El mercado global de concentradores de oxígeno superó los 3.200 millones de dólares en 2023, con un crecimiento acelerado en América Latina impulsado por el envejecimiento poblacional y el aumento de enfermedades respiratorias crónicas. Solo en México y Colombia, las ventas se dispararon un 40% en los últimos dos años, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. Pero detrás de estas cifras hay una realidad más urgente: elegir el equipo equivocado puede significar desde molestias diarias hasta riesgos graves para pacientes con EPOC, fibrosis pulmonar o quienes requieren oxigenoterapia continua.
La decisión no es trivial. Mientras en ciudades como Bogotá o Santiago la altitud ya exige mayor atención a los niveles de oxígeno, en hogares de Miami o Los Ángeles familias hispanas enfrentan el desafío de navegar entre docenas de modelos —desde concentradores de oxígeno portátiles hasta estaciones fijas— con especificaciones técnicas que rara vez se explican con claridad. Las diferencias entre flujo continuo y pulsado, la autonomía de las baterías o la pureza del oxígeno entregado marcan la línea entre un dispositivo útil y uno que queda abandonado en un rincón.
Aquí se desglosan los criterios esenciales para tomar una decisión informada en 2024, desde las certificaciones médicas que no pueden faltar hasta los errores comunes que inflan innecesariamente el presupuesto. Porque cuando se trata de salud respiratoria, la tecnología debe adaptarse al paciente —no al revés—.
Oxígeno medicinal en casa: qué es un concentrador y quién lo necesita*

El uso de concentradores de oxígeno en hogares latinoamericanos creció un 40% desde 2020, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Estos dispositivos, que extraen oxígeno del aire ambiente para entregarlo en alta concentración al paciente, se volvieron esenciales no solo para quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas, sino también para la recuperación poscovid en países como Perú, Colombia y Argentina, donde los sistemas de salud enfrentaron saturación durante la pandemia.
Un concentrador de oxígeno portátil —como los modelos Inogen One G5 o Philips EverFlo— puede marcar la diferencia para pacientes con EPOC, fibrosis pulmonar o apnea del sueño severa. En ciudades con alta contaminación, como Santiago de Chile o Ciudad de México, su demanda aumentó entre adultos mayores que requieren terapia continua. La clave está en elegir equipos con flujo ajustable (entre 1 y 10 litros por minuto) y certificaciones internacionales, como la FDA o la norma ISO 13485, que garanticen pureza del oxígeno superior al 90%.
Antes de comprar, se debe verificar si el dispositivo incluye alarmas por fallas técnicas, batería de respaldo (crítica en zonas con cortes frecuentes de energía) y peso menor a 5 kg para facilitar el transporte. En países como Uruguay o Costa Rica, donde el envejecimiento poblacional avanza, programas estatales como el Fondo Nacional de Recursos (Uruguay) o la Caja Costarricense de Seguro Social subvencionan parte del costo. Siempre es recomendable consultar con un neumólogo para determinar la concentración exacta de oxígeno necesaria, ya que un uso incorrecto puede agravar problemas cardíacos.
La inversión varía entre USD 500 y USD 3.000, dependiendo de la tecnología. Mientras los concentradores de flujo continuo son ideales para uso nocturno, los modelos portátiles con cilindros recargables —como los que distribuye el Ministerio de Salud de Ecuador en zonas rurales— permiten mayor movilidad. La OPS advierte: nunca se debe comprar equipos usados sin revisión técnica, pues filtros obstruidos o mangueras dañadas reducen la eficacia y aumentan riesgos de infección.
Tecnología y funcionamiento: cómo transforman el aire en oxígeno puro*
Los concentradores de oxígeno se han convertido en un dispositivo clave para pacientes con enfermedades respiratorias crónicas en América Latina, donde más de 30 millones de personas padecen EPOC o asma, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Estos equipos extraen el oxígeno del aire ambiente —compuesto por un 21% de este gas— mediante filtros de zeolita que separan el nitrógeno, entregando hasta un 95% de pureza sin necesidad de tanques recargables. En países como Perú y Colombia, su uso se disparó durante la pandemia, pero hoy siguen siendo esenciales para tratamientos en casa, evitando hospitalizaciones costosas.
