Más de 500 millones de católicos en América Latina y Estados Unidos marcarán sus calendarios para el Viernes Santo 2025, una fecha que este año caerá el 18 de abril y que sigue siendo el día de mayor recogimiento en el calendario litúrgico. Pero más allá de su significado religioso, la celebración ha adquirido un peso cultural que trasciende lo espiritual: desde las procesiones que paralizan ciudades enteras en Guatemala hasta los platos tradicionales como el bacalao en México o las empanadas de vigilia en Argentina, la jornada une a comunidades bajo rituales que se repiten desde hace siglos.
La preparación para el Viernes Santo 2025 ya comienza a notarse en parróquias y mercados, donde la demanda de ingredientes para las comidas de abstinencia o los materiales para altares temporales aumenta semanas antes. Sin embargo, mientras algunos lo viven como un acto de fe profunda, otros lo abordan desde la curiosidad por tradiciones que mezclan lo sagrado con lo popular —como las representaciones de la Pasión en vivo que atraen a miles de turistas en Perú o Colombia—. Lo cierto es que, sea por devoción o por herencia cultural, la fecha sigue moldeando costumbres que van desde lo íntimo hasta lo colectivo.
Origen y significado del Viernes Santo en el cristianismo*

El Viernes Santo de 2025 caerá el 18 de abril, marcando el día más solemne del calendario cristiano. Esta fecha conmemora la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret en el Calvario, según relatan los Evangelios. Aunque la Semana Santa varía cada año por seguir el calendario lunar, su impacto en América Latina permanece constante: desde las procesiones en Antigua Guatemala hasta los viacrucis vivientes en Iztapalapa (México) o las playas vacías en Brasil por respeto a la tradición.
El significado religioso trasciende lo litúrgico. Para los católicos, es un día de ayuno, abstinencia y reflexión sobre el sacrificio redentor. Las iglesias celebran el Oficio de la Pasión del Señor por la tarde, donde se lee el relato de la muerte de Cristo y se adorna la cruz con un velo morado. En países como Perú y Colombia, muchas familias evitan consumir carne roja, reemplazándola con platos a base de pescado, como el ceviche o la bacalao. La Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) recuerda que, más allá de las costumbres, el núcleo de la jornada es «la esperanza que nace de la oscuridad».
Las tradiciones varían según la región, pero comparten un tono de recogimiento. En Venezuela, los «nazarenos» desfilan con túnicas y capirotes en silencio; en Bolivia, las imágenes de Jesús yacente son llevadas en andas por calles alfombradas con flores. Un estudio de la CEPAL en 2022 destacó que el 68% de los latinoamericanos participa en alguna actividad religiosa durante esta semana, aunque no todos sean practicantes habituales. El turismo también se adapta: ciudades como Cartagena o Quito registran ocupación hotelera baja, mientras que destinos como San Pedro de Atacama (Chile) atraen a quienes buscan retiros espirituales en el desierto.
Para 2025, algunas diócesis ya preparan iniciativas especiales. La Arquidiócesis de Buenos Aires, por ejemplo, anunciará rutas de peregrinación hacia la Basílica de Luján, mientras que en Centroamérica se reforzarán medidas de seguridad para las multitudes en San Salvador y Managua. El Viernes Santo cierra con la expectativa de la Vigilia Pascual, que da paso a la celebración de la Resurrección. Es, en esencia, un día de contraste: entre el luto por la muerte y la certeza de la vida nueva que promete la fe.
Fechas exactas del Viernes Santo 2025 y su cálculo litúrgico*

El Viernes Santo de 2025 caerá el 18 de abril, fecha que marca el centro de la Semana Santa para los más de 580 millones de católicos en América Latina, según datos del Centro de Investigaciones Pew. Esta conmemoración, que recuerda la crucifixión de Jesús, se determina mediante un cálculo litúrgico basado en el calendario lunar: siempre es el viernes siguiente a la primera luna llena después del equinoccio de primavera en el hemisferio norte. La Iglesia utiliza el Computus, un sistema matemático que evita coincidir con la Pascua judía, tal como se estableció en el Concilio de Nicea en el año 325.
En países como México, Colombia y Perú, el Viernes Santo se vive con procesiones silenciosas, representaciones del Vía Crucis y ayunos estrictos. En Guatemala, las alfombras de aserrín teñido —que pueden medir hasta 500 metros en ciudades como Antigua— atraen a miles de turistas. Mientras tanto, en Argentina y Chile, muchas familias aprovechan el feriado largo para viajar, aunque las celebraciones religiosas en catedrales como la de Buenos Aires o Santiago mantienen una alta asistencia. Un estudio de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 2023 reveló que el 62% de los latinoamericanos participa en al menos una actividad religiosa durante esta semana.
El significado teológico del día va más allá de lo ritual. Según el teólogo brasileño Paulo Suess, la muerte de Cristo simboliza «la redención del pecado original y la esperanza de resurrección, pilares que unifican a las comunidades católicas del continente». En un contexto social, la fecha también ha servido para reflexionar sobre temas como la violencia y la desigualdad. Por ejemplo, en 2024, el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, vinculó el mensaje del Viernes Santo con la crisis de migración en Centroamérica durante su homilía.
Para quienes planean viajar o participar en eventos, es clave considerar que algunos países ajustan sus calendarios. Venezuela y Ecuador, por ejemplo, suelen extender los feriados hasta el lunes siguiente (Lunes de Pascua), mientras que en Uruguay y Paraguay las actividades comerciales se reducen al mínimo. Las restricciones al consumo de carne en este día —observadas por el 48% de los católicos practicantes, según la Encuesta Latinoamericana de Religión (CEPAL)— también impactan en la economía local, con un aumento del 30% en ventas de pescado en mercados como La Veguita (Lima) o Mercado Central (Santiago).
Tradiciones más arraigadas en América Latina durante la Semana Santa*

