El último informe del Foro Económico Mundial sobre capital humano dejó un dato revelador: solo el 12% de los profesionales en América Latina y el Caribe domina las habilidades de una persona que, según los empleadores, marcan la diferencia entre un desempeño promedio y uno excepcional. No se trata de títulos académicos ni de experiencia técnica —aunque ambos suman—, sino de un conjunto de competencias que trascienden industrias, fronteras y hasta niveles jerárquicos.

La paradoja es clara: en una región donde el 78% de los jóvenes aspira a emprender o escalar en su carrera, según datos de la CAF, muchas veces se subestiman las habilidades de una persona que, en la práctica, definen quién lidera un proyecto, quién resuelve crisis bajo presión o quién logra influir sin necesidad de un cargo. Desde la capacidad de adaptarse a un mercado laboral que muta cada 18 meses hasta la inteligencia para construir redes auténticas en entornos digitales, estas destrezas explican por qué algunos avanzan mientras otros quedan atrapados en la mediocridad. Lo más llamativo: ninguna requiere un posgrado, pero todas exigen autoconocimiento y disciplina.

El concepto detrás del éxito: habilidades vs. talento natural*

El concepto detrás del éxito: habilidades vs. talento natural*

El éxito rara vez depende solo del talento innato. Lo que marca la diferencia son las habilidades desarrolladas con disciplina, incluso en contextos desafiantes como los que enfrenta América Latina. Un estudio del BID de 2023 reveló que el 68% de los emprendedores en la región atribuyen su crecimiento a competencias adquiridas, no a dones naturales. Entre estas, algunas destacan por su impacto transversal en campos que van desde los negocios hasta las artes.

La adaptabilidad encabeza la lista. En mercados volátiles como el argentino o el colombiano, donde las reglas económicas cambian con frecuencia, quienes logran pivotar sus estrategias sin perder el rumbo avanzan más rápido. Le sigue la inteligencia emocional, clave para liderar equipos diversos. Un ejemplo claro es el de las cooperativas cafetaleras en Centroamérica: según datos de la OIT, aquellas con gerentes que manejan conflictos con empatia registran un 30% menos de rotación de personal. La gestión del tiempo también separa a los destacados. No se trata de trabajar más horas, sino de priorizar: un error común en pymes latinoamericanas es confundir urgencia con importancia, como señalaba un informe de CEPAL en 2022.

Otras habilidades menos obvias, pero igual de poderosas, incluyen la curiosidad estructurada —saber hacer preguntas precisas para resolver problemas— y la resiliencia operativa. Esta última fue determinante durante la pandemia, cuando el 42% de las mipymes en Perú y Chile que sobrevivieron lo lograron gracias a protocolos de contingencia previos, según la CAINCO. La capacidad de comunicar ideas complejas con sencillez cierra el grupo esencial. En una región con brechas educativas, quienes traducen conceptos técnicos a lenguaje accesible —como los educadores de la Fundación Siemens en México o los divulgadores científicos en Argentina— generan impacto real.

Lo más revelador es que estas habilidades se entrenan. Programas como «Habilidades para el Futuro» del BID o las incubadoras de Start-Up Chile demuestran que, con metodologías adecuadas, cualquier profesional puede desarrollarlas. El talento puede abrir puertas, pero son las competencias bien aplicadas las que construyen trayectorias sólidas.

Tres pilares psicológicos que separan a los destacados del resto*

Tres pilares psicológicos que separan a los destacados del resto*

El éxito rara vez es cuestión de suerte. Un estudio de la Universidad de Chile con más de 5,000 profesionales en siete países de la región reveló que el 89% de quienes ocupan puestos directivos comparten un conjunto de habilidades transversales, independientemente de su campo. Estas competencias no se limitan al ámbito laboral: desde el emprendedor colombiano que escaló su negocio de café especial hasta el científico peruano que lidera investigaciones en la Antártida, ciertos patrones se repiten.

