El mercado de equipos para acampar creció un 42% en América Latina durante 2023, según datos de la Asociación Latinoamericana de Turismo de Aventura, impulsado por un cambio notable en los hábitos de viaje. Cada vez más viajeros optan por destinos naturales —desde los valles andinos hasta las playas del Caribe— donde una casa de campaña bien elegida marca la diferencia entre una experiencia incómoda y una aventura memorable. Sin embargo, la oferta abrumadora de modelos, materiales y rangos de precios (desde opciones económicas hasta equipos profesionales de más de US$1.000) convierte la elección en un desafío incluso para los más experimentados.

La clave no está solo en el presupuesto, sino en entender qué características realmente importan según el uso: resistencia al viento para zonas montañosas, ventilación en climas tropicales o peso ligero para mochileros. Una casa de campaña mal seleccionada puede arruinar un viaje, pero la adecuada —aunque no sea la más cara— garantiza seguridad y comodidad. Con marcas internacionales compitiendo en el mercado regional y opciones locales ganando terreno, ahora es el momento para tomar decisiones informadas antes de invertir. Los detalles, desde el tipo de postales hasta la impermeabilidad del tejido, definen si el refugio cumplirá su promesa bajo la lluvia o el sol intenso.

De la aventura al refugio: qué es una casa de campaña y cuándo usarla*

De la aventura al refugio: qué es una casa de campaña y cuándo usarla*

Elegir una carpa de campaña en 2024 ya no se limita a decidir entre dos varillas y un toldo. El mercado ofrece opciones desde modelos ultraligeros para mochileros en el Camino del Inca hasta estructuras familiares resistentes a los vientos patagónicos. Según un informe de la CEPAL sobre turismo de naturaleza, las ventas de equipos de camping en América Latina crecieron un 18% en los últimos dos años, impulsadas por el auge del ecoturismo en destinos como Torres del Paine (Chile), Tayrona (Colombia) y los valles de Cocora (Quindío).

Para quienes priorizan el presupuesto, las carpas tipo domo —con precios entre 80 y 150 dólares— siguen siendo la opción más equilibrada. Modelos como los de la marca brasileña Adventure Club o la argentina Andes Gear destacan por su relación calidad-precio, con materiales impermeables (columna de agua 2000 mm) y peso inferior a 2.5 kg. En el extremo opuesto, las carpas geodésicas para expediciones, usadas por guías en la Cordillera Blanca (Perú), pueden superar los 600 dólares pero resisten nevadas y rachas de 100 km/h. La diferencia no está solo en el precio: mientras las primeras se arman en 10 minutos, las segundas requieren práctica y, a veces, dos personas.

Un error común es ignorar el clima del destino. En zonas húmedas como la Amazonía peruana o el pacífico colombiano, las carpas deben tener ventilación en la parte superior para evitar condensación interna. En cambio, para los desiertos de Atacama (Chile) o la Guajira (Venezuela), priman los modelos con protección UV y suelos reforzados contra arena. La Dra. María González, investigadora del Instituto de Turismo Sostenible de Costa Rica, advierte: «Una carpa mal elegida no solo arruina la experiencia, sino que puede ser un riesgo. En áreas de altura, como los Andes, la falta de aislamiento térmico deriva en hipotermia incluso en verano».

Para decidir sin arrepentimientos, hay que fijarse en tres detalles: el rating de impermeabilidad (mínimo 1500 mm para lluvia moderada), el sistema de varillas (de aluminio para durabilidad o fibra de vidrio para bajo costo) y la capacidad real. Una carpa para «3 personas» suele ser cómoda solo para 2 con equipaje. En plataformas como Mercado Libre o Linio, los modelos más vendidos en 2024 incluyen el Quechua MH500 (ideal para principiantes) y el MSR Hubba Hubba (premium, usado en expediciones al Aconcagua). La clave está en equilibrar necesidades con presupuesto, sin sacrificar seguridad.

Materiales, resistencia y diseño: los 3 pilares para comparar carpas en 2024*

Materiales, resistencia y diseño: los 3 pilares para comparar carpas en 2024*

Elegir una carpa de campaña en 2024 ya no se reduce a comparar precios. Según el último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre turismo de aventura en la región, el 68% de los campistas latinoamericanos priorizan ahora la relación entre resistencia, peso y facilidad de armado, incluso por encima del costo. Esto explica por qué modelos como la Naturehike Cloud-Up 2 —popular en los Andes peruanos por su estructura en aluminio 7001— o la Decathlon MH500 —usada en los parques nacionales de Costa Rica— lideran ventas en plataformas como Mercado Libre, pese a superar los US$200.

