El verano de 2024 ya bate récords preocupantes: en lo que va del año, los servicios de emergencia en América Latina y el sur de Estados Unidos han atendido un 40% más de casos por golpe de calor en comparación con el mismo período de 2023. Las olas de calor extremas, cada vez más frecuentes y prolongadas, no solo afectan a grupos de riesgo como adultos mayores o trabajadores al aire libre, sino que también toman por sorpresa a personas jóvenes y sanas que subestiman los peligros de la exposición solar sin protección.
Reconocer a tiempo los síntomas de golpe de calor puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y consecuencias graves, como daño cerebral o incluso la muerte. El problema no es exclusivo de las zonas desérticas: ciudades con alta humedad como Miami, Monterrey o Buenos Aires registran casos críticos donde el termómetro no supera los 35°C, pero la sensación térmica engaña. Mientras las autoridades sanitarias refuerzan alertas, muchos confunden los primeros signos con un simple agotamiento o deshidratación leve, perdiendo minutos valiosos para actuar.
Lo más alarmante no es solo el aumento de hospitalizaciones, sino cómo síntomas aparentemente inofensivos —como la ausencia sudden de sudor o un dolor de cabeza pulsátil— escalan en cuestión de horas. Conocer estas señales, distinguirlas de un malestar pasajero y saber cómo responder hace la diferencia cuando el cuerpo deja de regular su temperatura. Y en una región donde el trabajo informal bajo el sol y las viviendas sin aire acondicionado son realidades cotidianas, la información clara se vuelve una herramienta de supervivencia.
Cuando el calor se vuelve peligroso: qué es un golpe de calor y quiénes corren más riesgo*

El golpe de calor no avisa con un cartel luminoso, pero el cuerpo sí envía señales claras cuando el termómetro se dispara y la humedad asfixia. En ciudades como Santiago de Chile, donde las olas de calor superan con frecuencia los 35°C, o en el norte de México, donde el termómetro roza los 50°C en verano, reconocer los síntomas a tiempo puede marcar la diferencia entre una jornada incómoda y una emergencia médica. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que, en la región, las muertes por eventos climáticos extremos aumentaron un 40% en la última década, y el golpe de calor lidera las causas evitables.
El primer indicio suele ser una sed intensa y repentina, acompañada de sequedad en la boca, pero hay otros signos menos obvios que no deben pasarse por alto. La piel enrojecida, caliente al tacto y sin sudor —a pesar del calor— es una alerta roja, especialmente en adultos mayores, cuyo mecanismo de termorregulación es menos eficiente. Según la Dra. María González, especialista en medicina de urgencias de la Universidad de Costa Rica, «la confusión o el comportamiento irracional, como quitarse la ropa en público o caminar en círculos, son síntomas neurológicos que aparecen cuando la temperatura corporal supera los 40°C». En niños pequeños, el llanto inconsolable o la somnolencia extrema también deben activar las alarmas, como ocurrió en 2023 durante la ola de calor en Argentina, donde hospitales de Buenos Aires reportaron un aumento del 30% en consultas pediátricas por deshidratación.
Otros síntomas que requieren atención inmediata incluyen mareos o desmayos al ponerse de pie, náuseas o vómitos —a veces confundidos con intoxicación alimentaria—, y calambres musculares en brazos, piernas o abdomen. En casos graves, la víctima puede dejar de orinar o presentar convulsiones. La OPS recomienda actuar rápido: llevar a la persona a la sombra, enfriarla con paños húmedos en cuello, axilas e ingle, y ofrecer líquidos si está consciente. Si la temperatura no baja en 15 minutos o los síntomas empeoran, el traslado a un centro de salud debe ser prioritario. En países como Perú o Colombia, donde el acceso a servicios médicos puede ser limitado en zonas rurales, las campañas comunitarias de prevención —como las impulsadas por la Cruz Roja— han reducido las hospitalizaciones en un 20% durante los meses más cálidos.
De la sed al desmayo: los 7 síntomas que aparecen antes de que sea demasiado tarde*

El calor extremo ya no es exclusivo de zonas desérticas como el norte de Chile o el estado de Sonora. En los últimos cinco años, ciudades como Buenos Aires, Bogotá y Ciudad de México han registrado temperaturas récord que superan los 35°C, con picos de 40°C en áreas urbanas. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los golpes de calor aumentaron un 230% en la región entre 2018 y 2023, y los síntomas iniciales suelen confundirse con fatiga común.
El primer signo —y el más ignorado— es la sed intensa acompañada de sequedad en la boca, incluso después de beber agua. Le sigue el dolor de cabeza pulsátil, que difiere del mareo pasajero: persiste por horas y empeora con el movimiento. En etapas más avanzadas, aparecen náuseas, calambres musculares (especialmente en piernas y abdomen) y la piel enrojecida, caliente al tacto y sin sudor. Un caso reciente en Santiago de Chile durante la ola de calor de 2023 mostró cómo un trabajador de la construcción colapsó tras ignorar estos síntomas durante dos días; su temperatura corporal alcanzó 41°C al llegar al hospital.