Elegir el modelo adecuado depende de tres factores: flujo de oxígeno, portabilidad y autonomía. Los equipos estacionarios, como los de 5 a 10 litros por minuto, son ideales para uso continuo en espacios fijos, mientras que los portátiles —con baterías de 3 a 8 horas— permiten movilidad a pacientes en ciudades como Santiago de Chile o Ciudad de México, donde el tráfico complica los desplazamientos. Un detalle crítico es verificar la certificación ISO 13485, que garantiza estándares de seguridad, especialmente en mercados con alta demanda como Brasil o Argentina, donde proliferan dispositivos sin regulación.
El costo varía según la tecnología. En México, un concentrador básico ronda los $1,200 dólares, pero los de última generación con sensores de saturación integrados superan los $3,000. Programas como el Fondo de Solidaridad y Garantía en Ecuador o las coberturas de Essalud en Perú subvencionan parte del valor para pacientes de bajos ingresos. Antes de comprar, los especialistas recomiendan probar el equipo con un oxímetro para confirmar que mantiene la saturación por encima del 90%, incluso en altitudes elevadas como La Paz o Quito, donde la concentración natural de oxígeno es menor.
5 especificaciones técnicas que no puedes ignorar al comparar modelos*

Al comparar concentradores de oxígeno en 2024, el flujo litros por minuto (LPM) sigue siendo la especificación crítica que define su utilidad. Un equipo con capacidad de 5 LPM cubre las necesidades del 85% de pacientes con EPOC en etapa moderada, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. Sin embargo, en ciudades con altitud superior a 2.500 metros —como Bogotá, Quito o La Paz—, se recomienda optar por modelos que ofrezcan al menos 7 LPM para compensar la menor presión atmosférica. La diferencia entre un dispositivo de 3 LPM y uno de 5 LPM no es solo numérica: puede marcar la línea entre un alivio temporal y una terapia efectiva para quienes requieren oxigenoterapia continua.
La pureza del oxígeno entregado es otro factor no negociable. Mientras los concentradores básicos garantizan entre 87% y 93% de pureza, los modelos médicos certificados —como los aprobados por la ANMAT en Argentina o la COFEPRIS en México— alcanzan hasta 96%. Esta variación cobra relevancia en pacientes con fibrosis pulmonar o post-COVID, donde una saturación inferior al 90% agrava los síntomas. Un caso documentado por el Hospital das Clínicas de São Paulo reveló que pacientes que usaron equipos con pureza inferior a 90% presentaron un 30% más de recaídas en seis meses. La certificación ISO 13485 en el equipo es la única garantía de que cumple con estándares internacionales, no solo con promesas del fabricante.
El nivel de ruido y el consumo eléctrico suelen pasarse por alto, aunque son decisivos en entornos domésticos. Un concentrador que supera los 50 decibeles —equivalente al zumbido de un refrigerador antiguo— puede alterar el sueño, especialmente en viviendas pequeñas comunes en centros urbanos de Lima o Ciudad de México. En cuanto al consumo, los modelos con tecnología de adsorción por oscilación de presión (PSA) reducen hasta un 40% el gasto energético frente a los tradicionales, según pruebas del Instituto Nacional de Metrología de Colombia. Esto se traduce en un ahorro anual cercano a los $120 USD para familias que usan el equipo 12 horas diarias, una cifra significativa en economías con ingresos medios bajos.
La portabilidad y la autonomía de la batería ganan peso para quienes necesitan movilidad. En países con sistemas de salud fragmentados, como Perú o Honduras, los pacientes deben trasladarse largas distancias para consultas. Aquí, los concentradores con baterías de litio que ofrecen entre 3 y 5 horas de autonomía —como los distribuidos por programas del BID en zonas rurales— marcan la diferencia. Eso sí: el peso no debe superar los 5 kg si el usuario es un adulto mayor. Un error común es priorizar la ligereza sobre la durabilidad; los equipos con carcasas de policarbonato, aunque más livianos, suelen fallar antes en climas húmedos como los de Centroamérica.
