El papiloma humano en hombres sigue siendo un tema rodeado de mitos, a pesar de que los datos son contundentes: según la Organización Panamericana de la Salud, más del 50% de los varones sexualmente activos contraerán al menos un tipo de VPH en algún momento de su vida. La cifra adquiere mayor relevancia en América Latina, donde los programas de prevención y detección temprana suelen enfocarse casi exclusivamente en las mujeres, dejando a los hombres en una zona de riesgo silencioso.

Aunque el virus del papiloma humano en hombres no siempre presenta síntomas visibles, su impacto puede ser grave: desde verrugas genitales hasta cánceres de pene, ano o garganta. El problema no es solo médico, sino cultural. En una región donde el acceso a servicios de salud preventiva varía drásticamente entre países —y donde persisten tabúes alrededor de la salud sexual masculina—, la desinformación se convierte en un aliado peligroso del virus. Los expertos insisten en que la clave está en romper ese silencio, con información clara y acciones concretas que vayan más allá de los estereotipos.

El VPH en hombres: Más que un virus de transmisión sexual*

El virus del papiloma humano (VPH) suele asociarse con la salud femenina, pero los datos revelan una realidad preocupante en la región: uno de cada cinco hombres en América Latina y el Caribe está infectado con alguna cepa del virus, según un informe de 2023 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). A diferencia de las mujeres, que cuentan con citologías y pruebas de detección temprana, los hombres carecen de exámenes rutinarios, lo que facilita que el VPH pase desapercibido hasta derivar en complicaciones graves, como cáncer de pene, ano o garganta.

Los síntomas en hombres pueden ser engañosos. Muchas infecciones son asintomáticas, pero cuando aparecen señales, suelen incluir verrugas genitales —pequeñas protuberancias en el pene, escroto o zona anal— o cambios en la piel como irritación persistente. En casos avanzados, el VPH de alto riesgo (como los tipos 16 y 18) puede provocar lesiones precancerosas. «La falta de conciencia es el mayor obstáculo», advierte el Dr. Carlos Mendoza, urólogo del Hospital das Clínicas de São Paulo. «Mientras las campañas de vacunación en niñas superan el 80% en países como Uruguay o Panamá, la cobertura en varones no llega al 40% en la mayoría de la región».

La prevención combina tres estrategias clave. La vacunación —aprobada para hombres hasta los 45 años— reduce hasta en un 90% el riesgo de infección por las cepas más peligrosas. El uso correcto del preservativo, aunque no elimina el riesgo al 100%, disminuye la transmisión en un 70%, según estudios de la Universidad de Chile. Finalmente, evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol fortalece el sistema inmunológico, crucial para combatir el virus de forma natural. En países como Colombia y México, programas públicos ya incluyen la vacuna contra el VPH en el esquema regular para adolescentes, pero la OPS insiste en ampliar el acceso para cerrar la brecha de género en la salud sexual.

Señales de alerta que muchos ignoran y cómo identificarlas*

El virus del papiloma humano (VPH) suele asociarse con las mujeres debido a su vínculo con el cáncer de cuello uterino, pero los datos revelan una realidad preocupante: en América Latina, el 50% de los hombres sexualmente activos contraerán al menos un tipo de VPH en algún momento de su vida, según estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). A diferencia de las mujeres, que cuentan con citologías y pruebas de detección rutinarias, los hombres carecen de exámenes específicos para identificar la infección, lo que retarda el diagnóstico y aumenta los riesgos.

Los síntomas del VPH en hombres pueden pasar desapercibidos o confundirse con otras afecciones. Las verrugas genitales —pequeñas protuberancias en el pene, escroto o ano— son el signo más visible, pero no todos los tipos de VPH las provocan. Algunos, como los de alto riesgo (VPH-16 y VPH-18), están ligados a cánceres de pene, ano, boca y garganta. «En países como Brasil y México, hemos observado un aumento del 30% en casos de cáncer orofaríngeo relacionado con VPH en la última década, especialmente en hombres entre 40 y 60 años», advirtió el Dr. Carlos Mendoza, oncólogo del Instituto Nacional de Cancerología de Colombia durante un foro regional en 2023. El problema se agrava porque estos cánceres suelen detectarse en etapas avanzadas, cuando el tratamiento es más complejo.

La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. La vacuna contra el VPH, aprobada para hombres hasta los 45 años en la mayoría de los países latinoamericanos, reduce hasta en un 90% el riesgo de infección por los tipos más peligrosos. Sin embargo, su cobertura sigue siendo baja: mientras Uruguay y Panamá la incluyen en sus esquemas nacionales de vacunación para adolescentes, en naciones como Perú o Ecuador su acceso depende de campañas esporádicas o recursos privados. Usar preservativo —aunque no elimina por completo el riesgo— y mantener controles médicos regulares, especialmente si hay verrugas o llagas persistentes, son medidas complementarias clave. En regiones con alta prevalencia, como el Caribe o Centroamérica, organizaciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han impulsado programas para integrar la vacunación masculina en las estrategias de salud pública, pero el avance es lento.

