El yen japonés alcanzó en enero de 2024 su nivel más bajo frente al dólar en 34 años, un movimiento que ha reconfigurado el panorama cambiario para las monedas latinoamericanas. Mientras los mercados asiáticos ajustan políticas monetarias, el yen a peso registra fluctuaciones que abren oportunidades —y riesgos— para importadores, viajeros y pequeños inversores en la región. En México, por ejemplo, la cotización actual ronda los 0.13 pesos por yen, pero los analistas prevén variaciones significativas en los próximos meses debido a las decisiones del Banco de Japón y la Reserva Federal.

La relación yen a peso no es solo un dato para economistas: afecta directamente el costo de productos electrónicos, autos japoneses y hasta los envíos de remesas desde Japón, donde residen más de 120.000 latinoamericanos. Quienes planean viajes a Tokio o compras en yen pueden beneficiarse si actúan con información precisa sobre los momentos clave del tipo de cambio. Las estrategias van desde el uso de plataformas fintech con bajas comisiones hasta la diversificación en activos que mitiguen la volatilidad. Los detalles concretos marcan la diferencia entre aprovechar la tendencia o sufrir sus consecuencias.

El yen japonés y su relación histórica con el peso latinoamericano*

El yen japonés cerró mayo con una depreciación del 12% frente al dólar en lo que va de 2024, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS), y esa tendencia arrastra consigo cambios significativos en su relación con las monedas latinoamericanas. Para los importadores de autos y tecnología en países como México, Colombia o Chile —donde el yen tiene peso en las cadenas de suministro—, la cotización actual representa una oportunidad para reducir costos. En la última semana, el tipo de cambio promedio osciló entre 0.042 y 0.045 pesos mexicanos por yen, mientras que en Argentina y Perú la variación fue más pronunciada debido a la volatilidad local.

La debilidad del yen no es casualidad. La política monetaria ultraflexible de Japón, con tasas de interés cercanas a cero, contrasta con los aumentos agresivos de la Reserva Federal en EE.UU., lo que incentiva la salida de capitales de Asia. Esto beneficia a empresas latinoamericanas que compran insumos en yenes, como la automotriz mexicana Nissan Mexicana o la chilena Cencosud en su división de electrodomésticos. Según un informe de la CEPAL, las importaciones desde Japón en la región podrían abaratarse hasta un 8% este año si el yen mantiene su tendencia, aunque el efecto varía según la exposición de cada economía al dólar.

Para aprovechar este escenario, los expertos recomiendan estrategias concretas. Las pymes con proveedores japoneses pueden negociar contratos a futuro para bloquear el tipo de cambio actual, como ya hacen exportadores de café colombiano que venden a Asia. Los viajeros latinoamericanos que planeen visitar Japón —destino que recuperó un 70% de su turismo pre-pandemia, según la Organización Mundial del Turismo— encuentran en la cotización actual un momento favorable para cambiar divisas. Incluso algunos fondos de inversión regionales, como los gestionados por el BID Invest, están aumentando su exposición a activos denominados en yen para diversificar riesgos.

No todos los efectos son positivos. Países con deuda en yenes, como Brasil, enfrentan un costo de servicio más alto al convertir sus pagos a reales. Y en mercados como el peruano, donde el sol se ha fortalecido frente al dólar, la ganancia por la caída del yen se diluye. La clave, como señalan analistas del Banco Interamericano de Desarrollo, está en monitorear no solo el tipo de cambio nominal, sino los diferenciales de inflación y las políticas de cada banco central. La volatilidad, después de todo, sigue siendo la única constante.

Tasa de cambio actual: Dónde verificar el valor real del yen hoy*

El yen japonés cerró esta semana con una volatilidad marcada frente al peso latinoamericano, impulsado por las decisiones del Banco de Japón y las expectativas de ajuste en las tasas de interés de Estados Unidos. Según datos del Banco Central de Chile, la cotización promedio del yen en la región osciló entre 0.048 y 0.051 pesos por unidad en las últimas 48 horas, con picos en plataformas como XE.com y OANDA, donde los usuarios pueden verificar valores en tiempo real. La diferencia de hasta un 6% entre casas de cambio físicas y digitales en países como México o Colombia obliga a comparar antes de operar.

