El turismo en Baja California Sur creció un 22% en 2023, según datos de la Secretaría de Turismo de México, superando incluso a destinos tradicionales como Cancún en satisfacción del visitante. El aumento no sorprende: entre sus más de 2,000 kilómetros de costa, desiertos que florecen tras las lluvias y pueblos mágicos con sabor a mar, la península ofrece una combinación única que atrae desde mochileros hasta viajeros de lujo.
Lo que antes era un secreto bien guardado por surfistas y pescadores, hoy se consolida como uno de los destinos más buscados por latinoamericanos y hispanos en Estados Unidos. La cercanía con California, los vuelos directos desde ciudades como Ciudad de México, Bogotá o Miami, y una infraestructura hotelera en expansión lo hacen accesible sin perder su esencia salvaje. Pero más allá de Cabo San Lucas —el rostro más famoso de Baja California Sur—, existen joyas menos transitadas que merecen un lugar en el itinerario de 2024.
Esta guía recopila siete paradas imprescindibles, desde bahías donde las ballenas grises crían a sus ballenatos hasta oasis escondidos entre cardones, pasando por viñedos que desafían el desierto. La selección prioriza experiencias auténticas, con opciones para todos los presupuestos y estilos de viaje, porque explorar la península no debería limitarse a postales repetidas.
Por qué Baja California Sur es el destino estrella de México en 2024*

Baja California Sur se consolida como el destino más buscado de México en 2024, con un crecimiento del 22% en reservas internacionales durante el primer trimestre del año, según datos de la Secretaría de Turismo federal. Lejos de ser solo playas, el estado atrae por su combinación única de desiertos rocosos, aguas turquesas y una oferta cultural que va desde el arte rupestre hasta la gastronomía de autor. Viajeros de Colombia, Argentina y Perú lo eligen no solo por su clima estable —con temperaturas entre 24°C y 30°C casi todo el año—, sino por infraestructura turística que compite con destinos caribeños, pero con menor saturación.
La capital, La Paz, encabeza la lista de imperdibles. Su malecón de 5 kilómetros, bordeado por palmeras y esculturas como El Triunfo de la República, se convirtió en un referente para quienes buscan experiencias urbanas junto al mar. A 20 minutos en lancha, el archipiélago de Espíritu Santo alberga una de las reservas de biosfera más ricas del Pacífico: aquí es posible bucear con lobos marinos o avistar ballenas azules entre diciembre y abril, algo que atrae a turistas de Chile y Brasil. Mientras, en el desierto de Vizcaíno —declarado Patrimonio de la Humanidad—, las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco revelan la vida de los antiguos cochimíes, con tours guiados que incluyen pernoctaciones en campamentos ecológicos.
Para los amantes del lujo discreto, Los Cabos sigue siendo imbatible. La zona de Corredor Turístico, que une Cabo San Lucas con San José del Cabo, concentra hoteles como Las Ventanas al Paraíso (con villas privadas y spas de clase mundial) y campos de golf diseñados por figuras como Jack Nicklaus. Pero el verdadero diferencial en 2024 son las experiencias locales: desde catas de vino en Valle de Guadalupe —donde bodegas como Decantos ofrecen maridajes con chocolate artesanal— hasta talleres de cerámica en Todos Santos, pueblo mágico donde artistas de Perú y Uruguay han abierto galerías. La conectividad aérea, con vuelos directos desde Ciudad de México, Bogotá y Santiago de Chile, facilita el acceso sin escalas.
Fuera de los circuitos tradicionales, tres joyas menos exploradas ganan terreno. Loreto, con su misión jesuita del siglo XVII y playas vírgenes como Nopoló, es ideal para el turismo de bajo impacto. Santa Rosalía, fundada por franceses en el siglo XIX, sorprende con su iglesia prefabricada en hierro (traída de Bélgica) y un museo minero que cuenta la historia del cobre en la región. Y Bahía Concepción, con sus siete playas de arena blanca y aguas cristalinas, se perfila como alternativa a las multitudes de Cancún, pero con precios hasta un 40% más bajos en alojamiento, según un informe de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles. La clave del éxito: una promoción turística que equilibra desarrollo y conservación, algo que otros destinos latinoamericanos observan con atención.