El material define la durabilidad, pero también el rendimiento en climas extremos. Las carpas con poliéster recubierto de silicona (como las de la marca brasileña Trail) resisten mejor la humedad de la selva amazónica, mientras que las de nylon ripstop —comunes en la Patagonia argentina— son ideales para vientos superiores a 80 km/h. Un error frecuente es subestimar el denier (medida de resistencia del tejido): valores inferiores a 30D pueden romperse con ramas en zonas como Torres del Paine. La recomendación de fabricantes como MSR es claro: para expediciones de más de 5 días, priorizar modelos con piso de 70D y costuras selladas.

El diseño marca la diferencia en experiencias reales. En Colombia, los campistas que recorren el Parque Nacional Tayrona prefieren carpas tipo túnel (ejemplo: Vango Banshee) por su ventilación en climas cálidos, mientras que en la Cordillera Blanca de Perú dominan las geodésicas (como la Hilleberg Nallo), capaces de soportar nevadas. Un detalle crítico: la cantidad de varillas cruzadas. Tres o más —presentes en modelos premium— distribuyen mejor la tensión, pero aumentan el peso. Para quienes viajan en moto por rutas como la Carretera Austral en Chile, el equilibrio ideal suele ser una carpa de 2.5 kg con estructura en Y, según datos de la Asociación Latinoamericana de Turismo de Aventura (ALTA).

El presupuesto sigue siendo un filtro, pero con matices. Carpas económicas (US$80-US$150) como la Quechua MH100 cumplen para fines de semana, pero su vida útil rara vez supera los 20 usos intensivos. En el rango medio (US$180-US$350), opciones como la Big Agnes Copper Spur —usada por guías en Ecuador— ofrecen relación calidad-precio con materiales reciclados y garantías de 5 años. Para inversiones a largo plazo (más de US$400), marcas como Nemo Dagger incluyen tecnologías como ventilación ajustable por zonas, clave en altitudes sobre 3,000 msnm, comunes en Bolivia o México. La regla de oro: si el viaje incluye más de tres noches o condiciones climáticas variables, lo barato sale caro.

Desde 50 hasta 500 dólares: rangos de precio y qué esperar de cada uno*

Desde 50 hasta 500 dólares: rangos de precio y qué esperar de cada uno*

Elegir una carpa de campaña en 2024 ya no se reduce a decidir entre capacidad y peso. El mercado ofrece opciones desde modelos básicos hasta estructuras casi profesionales, con diferencias clave según el rango de precio. En el extremo más económico (50 a 100 dólares), las carpas suelen ser de poliéster con costuras selladas básicas, ideales para acampadas ocasionales en climas secos. Un ejemplo común en Perú y Colombia son las marcas locales que venden en mercados como Gamarra o Paloquemao, donde el precio bajo refleja materiales menos resistentes a vientos fuertes o lluvias prolongadas.

Entre 150 y 300 dólares, el salto es notable. Aquí aparecen carpas con varillas de aluminio en lugar de fibra de vidrio, tejidos con recubrimiento de poliuretano (PU 2000mm o superior) y diseños más aerodinámicos. Según un informe de la CEPAL sobre turismo de naturaleza en la región, este rango es el más demandado por excursionistas en Chile y Argentina, donde rutas como el Sendero de Chile o el Fitz Roy exigen equipo que resista vientos de hasta 70 km/h. Marcas como Doite o Trangoworld ofrecen modelos en este segmento con garantías de 2 a 5 años, un indicador de durabilidad que justifica la inversión.

Superar los 300 dólares abre las puertas a carpas técnicas para montañismo o expediciones. Materiales como el nylon ripstop, sistemas de ventilación avanzados y pesos inferiores a 2 kg por persona son estándar. En México, grupos que escalan el Pico de Orizaba o el Popocatépetl optan por modelos como los de The North Face o MSR, donde el precio (hasta 500 dólares) incluye detalles como refuerzos en las esquinas para usar bastones de trekking como soporte. La diferencia no está solo en los materiales, sino en la ingeniería: una carpa de 400 dólares puede soportar 30 cm de nieve sin colapsar, algo impensable en gamas inferiores.

