El mercado global de calzado deportivo superó los 100.000 millones de dólares en 2023, pero un dato menos conocido revela que el 42% de los corredores latinos abandona sus tenis para correr antes de los seis meses por molestias evitables. No se trata de falta de disciplina o de rutinas mal planificadas, sino de errores básicos al elegir el calzado, desde ignorar el tipo de pisada hasta caer en el mito de que «más amortiguación siempre es mejor».

La región no es ajena a este problema. Con un crecimiento del 15% anual en participantes de carreras populares —desde los 5K en Ciudad de México hasta los maratones de Miami— la demanda de tenis para correr ha explosión, pero la orientación no ha seguido el mismo ritmo. Mientras marcas internacionalizan sus modelos con promesas de tecnología revolucionaria, muchos consumidores terminan priorizando el diseño sobre la funcionalidad o repitiendo tallas equivocadas por costumbre.

Lo cierto es que un par inadecuado no solo arruina el rendimiento, sino que puede derivar en lesiones crónicas como fascitis plantar o problemas de rodilla. La buena noticia: con ajustes precisos —desde medir los pies al final del día hasta evaluar la flexibilidad de la suela— es posible transformar incluso opciones económicas en aliados para kilómetro tras kilómetro. El primer paso es identificar qué está fallando antes de que el dolor lo haga por usted.

Por qué el calzado adecuado define tu rendimiento al correr*

Elegir los tenis equivocados para correr puede arruinar hasta el entrenamiento más disciplinado. Según un estudio de la Universidad de São Paulo, el 68% de las lesiones en corredores aficionados en América Latina están relacionadas con el uso de calzado inadecuado, desde fascitis plantar hasta problemas en las rodillas. El error no siempre es comprar lo más barato, sino ignorar factores como la pisada, el terreno o incluso el clima de la región.

El primer fallo frecuente es priorizar el diseño sobre la funcionalidad. En ciudades como Bogotá o Ciudad de México, donde el running gana adeptos, muchas personas eligen modelos por colores o marcas sin verificar si ofrecen soporte para su tipo de arco. Otro descuido común es usar los mismos tenis para correr en asfalto, tierra o cinta, cuando cada superficie exige amortiguación distinta. Por ejemplo, un corredor en Lima que entrena en el malecón necesitará suelas más flexibles que quien hace trail en los cerros de Santiago.

La Dra. María González, podóloga deportiva de la Clínica MEDS en Chile, advierte que otro error grave es no reemplazar los tenis a tiempo. «Correr con zapatillas desgastadas —después de 500 a 800 kilómetros— equivale a hacerlo descalzo en términos de impacto», explica. Muchos en la región extienden su uso por economía, sin notar que la amortiguación pierde eficacia. También se subestima probar los tenis con los calcetines de entrenamiento: un ajuste apretado en la tienda puede convertirse en ampollas en una carrera de 10 km.

Para evitar estos problemas, lo ideal es analizar la pisada en tiendas especializadas —como las cadenas Sportline en Argentina o Decathlon en Colombia— y elegir modelos con drop (diferencia de altura entre talón y punta) acorde al estilo de carrera. En climas húmedos, como el de Panamá o Quito, conviene priorizar materiales transpirables para evitar hongos. Pequeños detalles que, al final, marcan la diferencia entre un entrenamiento efectivo y una visita al traumatólogo.

Tres características técnicas que separan un buen tenis de uno malo*

Elegir tenis para correr parece sencillo hasta que los primeros dolores aparecen. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 65% de las lesiones en corredores recreativos en América Latina están ligadas al calzado inadecuado. El error más frecuente es priorizar el diseño sobre la función: modelos con suelas demasiado rígidas o materiales no transpirables generan ampollas en climas húmedos como los de Ciudad de México o Bogotá. Otro fallo común es ignorar el tipo de pisada, algo crítico en superficies irregulares como las veredas de Buenos Aires o los parques de Santiago.

La Dra. Valeria Rojas, podóloga deportiva de la Clínica MEDS en Chile, advierte que comprar tenis una tallas más grandes «para que no aprieten» es un mito peligroso. «Un pie que se desliza dentro del zapato modifica la biomecánica, aumentando el riesgo de fascitis plantar», explica. Esto afecta especialmente a corredores en ciudades con pendientes pronunciadas, como Quito o La Paz. Tampoco ayuda confiar en marcas sin verificar su tecnología: suelas de goma carbonada duran más en asfalto, mientras que las de espuma EVA amortiguan mejor en tierra, común en rutas como el Valle de Bravo en México.

El tercer error —y quizá el más costoso— es no reemplazar los tenis a tiempo. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda cambiarlos cada 500 a 800 kilómetros, pero muchos esperan hasta que la suela se desprenda. En países con alta inflación, como Argentina o Venezuela, esto se agrava al posponer la compra por meses. Una prueba práctica: si al doblar la zapatilla la suela no recupera su forma, ya perdió el 50% de su capacidad de amortiguación. Para evitar sorpresas, lo ideal es probar los tenis con los calcetines técnicos que se usarán al correr y caminar al menos 10 minutos en la tienda antes de decidir.