El estigma alrededor de la salud sexual masculina frena la búsqueda de ayuda. Muchos hombres evitan consultar por verrugas o molestias por vergüenza o desconocimiento, perpetuando el ciclo de transmisión. En ciudades como Buenos Aires o Ciudad de México, clínicas especializadas han reportado que menos del 20% de los pacientes que acuden por síntomas de VPH son hombres, a pesar de que la infección no distingue género. La OPS recomienda incluir información sobre el VPH en las campañas de salud sexual dirigidas a jóvenes, con mensajes claros: el virus no es exclusivo de las mujeres, y su detección temprana puede salvar vidas.

Tres complicaciones graves vinculadas al papiloma en hombres*

El virus del papiloma humano (VPH) suele asociarse con mayor frecuencia a las mujeres debido a su relación con el cáncer de cuello uterino, pero los datos revelan una realidad preocupante en la región: uno de cada cinco hombres en América Latina y el Caribe está infectado con alguna cepa del virus, según estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Aunque muchos casos son asintomáticos y se resuelven sin tratamiento, el VPH en hombres puede derivar en complicaciones graves cuando persiste en el organismo, como cáncer de pene, ano o cavidad oral.

Los síntomas, cuando aparecen, varían según la cepa y la zona afectada. En la mayoría de los casos, se manifiestan como verrugas genitales —pequeñas protuberancias en el pene, escroto o zona anal— que pueden ser indoloras pero altamente contagiosas. Sin embargo, las cepas de alto riesgo (como los tipos 16 y 18) rara vez presentan señales visibles hasta etapas avanzadas. «La falta de síntomas no significa ausencia de riesgo», advirtió el Dr. Carlos Mendoza, urólogo del Hospital das Clínicas de São Paulo, durante un foro regional sobre salud masculina. En países como México y Colombia, donde la cobertura de vacunación en hombres sigue siendo baja (menos del 20% en grupos de riesgo, según la OPS), el diagnóstico tardío agrava el pronóstico.

La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. La vacuna contra el VPH, aprobada para hombres desde 2009, reduce hasta en un 90% las infecciones por las cepas más peligrosas si se aplica antes de la exposición al virus. En naciones como Uruguay y Panamá, donde se incluye en los esquemas nacionales de inmunización para adolescentes, se ha observado una disminución en casos de verrugas genitales y lesiones precancerosas. Junto a la vacunación, el uso sistemático de preservativos —aunque no cubre todas las zonas de transmisión— y los controles médicos anuales son clave. En ciudades como Lima o Bogotá, campañas como «Hombres sin VPH» promueven pruebas de detección en clínicas públicas, especialmente para poblaciones con mayor vulnerabilidad, como hombres que tienen sexo con hombres o personas con VIH.

El estigma alrededor de la salud sexual masculina aún frena avances en la región. Mientras que programas como el de Costa Rica, que ofrece vacunación gratuita hasta los 26 años, muestran resultados prometedores, en otros países la desinformación persiste. La OPS insiste en que normalizar las conversaciones sobre el VPH en hombres —desde consultorios hasta espacios comunitarios— podría salvar miles de vidas cada año.

Vacunación y protección: Qué funciona y qué no según la ciencia*

El virus del papiloma humano (VPH) suele asociarse con las mujeres por su relación con el cáncer de cuello uterino, pero los hombres también enfrentan riesgos significativos. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 50% de los hombres sexualmente activos contraerán al menos un tipo de VPH en algún momento de su vida. La diferencia radica en que, en muchos casos, la infección pasa desapercibida: no siempre provoca síntomas visibles, lo que facilita su transmisión sin que el portador lo sepa.

Los síntomas, cuando aparecen, varían según el tipo de VPH. Algunos causan verrugas genitales —pequeñas protuberancias en el pene, escroto o zona anal—, mientras que las cepas de alto riesgo (como los tipos 16 y 18) pueden derivar en cáncer de pene, ano o garganta. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que, en Brasil, el 25% de los casos de cáncer de cabeza y cuello en hombres están vinculados al VPH. La falta de detección temprana agrava el problema: a diferencia de las mujeres, los hombres no tienen pruebas de rutina como el Papanicolaou para identificar la infección a tiempo.

La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. La vacuna contra el VPH, aprobada para hombres hasta los 45 años en la mayoría de países latinoamericanos, reduce hasta en un 90% el riesgo de infección por las cepas más peligrosas, según la OPS. Países como Uruguay y Panamá ya la incluyen en sus esquemas nacionales de vacunación para adolescentes, mientras que en México y Colombia su aplicación depende de campañas focalizadas. El uso del preservativo, aunque no elimina por completo el riesgo, disminuye las probabilidades de contagio. La higiene y las revisiones médicas periódicas —especialmente para quienes tienen múltiples parejas sexuales— completan las medidas básicas.