La confusión mental y la desorientación marcan un punto crítico. Según la Dra. Elena Rojas, médica emergencista del Hospital das Clínicas en São Paulo, «cuando una persona comienza a hablar incoherencias o tiene dificultad para caminar en línea recta, el golpe de calor ya está afectando el sistema nervioso central». En estos casos, la víctima puede rechazar ayuda o no reconocer su estado, como ocurrió con un grupo de turistas en Machu Picchu en 2022, donde tres personas requirieron evacuación en helicóptero por deshidratación severa.
El desmayo es la señal final antes de que el organismo sufra daño irreversible. Mientras que en adultos mayores o niños los síntomas progresan más rápido, en adultos jóvenes —como los que practican deporte al aire libre en Lima o Caracas— la aparición puede ser repentina. La OPS recomienda actuar ante los dos primeros síntomas: buscar sombra inmediata, hidratarse con agua fresca (nunca helada) y usar paños húmedos en cuello y muñecas. Ignorar estas señales eleva el riesgo de fallo multiorgánico, una complicación que en 2023 causó 120 muertes confirmadas en América Latina.
Más allá del sudor: señales inesperadas que muchos confunden con agotamiento normal*
El calor extremo no siempre avisa con sudoración excesiva o sed intensa. En ciudades como Santiago de Chile, donde las temperaturas superaron los 38°C en enero, o en el norte de México, con termómetros marcando 45°C, los casos de golpe de calor aumentaron un 30% en comparación con el año anterior, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Muchos confunden los primeros síntomas con simple cansancio, pero ignorarlos puede tener consecuencias graves, incluso fatales.
Un signo que suele pasar desapercibido es la piel seca y caliente al tacto, sin sudoración, incluso en días de calor sofocante. Esto ocurre porque el cuerpo deja de transpirar como mecanismo de defensa. Otro indicio clave es la confusión repentina o dificultad para hablar, algo que se ha observado en trabajadores agrícolas de Perú y Colombia durante las horas pico de sol. La Dra. Elena Rojas, médica del Hospital de Clínicas en Buenos Aires, advierte que «cuando el cerebro se sobrecalienta, las funciones cognitivas se alteran en minutos; si la persona no recibe atención, puede perder el conocimiento en menos de una hora».
El dolor de cabeza palpitante, las náuseas sin causa aparente y los calambres musculares intensos —especialmente en piernas y abdomen— son otras señales que no deben atribuirse al «estrés del día». En Brasil, durante el Carnaval de 2024, los puestos de salud atendieron a cientos de personas con estos síntomas tras exponerse al sol sin hidratación adecuada. Un detalle crucial: en niños y adultos mayores, el golpe de calor puede manifestarse primero con irritabilidad extrema o somnolencia, sin los síntomas clásicos.
La OPS recomienda actuar rápido: llevar a la persona a la sombra, enfriarla con paños húmedos (nunca hielo directo) y ofrecer líquidos si está consciente. En casos de vómitos, convulsiones o desmayo, el traslado a un centro médico debe ser inmediato. La diferencia entre un susto y una tragedia suele medirse en minutos.
Grupos de alto riesgo: por qué niños, adultos mayores y trabajadores al aire libre deben extremar precauciones*

El golpe de calor no avisa. Mientras un niño juega al fútbol bajo el sol de mediodía en Asunción, un adulto mayor espera el autobús en la calzada de Lima sin sombra, o un agricultor corta caña en los valles de Colombia sin hidratación suficiente. En minutos, el cuerpo puede superar los 40°C y desencadenar una emergencia médica. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las olas de calor en América Latina han aumentado un 50% en la última década, con efectos más graves en los grupos vulnerables.
Reconocer los síntomas a tiempo marca la diferencia entre una recuperación rápida y daños irreversibles. La piel enrojecida, caliente y seca —sin sudor— es la primera señal de alarma, seguida de un dolor de cabeza palpitante que no cede con analgésicos comunes. La confusión o el habla arrastra son signos críticos: en 2023, hospitales de Santiago de Chile reportaron casos de trabajadores de la construcción que colapsaron tras ignorar estos síntomas, confundidos con fatiga normal. Otros indicios incluyen náuseas o vómitos repentinos, respiración acelerada y, en etapas avanzadas, pérdida del conocimiento. La Dra. Elena Rojas, urgencióloga del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte: «Si la temperatura corporal supera los 40°C, los órganos comienzan a fallar en menos de 30 minutos. Actuar antes es salvar una vida».