El Viernes Santo de 2025 caerá el 18 de abril, marcando el día más solemne del calendario cristiano en América Latina. Esta fecha, que conmemora la crucifixión y muerte de Jesús, moviliza a millones de fieles en procesiones, actos litúrgicos y tradiciones que mezclan devoción y cultura popular. Desde las calles empedradas de Antigua Guatemala hasta las playas de Río de Janeiro, la región vive esta jornada con un fervor que trasciende fronteras.
En países como Perú y Bolivia, la tradición del descendimiento —representaciones teatrales de la Pasión de Cristo— atrae a multitudes. Mientras tanto, en Venezuela y Colombia, el consumo de pescado reemplaza a la carne roja, siguiendo la abstinencia católica. Según datos de la CEPAL, cerca del 60% de la población latinoamericana participa en alguna actividad religiosa durante esta semana, aunque con variaciones locales: en México, las procesiones del silencio en San Luis Potosí contrastan con los coloridos tapetes de aserrín en Guatemala.
El significado religioso del Viernes Santo va más allá de lo ritual. Para comunidades indígenas, como los mayas en Chiapas o los quechuas en Cusco, la fecha se entrelaza con creencias ancestrales sobre renovación y fertilidad. La Iglesia Católica, por su parte, enfatiza el mensaje de sacrificio y redención. En ciudades como Lima o Bogotá, las catedrales abren sus puertas para el Vía Crucis, mientras que en zonas rurales, como el altiplano andino, se realizan ofrendas a la Pachamama junto a las oraciones cristianas.
La preparación incluye desde la elaboración de platos típicos —como la fanesca en Ecuador o el bacalao en Puerto Rico— hasta la confección de imágenes religiosas que se heredan por generaciones. Aunque el turismo religioso gana fuerza, con destinos como Popayán (Colombia) o Taxco (México) recibiendo visitantes, el núcleo de la celebración sigue siendo familiar. Las restricciones por la pandemia dejaron en evidencia su importancia: en 2020, el 78% de los encuestados por el BID declaró extrañar las procesiones comunitarias.
Procesiones, ayunos y rituales: cómo se vive el Viernes Santo en cada país*

El Viernes Santo de 2025 caerá el 18 de abril, marcando el punto central de la Semana Santa para los más de 480 millones de católicos en América Latina, según datos del Pew Research Center. Esta fecha conmemora la crucifixión de Jesús y se vive con intensas manifestaciones de fe que varían desde procesiones multitudes hasta rituales de reflexión en silencio. En países como Guatemala, las calles de Antigua se cubren con alfombras de aserrín teñido que representan escenas bíblicas, mientras que en Perú, los fieles en Ayacucho participan en procesiones que duran hasta 12 horas.
Las tradiciones reflejan la fusión entre el sincretismo religioso y las costumbres locales. En Venezuela, es común el consumo de bacalao a la vizcaína como plato típico, mientras que en Bolivia, las comunidades aimaras combinan rituales ancestrales con la veneración de la cruz. La Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) ha destacado cómo estas prácticas fortalecen la identidad cultural, aunque también advierte sobre el riesgo de perder su significado espiritual en medio del turismo masivo. Un ejemplo claro es Cartagena, donde las procesiones atraen a miles de visitantes, pero las autoridades eclesiásticas insisten en mantener el respeto al carácter sagrado del día.
El ayuno y la abstinencia de carne son prácticas extendidas, aunque con matices regionales. En México, muchos optan por comer romeritos con mole, mientras que en Argentina, el pescado reemplaza a la carne vacuna. Según la Dra. Elena Rojas, antropóloga de la Universidad Nacional de Córdoba, «el Viernes Santo actúa como un espejo de la diversidad latinoamericana: une a las comunidades bajo un símbolo común, pero cada una lo interpreta desde su propia historia». La jornada culmina con el Santo Entierro, donde imágenes de Jesús yacente recorren las ciudades, desde Quito hasta Santiago, en un acto que mezcla dolor y esperanza.
Recomendaciones para participar con respeto en las celebraciones religiosas*