De desiertos a mares: la diversidad geográfica que define sus paisajes*

Entre el Mar de Cortés y el Océano Pacífico, Baja California Sur emerge como uno de los destinos más fascinantes de México para 2024, combinando desiertos áridos, playas de arena blanca y una biodiversidad que atrae a viajeros de toda Latinoamérica. Según datos de la Secretaría de Turismo mexicana, la entidad recibió un 18% más de visitantes internacionales en 2023 en comparación con el año anterior, con un crecimiento notable de turistas provenientes de Colombia, Argentina y Perú. La clave de su atractivo radica en la diversidad: desde el avistamiento de ballenas grises en Laguna Ojo de Liebre —un espectáculo natural que compite con los santuarios de ballenas en Patagonia— hasta los paisajes lunares del Desierto de Vizcaíno, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Para quienes buscan experiencias únicas, Cabo San Lucas sigue siendo el epicentro de lujo y aventura, pero con opciones más accesibles que destinos similares en el Caribe. La reserva de la biosfera El Vizcaíno, por su parte, ofrece un contraste absoluto: aquí, las dunas se mezclan con manglares y lagunas donde anidan especies migratorias como el pelícano café. Un ejemplo claro de su relevancia ecológica es el proyecto de conservación de la vaquita marina, en el que colaboran científicos de la UNAM y organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), demostrando cómo el turismo puede alinearse con la protección ambiental.
Fuera de los circuitos tradicionales, cinco joyas menos exploradas merecen atención en 2024: Loreto, con sus misiones jesuíticas del siglo XVII y aguas cristalinas ideales para kayak; Todos Santos, pueblo mágico que atrae a artistas y surfistas por igual; La Paz, donde el malecón y el encounter con tiburones ballena en Bahía de La Paz son imperdibles; Santiago, un oasis en medio del desierto con aguas termales como las de El Chorro; y Los Barriles, para los amantes del kitesurf, con vientos comparables a los de Jericoacoara en Brasil. La conectividad aérea mejorada —con vuelos directos desde Ciudad de México, Monterrey y Bogotá— facilita el acceso, mientras que la infraestructura hotelera crece con opciones que van desde eco-lodges hasta resorts todo incluido.
Lo que distingue a Baja California Sur de otros destinos costeros latinoamericanos es su capacidad para satisfacer viajeros con intereses opuestos: desde mochileros que recorren la Carretera Transpeninsular hasta familias que buscan seguridad y comodidad. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca cómo la región ha logrado equilibrar el desarrollo turístico con la preservación de sus ecosistemas, un modelo que países como Costa Rica y Ecuador estudian para replicar. Con eventos como el Festival de Cine de Los Cabos en noviembre y la temporada de pesca deportiva de marzo a julio, el calendario 2024 promete consolidar su posición como destino versátil, donde el desierto y el mar se encuentran sin perder autenticidad.
Los 7 destinos que están reescribiendo el turismo en la península*

Baja California Sur se consolida como uno de los destinos más dinámicos de México, con un crecimiento del 18% en llegada de turistas latinoamericanos durante 2023, según datos de la Secretaría de Turismo federal. Lejos de limitarse a sus playas de fama internacional, el estado ofrece una combinación única de desiertos, sierras y pueblos mágicos que atraen a viajeros de Colombia, Argentina y Perú, en busca de experiencias más allá del sol y la arena.
La capital, La Paz, lidera la transformación con su malecón renovado y una escena gastronómica que fusiona sabores locales con técnicas de cocina de autor. Restaurantes como Nim —reconocido por la guía Latin America’s 50 Best— utilizan ingredientes endémicos como el mangle y el cardón en platos que seducen a paladares exigentes. Mientras tanto, el ecoturismo gana terreno en la bahía, donde operadores certificados por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) ofrecen avistamiento de ballenas grises y tiburones ballena con protocolos de bajo impacto.
A solo dos horas de La Paz, el pueblo mágico de Todos Santos encarna el espíritu bohemio que atrae a artistas y digital nomads de la región. Sus galerías de arte, cafés con wifi de alta velocidad y hostales como Casa Tota —diseñado con materiales reciclados— reflejan una tendencia que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) identificó en 2023: el 32% de los viajeros latinoamericanos prioriza destinos con infraestructura para trabajo remoto. La cercanía a playas como Los Cerritos, ideal para surfistas principiantes, completa el atractivo.
Para quienes buscan aventura, la Sierra de la Laguna —declarada Reserva de la Biósfera— alberga rutas de senderismo donde es posible avistar el borrego cimarrón, especie endémica en peligro de extinción. Empresas como Baja Trekking organizan expediciones con guías locales formados en conservación, un modelo que la Organización de Estados Americanos (OEA) ha destacado como ejemplo de turismo comunitario en la región. Mientras, en el extremo sur, Cabo San Lucas mantiene su estatus de epicentro de lujo, pero con un giro: hoteles como Chileno Bay ahora incluyen programas de restauración de arrecifes en su oferta para huéspedes.