Para quienes buscan aprovechar el tipo de cambio —ya sea por remesas, viajes o inversiones—, la clave está en monitorear tres momentos críticos: las aperturas del mercado asiático (entre las 20:00 y 22:00 hora de Buenos Aires), los anuncios del Banco de Japón (generalmente los viernes) y los reportes de empleo en EE.UU., que suelen impactar el dólar y, por extensión, el yen. Un ejemplo concreto: en Perú, donde la comunidad nikkei supera los 100,000 miembros según la Asociación Peruano Japonesa, el tipo de cambio favorable en 2024 ha permitido que pequeñas empresas importen insumos electrónicos con un ahorro del 12% respecto a 2023.

Las plataformas más confiables para seguir la cotización incluyen:

  • Bancos centrales: Sitios oficiales como el <a href="https://www.banxico.org.mx" target="blank»>Banco de México o el <a href="https://www.bcentral.cl" target="blank»>Banco Central de Chile publican tipos de cambio referenciales diarios.
  • Apps especializadas: Revolut y Wise ofrecen alertas personalizadas y conversiones con comisiones bajas (entre 0.3% y 0.5%).
  • Casas de cambio reguladas: En ciudades como São Paulo o Ciudad de Panamá, entidades como Global Exchange o Afex garantizan transparencia en las operaciones.

La recomendación de analistas como el economista Javier Rojas, del BID, es evitar transacciones en aeropuertos o zonas turísticas, donde los márgenes pueden superar el 8% sobre el valor real.

Un factor adicional en 2024 es el aumento de turistas latinoamericanos a Japón —un 18% más que en 2023, según la Organización Mundial del Turismo—, lo que ha generado demanda de yenes en efectivo. En Argentina, donde las restricciones cambiarias persisten, algunos viajeros recurren a pagos con tarjeta en moneda local (pesos) para evitar la brecha entre el oficial y el «dólar blue», aunque esto limita el acceso a descuentos en comercios japoneses. La estrategia más usada en la región sigue siendo dividir los fondos: llevar un 40% en efectivo (comprado en plataformas digitales) y el resto en tarjetas sin comisión por uso en el extranjero.

Tres fuerzas que están moviendo el yen frente al peso en 2024*

El yen japonés se ha convertido en uno de los activos más volátiles frente al peso latinoamericano en 2024, con fluctuaciones que superan el 8% en lo que va del año, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BPI). Mientras que a principios de enero la cotización rondaba los 0.063 pesos mexicanos por yen, en abril el tipo de cambio tocó mínimos de 0.058, presionado por tres fuerzas clave: la política monetaria de Japón, el apetito por riesgo en mercados emergentes y los flujos comerciales entre Asia y América Latina.

La principal presión sobre el yen proviene del Banco de Japón, que mantuvo en marzo las tasas de interés en territorio negativo (-0.1%) a pesar de la inflación persistente. Esta decisión contrastó con los aumentos agresivos del Banco de México (que lleva la tasa en 11%) y del Banco Central de Chile (8.25%), lo que amplió el diferencial de rendimientos. Para importadores latinoamericanos —como las automotrices en México que compran autos y repuestos japoneses— esto encareció las operaciones en un 12% anual, según cálculos de la Cámara de Comercio Asia-Latinoamérica. En cambio, exportadores de materias primas como el cobre chileno o el litio argentino encontraron en la debilidad del yen un respiro: las ventas a Japón, pagadas en dólares, se volvieron más competitivas.

Quienes buscan aprovechar el tipo de cambio actual deben actuar con precisión. Las remesas desde Japón a países como Perú o Brasil, que superaron los US$1.200 millones en 2023 según el BID, ganan poder adquisitivo al convertirse a pesos o soles. Un ejemplo concreto: un trabajador peruano que envía ¥100.000 mensuales recibió en enero unos 2.100 soles, pero en abril la misma cantidad rindió 2.280 soles, un alza del 8.5%. Para quienes planean viajes, reservar yenes con anticipación mediante plataformas como Wise o Revolut —que ofrecen tipos cercanos al interbancario— puede ahorrar hasta un 5% frente a las casas de cambio tradicionales. Eso sí, los analistas advierten: la volatilidad persiste, y el yen podría repuntar si el Banco de Japón sorpresivamente ajusta su política en junio.

