusión. Con medidas sencillas —desde baños de avena hasta el uso correcto de antihistamínicos— es posible aliviar las molestias sin recurrir a mitos peligrosos, como aplicar pasta dental sobre las lesiones. Lo que sigue son las claves para actuar con seguridad, basadas en recomendaciones de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica.

Por qué la varicela sigue siendo común en la infancia*

Por qué la varicela sigue siendo común en la infancia*

Aunque la vacuna contra la varicela está incluida en los esquemas de inmunización de países como Uruguay, Costa Rica y Panamá, el virus sigue circulando entre niños no vacunados o con esquemas incompletos. En 2023, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reportó brotes en comunidades de Brasil, Colombia y Perú, especialmente en zonas rurales donde el acceso a la vacunación es limitado. La enfermedad, causada por el virus varicela-zóster, se propaga con facilidad en guarderías y escuelas, con un período de incubación que oscila entre 10 y 21 días.

Los primeros síntomas suelen confundirse con un resfriado común: fiebre moderada, dolor de cabeza y falta de apetito. Sin embargo, en menos de 48 horas aparecen las señales distintivas: erupciones rojizas que evolucionan a ampollas llenas de líquido, picazón intensa que empeora por la noche, malestar general con irritabilidad en los más pequeños, fiebre alta (hasta 39°C) que puede durar entre 3 y 5 días, y costras que se forman al romperse las ampollas. Según la Dra. María González, pediatra infectóloga del Hospital de Niños de Buenos Aires, «el riesgo de complicaciones aumenta si el niño se rasca las lesiones, pues puede sobreinfectarse con bacterias como Staphylococcus aureus«.

Para aliviar las molestias en casa, los especialistas recomiendan baños cortos con agua tibia y avena coloidal —disponible en farmacias de toda la región— para reducir la comezón. La aplicación de loción de calamina (sin perfumes) y el uso de ropa de algodón holgada ayudan a prevenir la irritación. En casos de fiebre, el paracetamol es la opción más segura; la OPS advierte que nunca se debe administrar ácido acetilsalicílico (aspirina) a niños con varicela por el riesgo de síndrome de Reye. Mantener las uñas cortas y limpias, junto con distracciones como cuentos o juegos tranquilos, evita que los pequeños se lastimen al rascarse. La hidratación constante con agua, sopas o infusiones suaves acelera la recuperación, que suele completarse en una o dos semanas.

Los primeros signos que diferencian la varicela de otras erupciones*

Los primeros signos que diferencian la varicela de otras erupciones*

El primer brote de varicela suele confundirse con alergias o picaduras de mosquito, pero hay señales que permiten identificarla a tiempo. En países como Colombia y Perú, donde la vacunación no siempre cubre al 100% de la población infantil, reconocer los síntomas tempranos evita complicaciones. La erupción comienza como pequeños granos rosados en el rostro y el torso, que en menos de 24 horas se convierten en ampollas llenas de líquido. A diferencia del sarampión —que aparece primero en la cara— o las alergias —que no forman costras—, la varicela avanza en oleadas y provoca picazón intensa.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cinco síntomas distinguen esta enfermedad: fiebre moderada (38-39°C) uno o dos días antes de las ronchas, pérdida de apetito, dolor de cabeza, malestar general y las características lesiones que se extienden incluso al cuero cabelludo. En Argentina, un estudio de la Sociedad Argentina de Pediatría reveló que el 68% de los casos en niños menores de 10 años presentaban ampollas también en la boca, lo que dificulta la alimentación. La Dra. Elena Rojas, infectóloga pediátrica, advierte: «Si las lesiones supuran pus amarillenta o el niño tiene dificultad para respirar, debe acudirse al médico de inmediato, ya que podrían ser signos de infección bacteriana secundaria».

Para aliviar las molestias en casa, los baños cortos con agua tibia y avena coloidal —disponible en farmacias de Chile a México— reducen la comezón sin resecar la piel. Aplicar loción de calamina con un algodón (nunca directamente con las manos) y mantener las uñas cortas previene infecciones por rasguños. Evitar el ibuprofeno —que puede agravar la enfermedad— y optar por paracetamol para controlar la fiebre es clave, según recomendaciones de la Cruz Roja Latinoamericana. Los padres deben aislar al niño hasta que todas las lesiones formen costras (unos 7 días), ya que el virus se propaga fácilmente por el aire o el contacto con las ampollas.

De la fiebre a las ampollas: evolución típica en 5 etapas*

De la fiebre a las ampollas: evolución típica en 5 etapas*

La varicela sigue siendo una de las enfermedades infantiles más comunes en América Latina, con brotes recurrentes en países como Colombia, México y Argentina. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), antes de la pandemia se registraban alrededor de 4 millones de casos anuales en la región, aunque la vacunación ha reducido su incidencia en un 30% en la última década. El virus, altamente contagioso, suele manifestarse en cinco etapas claras que los padres pueden identificar para actuar a tiempo.