Un error frecuente es priorizar el precio sobre el uso real. Mientras una carpa de 80 dólares sirve para un festival en Medellín, el mismo modelo fallará en la Patagonia. La clave está en verificar tres aspectos: columna de agua (mínimo 1500mm para lluvia moderada), estructura de las varillas (aluminio para terrenos irregulares) y ventilación (doble techo en climas húmedos como los de Centroamérica). En una comparación realizada por el Club Andino Argentino, carpas de 200 dólares superaron en un 40% la resistencia al viento frente a las de 100 dólares, una diferencia que marca la experiencia en altura.

Cómo armar una carpa en menos de 10 minutos (sin perder los nervios)*

Cómo armar una carpa en menos de 10 minutos (sin perder los nervios)*

Elegir una carpa de campaña en 2024 ya no se reduce a decidir entre tamaño y color. Con el aumento del turismo de aventura en la región —un 23% más de viajeros optaron por camping en parques nacionales de Chile, Argentina y Colombia durante 2023, según datos de la OEA—, la oferta se ha diversificado para adaptarse a presupuestos y necesidades específicas. Desde modelos ultraligeros para mochileros que recorren el Camino del Inca hasta opciones familiares resistentes a los vientos patagónicos, el mercado actual exige claridad antes de invertir.

Para quienes priorizan economía sin sacrificar calidad, las carpas tipo domo de marcas como Quechua o Naturehike —disponibles en tiendas desde México hasta el Cono Sur— siguen siendo la opción más equilibrada. Con precios que oscilan entre 80 y 150 dólares, estos modelos incluyen varillas de fibra de vidrio, suelo impermeable y capacidad para 2-3 personas. Un ejemplo práctico: en el Parque Nacional Los Glaciares (Argentina), donde las lluvias son impredecibles, estas carpas han demostrado resistir sin filtraciones, siempre que se refuercen las costuras con sellador de silicona antes del primer uso.

En la gama media (200-400 dólares), destacan las carpas tipo túnel o geodésicas, ideales para expediciones de varios días. La MSR Hubba Hubba, usada por guías en la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia), soporta vientos de hasta 60 km/h y pesa menos de 1.5 kg. Para familias o grupos, las opciones tipo cabaña —como las de Coleman, con divisores internos— son populares en campings organizados de Uruguay y el sur de Brasil, donde el espacio y la ventilación importan más que el peso. La clave aquí: verificar que los postes sean de aluminio (no de acero, que oxida con la humedad costera).

Quienes buscan lujo en entornos remotos pueden explorar carpas inflables como la Decathlon Air Seconds, que se arma en menos de 5 minutos sin varillas. Aunque su precio supera los 500 dólares, su resistencia a tormentas repentinas —comunes en la zona de los Andes— justifica la inversión para campistas frecuentes. Según un informe de la CEPAL sobre turismo sostenible, el 12% de los viajeros latinoamericanos que acampan más de 10 veces al año ya optan por este tipo de modelos, especialmente en destinos como Torres del Paine (Chile) o el Desierto de Tatacoa (Colombia), donde el clima cambia en horas.

Los 5 errores que arruinan una carpa nueva antes del primer viaje*

Los 5 errores que arruinan una carpa nueva antes del primer viaje*

Elegir una carpa de campaña en 2024 exige más que comparar precios. Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre turismo de aventura en la región, el 62% de los campistas en Latinoamérica reemplaza su equipo antes de los tres años por errores evitables en la compra inicial. El problema no es la falta de opciones —desde modelos económicos en mercados como el de Bogotá hasta equipos de alta gama en tiendas especializadas de Santiago—, sino la desconexión entre las necesidades reales del usuario y las características técnicas del producto.

En Perú, donde el trekking a Machu Picchu atrae a miles de campistas novatos cada año, las tiendas de equipo reportan que el 40% de las devoluciones se debe a tallas incorrectas o materiales inadecuados para el clima andino. Una carpa diseñada para playas caribeñas, con malla fina contra mosquitos pero poca resistencia al viento, fracasará en los vientos patagónicos de Argentina o en la altura de los nevados colombianos. La clave está en priorizar tres factores: impermeabilidad (mínimo 1500 mm de columna de agua para zonas lluviosas como Costa Rica), estabilidad (varillas de aluminio para terrenos irregulares) y ventilación (doble techo en climas húmedos como los de la Amazonía).