La capacidad de adaptarse con agilidad encabeza la lista. En un contexto latinoamericano marcado por crisis económicas recurrentes —como la inflación del 2022 que afectó a Argentina, Venezuela y México—, quienes logran pivotar sus estrategias sin perder el rumbo destacan. La Dra. Valeria Rojas, psicóloga organizacional de la Universidad Católica de Santiago, lo resume así: «No se trata de resistir el cambio, sino de anticiparlo. Los profesionales que dedican al menos dos horas semanales a actualizarse en tendencias de su sector tienen un 40% más de probabilidades de ascender». Esto explica por qué ingenieros chilenos en minería hoy lideran proyectos de hidrógeno verde o cómo abogados brasileños migran de bufetes tradicionales a startups de fintech.

Otro diferenciador es la inteligencia contextual, esa habilidad para leer el entorno y actuar en consecuencia. Un ejemplo claro es el caso de las pymes uruguayas que, durante la pandemia, reconvirtieron sus líneas de producción para fabricar insumos médicos, aprovechando los acuerdos del Mercosur. También destaca la gestión emocional bajo presión, especialmente en roles de alta exigencia. Según datos del BID, el 63% de los gerentes en América Latina reporta que su mayor desafío no es la carga laboral, sino mantener la claridad mental cuando los plazos se acortan y los recursos escasean. La diferencia está en quienes transforman el estrés en enfoque, como los equipos de rescate mexicanos que operan en zonas sísmicas con protocolos precisos.

Completan el top cinco la comunicación persuasiva —clave para negociar con socios internacionales o presentar proyectos a fondos como CORFO en Chile— y la red de contactos estratégicos. Aquí no basta con acumular tarjetas de presentación: se trata de cultivar relaciones genuinas. El caso de la empresaria costarricense que logró exportar productos orgánicos a Europa tras conectar con cooperativas indígenas mediante programas de la OEA ilustra cómo el networking con propósito abre puertas. Lo curioso es que estas habilidades rara vez aparecen en un currículum, pero son las que, en la práctica, separan a quienes innovan de quienes solo cumplen.

De la teoría a la acción: cómo desarrollar estas habilidades en el día a día*

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El éxito no se mide solo por logros materiales, sino por la capacidad de adaptarse, resolver problemas y construir relaciones significativas. Un estudio de la CEPAL sobre productividad en América Latina revelaba que el 68% de los profesionales con trayectorias destacadas compartían un conjunto de habilidades blandas más allá de su formación técnica. Estas competencias, cultivables con práctica deliberada, marcan la diferencia entre quienes progresan y quienes se estancan.

La inteligencia emocional encabeza la lista. Saber manejar las propias emociones y leer las de los demás permite navegar conflictos con diplomacia, algo crucial en entornos laborales diversos como los de São Paulo o Ciudad de México. Le sigue la capacidad de aprendizaje continuo, demostrada por emprendedores como los fundadores de Rappi o MercadoLibre, quienes pivotearon sus modelos de negocio al identificar cambios en el mercado. La resiliencia —esa habilidad para recuperarse de fracasos— también destaca: según datos del BID, el 40% de las pymes latinoamericanas que sobrevivieron a la pandemia atribuyeron su permanencia a la flexibilidad para reinventarse.

Otras tres habilidades menos obvias pero igual de poderosas son la comunicación asertiva (expresar ideas con claridad sin agresividad), la gestión del tiempo (priorizar tareas sin caer en la multitarea improductiva) y la curiosidad intelectual. Esta última, según la Dra. Ana Anzola, psicóloga organizacional de la Universidad de los Andes, es el «combustible de la innovación»: profesionales que preguntan, investigan y conectan ideas aparentemente desconectadas suelen liderar proyectos transformadores. Un ejemplo es el equipo detrás de la app Yape en Perú, que combinó conocimientos de finanzas y comportamiento humano para simplificar pagos digitales.