El primer síntoma —y el más engañoso— es la fiebre moderada (entre 37.5°C y 38.5°C), acompañada de malestar general, pérdida de apetito y, en algunos casos, dolor de cabeza. Muchos confunden esta fase inicial con un resfriado común, como ocurrió en 2022 durante un brote en escuelas de Santiago de Chile, donde varios casos se detectaron tarde por esta razón. Entre 24 y 48 horas después, aparecen las primeras ronchas rojizas en el torso, que luego se extienden a la cara, los brazos y las piernas. Estas lesiones evolucionan rápidamente: pasan de manchas planas a ampollas llenas de líquido en cuestión de horas.

El picor intenso es, sin duda, el mayor desafío para los niños. La Dra. María González, pediatra infectóloga del Hospital de Niños de Córdoba (Argentina), advierte que «rascarse las ampollas aumenta el riesgo de infecciones bacterianas secundarias y puede dejar cicatrices permanentes». Para aliviar las molestias en casa, los especialistas recomiendan baños cortos con agua tibia y avena coloidal —disponible en farmacias de toda la región—, aplicar loción de calamina (sin frotar) y mantener las uñas de los pequeños cortas y limpias. Evitar el ácido acetilsalicílico (aspirina) es crucial, ya que su uso en casos de varicela se ha asociado a síndrome de Reye, una complicación grave.

La etapa final, entre el quinto y séptimo día, se caracteriza por el secado de las ampollas, que forman costras marrones. Aunque el niño ya no es contagioso cuando todas las lesiones están en esta fase, las costras pueden tardar hasta dos semanas en desaparecer por completo. En comunidades con climas cálidos, como las zonas costeras de Perú o Venezuela, los pediatras insisten en usar ropa holgada de algodón para evitar la sudoración excesiva, que empeora la irritación. La hidratación constante y una dieta blanda (sopas, purés, frutas sin ácido) ayudan a acelerar la recuperación, especialmente en casos con aftas bucales.

Remedios caseros respaldados por pediatras para aliviar el picor*

Remedios caseros respaldados por pediatras para aliviar el picor*

La varicela sigue siendo una de las enfermedades infantiles más comunes en América Latina, con brotes estacionales que afectan principalmente a niños entre 1 y 9 años. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la región registra alrededor de 3 millones de casos anuales, aunque la vacunación ha reducido su incidencia en países como Uruguay y Costa Rica, donde la cobertura supera el 90%. El virus, altamente contagioso, se propaga con facilidad en guarderías y escuelas, especialmente en zonas con climas templados durante el otoño y el invierno.

Identificar la varicela a tiempo ayuda a manejar los síntomas y evitar complicaciones. Los cinco signos más claros incluyen fiebre moderada (entre 38°C y 39°C) que aparece uno o dos días antes del sarpullido, manchas rojas que evolucionan rápidamente a ampollas llenas de líquido, picazón intensa que empeora por la noche, pérdida de apetito y malestar general similar a un resfriado leve. En casos atípicos, algunas lesiones pueden presentarse en mucosas como la boca o los genitales, lo que requiere atención médica inmediata para prevenir infecciones secundarias.

Para aliviar las molestias en casa, pediatras de hospitales como el Roberto del Río en Chile o el Garrahan en Argentina recomiendan baños cortos con agua tibia y avena coloidal, que calman la picazón sin resecar la piel. Aplicar compresas frías en las zonas más afectadas y usar cremas con calamina (disponibles en farmacias de toda la región) reduce la inflamación, mientras que la administración de antihistamínicos orales —siempre bajo supervisión médica— controla el rascado nocturno. Es clave mantener las uñas de los niños cortas y limpias para evitar infecciones por bacterias como Staphylococcus aureus, común en climas húmedos como los de Colombia o Ecuador. La hidratación constante con agua, sueros orales o infusiones frías (como manzanilla) previene la deshidratación, especialmente si hay ampollas en la garganta.

Aunque la mayoría de los casos se resuelven en 7 a 10 días, la OPS advierte que los niños con sistemas inmunológicos debilitados —por enfermedades como leucemia o tratamientos con corticoides— requieren atención especializada. En países donde la vacuna contra la varicela aún no está incluida en los esquemas nacionales, como Bolivia o Paraguay, los brotes pueden ser más frecuentes, por lo que se insiste en el lavado de manos y el aislamiento de los menores infectados hasta que todas las lesiones formen costra.

Qué evitar al tratar la varicela: mitos y riesgos frecuentes*

Qué evitar al tratar la varicela: mitos y riesgos frecuentes*

La varicela sigue siendo una de las enfermedades infantiles más comunes en América Latina, con brotes recurrentes en países como México, Colombia y Argentina, especialmente en épocas de transición climática. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), antes de la pandemia se registraban alrededor de 1.5 millones de casos anuales en la región, aunque la vacunación ha reducido su incidencia en un 85% en la última década. El problema persiste en zonas con baja cobertura de inmunización, donde los niños entre 1 y 9 años son los más afectados.