Expertos como el Dr. Carlos Álvarez, infectólogo del Instituto Nacional de Cancerología de Colombia, insisten en que el estigma alrededor del VPH en hombres retarda su diagnóstico. «Muchos evitan consultar por vergüenza o porque minimizan los síntomas, pero un chequeo a tiempo puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y complicaciones graves», advirtió en un foro regional organizado por la OPS el año pasado. La educación sexual integral, que en países como Argentina y Chile se imparte desde la escuela primaria, sigue siendo clave para romper mitos y normalizar la prevención.

Hábitos diarios que reducen el riesgo sin esfuerzo*

El virus del papiloma humano (VPH) suele asociarse con mayor frecuencia a las mujeres debido a su relación con el cáncer de cuello uterino, pero los hombres también enfrentan riesgos significativos. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 80% de las personas sexualmente activas se infectarán con al menos un tipo de VPH en algún momento de su vida, y aunque la mayoría de las infecciones desaparecen solas, algunas persisten y pueden derivar en cáncer de pene, ano o garganta. En países como Brasil y México, los casos de cáncer orofaríngeo relacionado con el VPH han aumentado un 22% en la última década, una tendencia que preocupa a los especialistas.

Los síntomas en hombres suelen ser silenciosos o confundirse con otras afecciones. Verrugas genitales —pequeñas protuberancias en el pene, escroto o zona anal— son el signo más visible, pero no todos los tipos de VPH las provocan. Otros indicios, como dolor al orinar o sangrado durante las relaciones sexuales, pueden aparecer en etapas avanzadas. «La falta de síntomas no significa ausencia de riesgo», advierte el Dr. Carlos Mendoza, urólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Su equipo destaca que el VPH-16 y el VPH-18, los tipos de alto riesgo, rara vez muestran señales hasta que el daño celular es grave.

La prevención en hombres pasa por tres ejes: vacunación, uso de preservativo y revisiones médicas periódicas. Aunque en la mayoría de los países latinoamericanos la vacuna contra el VPH se administra principalmente a niñas, cada vez más naciones —como Argentina, Colombia y Uruguay— la incluyen en sus esquemas para niños. El preservativo reduce el riesgo, pero no elimina por completo la transmisión, ya que el virus puede habitar en zonas no cubiertas. En ciudades como Lima o Bogotá, campañas de salud pública promueven chequeos anuales para detectar lesiones precancerosas, especialmente en hombres con múltiples parejas sexuales o sistemas inmunitarios debilitados. La detección temprana sigue siendo la herramienta más efectiva.

Nuevos avances en detección temprana para América Latina*

El virus del papiloma humano (VPH) en hombres sigue siendo un tema poco discutido en América Latina, a pesar de que la región registra algunas de las tasas más altas de infecciones relacionadas. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 30% de los casos de cáncer de pene en la región están asociados al VPH, mientras que en países como Brasil y México el virus también se vincula a un aumento en los cánceres de ano y orofaringe en población masculina. La falta de síntomas visibles en etapas iniciales y la escasa conciencia sobre su prevención agravan el problema.

Los síntomas del VPH en hombres pueden pasar desapercibidos durante años o confundirse con otras afecciones. Las manifestaciones más comunes incluyen verrugas genitales —pequeñas protuberancias en el pene, escroto o zona anal—, aunque algunos tipos de alto riesgo no generan señales hasta desarrollar lesiones precancerosas. En casos avanzados, como los reportados en clínicas de Bogotá y Santiago de Chile, pacientes acuden por dolor al orinar o sangrado tras relaciones sexuales, cuando el virus ya ha causado daño celular. La Dra. Elena Rojas, infectóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte: «El 80% de los hombres sexualmente activos contraerá al menos un tipo de VPH en su vida, pero la mayoría no lo sabrá hasta que sea tarde para prevenir complicaciones».

La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. La vacunación contra el VPH, aprobada para hombres hasta los 45 años en varios países de la región, reduce hasta en un 90% el riesgo de infección por los tipos más peligrosos, según estudios de la Universidad de Chile. Sin embargo, su cobertura sigue siendo baja: mientras Uruguay y Panamá la incluyen en sus programas nacionales de inmunización, en Perú o Ecuador aún depende de campañas esporádicas. Junto a la vacuna, el uso consistente de preservativos —aunque no elimina el riesgo por completo— y los chequeos anuales con pruebas de Papanicolaou anal (en grupos de alto riesgo) son medidas clave. En ciudades como Buenos Aires y Ciudad de México, algunas ONG ofrecen pruebas rápidas de VPH en hombres, un avance que expertos piden replicar a nivel regional.

El virus del papiloma humano en hombres sigue siendo un riesgo subestimado, a pesar de que afecta a más del 50% de la población masculina en algún momento de su vida y puede derivar en cánceres de garganta, pene o ano. La prevención efectiva no depende de la suerte, sino de acciones concretas: vacunación antes de los 26 años, uso sistemático de preservativo y revisiones médicas anuales que incluyan pruebas de detección temprana. Con campañas de vacunación aún desiguales en Latinoamérica y tasas de diagnóstico tardío en aumento, la responsabilidad individual —exigir información clara a los profesionales de salud y romper el tabú alrededor de este tema— puede marcar la diferencia entre un tratamiento a tiempo y consecuencias irreversibles.