Los materiales que arruinan tus pies (y cómo identificarlos)*

Elegir unos tenis para correr parece sencillo, pero un error en la selección puede derivar en lesiones que afecten desde los tobillos hasta la espalda. En América Latina, donde el running gana adeptos en ciudades como Bogotá, Santiago o Ciudad de México, el 68% de los corredores recreativos usa calzado inadecuado para su tipo de pisada, según un estudio de la Universidad de São Paulo. El problema no es solo la incomodidad: un zapato mal elegido acelera el desgaste articular y aumenta el riesgo de fascitis plantar, una de las consultas más frecuentes en clínicas deportivas de la región.

El primer error —y el más extendido— es priorizar el diseño sobre la función. Marcas como Nike o Adidas invierten millones en marketing visual, pero un tenis con amortiguación insuficiente o suela rígida transforma cada zancada en un microimpacto dañino. La Dra. Valeria Rojas, podóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte: «Un corredor que pisa pronando (hacia adentro) y elige un modelo neutro terminará con dolores en la rodilla antes de los 50 kilómetros». En mercados como el argentino o el peruano, donde el 40% de las compras se hacen por internet (datos de la Cámara Latinoamericana de Comercio Electrónico), este error se agrava: sin probarse el calzado, muchos compran tallas incorrectas o materiales no transpirables, ideales para hongos en climas húmedos.

Otros fallos comunes incluyen ignorar el terreno —un tenis para asfalto no sirve para trails en cerros como los de Medellín— o no reemplazar el calzado cada 500 a 800 kilómetros, incluso si «se ven bien». En países con alta inflación, como Venezuela o Argentina, el costo de unos tenis técnicos (entre 80 y 200 dólares) lleva a muchos a alargar su uso hasta que la suela pierda grosor. La solución no es gastar más, sino informarse: tiendas especializadas en Lima o Montevideo ofrecen análisis de pisada gratuitos, y marcas locales como Topper (Argentina) o KangaROOS (Brasil) tienen opciones económicas con tecnología validada. Lo mínimo exigible es verificar que el tenis tenga un drop (diferencia de altura entre talón y punta) acorde al estilo de carrera y que la horma no apriete los dedos, especialmente el pulgar.

De la talla al arco: cómo medir tu pie como un profesional*

Elegir los tenis adecuados para correr parece sencillo, pero un error en la selección puede derivar en lesiones o molestias que arruinen la rutina. Según un estudio de la Universidad de São Paulo, el 60% de los corredores amateur en América Latina usan calzado inadecuado para su tipo de pisada o distancia, lo que incrementa el riesgo de fascitis plantar o problemas en las rodillas. El problema no está en la falta de opciones —el mercado ofrece desde modelos económicos en mercados como el de Bogotá hasta tecnología de punta en tiendas de Santiago—, sino en descuidar detalles clave al momento de comprar.

El primer error es priorizar el diseño sobre la funcionalidad. Marcas como Nike o Adidas lanzan constantemente ediciones limitadas con colores llamativos que distraen de lo esencial: la amortiguación y el soporte. Un corredor de Lima que entrena en el Parque de la Reserva no necesita el mismo tipo de tenis que uno que recorre las laderas de Medellín, donde el terreno irregular exige mayor estabilidad. Otro fallo frecuente es comprar el mismo número de siempre sin medir el pie al final del día, cuando está más hinchado. La diferencia puede ser medio número, suficiente para evitar rozaduras en distancias largas.

Ignorar el tipo de pisada es quizá el más grave. Mientras que en ciudades como Buenos Aires o Ciudad de México hay clínicas especializadas que analizan la biomecánica, en zonas con menos acceso a estos servicios, una prueba casera puede ayudar: mojar los pies y pisar una superficie que marque la huella. Si la impronta muestra poco arco, se necesita un tenis con soporte para pronadores; si el arco es muy marcado, uno neutro. La Dra. María González, podóloga deportiva del Hospital das Clínicas de Río de Janeiro, advierte que «usar un calzado que no compense la pisada equivale a correr con un lastre invisible: el cuerpo paga el precio a mediano plazo».

Por último, subestimar el desgaste o confiar en promociones sin verificar la calidad son errores que se pagan caro. Un tenis para correr pierde entre el 30% y 50% de su amortiguación después de 500 kilómetros, según pruebas del Laboratorio de Biomecánica de la Universidad de Chile. Quienes participan en maratones como el de Santiago o el de Bogotá suelen llevar un registro de los kilómetros recorridos con cada par, pero el corredor ocasional olvida reemplazar sus tenis a tiempo. La solución no es gastar más, sino informarse: revisar reseñas en plataformas como Mercado Libre —donde el 78% de las compras de calzado deportivo en la región se concentran—, probarse ambos zapatos con los calcetines de entrenamiento y caminar unos minutos dentro de la tienda antes de decidir.