Identificar los síntomas a tiempo evita complicaciones como infecciones bacterianas en la piel o neumonía, riesgos que aumentan si no se manejan las molestias correctamente. Los cinco signos iniciales más claros incluyen fiebre moderada (entre 37.5°C y 38.5°C), pérdida de apetito, dolor de cabeza, cansancio extremo y, en menos de 48 horas, la aparición de ronchas rojas que evolucionan a ampollas llenas de líquido. Estas lesiones suelen comenzar en el torso y se extienden a brazos, piernas y rostro, aunque en algunos casos —como se observó en un brote de 2022 en Perú— pueden afectar también mucosas como la boca o los genitales.

Para aliviar las molestias en casa, los pediatras recomiendan medidas simples pero efectivas: aplicar compresas frías con agua y bicarbonato de sodio (una cucharada por vaso de agua) sobre las ampollas para reducir la picazón, usar ropa de algodón holgada para evitar irritación y administrar antihistamínicos orales en dosis pediátricas, siempre bajo supervisión médica. Baños cortos con avena coloidal —disponible en farmacias de Chile a República Dominicana— también ayudan a calmar la piel, pero se debe evitar el uso de aspirina, vinculada al síndrome de Reye en niños. La hidratación constante con agua, suero oral o caldos ligeros es clave, ya que la fiebre y las lesiones bucales pueden desincentivar la ingesta de líquidos.

El error más frecuente entre padres es recurrir a remedios caseros no comprobados, como untar pasta dental o jugo de limón sobre las ampollas, prácticas que pueden agravar la irritación o causar infecciones. Según la Dra. María González, infectóloga pediátrica del Hospital de Niños de Córdoba (Argentina), «la varicela suele ser leve, pero la automedicación con corticoides tópicos o antibióticos sin receta aumenta el riesgo de resistencia bacteriana y enmascara síntomas de alerta, como ampollas que supuran pus o fiebre persistente por más de tres días». En esos casos, la consulta médica inmediata es obligatoria.

Vacunación y prevención: el panorama en Latinoamérica para 2025*

Vacunación y prevención: el panorama en Latinoamérica para 2025*

La varicela sigue siendo una de las enfermedades infantiles más comunes en Latinoamérica, con brotes estacionales que afectan principalmente a niños entre 1 y 9 años. Aunque la vacunación ha reducido los casos en países como Uruguay y Costa Rica —donde la cobertura supera el 90% según datos de la OPS—, en otras regiones como el norte de Brasil o zonas rurales de Guatemala aún se registran miles de contagios anuales. El virus, altamente contagioso, se propaga con facilidad en escuelas y guarderías, lo que obliga a los padres a estar atentos a los primeros síntomas para actuar con rapidez.

Identificar la varicela a tiempo evita complicaciones como infecciones bacterianas en la piel o neumonía, más frecuentes en niños con sistemas inmunitarios debilitados. Los cinco signos iniciales incluyen fiebre moderada entre 37.5°C y 38.5°C, malestar general similar a un resfriado, pérdida de apetito, ronchas rojas que evolucionan a ampollas con líquido en 24 horas y picazón intensa, especialmente en el cuero cabelludo y la espalda. Según la Dra. María González, pediatra infectóloga del Hospital de Niños de Buenos Aires, «el sarpullido suele aparecer primero en el torso y luego se extiende a brazos y piernas, pero nunca en palmas de las manos o plantas de los pies, lo que ayuda a diferenciarlo de otras enfermedades como el sarampión o la escarlatina».

Para aliviar las molestias en casa, los especialistas recomiendan baños cortos con agua tibia y avena coloidal —disponible en farmacias de toda la región— para calmar la picazón, junto con la aplicación de lociones con calamina (sin corticoides). Es clave mantener las uñas de los niños cortas y limpias para evitar infecciones por rascarse, y vestirlos con ropa de algodón holgada que no irrite la piel. En casos de fiebre, el paracetamol es la opción más segura; nunca se debe usar ibuprofeno ni ácidos acetilsalicílico por el riesgo de síndrome de Reye. La hidratación constante con agua, sueros orales o caldos claros acelera la recuperación, que suele durar entre 7 y 10 días. La OPS advierte que, aunque la mayoría de los casos son leves, los padres deben consultar a un médico si el niño presenta dificultad para respirar, somnolencia extrema o ampollas que supuran pus.

La varicela en niños exige atención temprana para evitar complicaciones, pero su manejo en casa puede ser sencillo si se reconocen los síntomas clave: fiebre, erupciones con ampollas, picazón intensa, fatiga y pérdida de apetito. Actuar a tiempo con baños de avena, cremas de calamina y antihistamínicos —siempre bajo supervisión médica— marca la diferencia entre días de incomodidad y una recuperación más llevadera. En una región donde el 90% de los casos se concentran en menores de 12 años, la prevención sigue siendo la mejor estrategia: vacunar según el esquema nacional y aislar al niño ante los primeros signos frena brotes en escuelas y comunidades.