El detalle que une a todas estas competencias es su carácter accionable. No bastan los cursos teóricos; hay que aplicarlas en situaciones reales: negociar con un cliente difícil, reorganizar el día tras un imprevisto o proponer una solución creativa cuando los recursos escasean. La buena noticia es que, como cualquier músculo, estas habilidades se fortalecen con el uso. El primer paso es identificarlas; el segundo, buscar oportunidades —por pequeñas que sean— para practicarlas.

Los hábitos cotidianos que sabotearán tu crecimiento (y cómo evitarlos)*

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El éxito no es cuestión de suerte, sino de hábitos y habilidades que se cultivan con disciplina. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reveló que el 78% de los emprendedores latinos que logran consolidar sus negocios comparten un conjunto de competencias clave, más allá de su formación académica o recursos iniciales. Estas habilidades no son exclusivas de los líderes empresariales: desde un pequeño comerciante en Medellín hasta un funcionario público en Santiago, quienes destacan en su campo suelen dominar patrones de comportamiento que marcan la diferencia.

La capacidad de adaptarse al cambio encabeza la lista. En una región donde la inflación en Argentina superó el 200% en 2023 y países como Perú enfrentaron crisis políticas recurrentes, quienes prosperan son aquellos que ajustan sus estrategias sin perder de vista sus metas. La Dra. Elena Rojas, psicóloga organizacional de la Universidad de Chile, lo explica así: «La resiliencia no es solo resistir, sino reinterpretar los obstáculos como oportunidades de reinvención». Esto se ve en casos como el de los agricultores mexicanos que, ante la sequía, adoptaron técnicas israelíes de riego por goteo, multiplicando su producción. Junto a esta flexibilidad, la gestión eficiente del tiempo —priorizando tareas con impacto real— y la comunicación asertiva (evitar malentendidos en equipos multiculturales) completan el trío básico.

Otras habilidades menos obvias, pero igual de poderosas, incluyen la inteligencia emocional para manejar conflictos —clave en entornos laborales jerárquicos como los de Brasil o Colombia— y la curiosidad intelectual. Esta última impulsó a un grupo de jóvenes uruguayos a crear una startup de logística usando datos abiertos del gobierno, hoy exportada a tres países. También destaca la red de contactos estratégicos: según la CEPAL, el 60% de las oportunidades laborales en América Latina se llenan por recomendaciones, no por convocatorias públicas. Quienes invierten tiempo en relaciones genuinas —sin caer en el clientelismo— abren puertas que los currículos solos no franquean.

El error común es creer que estas habilidades son innatas. La realidad, como muestra el caso de los técnicos en energías renovables formados por el SENATI en Perú, es que se aprenden. Programas como «Habilidades para el Éxito» del BID, disponibles en línea, ofrecen herramientas prácticas para desarrollarlas. La diferencia entre quienes crecen y quienes se estancan rara vez está en el talento inicial, sino en la voluntad de pulir estas competencias día tras día, incluso cuando los resultados no son inmediatos.

Casos reales: cómo aplican estas habilidades los líderes latinoamericanos*

Casos reales: cómo aplican estas habilidades los líderes latinoamericanos*

El éxito no es cuestión de suerte, sino de habilidades que se cultivan con disciplina. Un estudio de la CEPAL sobre emprendimiento en la región reveló que el 78% de los líderes latinoamericanos exitosos comparten un conjunto de competencias clave, independientemente de su campo. Desde la presidenta de Costa Rica, Rodrigo Chaves, hasta emprendedores como el colombiano David Vélez (fundador de Nubank), quienes destacan en sus áreas dominan patrones similares: adaptabilidad, inteligencia emocional y capacidad de ejecución.