Marcas populares en Latinoamérica y qué modelos evitar según tu tipo de pisada*

Elegir unos tenis para correr parece sencillo hasta que el dolor en las rodillas o los ampollas aparecen después de unos kilómetros. En Latinoamérica, donde el running crece como actividad recreativa y competitiva —con eventos como la Maratón de Santiago o el Medio Maratón de Bogotá atrayendo a miles—, muchos corredores cometen errores básicos que arruinan su experiencia. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 62% de las lesiones en corredores amateurs se relacionan con calzado inadecuado, desde fascitis plantar hasta problemas en el tendón de Aquiles.

El primer error es ignorar el tipo de pisada. Mientras en ciudades como Lima o Ciudad de México las veredas irregulares exigen mayor amortiguación, en corredores con pisada pronadora (hacia adentro) un tenis neutro agrava el problema. Según la Dra. María González, podóloga deportiva del Instituto Nacional de Rehabilitación de Colombia, «un tenis con soporte en el arco interno puede reducir hasta un 40% el riesgo de lesiones en quienes sobrepronan». Sin embargo, en tiendas de Buenos Aires o Caracas aún es común ver vendedores recomendar modelos por moda en lugar de función.

Otros fallos frecuentes incluyen comprar tenis una talla pequeña —los pies se hinchan al correr—, priorizar marcas sobre características técnicas o no reemplazar el calzado cada 500-800 kilómetros. En países con climas húmedos como Costa Rica o Panamá, materiales no transpirables generan hongos, mientras que en altitudes como La Paz o Quito, la falta de flexibilidad en la suela dificulta la adaptación al terreno. La solución no es gastar más, sino informarse: probar los tenis con los calcetines de running, caminar en ellos antes de comprar y revisar que la suela tenga ranuras para agarre en superficies resbaladizas, comunes en parques latinoamericanos.

Hacia dónde va la tecnología en tenis para corredores en la región*

Elegir el calzado incorrecto para correr sigue siendo un error frecuente entre los corredores latinoamericanos, incluso cuando el mercado ofrece opciones con tecnología avanzada. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 62% de las lesiones en corredores recreativos de la región están relacionadas con el uso de tenis inadecuados, desde fascitis plantar hasta problemas en las rodillas. El problema no es la falta de información, sino la confusión entre mitos, modas y necesidades reales.

El primer error —y el más extendido— es priorizar el diseño sobre la funcionalidad. Marcas como Nike y Adidas lanzan modelos con colores llamativos que dominan las redes sociales, pero eso no garantiza soporte para el arco del pie o amortiguación. En ciudades como Bogotá o Ciudad de México, donde el running urbano crece, muchos optan por tenis de moda en lugar de analizar su tipo de pisada. La solución es simple: probarse los zapatos al final del día, cuando los pies están más hinchados, y caminar con ellos en la tienda antes de comprar.

Otro fallo común es ignorar el terreno. No es lo mismo correr en el asfalto de Santiago de Chile que en los senderos de tierra de los cerros de Medellín. Los tenis para trail running, por ejemplo, tienen suelas con mayor agarre, mientras que los de carretera priorizan la absorción de impacto. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el 40% de los corredores en América Latina entrena en superficies mixtas, pero menos del 20% usa calzado versátil. La recomendación es tener al menos dos pares si se alterna entre pavimento y naturaleza.

El tercer error, menos obvio pero igual de dañino, es no reemplazar los tenis a tiempo. La vida útil promedio es de 500 a 800 kilómetros, aunque en climas húmedos como el de Buenos Aires o Panamá, el material se degrada más rápido. Un truco práctico: revisar la suela en busca de desgaste asimétrico o perder la capacidad de «rebote» al apretarlos con los dedos. Muchos esperan a que el dolor aparezca, pero para entonces, el daño a las articulaciones ya está hecho.

Por último, subestimar el ajuste o comprar tallas incorrectas —especialmente al adquirir en línea— completa la lista. En países como Perú o Ecuador, donde el comercio electrónico de artículos deportivos crece, las devoluciones por tallas equivocadas superan el 30%, según la Cámara Latinoamericana de Comercio Electrónico. La regla de oro: debe quedar un espacio del ancho de un pulgar entre el dedo más largo y la punta del tenis. Si aprieta o queda flojo, no importa cuán avanzada sea la tecnología: el riesgo de lesiones aumenta.

Elegir unos tenis para correr no es solo cuestión de diseño o precio: es una decisión que define comodidad, rendimiento y hasta la salud de tus articulaciones. Los errores más frecuentes —desde ignorar el tipo de pisada hasta priorizar la moda sobre la funcionalidad— pueden convertir cada entrenamiento en una batalla contra ampollas o lesiones. La solución está en actuar con información: visita una tienda especializada para un análisis de pisada, prueba ambos pies (el tamaño puede variar) y elige materiales transpirables adaptados al clima latinoamericano, donde la humedad y el calor exigen mayor ventilación. Con un mercado en crecimiento y marcas internacionales compitiendo por la región, nunca hubo mejor momento para exigir calzado que realmente se ajuste a tus necesidades.