Cada año, más de 200 millones de personas en América Latina y el Caribe experimentan algún tipo de dolor o molestia en los pies, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. Lo alarmante no es solo la cifra, sino que el 40% de esos casos está vinculado a problemas estructurales en los huesos del pie, muchas veces ignorados hasta que la incomodidad se vuelve crónica. Desde el metatarso hasta el talón, estas pequeñas pero complejas estructuras soportan el peso del cuerpo en cada paso, y su desgaste o malformación puede alterar desde la postura hasta la movilidad diaria.
El ritmo de vida acelerado, el uso de calzado inadecuado y la falta de atención preventiva agravan la situación. Mientras en ciudades como México D.F. o Bogotá el uso de tacones altos o zapatos estrechos es parte de la rutina laboral, en zonas rurales el trabajo prolongado de pie —sin el soporte adecuado— acelera el deterioro de los huesos del pie. La buena noticia es que muchos de estos problemas tienen solución si se detectan a tiempo. Conocer las señales de alerta y adoptar hábitos sencillos puede marcar la diferencia entre una vida con limitaciones o con pasos firmes.
La estructura ósea del pie y su función esencial*

El pie humano, compuesto por 26 huesos, 33 articulaciones y más de 100 músculos, tendones y ligamentos, soporta un peso equivalente a cuatro veces el corporal al caminar. Sin embargo, su compleja estructura lo hace vulnerable a lesiones y deformaciones, especialmente en regiones donde el calzado inadecuado o las superficies irregulares son comunes. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 60% de los adultos en América Latina reporta algún tipo de dolor en los pies antes de los 50 años, cifras que superan el promedio global.
Entre los problemas más frecuentes destacan el hallux valgus (juanete), que afecta a una de cada tres mujeres en ciudades como Bogotá o Santiago, donde el uso prolongado de tacones estrechos agrava la desviación del dedo gordo. La fascitis plantar, inflamación del tejido que conecta el talón con los dedos, también lidera las consultas en clínicas de ortopedia, particularmente en zonas rurales de Perú y México, donde terrenos pedregosos y la falta de calzado ergonómico aceleran su aparición. Otro padecimiento extendido es el neuroma de Morton, un engrosamiento del nervio entre los metatarsianos, asociado al uso de sandalias planas sin soporte, tan populares en climas tropicales.
La prevención pasa por elecciones cotidianas: optar por zapatos con puntera ancha y suela amortiguada, como los usados tradicionalmente en comunidades indígenas de los Andes, donde el diseño de las abarcas distribuye mejor el peso. Estirar los dedos y masajear la planta del pie después de largas jornadas —comunes en vendedores ambulantes de Lima o Caracas— reduce la tensión acumulada. En casos de dolor persistente, especialistas como los del Instituto Nacional de Rehabilitación de México recomiendan plantillas ortopédicas personalizadas, cuya fabricación ha crecido un 30% en la última década en la región. La detección temprana evita cirugías: un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que el 78% de los pacientes con espolón calcáneo mejoró con ejercicios de fortalecimiento y cambios en el calzado.
Fracturas, juanetes y espolones: los enemigos silenciosos de los pies*

Los pies soportan el peso del cuerpo durante décadas, pero pocos le prestan atención hasta que el dolor aparece. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 70% de los adultos en América Latina experimentará al menos un problema óseo en los pies antes de los 60 años, desde fracturas por estrés hasta deformaciones crónicas. La causa no siempre es el envejecimiento: el uso de calzado inadecuado —como los tacones altos en ciudades como Bogotá o las sandalias planas en zonas costeras— acelera el desgaste.
Entre los problemas más frecuentes destacan los juanetes, esa protuberancia ósea en la base del dedo gordo que afecta a 1 de cada 3 mujeres mayores de 40 años en países como Argentina y Chile. Le siguen los espolones calcáneos, picos óseos en el talón que generan dolor al caminar, comunes en trabajadores que pasan horas de pie, como vendedores en mercados de Perú o México. Las fracturas por estrés, aunque menos visibles, son recurrentes en corredores urbanos que entrenan en superficies duras, como el asfalto de São Paulo o Lima. También figuran la artritis, que rigidiza las articulaciones, y la metatarsalgia, un dolor punzante en la planta asociado al sobrepeso o a zapatos estrechos.
La prevención no requiere grandes cambios. Usar calzado con soporte para el arco —evitando los modelos completamente planos o los tacones de más de 5 cm— reduce un 40% el riesgo de juanetes, según un estudio de la Universidad de Buenos Aires. Estirar los pies al menos 5 minutos al día, especialmente después de jornadas laborales prolongadas, mejora la circulación y evita la inflamación. En zonas rurales de Centroamérica, donde caminar descalzo es común, la OPS recomienda revisar periódicamente los pies para detectar callosidades o cambios en la forma de los dedos. Para quienes practican deporte, la clave está en alternar superficies (césped, tierra, colchonetas) y renovar las zapatillas cada 500 km recorridos.
El error más extendido es ignorar las señales. Un dolor persistente en el talón o la base de los dedos rara vez desaparece solo. En ciudades como Santiago de Chile o Ciudad de Panamá, donde el acceso a podólogos es limitado, organizaciones como la Cruz Roja ofrecen talleres gratuitos para enseñar autoexamen de pies. La regla es simple: si duele al apoyar el pie por la mañana o si aparece hinchazón sin razón aparente, lo mejor es actuar antes de que una molestia se convierta en una lesión irreversible.
Deformidades hereditarias vs. lesiones por uso: qué las diferencia*