Estrategias inteligentes para cambiar yenes a pesos sin perder dinero*

El tipo de cambio entre el yen japonés y el peso latinoamericano muestra una volatilidad que puede jugar a favor de quienes necesitan realizar conversiones en 2024. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la depreciación del yen frente al dólar —que acumula una caída del 12% en los últimos seis meses— se traslada indirectamente a las monedas de la región, generando oportunidades para importadores, estudiantes o viajeros. En México, por ejemplo, un turista que cambie 100.000 yenes recibió 13.200 pesos en enero de 2023, mientras que hoy obtendría cerca de 15.800 pesos, un aumento del 20% en poder adquisitivo local.

Para aprovechar estas fluctuaciones sin asumir riesgos innecesarios, la clave está en monitorear los momentos de mayor debilidad del yen. Plataformas como XE.com o OANDA permiten comparar cotizaciones en tiempo real, pero también conviene observar los horarios de mayor liquidez: entre las 8:00 y 11:00 AM (hora de Tokio) y las 3:00 y 5:00 PM (hora de Nueva York), cuando los spreads entre compra y venta suelen ser más ajustados. En países como Colombia o Perú, donde el mercado de divisas es menos profundo, usar casas de cambio autorizadas por la superintendencia financiera local —y no aeropuertos o fronteras— puede evitar recargos de hasta un 5%.

Un error común es convertir grandes sumas de una sola vez. Según la Dra. María González, economista del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA), «fraccionar las operaciones en lotes pequeños durante semanas con tendencia alcista del peso permite promediar el tipo de cambio y reducir el impacto de picos repentinos». Esto resulta especialmente útil para pymes que importan insumos desde Japón, como autopartes o tecnología, donde un movimiento de 0.05 pesos por yen puede significar miles en ahorros. Otra alternativa son las cuentas multidivisa en bancos como BBVA o Santander, que permiten mantener yenes hasta el momento óptimo para la conversión, sin costos de custodia en la mayoría de los casos.

De turista a inversor: Cómo usar el tipo de cambio a tu favor*

El yen japonés se ha depreciado cerca del 12% frente al dólar en lo que va de 2024, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS), y esta tendencia arrastra consigo un impacto directo en la cotización frente al peso latinoamericano. Para inversores y viajeros de la región, esto representa una ventana de oportunidad: mientras un turista colombiano que cambiaba 1 millón de yenes recibía alrededor de 22 millones de pesos en enero, hoy obtendría cerca de 25 millones. La diferencia, aunque modesta en términos absolutos, se traduce en un poder adquisitivo mayor para compras de bienes japoneses o inversiones en activos denominados en yen.

La clave está en el momento. Países como México, Perú y Chile —cuyas monedas han mostrado relativa estabilidad frente al dólar— ven en esta volatilidad del yen un escenario favorable para diversificar carteras. Un ejemplo concreto: un pequeño empresario peruano que importaba maquinaria japonesa pagaba en 2023 el equivalente a 38.000 soles por un equipo de 10.000 yenes; hoy, la misma transacción rondaría los 34.000 soles. Según un informe de la CEPAL, este tipo de arbitraje cambiario ha impulsado un 8% las importaciones de bienes de capital desde Asia en lo que va del año, con Brasil y Argentina a la cabeza.

No todo es beneficio inmediato. Los analistas advierten que la debilidad del yen responde a políticas monetarias expansivas de Japón, que podrían revertirse si el Banco de Japón ajusta sus tasas de interés. Para quienes consideren aprovechar el tipo de cambio, las opciones más seguras incluyen depósitos en yenes en bancos con presencia regional (como Mitsubishi UFJ en México o Sumitomo en Brasil), bonos del gobierno japonés —con rendimientos aún atractivos pese a la inflación— o incluso la compra de propiedades en ciudades como Osaka, donde los precios para extranjeros cajeron un 5% en el último año, de acuerdo con datos de la Cámara de Comercio Japonesa en Latinoamérica.