Flujos continuos vs. pulsados: cuál se adapta mejor a tu condición médica*

Elegir un concentrador de oxígeno en 2024 exige entender las diferencias entre los modelos de flujo continuo y pulsado, especialmente cuando las necesidades médicas varían según la condición del paciente. Mientras los equipos de flujo continuo entregan oxígeno de manera constante —ideal para quienes requieren altas dosis durante el sueño o en casos de EPOC avanzada—, los dispositivos pulsados sincronizan la liberación con la inhalación, optimizando el consumo de energía y la portabilidad. Esta distinción cobra relevancia en países como Perú o Colombia, donde el acceso a electricidad estable en zonas rurales puede limitar el uso de equipos que demandan mayor potencia.
Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 15% de los adultos mayores en Latinoamérica con enfermedades respiratorias crónicas dependen de terapia de oxígeno en casa, pero menos del 40% recibe orientación adecuada sobre el tipo de concentrador más conveniente. Por ejemplo, un paciente con fibrosis pulmonar en Ciudad de México podría beneficiarse de un equipo pulsado portátil para mantener su actividad diaria, mientras que alguien con apnea del sueño severa en Buenos Aires necesitaría un flujo continuo durante la noche. La clave está en evaluar el litraje prescrito por el médico: los modelos pulsados suelen cubrir hasta 5-6 litros por minuto (LPM), mientras que los continuos superan los 10 LPM en gama alta.
Otros factores decisivos incluyen el peso, la autonomía de la batería y el nivel de ruido. Equipos como los de la marca Inogen —populares en Chile y Uruguay— ofrecen opciones pulsadas de menos de 2.5 kg con baterías de hasta 8 horas, ideales para viajes. En cambio, los concentradores continuos, aunque más robustos, suelen superar los 10 kg y requieren conexión eléctrica permanente. La Dra. María González, neumóloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que «la elección incorrecta puede agravar la hipoxemia o generar dependencia innecesaria de tanques de oxígeno, más costosos y menos prácticos a largo plazo». Antes de comprar, es esencial verificar si el modelo cuenta con certificación de la ANMAT (Argentina), COFEPRIS (México) o el INVIMA (Colombia), según el país.
Mantenimiento esencial: rutinas para alargar la vida útil del equipo*

Elegir un concentrador de oxígeno en 2024 exige evaluar necesidades médicas, condiciones del entorno y presiones económicas que afectan a la región. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el uso de estos dispositivos en hogares latinoamericanos creció un 40% desde 2020, impulsado por el aumento de enfermedades respiratorias crónicas y la expansión de la telemedicina en zonas rurales. Mientras en ciudades como Bogotá o Santiago los pacientes priorizan equipos portátiles para mantener su movilidad, en áreas como el norte de Perú o el estado de Chiapas (México) —donde el acceso a clínicas es limitado— los modelos estacionarios con mayor flujo de oxígeno (5 litros por minuto o más) resultan más demandados.
La capacidad de flujo y la pureza del oxígeno son los dos criterios técnicos no negociables. Un paciente con EPOC en etapa moderada requiere entre 2 y 4 litros por minuto con una pureza mínima del 90%, mientras que casos de fibrosis pulmonar pueden necesitar hasta 10 litros, según protocolos de la Sociedad Latinoamericana de Neumología. Aquí, la diferencia entre un equipo de flujo continuo (ideal para uso nocturno) y uno de dosis pulsada (que optimiza el oxígeno al inhalar) marca la elección. Por ejemplo, en Lima, clínicas como la del Hospital Nacional Edgardo Rebagliati recomiendan modelos con tecnología de ahorro de energía para reducir costos operativos, un factor clave en países donde los cortes eléctricos aún son recurrentes.
El mantenimiento define la durabilidad del dispositivo. En climas húmedos como los de Centroamérica o el Caribe, la limpieza semanal del filtro de aire —con agua y jabón neutro— evita la acumulación de hongos que reducen la eficiencia. En zonas áridas, como el norte de Chile o el estado de Coahuila (México), el polvo exige revisar cada tres meses las mangueras y conexiones. La OPS advierte que el 60% de las fallas en concentradores se deben a negligencia en estos procesos básicos. Otro aspecto crítico es la garantía: marcas como Philips Respironics o DeVilbiss ofrecen cobertura regional, pero en países con aranceles altos (Argentina, Brasil) conviene verificar si los repuestos están disponibles localmente antes de importar.