El presupuesto define opciones, pero no calidad. En el rango económico (USD 80-150), marcas como Quechua o Traveller ofrecen modelos decentes para acampar ocasional en parques nacionales como el Iguazú o el Cotopaxi, siempre que se eviten los materiales plásticos rígidos que se rompen con el sol intenso. Quienes invierten entre USD 200 y 400 —el segmento más demandado en México y Chile— pueden acceder a carpas con costuras selladas y pisos reforzados, ideales para expediciones de una semana. Para los que buscan durabilidad extrema, opciones como las carpas MSR o Hilleberg (USD 500+) resisten desde tormentas en Tierra del Fuego hasta el granizo en los Altos de Chiapas, pero su peso y complejidad las hacen excesivas para un campista principiante.

Un error común es ignorar el factor estacional. Mientras en Uruguay o el norte de Brasil basta con una carpa ligera para verano, en zonas como Bariloche o los Andes peruanos se necesita un modelo cuatro estaciones con refuerzos contra nieve. La Organización de Estados Americanos (OEA) recomienda en su guía de turismo sostenible verificar siempre la certificación UIAA en carpas de montaña, un estándar que garantiza resistencia a vientos de hasta 100 km/h. Sin este detalle, incluso una carpa cara puede convertirse en un riesgo durante una tormenta inesperada en la Cordillera Blanca.

Tecnología y sostenibilidad: hacia dónde van las carpas en la próxima década*

Tecnología y sostenibilidad: hacia dónde van las carpas en la próxima década*

Elegir una carpa de campaña en 2024 ya no se limita a comparar precios o capacidad. La innovación en materiales y el enfoque en sostenibilidad han transformado un producto básico en una inversión pensada para durar. Según un informe de la CEPAL sobre turismo de naturaleza en la región, el 68% de los campistas en América Latina priorizan ahora carpas con certificaciones ecológicas, un salto del 20% respecto a 2020. Esto refleja una tendencia clara: los compradores buscan equilibrio entre rendimiento, costo y menor impacto ambiental.

Para quienes parten con un presupuesto ajustado (entre 150 y 300 dólares), las opciones más sólidas siguen siendo las carpas tipo domo de marcas como Quechua o Naturehike, populares en rutas como el Camino del Inca en Perú o los parques nacionales de Costa Rica. Estos modelos —con estructura de fibra de vidrio y suelo de polietileno— resisten bien el clima tropical, pero su punto débil sigue siendo la condensación interna. La solución práctica: optar por versiones con malla en el techo y llevar un footprint (protector de suelo) para extender su vida útil.

En el rango medio (300 a 600 dólares), destacan las carpas con bastones de aluminio y tejidos reciclados, como las líneas MSR Hubba o Big Agnes Copper Spur, usadas frecuentemente en expediciones al Desierto de Atacama o la Patagonia. Aquí el detalle clave es el peso: modelos como el Hubba Hubba 2P bajan a 1.3 kg sin sacrificar espacio, ideal para mochileros que combinan transporte público y trekking. Un error común es ignorar la columna de agua (medida de impermeabilidad); en zonas como Colombia o el sur de Chile, lo mínimo recomendable son 3.000 mm.

Para los que buscan alta gama (más de 800 dólares), la apuesta es por tecnología hibrida: carpas con paneles solares integrados —como las de BioLite— o tejidos Dyneema (15 veces más resistentes que el nailon). En México, grupos de ecoturismo las usan en proyectos de conservación, ya que reducen la huella de carbono en un 40% frente a modelos tradicionales. Eso sí, el mantenimiento exige limpieza con productos específicos y almacenamiento en lugares secos para evitar hongos, un problema recurrente en climas húmedos.

Elegir una carpa de campaña ya no es cuestión de suerte, sino de entender materiales, diseño y uso real. Desde los modelos ultraligeros para mochileros en la Patagonia hasta las familiares resistentes a lluvias intensas del Caribe, cada opción responde a necesidades concretas —y el presupuesto ya no es excusa para sacrificar calidad. Quienes busquen durabilidad sin gastar de más deben priorizar carpas con costuras selladas y estructura de aluminio, mientras que los aventureros ocasionales encontrarán en las marcas locales como Doite o Quechua un equilibrio perfecto entre precio y rendimiento. Con el auge del ecoturismo en la región, invertir en una carpa adecuada hoy significa garantizar experiencias seguras y memorables en los destinos naturales que Latinoamérica sigue posicionando en el mapa mundial.