La estrategia varía según el perfil. Un inversor conservador podría optar por fondos indexados que repliquen el índice Nikkei 225, mientras que un emprendedor con mayor tolerancia al riesgo podría explorar franquicias japonesas en sectores como gastronomía o tecnología, donde el costo de entrada se ha reducido. Lo cierto es que, con el yen en niveles no vistos desde 1990, según Bloomberg, la pregunta ya no es si conviene actuar, sino cómo hacerlo sin exponerse a los vaivenes de un mercado que, aunque favorable hoy, sigue siendo impredecible.

Proyecciones 2025: ¿Subirá, bajará o se estabilizará el yen en la región?*

El yen japonés cerró mayo con una depreciación acumulada del 12% frente al dólar en lo que va de 2024, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BPI), y esa tendencia se refleja en su cotización frente a las monedas latinoamericanas. En México, el tipo de cambio promedio del yen a peso oscila entre 0.052 y 0.055 MXN por JPY en casas de cambio físicas, mientras que en plataformas digitales como Wise o Remitly ofrece hasta 0.057 MXN. En Colombia, la conversión ronda los 18 COP por yen, y en Perú, los 0.13 PEN, cifras que representan una oportunidad para importadores de productos japoneses, desde autopartes hasta tecnología.

La volatilidad del yen no es ajena a la región. Empresas chilenas que importan maquinaria agrícola desde Japón —como las asociadas a la Sociedad Nacional de Agricultura— han logrado reducir costos en un 8% durante el primer trimestre al aprovechar el tipo de cambio favorable. Pero el escenario también beneficia a pequeños comerciantes. Un ejemplo claro son los emprendedores peruanos que compran repuestos para motores en Osaka: con el yen débil, el mismo lote de piezas que en 2023 costaba 15,000 JPY ahora equivale a 1,950 PEN en lugar de los 2,200 PEN de hace un año. La clave, según un informe de la CEPAL, está en monitorear las fluctuaciones horarias y operar en ventanillas de cambio con bajos márgenes de spread.

Para quienes buscan maximizar el tipo de cambio, las transferencias internacionales siguen siendo la opción más rentable. Plataformas como PayPal o las cuentas multi-divisa de bancos como BBVA México aplican tasas más cercanas al mercado interbancario que las casas de cambio tradicionales. Otra estrategia es diversificar las operaciones: en Argentina, donde el acceso a dólares está restringido, algunos importadores usan yenes como moneda puente para pagar proveedores asiáticos, evitando así el «dólar blue». Eso sí, el BID advierte que esta práctica requiere asesoría legal para cumplir con regulaciones de comercio exterior en cada país.

De cara a 2025, los analistas del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) proyectan que el yen podría recuperarse levemente si el Banco de Japón ajusta su política monetaria, pero sin alcanzar los niveles previos a 2022. Para Latinoamérica, esto implica que el margen de ganancia en importaciones desde Japón se reducirá, aunque seguirá siendo atractivo para sectores como el automotriz o el electrónico. La recomendación para pymes es simple: adelantar compras en los próximos seis meses y cubrir el riesgo cambiario con instrumentos como futuros, disponibles en bolsas como la de Santiago o la BMV.

El yen japonés sigue ofreciendo oportunidades concretas para quienes operan entre el peso mexicano y las divisas asiáticas, con un tipo de cambio que en 2024 oscila entre los 0.13 y 0.15 pesos por yen, según la volatilidad del Banco de Japón y las decisiones de Banxico. La clave no está solo en monitorear las cotizaciones diarias, sino en actuar con herramientas como cuentas multi-divisa, transferencias programadas o incluso inversiones en ETFs que repliquen el índice Nikkei para diversificar riesgos. Quienes aprovechen ahora los diferenciales —especialmente en sectores como importación de autos, tecnología o turismo— podrán blindar sus finanzas ante posibles ajustes en la política monetaria de ambos países. Con el yen aún depreciado frente al dólar pero con signos de recuperación, América Latina tiene una ventana limitada para convertir esta dinámica en ventaja comercial real.