Los contextos urbanos agravan el riesgo. En ciudades como Ciudad de México o Bogotá, el efecto isla de calor eleva hasta 5°C más la temperatura en zonas con asfalto y escasa vegetación. Un estudio del BID reveló que el 60% de los golpes de calor en áreas metropolitanas ocurren entre las 11 a.m. y las 3 p.m., horarios en que la exposición al sol es más intensa. Los vendedores ambulantes, los repartidores en moto y los obreros de la construcción —que a menudo carecen de equipos de protección— integran el grupo de alto riesgo junto a niños menores de 4 años y adultos mayores de 65, cuya capacidad para regular el calor corporal es limitada. La hidratación constante, el uso de ropa clara y la búsqueda de sombra no son recomendaciones: son medidas de supervivencia.
Qué hacer (y qué no) ante un golpe de calor: protocolos de emergencia que salvan vidas*
El golpe de calor no avisa con un calendario, pero en ciudades como Santiago de Chile, donde las temperaturas superaron los 38°C en enero, o en el norte de México, con termómetros marcando 45°C, los síntomas pueden aparecer en minutos. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre 2000 y 2020 los casos de estrés térmico en la región aumentaron un 157%, y los primeros signos suelen confundirse con fatiga común. La piel enrojecida y seca —sin sudor—, el dolor de cabeza palpitante y las náuseas son las tres señales iniciales que exigen actuar de inmediato.
La Dra. Sofía Rojas, médica de emergencias del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que «el error más frecuente es subestimar la confusión mental o el habla arrastra». En un estudio con trabajadores agrícolas de Perú y Colombia, el 60% de los afectados por golpe de calor presentaba desorientación antes del colapso. Otros síntomas críticos incluyen calambres musculares intensos (especialmente en piernas y abdomen), respiración acelerada y pulso débil pero rápido. En niños menores de 5 años y adultos mayores de 65, estos signos pueden progresar a convulsiones en menos de 20 minutos.
Un caso reciente en Buenos Aires ilustra la velocidad del riesgo: un repartidor de 32 años colapsó en plena ruta tras ignorar mareos y visión borrosa durante su jornada bajo 35°C. Los testigos relataron que su temperatura corporal superaba los 40°C al llegar al hospital. La OPS recomienda medir la temperatura si hay dos o más síntomas, buscar sombra inmediata y aplicar paños fríos en cuello, axilas e ingle mientras se espera ayuda. En zonas urbanas con ola de calor, como las registradas en Montevideo o Bogotá, los centros de salud priorizan estos casos: cada minuto sin tratamiento eleva el riesgo de daño cerebral o fallo multiorgánico.
Veranos más extremos: cómo prepararse para olas de calor cada vez más intensas en la región*

El calor extremo ya no es una advertencia lejana en Latinoamérica. Durante el verano de 2023, ciudades como Santiago de Chile registraron temperaturas superiores a los 37°C, mientras que en Argentina las olas de calor batieron récords con 14 días consecutivos de alertas rojas. En este escenario, reconocer los síntomas de un golpe de calor puede marcar la diferencia entre una molestia pasajera y una emergencia médica.
El cuerpo envía señales claras antes de colapsar. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los primeros indicios incluyen dolor de cabeza intenso, mareos y confusión repentina. La piel seca y enrojecida —sin sudoración a pesar del calor— es otro signo crítico, especialmente en adultos mayores o personas con enfermedades crónicas. En casos observados en Perú y Colombia durante 2022, pacientes llegaron a centros de salud con náuseas persistentes y calambres musculares, síntomas que precedieron a desmayos en un 60% de los casos atendidos.
La Dra. Elena Rojas, médica especializada en urgencias climáticas del Hospital das Clínicas de São Paulo, advierte que «la desorientación y el habla arrítmica son señales de que la temperatura corporal superó los 40°C, umbral en el que los órganos comienzan a fallar». En zonas rurales de Centroamérica, donde el acceso a agua potable es limitado, se han documentado casos de trabajadores agrícolas que ignoraron estos síntomas hasta sufrir convulsiones. La OPS recomienda actuar ante los primeros tres signos: sed extrema, pulso acelerado y fatiga injustificada.
La prevención sigue siendo la mejor respuesta. En Uruguay, campañas públicas insisten en hidratarse cada 20 minutos durante actividades al aire libre, incluso sin sentir sed. Mientras que en México, el sistema de alerta temprana emite recomendaciones para evitar el sol entre las 11:00 y las 16:00, horario en el que se concentran el 70% de los casos de golpe de calor reportados. La clave está en escuchar al cuerpo: si el malestar persiste más de una hora, buscar sombra y atención médica de inmediato.
El golpe de calor no avisa: cuando los síntomas aparecen, el cuerpo ya está en riesgo y cada minuto cuenta. Reconocer a tiempo el dolor de cabeza punzante, la piel seca y caliente, o la confusión repentina puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y consecuencias graves, especialmente en niños y adultos mayores. La acción inmediata es clave: al primer signo, buscar sombra, hidratarse con agua fresca (nunca helada) y aplicar paños húmedos en cuello y axilas mientras se solicita ayuda médica. Con olas de calor más intensas y frecuentes en la región —desde el norte de México hasta el Cono Sur—, ignorar estas señales ya no es un error, es un riesgo evitable que puede costar vidas.