El precio varía entre USD 500 y USD 3,000 según la capacidad, pero programas como Fondo Solidario de Salud en Colombia o los subsidios del Seguro Popular en México pueden cubrir hasta el 70% del costo para pacientes de bajos ingresos. En Uruguay y Costa Rica, donde los sistemas de salud pública son más robustos, los concentradores suelen alquilarse por USD 100 al mes. Antes de comprar, es clave consultar con un neumólogo y comparar opciones en farmacias autorizadas —evitando el mercado informal, donde el 20% de los equipos no cumplen normas de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) o la ANMAT argentina.
Innovaciones en portabilidad y conectividad: el próximo salto en América Latina*

La demanda de concentradores de oxígeno en América Latina creció un 40% desde 2020, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), impulsada por el aumento de enfermedades respiratorias crónicas y la necesidad de soluciones médicas en zonas con acceso limitado a hospitales. En ciudades como Lima, Bogotá o Ciudad de México, donde la contaminación agrava problemas como el EPOC, estos dispositivos se han vuelto esenciales. Pero elegir el equipo adecuado requiere entender diferencias clave entre modelos portátiles y estacionarios, así como certificaciones de seguridad.
Los concentradores estacionarios, como los de la marca Invacare o Philips Respironics, son ideales para uso doméstico continuo, con flujos de hasta 10 litros por minuto y pureza del 93% al 96%. En cambio, los portátiles —como los de Inogen o CAIRE— pesan entre 2 y 5 kg, funcionan con baterías recargables y permiten movilidad, aunque con flujos menores (hasta 3 lpm). Según la Dra. María González, neumóloga del Hospital Das Clínicas en São Paulo, «en pacientes con oxigenoterapia crónica, la portabilidad mejora la adherencia al tratamiento, pero solo si el equipo cumple con la normativa ISO 80601-2-66». Esta certificación garantiza que el dispositivo filtra nitrógeno de manera eficiente y evita riesgos de intoxicación.
Al evaluar opciones, tres aspectos son críticos: la autonomía de la batería (en modelos portátiles, debe superar las 4 horas para viajes largos), el nivel de ruido (menos de 40 dB para uso nocturno) y la disponibilidad de repuestos. En países como Argentina o Chile, donde la importación de insumos puede demorar meses, marcas con servicio técnico local —como Longfian o Yuwell— ofrecen ventaja. También conviene verificar si el equipo incluye alarmas por fallas de suministro o baja pureza, función vital en emergencias.
El costo varía según la tecnología: los estacionarios oscilan entre USD 600 y USD 1.500, mientras que los portátiles superan los USD 2.000. En Colombia y Perú, algunos seguros médicos cubren parte del valor si hay prescripción, pero en naciones con sistemas de salud más frágiles, como Venezuela o Nicaragua, organizaciones como la Cruz Roja han facilitado donaciones. Antes de comprar, se recomienda consultar con un especialista y probar el equipo, ya que factores como la altitud (en ciudades como La Paz o Quito) pueden afectar su rendimiento.
Un concentrador de oxígeno no es solo un dispositivo médico, sino una inversión en autonomía y calidad de vida para quienes dependen de terapia de oxígeno continua. La diferencia entre un equipo eficiente y uno que genera frustración está en detalles como el flujo litros/minuto, la portabilidad real y el nivel de ruido — factores que esta guía desglosó con datos técnicos y experiencias de usuarios en la región. Antes de comprar, verifiquen que el modelo cuente con certificación ISO 13485 y soporte técnico local; en mercados como México, Colombia o Argentina, marcas como Inogen o Philips Respironics ofrecen la mejor relación entre desempeño y garantía postventa. Con la demanda de estos equipos creciendo un 30% anual en Latinoamérica, elegir con criterio hoy evita costos ocultos mañana y asegura un respiro — literal — durante años.