El pie humano soporta hasta cinco veces el peso corporal al correr, según datos de la Universidad de São Paulo. Esta carga constante explica por qué el 75% de los latinoamericanos sufre al menos un problema óseo en los pies antes de los 50 años, una cifra que preocupa a especialistas de la Organización Panamericana de la Salud. Entre las afecciones más frecuentes destacan el hallux valgus (juanete), que afecta a 1 de cada 3 mujeres en ciudades como Bogotá y Lima por el uso prolongado de calzado estrecho, y la fascitis plantar, común en trabajadores que pasan más de ocho horas de pie, como los vendedores ambulantes de Ciudad de México o los mineros en Chile.
La diferencia entre deformidades hereditarias y lesiones por uso radica en el origen y la progresión. Mientras el pie plano o el pie cavo suelen transmitirse genéticamente —con mayor incidencia en poblaciones indígenas de los Andes—, las fracturas por estrés o la metatarsalgia aparecen por actividades repetitivas. Un ejemplo claro son los agricultores de café en Colombia y Brasil, donde el 40% desarrolla espolón calcáneo antes de los 45 años por caminar en terrenos irregulares sin calzado adecuado, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo. La prevención en estos casos pasa por usar plantillas ortopédicas y rotar el tipo de calzado, especialmente en zonas rurales donde el acceso a podólogos es limitado.
Tres señales de alerta requieren atención inmediata: dolor persistente en el talón al levantarse, inflamación en los dedos que no cede con hielo o dificultad para mover el pie después de estar sentado. En países con sistemas de salud públicos saturados, como Argentina o Perú, los especialistas recomiendan ejercicios sencillos como estirar la fascia plantar con una toalla antes de dormir o masajear la zona con una pelota de tenis. La clave está en actuar antes de que el problema limite la movilidad, algo crítico en una región donde el 60% de la población económicamente activa depende de trabajos que exigen estar de pie, desde obreros en Santiago hasta repartidores en Caracas.
Calzado, postura y nutrición: el trío preventivo que pocos aplican*

Los pies soportan el peso de todo el cuerpo, pero su salud suele pasarse por alto hasta que el dolor obliga a actuar. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 75% de los latinoamericanos mayores de 40 años presenta al menos una alteración ósea en los pies, muchas derivadas de hábitos cotidianos como el uso de calzado inadecuado o la obesidad. Problemas como el hallux valgus (juanete) o la fascitis plantar no solo afectan la movilidad, sino que pueden desencadenar dolores en rodillas, caderas e incluso la columna.
El hallux rigidus —la rigidez en la articulación del dedo gordo— y los neuroma de Morton —un engrosamiento del nervio entre los dedos— encabezan la lista en consultas médicas de ciudades como Bogotá, Santiago de Chile y Ciudad de México. La Dra. Elena Rojas, podóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Costa Rica, señala que «el uso prolongado de tacones altos o zapatos estrechos acelera la degeneración articular, mientras que la diabetes mal controlada aumenta el riesgo de fracturas por estrés en un 40%». En países con alta prevalencia de diabetes, como México o Perú, esta relación es especialmente crítica.
La prevención pasa por tres ejes: calzado con soporte de arco y puntera ancha, ejercicios de estiramiento para el tendón de Aquiles y una dieta rica en calcio y vitamina D. En regiones con deficiencia de sol —como el Cono Sur en invierno—, suplementos bajo supervisión médica pueden marcar la diferencia. Pequeños cambios, como caminar descalzo sobre arena (común en playas de Brasil o Caribe) o usar plantillas ortopédicas, reducen la presión en zonas vulnerables. La clave está en actuar antes de que el dolor limite el paso.
Ejercicios específicos para fortalecer los huesos del pie en casa*