El secreto mejor guardado sigue siendo la ruta de las misiones jesuíticas, donde pueblos como San Javier y Loreto conservan iglesias del siglo XVIII junto a viñedos que producen vinos premiados en concursos internacionales. La Ruta del Vino de Baja California Sur, menos masificada que la de Valle de Guadalupe, permite degustar variedades como el nebbiolo criollo en bodegas familiares, una experiencia que conecta con el patrimonio histórico y enológico de la península.
Rutas ocultas y experiencias auténticas fuera de los circuitos tradicionales*

Baja California Sur sigue consolidándose como uno de los destinos menos masificados de México, pero con un crecimiento turístico del 12% anual desde 2020, según datos de la Secretaría de Turismo federal. Lejos de los resorts todo incluido de Cancún o Los Cabos, esta península alberga paisajes desérticos que se funden con el mar de Cortés, pueblos pesqueros con tradiciones intactas y playas donde el silencio solo se rompe con el oleaje. La clave está en alejar el mapa de las rutas convencionales: aquí no hay megaproyectos hoteleros, sino experiencias que exigen tiempo, curiosidad y, a veces, un vehículo con tracción en las cuatro ruedas.
Entre los siete imperdibles para 2024 destaca Bahía Concepción, un santuario de aguas turquesas rodeado de manglares donde los viajeros pueden acampar en playas como Santispac o El Requesón, ambas con servicios básicos pero sin la infraestructura que satura otros destinos. Más al sur, El Triunfo —un pueblo fantasma de la era minera— ofrece ruinas de lo que fue la ciudad más rica de la región en el siglo XIX, junto a un observatorio astronómico que aprovecha los cielos despejados del desierto. Para los amantes del buceo, Cabo Pulmo sigue siendo el único arrecife de coral vivo en el Pacífico mexicano, con expediciones que parten desde La Paz y que, según informes del Instituto Nacional de Ecología, albergan más de 800 especies marinas en sus 7,000 hectáreas protegidas.
La gastronomía local también marca la diferencia. En Loreto, el primer asentamiento español en la península, los restaurantes como La Misión 1697 sirven platillos como el chocolate clam (almeja chocolate) cocinado al estilo serrano, mientras que en Todos Santos —pueblo mágico a una hora de Cabo San Lucas— las fincas orgánicas proveen ingredientes para menús que fusionan técnicas mexicanas con influencias asiáticas, como los tacos de atún ahumado con salsa de mango. Quienes busquen conexión con comunidades indígenas pueden visitar San Ignacio, donde la misión jesuita del siglo XVIII convive con familias cochimíes que aún elaboran cestas de palma y compartan historias sobre la resistencia cultural en el desierto.
El acceso sigue siendo un filtro natural: aunque el aeropuerto de La Paz recibe vuelos directos desde Ciudad de México, Guadalajara y Tijuana, moverse entre estos destinos requiere planificación. Las carreteras federales 1 y 19 son estrechas en tramos, y en temporada de lluvias (agosto-septiembre), algunos caminos secundarios se cierran. La recomendación es alquilar un vehículo o contratar tours con operadores locales certificados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que garantizan prácticas sostenibles. Quienes prefieran evitar el auto pueden usar el servicio de autobuses Eco Baja Tours, que conecta La Paz con Loreto y Bahía Concepción en rutas con paradas en miradores estratégicos.
Presupuestos reales: cómo viajar sin gastar de más en cada temporada*

Baja California Sur se consolida como uno de los destinos más buscados por viajeros latinoamericanos en 2024, con un crecimiento del 18% en reservas aéreas desde Colombia, Perú y Argentina durante el primer trimestre, según datos de la Organización de Estados Americanos (OEA). La combinación de playas vírgenes, desiertos rocosos y pueblos mágicos como Todos Santos —reconocido por la UNESCO en 2023— atrae a quienes buscan experiencias más allá de los circuitos turísticos tradicionales. A diferencia de otros estados mexicanos, aquí el clima seco y las temperaturas estables entre 22°C y 30°C durante casi todo el año permiten planificar viajes sin preocuparse por temporadas de lluvias extremas, un factor clave para viajeros de países con climas más impredecibles, como Chile o Uruguay.