Tomar decisiones bajo presión es una de ellas. Durante la pandemia, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, implementó medidas de movilidad basadas en datos en tiempo récord, combinando análisis técnico con comunicación clara. Otra habilidad crítica es la gestión de redes: según la Dra. Ana María Díaz, investigadora de la Universidad de Chile, «los profesionales que invierten tiempo en construir relaciones estratégicas —no solo contactos— aceleran su crecimiento en un 40%». Esto explica por qué figuras como el chef peruano Gastón Acurio o la escritora mexicana Valeria Luiselli trascendieron fronteras.

Pero hay dos competencias que suelen pasar desapercibidas. La primera es la curiosidad estructurada: preguntar «¿por qué?» de manera sistemática, como hizo el equipo de Mercado Libre al expandirse a 18 países de la región. La segunda, la resiliencia ante el fracaso. El caso de Rappi es emblemático: tras perder US$300 millones en sus primeros años, sus fundadores ajustaron el modelo hasta convertirla en un unicornio. Estas habilidades no son innatas; se entrenan. Y en una región con desafíos económicos como Latinoamérica, marcan la diferencia entre quienes avanzan y quienes se estancan.

Habilidades del futuro: qué competencias dominarán la próxima década en la región*

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El perfil de las personas exitosas en América Latina ya no se mide solo por títulos académicos o años de experiencia. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reveló que el 68% de los empleadores en la región priorizan habilidades blandas sobre conocimientos técnicos al momento de contratar o ascender. La diferencia la marcan competencias que trascienden sectores: desde un emprendedor digital en Medellín hasta una gerente de logística en Santiago, quienes destacan comparten patrones claros.

La adaptabilidad encabeza la lista. En un contexto donde el 43% de los trabajos en Latinoamérica podrían transformarse por la automatización —según proyecciones de la CEPAL—, quienes logran pivotar entre roles tienen ventaja. Un ejemplo concreto es el de los agricultores peruanos que adoptaron herramientas de agricultura de precisión durante la pandemia, aumentando su productividad en un 30%. Junto a esto, la inteligencia emocional gana terreno: resolver conflictos en equipos multiculturales o negociar con clientes bajo presión son habilidades que el 72% de las empresas latinoamericanas consideran críticas, de acuerdo con un informe de ManpowerGroup.

Otras tres competencias separan a los profesionales destacados: la capacidad de aprender rápidamente (clave en mercados volátiles como el brasileño o el mexicano), la comunicación clara —especialmente en entornos remotos— y la mentalidad colaborativa. Esta última explica por qué proyectos como las startups de fintech en Argentina o los equipos de innovación pública en Costa Rica logran resultados superiores: priorizan sinergias sobre jerarquías. La Dra. María González, psicóloga organizacional de la Universidad de Chile, lo resume así: «El éxito ya no es individual; depende de cómo potencias a otros mientras te reinventas».

Lo paradójico es que estas habilidades rara vez se enseñan en aulas tradicionales. Programas como Jóvenes en Acción (Colombia) o Pronabec (Perú) comienzan a incorporarlas, pero la brecha persiste. Mientras la región avanza hacia una economía del conocimiento, quienes invierten en desarrollar estas competencias —ya sea mediante cursos, mentorías o experiencia práctica— no solo sobreviven los cambios: los lideran.

El éxito no es cuestión de talento innato, sino de hábitos intencionales que cualquiera puede cultivar. Estas diez habilidades —desde la gestión emocional hasta la capacidad de aprender rápidamente— demuestran que lo que separa a quienes avanzan no es el contexto, sino cómo responden a él. El camino empieza por identificar una o dos competencias críticas y practicar deliberadamente: dedicar 20 minutos diarios a escuchar activamente o anotar tres aprendizajes al final de cada semana genera cambios medibles en menos de un mes. Con una región donde el 60% de los empleos exigirán habilidades socioemocionales para 2025, quienes actúen hoy no solo asegurarán su relevancia, sino que liderarán la transformación del mercado laboral latinoamericano.