Los problemas en los huesos del pie afectan a más del 30% de los adultos en América Latina, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Entre las consultas más frecuentes en clínicas de ortopedia de ciudades como Bogotá, Lima o Ciudad de México destacan el hallux valgus (juanete), los espolones calcáneos y las fracturas por estrés, condiciones que suelen agravarse por el uso de calzado inadecuado o la falta de ejercicios de fortalecimiento. En países con alta informalidad laboral, como Perú o Honduras, donde muchas personas trabajan de pie durante jornadas prolongadas, estos padecimientos aparecen incluso antes de los 40 años.
El hallux valgus encabeza la lista: una desviación del dedo gordo que, de no tratarse, puede requerir cirugía. Le siguen los espolones, protuberancias óseas en el talón que generan dolor al caminar, y las fracturas por estrés, comunes en corredores o en quienes aumentan bruscamente su actividad física. Según la Dra. María González, traumatóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires, «el 60% de estos casos podrían prevenirse con calzado de soporte adecuado y ejercicios de movilidad desde edades tempranas». La osteoporosis, que debilita los huesos del pie en adultos mayores, y la artritis, que inflama las articulaciones, completan el cuadro de afecciones recurrentes en la región.
La prevención pasa por hábitos sencillos pero constantes. Usar zapatos con arco plantar —evitando los completamente planos o los tacones altos por más de tres horas seguidas—, estirar los dedos del pie al despertar y masajear la planta con una pelota de tenis son medidas básicas. En comunidades rurales de Bolivia o Guatemala, donde el calzado minimalista es común, se recomienda caminar descalzo sobre superficies irregulares (como arena o pasto) para fortalecer la musculatura intrínseca del pie. La OPS también sugiere incorporar alimentos ricos en calcio (quesos, sardinas, vegetales de hoja verde) y vitamina D, cuya deficiencia es alta en países con poca exposición solar, como Chile o el sur de Argentina.
Para quienes ya sienten molestias, los ejercicios de bajo impacto resultan clave. Levantar los dedos del pie mientras se está sentado, rodar una botella con la planta o escribir el abecedario en el aire con el dedo gordo son rutinas que mejoran la flexibilidad. En ciudades con alta contaminación, como Santiago de Chile o Monterrey, donde el sedentarismo crece, estos ejercicios pueden marcar la diferencia entre un pie saludable y uno propenso a lesiones crónicas.
Avances médicos y tecnología: el próximo salto en salud podal*

Los pies soportan el peso del cuerpo en cada paso, pero pocos le dan la atención que merecen hasta que el dolor aparece. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 70% de los adultos en América Latina presentará algún problema podal antes de los 50 años, y muchos de ellos están relacionados con alteraciones en los huesos. Desde el hallux valgus —más conocido como juanete— hasta fracturas por estrés, las patologías óseas en esta zona pueden limitar la movilidad y afectar la calidad de vida.
Entre los problemas más frecuentes destacan las fracturas por sobrecarga, comunes en corredores de maratones como los de Bogotá o Santiago, donde el pavimento irregular aumenta el riesgo. También sobresalen la osteoporosis en los metatarsianos, que según estudios de la Universidad de Chile afecta a una de cada cinco mujeres mayores de 60 años, y la artritis reumatoide, que en países como Argentina y México representa el 30% de las consultas por dolor en pies. La deformidad de Haglund —un crecimiento óseo en el talón— y los neuroma de Morton, que comprimen los nervios entre los dedos, completan la lista de afecciones que, detectadas a tiempo, tienen solución.
La prevención pasa por hábitos sencillos pero efectivos. Usar calzado con soporte de arco y amortiguación —evitando los tacones altos por periodos prolongados— reduce la presión en los metatarsos. En regiones como el Caribe, donde el clima favorece el uso de sandalias, los podólogos recomiendan modelos con sujeción en el talón para evitar la sobrecarga en los dedos. Estirar los pies después de largas jornadas de pie, comunes en vendedores ambulantes o trabajadores de la construcción, y mantener un peso saludable son medidas clave. Cuando el dolor persiste, la resonancia magnética o los estudios de densidad ósea pueden identificar problemas antes de que se agraven.
En ciudades como Lima o Ciudad de México, donde el acceso a especialistas es desigual, campañas de salud pública —como las impulsadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)— promueven revisiones podológicas básicas en centros comunitarios. La detección temprana no solo evita cirugías, sino que reduce costos: según la CEPAL, el tratamiento de complicaciones avanzadas en pies puede representar hasta el 15% del gasto en salud de un hogar de ingresos medios. Pequeños cambios, como elegir bien el calzado o no ignorar un dolor recurrente, marcan la diferencia.
Los pies soportan el peso de todo el cuerpo, y sus 26 huesos son más vulnerables de lo que parecen: desde juanetes hasta fracturas por estrés, la mayoría de los problemas se originan en malos hábitos o calzado inadecuado. La prevención no exige grandes esfuerzos, sino atención constante: elegir zapatos con soporte de arco, estirar los dedos después de largas jornadas de pie y actuar ante el primer dolor —no cuando ya duele caminar—. Con el aumento de enfermedades crónicas como la diabetes en la región, cuidar los huesos del pie hoy puede evitar complicaciones graves mañana, desde infecciones hasta pérdida de movilidad.