El Viernes Santo de 2025 caerá el 18 de abril, marcando el día central de la Semana Santa para los más de 500 millones de católicos en América Latina. Esta fecha, que conmemora la crucifixión de Jesús, varía cada año según el calendario lunar, pero su significado religioso y cultural permanece inmutable en países como México, Colombia y Perú, donde las procesiones y actos litúrgicos reúnen a miles de fieles.
Las tradiciones varían según la región. En Guatemala, los famosos tapetes de aserrín teñido cubren las calles de Antigua para el paso de las procesiones, mientras que en Venezuela, los «nazarenos» visten túnicas moradas en Caracas. En Brasil, aunque con menor intensidad que en los países hispanohablantes, ciudades como Ouro Preto mantienen vivas las representaciones de la Pasión. Según datos de la CEPAL, el turismo religioso durante esta semana genera un impacto económico de más de 1.200 millones de dólares anuales en la región.
Para quienes deseen participar con respeto, es clave entender el simbolismo del día: silencio, reflexión y abstinencia de carne (según la tradición católica). En Bolivia, por ejemplo, muchas familias consumen solo pescado o sopas de verduras. Las iglesias suelen organizar viacrucis públicos, como el de la Basílica de Guadalupe en México, que atrae a más de 5 millones de peregrinos cada año. La Organización de Estados Americanos (OEA) recomienda a los visitantes informarse sobre las normas locales, ya que algunas comunidades prohíben el consumo de alcohol o música alta durante este día.
El significado trasciende lo religioso: es una expresión de identidad cultural. En Ecuador, las «cucuruchos» de Quito portan cruces de madera en señal de penitencia, mientras que en Argentina, las misas se combinan con feriados nacionales que fomentan el reencuentro familiar. La clave está en observar sin interferir, especialmente en rituales como los flagelantes de San Luis Potosí (México) o los «encapuchados» de Popayán (Colombia), donde la devoción adopta formas intensas y ancestrales.
Tendencias emergentes: cómo cambia la devoción del Viernes Santo entre las nuevas generaciones*

El Viernes Santo de 2025 caerá el 18 de abril, marcando el centro de la Semana Santa y uno de los días más solemnes para los más de 580 millones de católicos en América Latina, según datos del Centro de Investigaciones Sociorreligiosas de Latinoamérica (CISAL). Esta fecha conmemora la crucifixión de Jesús y, aunque mantiene su esencia litúrgica, su celebración refleja cambios generacionales: mientras las procesiones en Antioquia (Colombia) o la quema de Judas en Venezuela siguen atrayendo multitudes, los jóvenes entre 18 y 30 años priorizan experiencias comunitarias sobre rituales tradicionales.
Las tradiciones varían según el país, pero comparten un eje simbólico. En Perú, el Señor de los Milagros recorre Lima en una procesión que congela el tráfico; en México, los viacrucis vivos en Iztapalapa reúnen a miles. Sin embargo, un estudio de la Universidad Católica Argentina (2023) reveló que el 42% de los jóvenes latinoamericanos asocia el Viernes Santo más con el descanso familiar que con la penitencia. Las redes sociales han transformado incluso el ayuno: el hashtag #ViernesSanto registró un aumento del 200% en 2024, vinculado a recetas de bacalao o platos sin carne, no a reflexiones espirituales.
El significado religioso persiste en los detalles. La Iglesia católica insiste en tres pilares: ayuno (una comida completa y dos colaciones para mayores de 18 años), abstinencia de carne y participación en la Liturgia de la Pasión. En ciudades como Santiago de Chile o Bogotá, parroquias han adaptado horarios para atraer a trabajadores, mientras en zonas rurales de Centroamérica —como en Guatemala— las alfombras de aserrín teñido aún requieren días de elaboración comunitaria. La tensión entre lo sagrado y lo cultural queda clara cuando, en Brasil, el feriado nacional se solapa con el turismo en playas como Copacabana, donde el consumo de alcohol sube un 30% pese a las campañas eclesiásticas.
Para 2025, analistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) prevén que el gasto en Semana Santa supere los 12 mil millones de dólares en la región, con un 15% destinado a viajes internos. Pero más allá de lo económico, el desafío es teológico: cómo transmitir el mensaje de sacrificio y redención a generaciones que, como muestra el Barómetro de las Américas, cada vez más ven la fe como una opción privada, no colectiva. La respuesta podría estar en iniciativas como las de la diócesis de Montevideo, que en 2024 lanzó un viacrucis digital con reflexiones en TikTok, alcanzando a 1.2 millones de usuarios.
El Viernes Santo 2025 no es solo una fecha en el calendario, sino el corazón de la Semana Santa: un momento de reflexión profunda sobre sacrificio, redención y renovación espiritual que une a millones en Latinoamérica. Más allá de las procesiones y el ayuno, su esencia radica en reconectar con valores como la solidaridad y la fe, visibles en tradiciones que van desde el lavatorio de pies en México hasta las alfombras de aserrín en Guatemala. Para vivirlo con autenticidad, basta con participar en actos comunitarios —ya sea asistiendo a una misa o colaborando con comedores populares— y aprovechar los días santos para el silencio y la introspección. Con una región donde el 80% se identifica como católica, cada gesto de devoción este 18 de abril puede fortalecer lazos culturales y espirituales que trascienden fronteras.