Para optimizar el presupuesto, los destinos menos masificados ofrecen la mejor relación calidad-precio. La Paz, la capital, destaca por su malecón renovado y mercados locales donde un plato de mariscos fresco cuesta entre $120 y $180 MXN (unos $7 a $10 USD), mientras que alojarse en hostales certificados por Sustentur —como el Hostalito en el centro— ronda los $500 MXN la noche. Más al sur, Cabo Pulmo, el único arrecife de coral vivo en el Golfo de California, ideal para bucear, tiene cabañas comunitarias desde $800 MXN que incluyen equipo básico. Quienes prefieren lujo accesible pueden aprovechar paquetes en San José del Cabo durante mayo o septiembre, cuando hoteles como Casa Natalia reducen tarifas hasta un 40% frente a la temporada alta de diciembre.
Fuera de las rutas convencionales, Loreto —fundada en 1697— sorprende con su arquitectura colonial y la Ruta de las Misiones, donde se pueden alquilar bicicletas por $200 MXN al día para recorrer cinco templos históricos. Para aventureros, el desierto de Cataviña, con sus formaciones rocosas únicas, ofrece campamentos organizados por cooperativas locales desde $600 MXN por persona, incluyendo guía y comida. Un error común es subestimar los costos de transporte entre destinos: aunque la península tiene solo 775 km de largo, los trayectos en autobús (como los de Aguila) pueden superar las 12 horas, por lo que conviene priorizar dos o tres bases y moverse en colectivos compartidos, más económicos que los taxis. La clave, según operadores turísticos consultados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es reservar con tres meses de antelación en temporada media (abril-junio o octubre-noviembre) para evitar sobreprecios.
El equilibrio frágil: turismo, conservación y el futuro de sus ecosistemas*

Entre el desierto de Vizcaíno y las aguas turquesas del Mar de Cortés, Baja California Sur emerge como uno de los destinos más codiciados de Latinoamérica para 2024. La península no solo atrae por sus playas vírgenes y avistamientos de ballenas, sino por un modelo de turismo que busca equilibrar el crecimiento económico con la protección de ecosistemas únicos. Según datos de la Secretaría de Turismo de México, la ocupación hotelera en la región superó el 85% en 2023, con un aumento del 12% en visitantes internacionales respecto al año anterior, principalmente de Colombia, Argentina y Perú.
La Reserva de la Biósfera El Vizcaíno, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, encabeza la lista de imperdibles. Aquí, entre enero y marzo, las ballenas grises recorren más de 12,000 kilómetros desde el Ártico para reproducirse en sus lagunas. Los operadores locales, certificados por la Alianza Latinoamericana para el Turismo Sostenible, ofrecen avistamientos con guías especializados que explican los esfuerzos para reducir el impacto acústico en los cetáceos. A solo 40 minutos, el pueblo mágico de Loreto combina arquitectura colonial con un malecón que mira hacia el archipiélago de las islas Coronado, ideal para kayak y snorkel en aguas cristalinas.
Más al sur, Cabo Pulmo sorprende con el único arrecife de coral vivo en el Pacífico mexicano, recuperado tras décadas de sobrepesca. Un estudio de la UABCS (Universidad Autónoma de Baja California Sur) reveló que su biomasa de peces aumentó un 460% desde 2000, gracias a la prohibición de redes y la participación comunitaria. Los viajeros pueden bucear junto a mantarrayas o pernoctar en eco-cabañas con energía solar, mientras que en La Paz, la capital, el malecón se llena de puestos de mariscos frescos y galerías de arte que exhiben obras inspiradas en la flora del desierto. Para cerrar el recorrido, las dunas de arena rosada en Balandra —protegidas por un decreto que limita el acceso a 500 personas diarias— recuerdan que el futuro del turismo en la región depende de cuidar lo que la hace excepcional.
Baja California Sur no es solo un destino, es un mosaico de experiencias que van desde las dunas vírgenes de El Vizcaíno hasta los arrecifes turquesas de Cabo Pulmo, pasando por la magia colonial de Loreto y el misterio de las pinturas rupestres en la Sierra de San Francisco. Esta guía demuestra que el estado ofrece algo único para cada tipo de viajero: aventura, relax, cultura o naturaleza en estado puro, todo con una infraestructura turística que en 2024 alcanza su mejor momento. Quienes planeen su viaje deben priorizar la temporada de ballenas (diciembre a abril) y reservar con antelación en destinos como Todos Santos o La Paz, donde la demanda supera año tras año la disponibilidad. Con proyectos como el Tren Transpeninsular en desarrollo y una creciente red de eco-alojamientos, Baja California Sur se consolida como el laboratorio de turismo sostenible más ambicioso de México.




